Tres mentiras

OPINIÓN
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   CRISTAL DE ROCA
Tres mentiras
CIMACFoto | César Martínez López
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 14/05/2013

“¡Ser mamá es lo más bello que le puede ocurrir a una mujer!”, dicen. “Todo el dolor del parto se olvida una vez que tienes a tu bebé en brazos”, sostienen. “Las madres saben cuando algo malo les pasa a sus hijos”, afirman. Y yo lo que digo, sostengo y afirmo es: ¡mienten!
 
Antes que nada, permítanme presentar mis credenciales: soy madre. Una feliz madre. Soy madre de un hombre, que está por cumplir 27 años, y de una mujer, que cumplirá 23.
 
Eso significa tres cosas: a) Sí sé de que hablo cuando hablo de ser madre. b) Cuidé bien a mis crías, y las cuidó su papá y la vida también, puesto que lograron llegar a la vida adulta. c) Amo a mi hijo y a mi hija, quienes a su vez me aman, y junto con su padre formamos una familia lo bastante funcional para disfrutar de nuestra compañía, dirimir nuestros conflictos de manera pacífica y, como diría Germán Dehesa, ser aceptablemente felices la mayor parte del tiempo.
 
Digo lo anterior porque no faltará quien piense que lo que dije en el primer párrafo es porque no soy madre o, en todo caso, no soy una buena madre, y ya de paso pueden sugerir que de seguro soy una vieja amargada a la que no quiere nadie.
 
Ahora les ofrezco mis argumentos.
 
Primera mentira: “¡Ser mamá es lo más bello que le puede ocurrir a una mujer!”.
 
Muchas mujeres no desean ser madres por distintas razones. Así que afirmar que para toooodas las mujeres la maternidad es una bendición o una belleza, es una falsedad.
 
Esa frase quedaría mejor si le agregáramos unas palabras: “¡Ser mamá es lo más bello que le puede ocurrir a una mujer que desea y elige libremente ser madre!”.
 
Segunda mentira: “Todo el dolor del parto se olvida una vez que tienes a tu bebé en brazos”.
 
Una cosa es que valga la pena –literalmente– y otra cosa muy distinta es que el dolor se olvide. A mí no se me olvidó, pero tan valió la pena que no tuve un parto, sino dos.
 
Tercera mentira: “Las madres saben cuando algo malo les pasa a sus hijos”.
 
Mire, no creo que en el momento del parto o de la adopción se encienda un chip adivinatorio. Creo, eso sí, en la intuición. Pero no creo que sea una habilidad inherente a las madres y, ni siquiera, a las mujeres. Hay mujeres y hombres intuitivos y no intuitivos. A veces, la intuición alcanza para percibir señales de alerta. A veces no.
 
Mis verdades: Las madres son mujeres. Las mujeres son humanas.
 
Luego entonces, como humanas, tenemos diferentes deseos, necesidades, ambiciones, proyectos, aspiraciones. Como humanas, tenemos distintos umbrales de dolor. Como humanas, no somos adivinas, ni incansables, ni toda la retahíla de atributos que nos han endilgado como “virtudes”. Eso forma parte de lo que se nos enseña y se nos exige a las mujeres desde hace varios siglos.
 
Ser madre (como ser padre de tiempo completo), así sea deseándolo con todo el corazón, es un trabajo físico y afectivo de grandes proporciones. A veces es fácil y gozoso. A veces es duro y frustrante.
 
Si volviera a nacer ¿lo volvería a ser? ¡Sí! Pero creo firmemente que nadie debe serlo si no lo desea, y creo también que es más gozoso si nos deshacemos de todas las expectativas y “virtudes” obligatorias que han puesto en nuestros hombros.
 
¿Cuál es la clave? Como con otras cosas de la vida: hacer cada día lo mejor que podamos, con lo mejor de nuestro amor. Y saber que, a veces se puede, a veces no.
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com  
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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