COLUMNA
Fundación Heinrich Böll
Por: Tere Mollá*
Cimac | México, DF.- 02/05/2006

La fuerza y la constancia de las mujeres por conseguir la igualdad en todos los ámbitos de la vida ha sido una constante a lo largo de la historia. Y aunque algunos se hayan empeñado en ocultarlo, ahí están los estudios y trabajos de investigación que día a día van viendo la luz y sacando a relucir nombres de mujeres importantes.

Hoy en día seguimos siendo, en el mejor de los casos, iguales sólo formalmente. Aunque es algo que puede resultar muy obvio, no está de más recordar que a pesar de ser más de la mitad de la población, seguimos cobrando menos por el mismo trabajo, haciendo dobles jornadas o triples dependiendo de las situaciones familiares, por ejemplo.

Tampoco podemos olvidar que a la hora de construir nuestros pueblos y ciudades, no se tienen en cuenta nuestras necesidades y, por ejemplo, como consecuencia de las reivindicaciones de las personas con discapacidades, los arquitectos han comprobado que es igual de inaccesible una acera con un bordillo demasiado alto, para una persona con discapacidad o para una señora que lleva un cochecito de bebés o para otra señora que lleva el carrito de la compra.

El urbanismo inaccesible actual de las ciudades que conozco no es consecuencia de las condiciones de vida de las personas que la habitan. Es, en el mejor de lo casos y sin contar con el factor de la especulación, el resultado del pensamiento androcéntrico en donde el varón es el centro de todo. Y se piensan las ciudades para varones sin discapacidad de ningún tipo.

Otro gran ejemplo de la construcción del mundo de forma androcéntrica es el mundo de la medicina.

Históricamente se han investigado mucho sobre cómo prevenir y curar las enfermedades.

Pero es curioso que la medicina también considere el varón como el centro de todas las investigaciones. No es casual en absoluto, que cuando una mujer está embarazada no pueda tomar determinados medicamentos. No es que puedan resultar lesivos para ella o para el feto, al menos no siempre. Sencillamente no se ha investigado lo suficiente sobre los efectos que pueda tener en un cuerpo femenino que, además puede estar gestando.

Tampoco es curioso que al parir las mujeres estemos tumbadas, aunque nuestros dolores aumenten y la postura sea antinatural. Es que los médicos que atienden a las parteras están más cómodos sentados y por tanto a nosotras nos tumban.

Estos hechos tan sencillos y al mismo tiempo tan evidentes, son una buena muestra para que todas aquellas personas que se empeñan en repetir que las mujeres hemos conseguido una igualdad real en nuestros días y en las zonas más desarrolladas del planeta reflexionen sobre esa teórica igualdad.

Podríamos continuar con el deporte, en donde en tenis, por ejemplo, algunos de los grandes torneos mundiales, continúan pagando menos a las mujeres que a los hombres. Seguimos con los deportes y la pregunta sería, ¿para cuando una liga de fútbol, por ejemplo, femenina? Se continúa apartando a las niñas del fútbol cuando apenas cumplen los doce años, pero si no se las apartara, seguramente habría jugadoras de la talla de los mejores jugadores del mundo, pero no se les da ninguna oportunidad.

Si decidiéramos continuar analizando espectros del día a día nos encontraríamos con una constante fuente de información para detectar estas continuas desigualdades actuales entre hombres y mujeres.

No hace falta irnos a buscarlas en los países lejanos. Las tenemos, las sufrimos aquí, en nuestro día a día y sin salir de casa.

¿Y todavía hay gente que cree que somos realmente iguales?
06/TM/MR
*Periodista española. tmolla@teremolla.net









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