Aniversario del voto femenino

Participación Política de las Mujeres
    REFLEJOS LEGISLATIVOS
Aniversario del voto femenino
Por: Lucero Saldaña
Cimac | México, DF.- 18/10/2005

En el panorama del liderazgo de la mujer en México, hoy las mujeres tienen más poder que antes de que pudieran votar y ser elegidas. Su presencia no sólo refleja avances cuantitativos sino cualitativos, es decir, su gran impacto en las trasformaciones que ha tenido nuestro país en los procesos democráticos.

Pero, ¿cómo explicamos esta tendencia? Después de ver cristalizadas las demandas de muchos grupos de mujeres para la obtención de sus derechos políticos el 17 de octubre de 1953, las mujeres han reducido a la mitad el número de hijos durante su vida fértil; asimismo, la tasa de mortalidad materna se redujo de 38.2 por ciento en 1950 a 6.9 por ciento en 2004.

De igual forma, la tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más, por sexo, era de 46.6 por ciento entre las mujeres y de 39.6 por ciento entre los hombres; ahora se redujo a la mitad. En cuanto a la evolución de la participación económica de las mujeres, ha ido de un 13 por ciento en los años cincuenta a 35 por ciento en la actualidad.

Pero para una construcción sistemática y simultánea de democracia, desarrollo y equidad todavía falta un gran trecho. Para el logro de una gobernabilidad democrática es necesario avanzar por lo menos en tres direcciones: profundización del régimen democrático; institucionalización, y mayores capacidades de rendimiento social. En síntesis, la gobernabilidad, cuyo núcleo central es la calidad de las relaciones entre el gobierno y la sociedad, debe hacer referencia a la estabilidad de las instituciones democráticas a pesar de la incertidumbre de los resultados del juego político.

Por esta razón, en la medida que las y los actores tienen distintos intereses y grados de poder, el conflicto es una dimensión inherente a la gobernabilidad. De ahí la necesidad de trasformar las reglas de juego para constituir la legitimidad en las relaciones entre el Estado y la sociedad, y de articular las dimensiones políticas, sociales y económicas para asegurar el crecimiento y la estabilidad política de nuestro país.

Sin embargo, hasta ahora las mujeres han estado tradicionalmente en posiciones subordinadas en estas negociaciones debido, por una parte, a que han estado relegadas por la división sexual del trabajo y, por otra, a los diversos mecanismos institucionales que las subordinan en la división de recursos, responsabilidades, atributos, capacidades, poder y privilegio. Bajo una aparente neutralidad, las normas y reglas se generalizan y estabilizan prácticas sociales que excluyen a las mujeres de las oportunidades y de adquisición de capacidades.

En este sentido, parte del poder que se ejerce sobre ellas reside en la capacidad de construir reglas de juego disfrazadas y construir la ilusión de complementariedad. Un período como el actual abre espacios para la generación de nuevas reglas y normas que regulen la interacción entre actores de manera más equitativa. La presencia de mujeres en puestos de alta decisión es todavía más el resultado de una correlación de fuerzas favorable que el de una tendencia consolidada y de una legítima designación de mujeres en cargos directivos.

La articulación de gobernabilidad, democracia y género, y las tensiones entre las formas tradicionales de hacer política, nos proponen la emergencia de nuevas formas para ejercer la política con base en las actuales capacidades deliberantes y vigilantes de la ciudadanía; entre otras, la distinción entre formas y posibilidades de gobernabilidad democrática y de participación de las mujeres en los gobiernos locales y nacionales; la identificación de las singularidades y de las oportunidades para avanzar en la formación de nuevos liderazgos, y el fortalecimiento de organizaciones que incrementen el poder de las mujeres y mejoren su posición en los escenarios estratégicos.

Algunos logros relevantes han tenido eco para la inclusión de las demandas de las mujeres en las agendas políticas, en la modernización del Estado y en la creación de los mecanismos de avance de las mujeres, así como en la inclusión de principios y conceptos estratégicos en reformas constitucionales y leyes secundarias; en algunas leyes electorales o de partidos, ampliando la representación femenina en los niveles legislativos, y en la inclusión de los derechos humanos de las mujeres dentro de las políticas públicas. El reto consiste ahora en cambiar las mentalidades en un sentido más plural, así como en abordar temas difíciles de tratar, pero necesarios en el horizonte cultural actual.

lsaldana,spri@senado.gob.mx

*Senadora por el Partido Revolucionario Institucional

05/LS/YT