Trata de Personas
   Testimonios acerca de un flagelo que no se persigue de oficio
La trata, otra forma de violencia contra las mujeres
Por: Sanjuana Martínez
CIMAC | México DF.- 26/11/2009 : Me llevaron a distintas casas, siempre con la promesa de que iba a ganar mucho dinero, y siempre me hacían lo mismo, pero me daba cuenta que cada vez cobraban menos a los señores con los que me encerraban en los cuartos. Ellos cada vez eran más malos conmigo. Me hacían muchas cosas feas. A veces me sacaban a carretera, luego supe que me transportaban entre Carolina del Sur y Carolina del Norte, en distintos pueblos y en distintas casas, cuenta Rosi.

Después de seis meses, acabé en un trailer park con la Señora Lupe y otras tres muchachas, ellas ya tenían como 17 o 18 años, y a veces la Señora Lupe me dejaba hablarle a mis papás por su teléfono celular; inclusive le prometió a mi papá traerlo a trabajar a Estados Unidos. Pero mi mamá decía que me oía triste, que qué me pasaba. Pues qué me iba a pasar, yo no había recibido un solo dólar, y me daba mucha pena que mis papás se enteraran de lo que me habían hecho. En el trailer park tenía yo que atender a 40 hombres, y les cobraban 60 dólares a cada uno.

La madre de Rosi finalmente denunció la desaparición de su hija con la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC, por sus siglas en inglés), a la que le dio el teléfono que aparecía cada vez que Rosi llamaba a casa.

La niña fue rescatada mientras trabajaba: Me pidieron que colaborara con las autoridades y me llevaron a un hogar sustituto. Entonces me enteré de que era una banda de trata y tráfico de personas y que detuvieron a más de diez personas, la mayoría familiares de mi amiga Gloria y vecinos de mi familia en el Municipio de Teotihuacán. Me dio mucho miedo que le hicieran algo a mi hermanito o a mi mamá. Me deprimí mucho y me traté de quitar la vida.

Rosi vive actualmente en Estados Unidos, junto a sus padres y su hermanito. Todos fueron beneficiados por las leyes migratorias y recibieron la residencia legal: Nosotros consideramos que la trata es una expresión de poder, fuerza y violencia en los cuerpos, en las vidas, la integridad y la seguridad de las mujeres y las niñas, dice Ulloa Ziáurriz.

CÁRTELES DE DROGA Y DE TRATA

Los cárteles de la droga que operan en México han diversificado sus actividades; ya no sólo trafican con estupefacientes, sino también con personas, especialmente con mujeres y niñas, con fines de explotación sexual.

El caso de María del Sol y María del Mar -nombres ficticios- es ilustrativo: Hace como diez años, cuando teníamos ocho y nueve años, mi papá nos vendió. Nacimos en una comunidad mixteca, muy pobre, en el estado de Oaxaca. Acabamos en la ciudad de Nueva York, en un prostíbulo, siendo explotadas sexualmente a nuestra corta edad.

Cuando llegamos allá, casi no hablábamos español y mucho menos inglés. Un día la CATWLAC y otras organizaciones de la ciudad de Nueva York, llegaron con la policía y nos sacaron de esa pesadilla que para nosotras significaba todo lo que nos hacían los clientes de ese lugar y también las personas que nos tenían encerradas. Casi no nos daban de comer, y si no queríamos ir con los señores nos golpeaban, nos castigaban.

María del Sol y María del Mar fueron atendidas por la Embajada de México y devueltas al país, donde el DIF decidió enviarlas nuevamente a su casa en Oaxaca: Mi papá se enojó mucho y en menos de dos semanas nos volvió a vender por dos chivas y dos cartones de cerveza y nos dijo que no nos quería volver a ver ahí. No supimos cómo, pero la CATWLAC se enteró nuevamente que estábamos nuevamente en el mismo burdel en Nueva York y volvió a llegar por nosotras con la policía, pero esta vez no nos trajeron a México.

Nos llevaron a un hogar sustituto, y ahí nos mandaron a la escuela, aprendimos a hablar inglés y español bien, tenemos la residencia y estamos estudiando en la universidad. Cada vez que vienen las personas de la CATWLAC a Nueva York nos visitan, y están al tanto de nosotras.

Tenemos muchos años de tener terapia psicológica, y aún todavía, cuando nos acordamos de los horrores que vivimos y de cómo nos despreciaba y humillaba nuestro padre, sufrimos mucho. Nos cuesta todavía permitir el contacto con hombres. Todavía ninguna de las dos tenemos novio. Queremos trabajar en una organización que apoye a las niñas en prostitución, sobre todo las niñas indígenas que traen de México a esta ciudad en la que nos reubicaron. Todavía en las noches tenemos pesadillas y despertamos gritando, sudando mucho. Se nos ha hecho muy difícil superar esa experiencia y toda la violencia que vivimos sobre nuestros cuerpos e integridad física de niñas.

Ulloa Ziáurriz considera que el crimen organizado que opera en México está implicado actualmente en la trata de niñas y mujeres: Han diversificado sus actividades: secuestro, extorsión, lavado de dinero, contrabando, trata y tráfico de personas. Aquí no sólo hay trata internacional, sino trata interna donde no hay leyes homologadas. Este crimen no está considerado delito federal. El Estado mexicano no está combatiendo la trata.

La mejor ley para combatir la trata, según la especialista, es la colombiana, pero aun así es difícil perseguirla: Es muy complejo recabar pruebas; además, por el miedo que tienen las víctimas de enfrentar a sus victimarios es difícil detener a los responsables. Tras de haber sido torturadas, maltratadas, explotadas, todavía son reevictimizadas por el propio sistema de justicia mexicano que no es capaz de tutelarlas ni protegerlas.

Explico que en México no hay una verdadera ley de víctimas y testigos, de cambio de identidad, de ubicación, para combatir la trata y que, lamentablemente, el gobierno ha demostrado que este delito no es su prioridad, ya que la Fevimtra ha resultado ser un fracaso y no existe condena alguna por este crimen: Quisiera pensar que es por ignorancia, pero sé bien que por las ganancias que produce esta industria ilícita se tejen grandes redes de complicidad al más alto nivel del poder político y del poder económico.

REEVICTIMIZACIÓN DE LAS MUJERES

A pesar de que México firmó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belem do Para, que data de 1994, el Estado no cumple con su responsabilidad en la prevención y persecución de este delito.

Margarita, Rosa y Clavel -nombres creados para proteger a las víctimas- cuentan su historia: Éramos tres amigas muy unidas, de 12 y 13 años de edad, que nacimos en un pueblo indígena de Hidalgo que todavía se rige por los usos y costumbres. Un día, una señora que conocimos afuera de la escuela se acercó a nosotros y nos dijo que si no queríamos trabajar en Cuernavaca, en un restaurante, para que les ayudáramos a nuestros papás. Como éramos muy pobres, las tres aceptamos y nos fuimos con esa señora. Pero nos llevó a la casa de don Carmelo y ahí nos tuvo encerradas. Nos decía que todavía no encontraba dónde colocarnos.

Un día llegó un señor y me dijeron que me fuera con él. Luego supe que a cada una de nosotras nos entregó a un hombre distinto. A mí, Margarita, me llevó un señor a una comunidad y me entregó a su hijo de 15 años, y le dijo: 'mira, hijo, lo que te compré'. A partir de ahí, el muchacho me dijo que era su mujer y empezó a violarme. Me exigía que le diera de comer, que le lavara la ropa.

Cuando llegó el mes, le dije que cuándo me iban a pagar, pero me dijo que si quería más, que ya me estaban dando casa y comida, y que, como yo era su mujer, que me portara bien o me iba a pegar.A Rosa se la entregaron a un señor que le exigía que limpiara su casa, le hiciera la comida, le lavara su ropa y la golpeaba con un fuete.

Le daba tales golpizas que le abrió la espalda. También la violaba y le decía que era de su propiedad, que para eso la había comprado. De Clavel no sabemos nada. Nuestros papás nos empezaron a buscar y llegaron a la casa de la señora y de don Carmelo, y levantaron un acta con la autoridad municipal, en la que la señora declaró que nos habían vendido por 40 mil pesos.

La autoridad le exigió que dijera a quiénes nos habían vendido, y sólo pudieron encontrarnos a nosotras dos, a Margarita y a Rosa. Hoy todos están en la cárcel, pero no han querido decir qué hicieron con Clavel. No la han encontrado. Y dicen que lo mismo hicieron con otras 40 niñas.

Yo salí embarazada y ya no me quiero regresar a mi comunidad. Me van a mal ver, así que para no darle vergüenza a mis papás les dije que mejor me quedaba con el muchacho, que al fin no me trataba tan mal. Rosa está muy triste, llora todo el tiempo. No se puede contentar. Está muy marcada de la espalda y todo el cuerpo.

Éramos unas niñas con muchas ilusiones, con ganas de progresar y ayudar a nuestras familias y hoy ya no tenemos esperanzas, nos destruyeron la vida. Extrañamos mucho a Clavel….

Teresa Ulloa Ziáurriz, dedicada hace años a combatir la trata de mujeres, niñas y niños, explica que todos los testimonios son estremecedores, pero que son sólo una muestra de los cientos de historias que conocen de mujeres rescatadas: Es la primera vez que sacamos a la luz los testimonios que nos dan las mujeres y niñas. Nosotros las tratamos de proteger para no sobrevictimizarlas, pero creímos importante ofrecer una muestra de sus historias.

La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe decidió entregar el 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el Premio por la vida y la seguridad de las mujeres a la Policía Cibernética del Distrito Federal, por haber desmantelado dos bandas de pornografía infantil y porque ubicó y rescató a tres menores de edad durante 2009.

09/SM/YT/GTR









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