OPINIÓN
Por fin equiparación de derechos civiles en España
Por: Tere Molla
Cimac | Madrid.- 28/06/2005

El próximo 30 de junio pasará a los anales de la historia del Parlamento de España por ser el día en que se aprobará la reforma del Código Civil actual.

En esta reforma se van a equiparar los derechos de todas las personas con independencia de su orientación sexual, y contraer matrimonio civil entre dos personas del mismo sexo dejará de ser una utopía para convertirse en una realidad.

Pero no sólo afectará la posibilidad de contraer matrimonio civil, también se podrán adoptar hijos dentro de una pareja homosexual y, con esto, al parecer el Estado español se pone a la cabeza del reconocimiento de los derechos civiles de toda la población, por delante incluso de los Países Bajos, en donde existen todavía problemas para la adopción de menores.

A mi entender este paso hacia la normalidad que la sociedad viene exigiendo al Poder Legislativo, es dar un paso importante hacia un Estado realmente aconfesional. No sólo atañe a las personas homosexuales esta reforma. Son los mayores beneficiarios, sin ninguna duda, pero nos beneficia a todas las personas que no estamos de acuerdo con los postulados de las diferentes confesiones religiosas que de una forma u otra quieren evitar a toda costa que las personas seamos felices.

La larga lucha que mujeres, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales venimos realizando desde tiempos inmemoriales ha dado uno de sus frutos más preciados y al mismo tiempo da una lección de normalidad a la vida cotidiana, más allá de los dictados de cualquier religión.

Nuestro ordenamiento jurídico acepta la existencia de distintas formas de convivencia y relación; en consecuencia, aboga por el respeto de la diferencia y de la libertad de las personas para escoger y construir su propio proyecto vital de realización personal. La libre opción sexual está claramente protegida, precisamente porque se entiende que esta forma parte de un ámbito fundamental de la vida humana que compromete no sólo la esfera íntima y personal de cualquier persona, sino que pertenece al campo de su libertad y del libre desarrollo de la personalidad.

Atrás han quedado los tiempos en donde desde los púlpitos nos dictaban cómo debíamos vivir nuestra intimidad, aunque nunca se cuestionaban desde esos mismos púlpitos todas las aberraciones a las que ellos mismos nos condenaban. Y estoy hablando de malos tratos a mujeres, de apedreamientos a los que sentían sus afectos de forma diferente, a los que necesitaban vivir de otro modo su sexualidad. Ante estos abusos nunca levantaron su voz.

Hipócritas eran y lo siguen siendo. Se llaman a sí mismos defensores de los valores universales y ahora salen a las calles y se manifiestan contra cualquier movimiento que conduzca a las personas hacia un camino de felicidad y de normalidad. Repito eran y siguen siendo unos hipócritas. Que se queden con sus colores oscuros y púrpuras para las grandes ocasiones. Yo me quedo con el arco iris en su conjunto. Sin descartar a nadie por su orientación sexual, ni por su color de piel, ni por su procedencia.

Afortunadamente, para los que no pensamos como ellos, nuestro tiempo parece que va llegando. Dicen que la esperanza es lo último que ha de perderse. Asuntos como éstos, en donde las libertades de las personas, de todas las personas, se ven reforzadas con la normalización de derechos y deberes, hacen que podamos seguir pensando que la esperanza es lo último que ha de perderse.

05/TM/GM

*Consejera de Ontinyent, Valencia, España
tmolla@telefonica.net









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