Migración
    Trata y tráfico de personas, diferencias
Migración, realidad Sin Fronteras
Por: Karina Arias
Cimac | México, DF.- 12/04/2005

La trata de personas –forma de esclavitud moderna- va en aumento: veintisiete millones de personas alrededor del mundo y dos millones de víctimas al año, es un negocio que se calcula alcanza cifras de nueve mil millones de dólares, en pleno siglo XXI.

Su existencia implica graves consecuencias para la sociedad en su conjunto, e implica una violación grave a los derechos de las personas tratadas, quienes son forzadas u obligadas mediante diferentes mecanismos de coerción a realizar alguna actividad. Las víctimas de la trata de personas son puestas en condiciones de esclavitud para su explotación posterior.

A pesar de que la trata de personas puede darse sin necesidad de un cruce de fronteras, las y los emigrantes corren más riesgos y se convierten en una población vulnerable a ser atraída por redes de trata.

Esto, debido a que durante el proceso migratorio se enfrentan a diversas fuentes de información y de apoyo, así como a políticas y legislación que ellos desconocen. En este contexto, las y los emigrantes pueden ser engañados y caer en una situación de trata.

Los tratantes de personas, antes llamados "tratantes de blancas", son quienes se encargan de establecer los contactos y pueden ser desde vecinos, amigos, familiares, caciques, miembros de mafias del crimen organizado o dueños de algún negocio. ¿El medio? De boca en boca, a través de anuncios en el periódico, una falsa agencia de empleo, secuestro.

Varias son las dificultades para detectar la trata. En principio un problema de traducción. En inglés se dice trafficking, razón por la que en español se confunde con tráfico o se aplica como sinónimo de este delito, de características e implicaciones distintas.

Para que exista tráfico se debe cruzar la frontera de algún país de forma ilegal, la persona da su consentimiento para que se realice esa actividad y no hay coerción. Estamos refiriéndonos entonces a la facilitación del cruce de otra y otro, al que llamamos "pollero".

Una diferencia importante entre tráfico y trata, es que en el segundo caso, es posible que la persona se traslade de un lugar a otro en forma legal.

Después, ésta persona es víctima del tratante para trabajar en fábricas, pedir limosna, la agricultura, limpieza de hoteles, una actividad criminal, matrimonio, trabajo sexual, prostitución forzada o algún otro sector de trabajo informal.

No en todos los países del mundo la trata de personas es un delito tipificado, México, por ejemplo. Aún en aquellos Estados en los que existe legislación al respecto, la víctima vive en circunstancias tales de esclavitud –documentos migratorios retenidos por el tratante, amenaza o encierro— que se dificultan su detección y denuncia.

No obstante estas dificultades, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, protege a la víctima de trata al considerar que todos y todas tenemos derecho a la vida, la libertad y la seguridad, que nadie se mantendrá en esclavitud o servidumbre –se prohíben la esclavitud y la trata de esclavos— y nadie será sujeto a la tortura, tratamiento o castigo cruel, inhumano o degradante.

Desde esta perspectiva, el fenómeno de la trata de personas se debe enfocar desde una perspectiva de derechos humanos, considerando las necesidades y los derechos de las víctimas, otorgando poder a las personas sin juzgarlas y enjuiciando a los tratantes no a las víctimas.

Debe también considerarse la protección y atención (médica y psicosocial) que la víctima requiere, dadas las condiciones bajo las cuales se encontraba.

enlace@sinfronteras.rg.mx.

2005/KA/SJ









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