OPINIÓN
El aborto hoy en España
Por: Teresa Mollá
Cimac | México, DF.- 17/01/2006

Leí hace unos días una noticia estremecedora. El titular decía: "Un 80 por ciento de las interrupciones de embarazo que se producen en España son consecuencia de la violencia de género".

En la noticia se explicaba el resultado de un estudio realizado por el Instituto C.B. Medical en diez centros médicos de varias ciudades españolas en los que se practican interrupciones voluntarias del embarazo. La noticia, en donde se dan más datos, se puede leer en la página web de Mujeres en red (http://nodo50.org/mujeresred/), y es sencillamente escalofriante.

Nos muestra con claridad una realidad siempre oculta, pero al tiempo siempre intuida entre las mujeres. Y digo siempre oculta, porque de nuevo nos topamos con los prejuicios históricos construidos sobre la base de la doctrina católica y de lo que han pregonado todos esos señores de faldas largas a lo largo de cientos de años sobre la protección de la vida del feto incluso sobre la vida de la propia madre.

Pero, además de esto, nos encontramos en la noticia con otro fenómeno sobre el que también ellos callan: de nuevo la violencia, ¿o por qué no llamarlo terrorismo?, que se ejerce contra las mujeres.

Si sumamos los dos factores, nos encontramos con que, según estos señores, las mujeres debemos sufrir con sumisión y resignación cristiana los golpes físicos o psicológicos de nuestros maridos; prestarnos a sus deseos siempre y cuando ellos lo deseen y, de ser posible, sin preservativo, para después parir con dolor y morir incluso para salvar la vida del feto.

Y todo ello sin rechistar.

Además, en sus directrices, nos condenan por nuestras conductas poco apropiadas, como la de demandar a los legisladores que aprueben, como mínimo, un cuarto supuesto para la interrupción voluntaria del embarazo. Parece que quieren impedir a toda costa que podamos conquistar socialmente nuestro propio cuerpo y, con él, nuestra capacidad de decidir sobre nuestra maternidad, o sobre nuestro propio placer.

Así, nos encontramos con que la mayoría de los abortos practicados en el estado español son resultado de siglos de permisividad hacia la violencia ejercida contra las mujeres con beneplácito social.

Si para una mujer tener que abortar ya es en sí mismo una suma de muchos problemas de varios tipos, sólo falta que además, cuando vuelva a su casa, la espere de nuevo una situación irrespirable con su compañero.

Y que conste que ya no hablo de palizas únicamente. Hablo de situaciones igualmente dolorosas, como la presión psicológica sobre esa mujer, que añade dramatismo al momento. Son situaciones indescriptibles pero que te ahogan, que te impiden incluso poder expresar lo que sientes porque, en el mejor de los casos, a tu compañero le importa poco tu sufrimiento. Lo único que le importa es lo hayas preparado para cenar esa noche.

Y no hablo de fantasías. Hablo de realidades vividas por mujeres que han tenido que enfrentarse a esa situación y romperla, en la mayoría de los casos sin el apoyo social ni familiar, porque a todas luces su pareja era modélica.

El aborto: un problema únicamente, de nuevo, de las mujeres, sin que sea tenido en cuenta como un asunto que afecta a toda la comunidad en el que a veces confluyen muchos otros problemas asociados, los cuales no somos capaces, como sociedad, de detectar para prevenirlos. Pero además, el aborto se demoniza y condena desde los púlpitos de quienes creen que tienen la verdad absoluta para condenar o perdonar.

A alguno de ellos quisiera ver yo en alguna de las situaciones que vivimos las mujeres.

*Periodista española

06/TM/YT









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