OPINIÓN
Nuevas formas de engaños
Por: Tere Mollá
Cimac | México, DF.- 16/05/2006

Podríamos hablar de nuevos conceptos y viejas formas, por ejemplo. O quizás también de viejos conceptos y nuevas formas. En cualquiera de los dos casos estaríamos hablando de lo mismo y de forma totalmente correcta.

Nos han vuelto a engañar a las mujeres.

En este caso no se puede hablar de un único factor. No es la reforma laboral recién firmada y que no contribuye en nada a la mejora de condiciones de trabajo de las mujeres y que tampoco profundiza en el concepto de conciliación de la vida laboral y familiar (olvidándose voluntaria o involuntariamente, siempre del concepto "personal").

Tampoco se puede hablar del factor estresante de maternidad tardía como consecuencia de una sociedad que no valora a las mujeres jóvenes, como elemento que desencadene esa sensación de engaño.

Ni de las diferencias que algunos poderes fácticos están consiguiendo hacer calar en nuestras sociedades bienpensantes sobre las diferencias entre mujeres autóctonas y mujeres inmigrantes.

Es una larga suma de factores invisibles pero reales y perjudiciales los que nos llevan a sentir que una vez más hemos sido engañadas.

Hablan en las grandes cumbres (y no tan grandes) del "empoderamiento" de las mujeres como factor determinante para el crecimiento de las economías de esos países en vías de desarrollo. Pero no aportan ningún elemento que descargue a esas mujeres, a quienes se las supone motores económicos, de sus lastres culturales e históricos.

Algunos países hacen bandera de las reivindicaciones indígenas, pero son las mujeres las que preparan las comidas, las recepciones e incluso lavan la ropa de esos dirigentes políticos que pretenden cambiar las sociedades existentes, pero sin contar con ellas.

Se siguen haciendo revoluciones y se sigue necesitando de las mujeres para que lleven la intendencia de esas guerrillas e incluso se las incluye en la cúpula de dirección, pero son siempre invisibles a los ojos del mundo.

Acceden a los Gobiernos de los países, e incluso los presiden, pero detrás de ellas siempre existe una gran cúpula masculina que impide que se hagan verdaderas y contundentes políticas de género que favorezcan los derechos más elementales de las mujeres.

El control de los tiempos de trabajo, de los temas a tratar y sobre todo y lo más triste, la forma de tratarlos y las prioridades de los mismos, siempre están en manos de ellos. Siempre llevan la visión o el enfoque de ellos.

Nosotras nos implicamos en los mundos de la política, del sindicalismo, del asociacionismo pero, aunque nuestra voz sea portavoz del grupo, las palabras que nuestra voz lanza, casi nunca son las nuestras, puesto que ellos nos siguen intentando convencer que su punto de vista es el universal y nosotras somos las "raritas" que queremos cambiar cosas que siempre e inmutablemente han sido así.

Nos necesitan para hacer ver que no son machistas puesto que esa cuestión en estos momentos no es "políticamente correcta" pero nos atan las manos con discursos y actitudes ancestralmente androcéntricas.

Las mujeres hemos avanzado en derechos, sobre todo en el mundo occidental, pero seguimos siendo engañadas por un sistema que, a pesar de necesitarnos, es capaz de mutar incluso su discurso aparente, para poder seguir manejándonos a su antojo.

Una nueva traición a las mujeres que se suma a los que históricamente hemos sufrido.

Pero de nuevo, como lo hemos hecho a lo largo de la historia, resistiremos y nos inventaremos estrategias para poder sobrevivir y trasmitir a las que vengan después de nosotras lo que en este nuevo revés hemos aprendido.

*Periodista colombiana, corresponsal CIMAC/Madrid

tmolla@teremolla.net

06/TM/LR









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