Especial - Golpe de Estado en Honduras
   A un año del golpe militar
Reactivan en Honduras terror, cárcel clandestina y escuadrones de la muerte
Por: Lucía Lagunes Huerta, enviada/segunda parte
CIMAC | Tegucigalpa, Hon.- 01/07/2010 La lucha al interior del sindicato de trabajadores de la energía eléctrica hondureña, y la violación a sus derechos laborales y sindicales, fueron algunas de las razones que la llevaron al camino de la defensa de los Derechos Humanos (DH) y del activismo.

Gladys Lanza, coordinadora nacional del movimiento "Visitación Padilla", también conocido como "las chonas", comenta en entrevista a Cimacnoticias, lo difícil que ha sido este camino, la persecución contra ella, y sus compañeras defensoras de DH y enfatiza la importancia de que la comunidad internacional presione para que Honduras no quede en el olvido y la impunidad.
¿Cuál es la situación de las defensoras de DH?



Ha sido muy difícil porque mujeres de diversas organizaciones han sido capturadas. Tan sólo en una colonia capturaron a 10 mujeres, tuvimos que tomar el centro de la policía de ese barrio y empezamos a manifestarnos, hasta que por fin logramos sacarlas porque si las sacaban de ese lugar, y las llevaban a otro centro de la policía, ahí sí ya no las íbamos a poder sacar.

¿De qué las acusaban?

De agresión a las autoridades porque las mujeres les gritaban "golpistas", capturaron a Merle, fue una cosa terrible porque no había ninguna justificación para la captura, todavía nos preguntamos cuál es el delito, no tienen nada, sin embargo está abierto su expediente como amenaza, porque la pueden capturar de nuevo, no hay ningún delito.

Ésta es la situación de nosotras las mujeres. A otra compañera, Agustina Flores se llama, simpatizante del movimiento, le dieron una golpiza espantosa, no sé cómo salió viva de ahí. Después la acusaron de sedición, logramos sacarla con mucha solidaridad de parte del movimiento, su mamá fue coordinadora de nuestro movimiento en el departamento de Edimuca, organizó a las mujeres ahí.

¿Cuánto tiempo permaneció en la cárcel?

Ella estuvo dos meses en la cárcel de mujeres, la sacamos pero tiene su expediente abierto. Ella es defensora de DH también, entonces estamos permanentemente amenazadas, es una represión selectiva.

La policía constantemente pasa vigilando la oficina en Tegucigalpa. Un día que íbamos a hacer un acto en el parque, metieron una cuchilla en la llanta de nuestro vehículo, las compañeras se subieron al carro y como a tres cuadras casi nos matamos porque el carro se fue de lado. Este tipo de cosas ocurren constantemente, ya no podemos dejar el carro solo, tenemos que estar viendo qué es lo que ocurre fuera de la oficina.

Que si nos van siguiendo, que si hay alguien vigilando, todo eso lo tenemos constantemente atrás de nosotras.

¿Eso las ha llevado a protegerse entre ustedes, o cómo se cuidan?

Ya cambiamos los horarios, antes trabajábamos hasta las 7 u 8 de la noche, antes nos turnábamos sábados y domingos para estar pendientes de las denuncias que llegaban de sobrevivientes de violencia.

Tuvimos que tomar las medidas de seguridad, y sólo trabajamos de 9 de la mañana -cuando empieza a salir la gente a la calle- a las 5 de la tarde. A esa hora ya nadie se queda en la oficina porque es peligroso, no podemos andar en la calle, y esa es la condición en la que vivimos ahora.

Tenemos que estar cuidándonos entre nosotras y nosotras mismas, es una situación terrible porque en realidad "estás presa y la autoridad no hace nada".

¿Qué salida le ves a esto?

Yo pienso que la presión internacional nos sirve mucho, para nosotras es fundamental, que afuera se den cuenta de lo que ocurre en Honduras.

Ahora, el gremio magisterial está siendo muy atacado, el periodístico también. En menos de un año, han muerto 8 periodistas de diferentes zonas.

También las estadísticas de feminicidio se fueron arriba en forma increíble. Si eran asesinadas 150 mujeres el año anterior, ahora son más de 400, lo que significa que existe una total impunidad.

Estamos en una total indefensión, necesitamos la ayuda internacional. Yo lo dije en un encuentro en El Salvador ante la relatora de Naciones Unidas contra la violencia, y pedí que por favor no se quedaran en silencio las organizaciones de mujeres, que siguieran gritando contra el golpe de Estado porque nosotras estamos en una total indefensión.

¿Crees tú que esta presión ayudará a disminuir el conflicto?

Yo creo que eso nos va ayudar a bajar los niveles de ataque hacia nosotros. Entiendo que cuando alguien viene pareciera que no pasa nada, pero empiezan a darse cuenta de los diversos mecanismos que están usando para no levantar polvo.

Cuando te quedas un rato aquí, y si te reúnes con las organizaciones, te das cuenta de que es verdad que existe un peligro terrible.

Los cuerpos de seguridad han creado toda una estructura, reactivaron la estructura de terror, los secuestros, las cárceles clandestinas, escuadrones de la muerte, eso lo reactivaron de nuevo, en esa situación estamos.

Si bien es cierto que la presión política que hacemos aquí es muy importante, también lo es que al régimen le preocupa mucho que empiecen a señalarlo en el exterior, y decir que no están respetando los DH de la ciudadanía.

¿Cómo fue esta transición de líder sindical a feminista y parte de este movimiento?
El Movimiento Visitación Padilla se fundó en 1984. Era una época de mucha convulsión, había una guerra declarada, de mucho silencio y yo estaba en el Sindicato de trabajadores de la energía eléctrica de una empresa estatal.

Entonces había una lucha muy fuerte en el país, yo empezaba en la Visitación Padilla, pero no participaba más que en algunas marchas y capacitaciones, pero no era militante realmente, además porque no entendía porqué teníamos que hacer esa diferencia y estar reclamando el derecho de las mujeres, no entendía nada.

Fue cuando las compañeras me orientaron, pero no les ponía mucha atención porque estaba en un mundo de hombres, de un sindicato mayoritario de hombres y asumía la personalidad de ellos.

Pasó todo el periodo de los 80, 90, y vino la aplicación de la política neoliberal, empezaron las privatizaciones de las empresas estatales, sobre todo de servicios públicos y lógicamente la empresa donde yo estaba, comenzó a ser privatizada y comenzaron los enfrentamientos del sindicato con el gobierno que no estaba dispuesto a negociar nada.

Empezamos a pelear abiertamente, y eso dio lugar a la destrucción del sindicato. El gobierno nos atacó con la ley, con el Ejército, nos canceló lo jurídico. El poder ejecutivo sancionó a los dirigentes, ahí me detuvieron.

Violaron el fuero sindical de protección que teníamos los dirigentes sindicales, y esa lucha se terminó en enero del 91.

Ese año, me incorporé totalmente al movimiento Visitación Padilla, donde fui muy bien recibida por las compañeras, fueron muy pacientes conmigo, me formaron, con ellas no me fue difícil entender.

Después de un rato me integré con todo mi compromiso, y aquí estoy. Eso es el resultado de todo un trabajo que hemos hecho durante muchos años.



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