Migración
    Desconocen sus derechos por falta de información
Latinoamericanas inmigrantes: desplazamiento social
Por: Fabiola Calvo
Cimac | Madrid.- 24/05/2005

La conservación del empleo se convierte para cualquier inmigrante no sólo en subsistencia sino en estancia con derecho a trabajar dentro de las normas exigidas, en un mínimo de tranquilidad y dentro de los derechos establecidos.

Pero el enunciado y la realidad no caminan en paralelo. Las mujeres que trabajan en el servicio doméstico en España, que en su mayoría son latinoamericanas entre los 20 y los 35 años, desconocen sus derechos por falta de información y no acceden a ella porque no saben como hacerlo y no tienen tiempo debido al número de horas que trabajan diariamente (entre 10 y 16), por lo general, nada que ver con as nueve estipuladas.

Decir que una mujer trabaja en una casa más de doce horas diarias, quizá no suene desconocido en los países de América latina puesto que si en España llueve, allá no escampa, pero las luchas en estas tierras que han dado las mujeres y los trabajadores han dado algún fruto, además del estado de bienestar que lograron después de la Segunda Guerra Mundial.

Los por qué, los platicaremos en otro momento. Sin embargo parece que las mujeres que llegan de otras tierras expulsadas por la desigualdad, la exclusión, la violencia, las crisis no alcanzan a tocar esos logros. Para muchas de ellas no se respeta ni las 36 horas a las cuales tienen derechos para descansar, menos aún tendrán la opción para formación y educación.

Mujeres de Ecuador, Perú, Colombia con una formación secundaria o universitaria creyeron en su momento que el servicio doméstico sería un tránsito, pero con el paso del tiempo han visto frustradas sus esperanzas de una movilidad laboral y social o de un aprovechamiento de las instituciones educativas a las que teóricamente tendrían derecho.

Al igual que las que trabajan en las mismas tareas en sus países viven la invisibilidad, las jornadas sin fin, el desconocimiento de su labor, subestimación, además de llevar a cuestas el bajo, poco o nulo prestigio de las empleadas en el servicio doméstico.

Muchas de ellas fueron profesionales o empresarias de clase media, pero hoy se sienten frustradas y sin salida alguna, sentimiento que no tienen las mujeres que han llegado con escasa formación académica pero que si sienten como su trabajo es causa para que las traten como a ciudadanas de tercera.

El desequilibrio entre el nivel de formación y el mercado laboral conduce a un desequilibrio emocional, a una depresión constante que se suma a la soledad de su trabajo, la falta de comunicación y espacios para encontrarse con sus compatriotas o para hacer nuevas amistades.

Para la mayoría de las trabajadoras extranjeras que viene a España, acceder a un puesto de trabajo y a una oferta de empleo, puede permitir obtener un permiso de trabajo y residencia, no obstante, esta situación provoca, en muchos casos, situaciones límite para conseguir o conservar un empleo.

Las mujeres inmigrantes se sienten obligadas a continuar con trabajos abusivos porque las familias en su país o en España dependen de ellas, porque no tienen derecho al desempleo, porque no tienen una vivienda a dónde ir y por miedo a quedarse sin la seguridad del empleo y perder sus papeles.

Es una urgencia que el gobierno adopte políticas de integración y de aplicación real de los derechos. Son personas, mujeres, madres, trabajadoras, cabezas de familia cuyo bienestar o malestar va a incidir tarde o temprano en el conjunto de la sociedad española.

* Corresponsal de Cimacnoticias en Madrid, España.

2005/FC/SJ









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