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TRANSGRESORAS
FEMINISMO
   TRANSGRESORAS
Martha Sánchez Néstor, unión de dos identidades: indígena y feminista
Martha Sánchez Néstor, líder indígena amuzga de la Costa Chica de Guerrero | CIMACFoto: César Martínez López
Por: Lucía Lagunes Huerta*
Cimacnoticias | México, DF.- 25/02/2014 ¿Cuántas veces una persona puede nacer, o mejor dicho, cuántas veces las personas renacemos o nos reinventamos para reiniciar caminos? Tantas como la vida misma que nos da experiencia y nos coloca o nos colocamos en el momento justo, para iniciar un nuevo andar.
 
¿Cuántas veces hemos dicho: pues yo quería ir para un lado y de repente llegué a otro y encontré que ése era mi camino? Un camino que decido andar porque creo en él y lo construyo. Es una toma de decisión profunda para romper y reiniciar de nuevo.
 
Algo así o bastante parecido le ocurrió a Martha Sánchez Néstor, líder indígena amuzga de la Costa Chica de Guerrero. Llegó en el momento justo al lugar indicado y encontró su camino.
 
Desde hace dos décadas no sólo lo anda sino que lo construye para sus hermanas indígenas y lo acrecienta.
 
Si hay que hablar de las influencias ideológicas que conforman la visión y la práctica política de Martha Sánchez Néstor tenemos que ver una triada: el movimiento de resistencia indígena, el zapatismo y el feminismo. Con ellos, junto a ellos renace.
 
La nueva Martha se construye desde sus dos identidades: la indígena y la feminista, dualidad que es su amalgama para lograr su transformación, para ser la dirigente indígena feminista que es hoy, con trayectoria y reconocimiento nacional e internacional.
 
Dialogar con Martha es un placer. Recorrer el camino de su transformación es un andar entre una voz firme, un yo y un nosotras, unos ojos negros penetrantes llenos de luz y carcajadas.
Es ella, con la decisión en sus manos, es feliz, sin duda alguna.
 
TRAYECTORIA
 
–Lucía Lagunes Huerta (LLH): ¿Hace cuánto que Martha Sánchez está colocada en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas?
 
–Martha Sánchez Néstor (MSN): Entré en este proceso con los derechos indígenas el 19 de febrero de 1994 cuando me integré al Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena, y ese día encontré otra forma de hacer vida desde adentro. Es decir, vida cotidiana, diaria.
 
“Trabajaba en el Consejo Estatal Electoral de Guerrero. Mi mayor preocupación, entonces, era tener empleo y un salario que me permitiera apoyar a mi mamá y papá.
 
“En un segundo recorte de personal me quedé sin empleo. Una señora que vivía cerca de nosotros (mi hermano y yo vivimos juntos en Chilpancingo) me comentó que conocía a uno de los líderes del Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena y que en esos momentos querían contratar a una secretaria.
 
“Me dijo que era una organización que trabajaba con indígenas y que había muchos de mi tierra, y como yo soy indígena me iba a entender con ellos. Me dio la dirección y fui.
 
“Cuando me contrataron sólo me preguntaron cuándo me podía presentar, porque tenían que salir a México en una marcha. Me advirtieron que había ritmos de trabajo muy altos y horarios amplios; como estaba acostumbrada por el trabajo en el Consejo Estatal no se me hizo raro. Mi sueldo era de 400 pesos quincenales.
 
“Eran bastantes líderes, pero yo era la única mujer. Era 1994, un mes después del levantamiento zapatista, justamente la marcha que se preparaba era la de “No están solos” para apoyar al EZLN.
 
–LLH: ¿Cómo es que te animaste a ir a la marcha? ¿Qué papel te tocó desempeñar?
 
–MSN: Nadie en el Consejo me creía que fuera a la marcha. Lo que no sabían es que ya tenía tiempo de estar sola. Desde los 14 años me fui a Iguala a estudiar, así que ya no me daba miedo y quería conocer cómo se desarrollaba la marcha.
 
“Mi misión fue la máquina mecánica. En cada comunidad organizar todo los boletines de prensa, los comunicados que me dictaban, así fui aprendiendo de todo en las reuniones oficiales, internas, en cada mitin que se hacía cuando se llegaba a las comunidades.
 
“Era el gobierno de (Rubén) Figueroa y él por supuesto que no quería que saliera la marcha ni que se diera el apoyo al EZ.
 
“Entré (al Comité) en un momento coyuntural importante que me empapó rápidamente del contenido político de la organización, lo cual me llevó a tener un rol muy visible al tomar la palabra, al leer discursos, etcétera”.
 
DIGNIDAD
 
–LLH: ¿Cómo es que te vas transformando en líder?
 
–MSN: Mira, creo que yo era mucho de decir sí y ellos (los dirigentes) mucho de decir que lo haga Martha por ser la única mujer que estaba en la directiva.
 
“El entrar en ese momento a la organización provocó que de inmediato pasara de ser secretaria a estar en la directiva sin voto, era un reconocimiento moral. Cuatro años después obtuve el derecho al voto dentro de la directiva cuando se crea la Comisión de la Mujer Indígena junto a otras compañeras Hermelinda, Domitila y Felícitas logramos tener derecho a voz y voto.
 
“En ese lapso leo todo lo que pasaba por mis manos, también los líderes me fueron guiando. A los seis meses de la marcha a la Ciudad de México nos fuimos a la Selva Lacandona a la Convención Nacional Democrática. Me impactó mucho escuchar un discurso distinto, un trabajo diferente, demandas históricas, añejas, etcétera.
 
“Ver que las mujeres hablaban de sus problemas pero más quedito, más invisibles, que hablaban de problemas de violencia, de proyectos productivos, que eran los que más se compartían, y la organización no tenía una estrategia para atender las demandas de las mujeres.
 
“Yo veía y escuchaba a las médicas tradicionales, las que estaban frente a las mantas, las que caminaban descalzas en el cemento. Yo voy aprendiendo de otras luchas, que no solamente existía votar y escuchar a las diputadas, sino que además estaba la otra lucha de esta realidad, más el zapatismo y empecé a entender.
 
“Cuando llego a la selva a ver a las mujeres con el pasamontañas, observar su movimiento con los hombres, escuchar los discursos, saber que nuestra organización tenía asesores en el EZ, me permitió entender dónde estaba parada.
 
“Ese año fue muy intenso: en agosto la Convención Zapatista y el 13 de septiembre el tercer aniversario de la organización. Se convocó a todas las regiones, pero Chilpancingo estaba sitiado, había militares en las entradas de la ciudad para impedir que se realizara el acto, la gente entró como pudo.
 
“Se dio una represión  tremenda, la más fuerte de Rubén Figueroa a la organización. Creo que eso cerró en mí la convicción. Ver cómo se lastimaba a las personas, se laceraba su dignidad, que no se atendían sus demandas y se le reprimía, me dio claridad; entendí que no me iba a ir de esa lucha, creció en mí una indignación muy grande, ahí conocí al gobierno.
 
“El escándalo por la represión fue tal que obligó a Rubén Figueroa a recibir a todos los heridos, a la dirigencia de la organización, funcionarios de Presidencia y de la CNDH. Para ese momento se redactó una carta simbólicamente importante y políticamente fuerte. Me pidieron que la leyera a nombre de la organización y dije que sí.
 
“En Palacio de Gobierno leo la carta frente a Rubén Figueroa y cuando la estoy leyendo me acuerdo de la represión; hay una parte que dice: aquí le traemos las evidencias (un video que se filmó de la represión), me gana el coraje y cuando pongo el video en la mesa se cae y hace un escándalo. Rubén Figueroa se para furioso y se va, porque no podía soportar que una india le leyera y le azotara el video en su mesa.
 
“Se hace un silencio; en eso llega un escolta de Figueroa y me llama porque el gobernador quiere hablar conmigo a solas. Yo con 20 años cumplidos, me llamó al balcón donde dan ‘el Grito’, con todo el despotismo me pregunta mi nombre y cuánto me pagan en la organización.
 
“Me ofrece mil 500 y da la orden de que me contraten en informática, e instruye que me presente al día siguiente para que me den una computadora nueva.
 
“Entonces le dije: ‘No gobernador, muchas gracias, no quiero la computadora, no me quiero ir del Consejo Guerrerense, estoy bien  ahí con ese sueldo, yo le agradezco’.
 
“Por eso digo que ya estaba preparada, ya estaba en la decisión de andar ese camino, consciente de querer estar en la lucha, por raíces, por convicción.
 
“Yo llegue a tener una computadora 10 años después, hasta 2004, con la beca (de la organización civil) Semillas me la compré.
 
–LLH: ¿En qué radica tu preparación para no dejarte seducir por las trampas del poder?
 
–MSN: En 2009 cuando llevamos todo el proceso de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), un funcionario me dijo: ‘Martha, eres una líder de otro plumaje, porque te juntas con esos líderes pendejos; tú y yo podemos llegar lejos, podemos tomar un café para hablar. Le dije: ‘Yo no tomo café en lo oscurito para hablar, mis diálogos son abiertos’. Si no estás preparada te la crees y accedes.
 
“A mí me sirvió mucho ser trabajadora del hogar con una sobrina de Rubén Figueroa Alcocer, ahí conocí el ejercicio del poder, el sometimiento; ella era la señora de la casa y mandaba. Ahí aprendí que no podía vivir obedeciendo las órdenes de nadie. Tenía 16 años. Si tienes sumisión no tienes voluntad.
 
“Tenemos que trabajar mucho la cuestión del ego y del orgullo, pero sobre todo buscar el equilibrio. ¿Cómo le hago yo? Hablando con amigas cercanas. Yo tomo las decisiones pero nunca las tomo sólo escuchándome a mí; trato de escuchar a la gente que no sólo me echa flores sino que me dice en qué la estoy regando.
 
MIRADA FEMINISTA
 
–LLH: ¿En qué momento te llega la conciencia feminista?
 
–MSN: Los días históricos para mí fueron importantes; por ejemplo el 8 de marzo me significó una coyuntura con las feministas en Chilpancingo, por esos eventos que se hacían en el zócalo de la ciudad. Ellas –las feministas– iban a los eventos mixtos y escuchaban las demandas de las mujeres en corto.
 
“Por ahí de 1996 impulsamos una primera mesa de mujeres, ahí estuvieron las feministas y las académicas. En ese tiempo ‘me va cayendo el 20’ de lo que es ser mujer indígena. Escuchando a las compañeras, sus propuestas, sus demandas, sus voces, pero no encontrábamos eco en la organización ni cómo canalizarlas.
 
“Hasta el momento que nos organizamos dijimos: ‘Vamos a crear la Comisión de la Mujer, a pedirlo como un derecho’. También decidimos incorporarnos a la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, creo que fue una estrategia, una plataforma y una formación muy buena.
 
“Nos incorporamos y empezamos hacer el esfuerzo de participar las primeras cuatro (Hermelinda, Domitila, Felícitas y Martha).  Estas cuatro llegamos a ser de la directiva del Consejo con voz y voto.
 
“Crear la Comisión de la Mujer no fue sencillo, sólo como a dos o tres convencí. Los dirigentes decían: ‘Por qué tiene que venir Martha a mi región; ellas –las mujeres– van a ir cuando ellas quieran, cuando ellas estén convencidas’.
 
“Otro líder del (río) Balsas decía: ‘Para qué una Comisión de la Mujer si ustedes están incluidas en la organización’. Y les teníamos que explicar de nuestro derecho a tener un espacio propio, una identidad propia, una estrategia.
 
–LLH: ¿Crees que has "sacrificado"  la feminidad y la maternidad?
 
–MSN: La no maternidad la decidí a mis 29 años. Antes de eso yo hubiera querido tener hijos, pero hubo circunstancias que no se dieron y después decidí no tenerlos. Aun cuando es difícil explicarlo lo hago, yo tomé una decisión de vida.
 
“La vida en pareja es otro asunto; yo siempre me declaro soltera. Sí siento que por fuera se me ve como que me sacrifico, pero yo me veo libre.
 
“Llegué a tener ofrecimiento de matrimonio fuerte hace unos tres años, pero cuando la propuesta es todo o nada entonces entré en un no quiero. El matrimonio no suple lo feliz que soy haciendo lo que hago. Si dejo de hacer todo que hago me sentiría vacía en muchos sentidos y pues decidí que no.
 
–LLH: Tres cosas fundamentales que les dirías a las nuevas generaciones de mujeres indígenas para construir su transgresión.
 
–MSN: Yo les diría que se acerquen más a la teoría y prácticas de los feminismos porque si no tienen esa mirada se están perdiendo una parte grande de reconstrucción de ser mujer en este país y en este mundo; esa mirada –la feminista– la necesitamos. 
 
“Que ejerzan liderazgo, no sólo hay que tenerlo. Hay que seguir venciendo el miedo para ejercer el liderazgo, aunque es lógico que lo tengamos; si no hay garantías, no hay liderazgo. No hay garantías ciudadanas, civiles, sociales, pero que si decidieron ser líderes, si se están preparando en diplomados y más, si potenciaron sus liderazgos en un acto, que lo ejerzan en cualquier contexto en que hayan decidido. Aquellas profesionistas que están volviendo a sus tierras que ejerzan su liderazgo.
 
“Que caminemos sobre la sostenibilidad de los movimientos de mujeres indígenas, fortaleciendo las estructuras que ya hay, creando estructuras específicas, pero la autogestión también.
 
“Que construyan alianzas, trabajar, construir una alianza con mirada plural, generacional, diversa. Que el esencialismo no nos ayuda, que la cuestión de la efectividad de nuestro proceso no está peleada del diálogo con todas las voces, con todos los movimientos.
 
“La construcción de alianzas es necesaria. Yo siempre he dicho que no hemos caminamos solas, quien diga que caminó sola y que por eso llegó tan lejos, es mentira”.
 
Twitter: @lagunes28
 
*Periodista y feminista, directora general de CIMAC.
 
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