OPINIÓN
Fundación Heinrich Böll
Por: Tere Mollá
Cimac | Madrid.- 07/02/2006

El pasado 27 de enero acudí al homenaje en el que entregó la medalla de oro al mérito en el trabajo a Joaquina Sánchez. Al acto acudió el Ministro de Trabajo para rendir honores a esta mujer jubilada y ex funcionaria de la Universidad de Valencia: una mujer humilde, de clase subalterna, que recibió de manos de una de las máximas autoridades del Estado español tal condecoración, merecía estar bien acompañada, y allí estuvimos un buen puñado de mujeres y hombres.

El acto fue muy emotivo, sobre todo cuando ella intervino recordando a muchas personas gracias a las cuales ella estaba sentada allí en ese momento. Fue muy generosa en el recuerdo, puesto que se acordó incluso de alguien ausente por motivos de trabajo a quien reconoció como amigo "con mayúsculas".

En sus discursos, tanto el rector de la Universidad como el ministro de Trabajo mencionaron continuamente su labor callada como hija, hermana, compañera y esposa de combatientes por la democracia en los tiempos del franquismo y rememoraron sus tiempos en el exilio, su abnegación silenciosa a la hora de seguir fielmente a los hombres de su vida allá donde ésta les tuviera reservado un tiempo de permanencia.

La verdad es que eché en falta alguna mención a su propia, lucha como mujer y como persona, porque esas libertades volvieran a ser un derecho universal para el conjunto de la ciudadanía del estado español después de casi cuarenta años sin ellas.

Se ensalzó hasta el infinito su condición de hija, hermana, compañera y esposa fiel a los principios de esos hombres, pero no hubo ni una sola palabra para su propia lucha por las libertades y la democracia. Y yo, que a veces no paro de preguntarme cosas, me pregunto: ¿Si el homenaje hubiera sido hacia alguno de esos hombres con los que ella compartió sus luchas, le hubieran tratado todo el tiempo como a alguien cuyo único papel era el de sostener y mantener a las personas luchadoras que estaban a su lado?

Esa fue, en definitiva, la esencia de los dos discursos, tanto el del rector de la Universidad, como el del ministro de Trabajo, y no creo que hubiera intencionalidad sexista en los discursos de estos dos hombres notables. No, ni siquiera creo eso. Sencillamente creo que de nuevo se valoraron roles, y el papel de Joaquina, como mujer, madre, esposa era el que se le asignó: cuidadora de los hombres luchadores de su entorno.

Me parece que el homenaje hubiera sido mucho más generoso si los alegatos de quienes le entregaban el galardón hubieran contemplado, también, ese papel de mujer luchadora. Sin embargo, me siento orgullosa del reconocimiento que se le hizo a una mujer valiente como Joaquina. Me siento muy bien porque comienza a recibir crédito el trabajo de las mujeres para que esta sociedad sea como lo es actualmente.

Hay que felicitarse porque Joaquina sea una mujer humilde, luchadora, y porque haya sido la destinataria de este homenaje por parte del gobierno español.

Hay muchas mujeres como Joaquina, y sería un gesto verdaderamente de justicia histórica reconocerles ese papel callado que han tenido en la historia, no solo como cuidadoras de los hombres luchadores, sino también como mujeres luchadoras que han contribuido, con su doble lucha, a que esta sociedad, con todo lo bueno y lo malo que tenemos, sea como la conocemos actualmente.

Para todas ellas, a las que conozco y a las que desconozco, mi admiración, mi respeto y mi eterna gratitud. Gracias, Joaquina.

tmolla@telefonica.net

*Periodista española

06/TM/YT









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