Signo de fortaleza democrática; ascenso de mujeres al poder

Participación Política de las Mujeres
   Silvana Bruera, especialista en temas de género
Signo de fortaleza democrática; ascenso de mujeres al poder
Por: Marta Martínez, corresponsal
CIMAC | Bilbao, España.- 09/03/2010

El Partido de los Trabajadores del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva eligió a Dilma Rousseff para suceder al carismático mandatario y en caso de que la candidata electa triunfe en las próximas elecciones, se sumará al exclusivo grupo de mujeres que gobiernan en el mundo.

Desde que se anunció su candidatura, la popularidad de Dilma aumentó considerablemente, al nivel del candidato puntero para el proceso electoral de octubre próximo; el socialdemócrata José Serra.

Otra mujer latinoamericana que ha logrado un éxito recientemente es Laura Chinchilla, quien en mayo próximo se convertirá en la primera presidenta de Costa Rica.

La última década ha sido clave para las mujeres, 13 de ellas han llegado a ser jefas de Estado o de Gobierno en igual número de países. A principios de siglo, Gloria Arroyo y Tarja Halonen tomaron las riendas de Filipinas y Finlandia, respectivamente.

En 2005, Angela Merkel se convirtió en la primera Canciller de Alemania y, en 2006, Ellen Johnson Sirleaf marcó un antes y después en la historia, al ser la primera mujer que asumía la presidencia de un país africano: Liberia.

Ese mismo año, Michelle Bachelet ingresó en el selecto grupo como jefa de Estado de Chile. Dos años después lo haría Cristina Fernández en el país vecino. En el caso argentino, no se trataba de la primera mandataria–Isabel Perón sucedió a su esposo, Juan Domingo Perón, en 1974–, aunque sí era pionera por elección popular.


El año pasado fue clave, principalmente para Europa: Jadranka Kosor se convirtió en la primera ministra de Croacia y Jóhanna Sigurdardóttir, de Islandia. Asimismo, llegó a la presidencia de Lituania Dalia Grybauskaite, mientras que en Bangladesh, Sheikh Hasina Wajed asumía el cargo como jefa de Gobierno. Julia Timoshenko, por su parte, ha ostentado el cargo de primera ministra de Ucrania hasta esta semana.


Estos casos se suman al de otras mujeres que ya rompieron con la tradición en el pasado y pasaron a los anales de la historia: Indira Gandhi, en la India; Golda Meir, en Israel; Corazón Aquino, en Filipinas; Margaret Thatcher, en el Reino Unido; Benazir Bhutto, en Pakistán; Violeta Chamorro, en Nicaragua; Mireya Moscoso, en Panamá, y Helen Clark, en Nueva Zelanda –aún primera ministra–.


DEMOCRACIAS FUERTES PARA LOS EXPERTOS

La llegada de las mujeres al poder es un reflejo del fortalecimiento de la democracia. Ya que las mujeres representan la mitad de los electores, es deseable que también formen parte del gobierno. La incorporación de mujeres comenzó a formar parte de la evaluación de la calidad de la democracia. Se ha visto que en las democracias más consolidadas la participación de las mujeres es mayor, señala la especialista en temas de género Silviana Bruera.


El tercer Objetivo del Milenio fija como meta para 2015 conseguir la igualdad entre los géneros. Para Naciones Unidas, uno de los principales indicadores es la proporción de escaños ocupados por mujeres en los parlamentos.

En este sentido, en la actualidad, sólo el 18 por ciento de los legisladores en el mundo son mujeres y apenas 25 países cuentan entre sus asambleas nacionales con un 30 por ciento o más de representación femenina, una de las metas fijadas en la Cumbre Mundial sobre las Mujeres, celebrada hace 15 años en Pekín. Asimismo, sólo una de cada tres ministras en el mundo es mujer.


La tasa de aumento de la proporción de mujeres en los parlamentos se ha acelerado en la última década –en 1995, sólo el 11.6 por ciento de los parlamentarios eran mujeres–, sin embargo, incluso con el actual crecimiento, la zona de paridad en la que ni los hombres ni mujeres tienen más del 60 por ciento de los escaños no estará al alcance de los países en desarrollo hasta 2047, según un informe reciente del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (Unifem). En el caso de los países desarrollados, esta meta podría cumplirse en 2027.


La pobreza es el principal obstáculo para el avance de la participación femenina en la política y en el resto de los ámbitos.

Las mujeres en los países en desarrollo encuentran más dificultades para lograr una vida autónoma y libre. Eso se ha desarrollado enormemente en los países democráticos y en países con un cierto nivel de desarrollo. La educación es el punto de partida, resume Inés Alberdi, directora general de Unifem.

Noruega sería un buen ejemplo. Es el primer país en impulsar políticas de participación activa de las mujeres: ya en los años 70 dedicaba gran parte de su presupuesto a ayudar a hombres y mujeres con hijos a seguir estudiando y trabajando. Fijó como una de sus prioridades el desarrollo básico de la educación y el trabajo de las mujeres, gracias a un importante desarrollo económico.


Manifiestos en un número creciente de países, las mujeres votantes están acordando una lista básica de prioridades sobre políticas públicas que presentan luego a los partidos. El primer manifiesto de mujeres en África se realizó en Botswana en 1993. Ahora, las ramas femeninas de las formaciones se encargan de dar seguimiento a sus propios partidos para verificar el progreso de estas demandas.

La presencia de las mujeres, por lo general, hace que, por su experiencia vital y tradición, se ponga más atención sobre cuestiones relacionadas con la salud, la educación, la atención personal, temas básicos para el bienestar de la población. Sin embargo, las razones para perseguir una mayor participación femenina, según Alberdi, no es porque aporten un valor especial, más bien es un derecho. Las mujeres están ahí y hay que contar con ellas.

10/MM/LR/LGL