Mujeres migrantes en la Frontera Sur: no sin ellas el 8 de marzo

Migración
   Afirma la ONG Enlace, Comunicación y Capacitación
Mujeres migrantes en la Frontera Sur: no sin ellas el 8 de marzo
Por: Dafne Isis Cruz Monroy*
CIMAC | México DF.- 07/03/2009

La vida sigue y la humanidad continúa inmersa en un vacío sistema ritualista: el día de la paz, de la bandera, de los derechos humanos… Pero quienes tenemos un compromiso con las mujeres del mundo, en particular con las que viven la experiencia migratoria en nuestro país y regiones vecinas, no queremos un simple recordatorio con golpes de pecho.

Enlace, Comunicación y Capacitación quiere levantar la voz y subrayar la letra, en este Día Internacional de la Mujer, para insistir en la situación que padecen las mujeres migrantes de la frontera sur de nuestro país: la violación sistemática que se ejerce a sus más elementales derechos humanos.

Queremos ponerle rostro a esa violencia, con base en experiencias que las propias mujeres migrantes nos han relatado, de las cuales, en diversos casos, hemos sido testigos.

Sus experiencias no son aisladas, son comunes a miles de ellas que viven la práctica del desarraigo y la violencia por su doble condición de mujeres y pobres.

También recordamos a las que viven la migración, no en su persona, pero sí en su esposo e hijos, lo que resulta para ellas igualmente doloroso, si consideramos la carga emocional que trae consigo, la inevitable desintegración familiar, además del reto de hacerse cargo de las labores domésticas, más los trabajos comunitarios y del campo que realizaban sus maridos, amén del desasosiego que genera el hecho de ignorar si su pareja llegó con vida a su destino.

Es necesario subrayar que en el tránsito hacia un "mejor" modo de vida, las mujeres y las niñas son las más vulnerables, y que sus adversidades se presentan no sólo cuando están en el camino o han llegado a su destino, sino que empiezan desde su partida, en sus comunidades de origen, la mayoría de las inmigrantes son muy mal vistas cuando abandonan sus hogares.

Fuentes confiables calculan que 64 por ciento de las mujeres migrantes en la frontera sur de México son madres de familia que dejaron a sus hijos en el lugar de origen para poder proporcionarles una mejor calidad de vida y de educación, y se estima que las edades de estas mujeres migrantes fluctúan entre los 21 y los 29 años de edad.

Cabe señalar que aunque no hay datos exactos y mucho menos desagregados por sexo sobre cuántos hombres y mujeres pasan por la frontera sur de México, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reporta que más de 150 mil migrantes indocumentados son deportados desde la ciudad de Tapachula, Chiapas.

SE ACENTÚA VULNERABILIDAD CONTRA ELLAS

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revela que un 70 por ciento de las mujeres migrantes son víctimas de violencia, de las cuales 60 por ciento sufre algún tipo de abuso sexual, situación que se agrava si se toma en cuenta que el endurecimiento de la política migratoria en México ha ocasionado que las rutas de tránsito de las y los migrantes sean más peligrosas y, por lo tanto, su vulnerabilidad se acentúe.

Como un dato grave, entre muchos otros, se estima que 400 migrantes en tránsito han muerto por año a partir de 2005.

Las mujeres centroamericanas que lograron llegar a algún destino enfrentan una situación de impactante crudeza: 98 por ciento de ellas trabajan en el servicio doméstico, de meseras o en el servicio sexual en la frontera sur de México y carecen de las más elementales garantías.

"Las mujeres pagan con su cuerpo. Ellas protagonizan esta épica desde el lado más oscuro y con la naturalidad de quienes saben del uso y abuso a que están destinadas por una discriminación actual y milenaria, a la que se agregan la pobreza y la de ser migrantes indocumentadas, algunas de ellas menores de edad, como señala Isabel Vericat, en su obra Bajo el Tacaná: La otra frontera (2007).

MIGRACIÓN, SINÓNIMO DE SUFRIMIENTO

Marcela, indígena tojolabal, es originaria de la comunidad Flor del Río, en el municipio de Las Margaritas, Chiapas. A sus 22 años ha pasado por un divorcio y por la pérdida de su único hijo.

"Desgraciadamente se me murió, le dio la enfermedad pero más que nada fue por no tener recursos para sacarlo para acá (de su comunidad), por eso se dejó morir", afirma.

Su familia está compuesta por doce integrantes: 10 hermanos y sus padres. El único medio de sustento de la familia está en lo que producen en su milpa.

Una de esas veces en que la milpa no dio para alimentarlos a todos, Marcela junto con una de sus hermanas y el esposo de ésta decidieron irse a Playa del Carmen. Se han ido dos veces. La primera vez estuvieron tres semanas sin poder conseguir empleo hasta que conocieron a un muchacho que les consiguió trabajo de empleadas domésticas con un sueldo de 600 pesos a la semana.

La paga no les alcanzaba para cubrir sus gastos de alimentación y hospedaje; eso lo aguantaron, lo que ya no pudieron aguantar fue el día en que el muchacho que anteriormente les había conseguido el trabajo y que era contratado por la misma patrona de Marcela quiso abusar sexualmente de ella.

Tiempo después de su primera experiencia en Playa del Carmen, Marcela y su hermana decidieron probar suerte nuevamente, ahora cuidando niños, pero la paga era corta y muchos los gastos por cubrir. Así es que nuevamente deciden regresar a su casa.

El principal motivo por el que decidió irse fue la salud de su padre, el cual ya falleció "…como mi papá estaba muy enfermo siempre gastábamos mucho dinero, ese es el motivo por el que nos animamos para ir a chambear, pero es por la enfermedad y la pobreza", argumenta.

También la enfermedad y la pobreza han empujado a muchos de la comunidad de Marcela a irse: "En mi comunidad se van como 35 hombres cada dos o tres años… aún no ha habido mujeres que se vayan para el norte, migran a lugares más cercanos. Pero en otra comunidad, cerquita de donde vivo, que se llama San Isidro, allí sí bastantes mujeres se han ido, llevan a sus hijos, se van con sus maridos, pero ya no regresan, ya se quedan allá (en EU)", dice Marcela.

Y aún así ella decidió migrar, a pesar de la presión social y la estigmatización de las migrantes dentro de su comunidad "pues lo primero que dice la gente es que a la mujer no le toca ir lejos, que nos toca quedarnos en casa; y otra cosa que dicen es que cuando una mujer se va, cuando regrese será con un niño."

Ella se considera afortunada, porque sabe que: "Hay muchos abusos a las mujeres por parte de los mismos coyotes (o polleros). Una muchacha de San Isidro nos contó que es muy difícil, que ella cuando se fue que el mismo coyote la quería violar, pero dice que como iba su hermano la defendió..."

Marcela nos comenta que ella ya no desea migrar nuevamente, que ya probó y su situación económica no mejoró. Ella describiría a la migración en dos palabras: "mala y sufrimiento".

LA ARROCERA, ANTESALA DEL INFIERNO

María es una migrante salvadoreña, de 38 años, madre de dos hijas y abuela de un niño. La situación económica en el Salvador cada vez se tornaba más difícil para ella, para sus hijas y para sus padres; no encontraba oportunidades de empleo y en noviembre del año pasado decidió emprender un viaje, un viaje que ella sabía de antemano sería duro y peligroso, pero nunca pensó hasta qué límites.

Salió de El Salvador con un primo que conocía muy bien la experiencia de los migrantes, pues él había estado viviendo unos años en Canadá. Un día decidieron irse juntos para que él la cuidara en todo el trayecto hasta la frontera México-EU.

Su camino desde El Salvador hasta la frontera México-Guatemala había sido medianamente tranquilo y sin mayores percances. El infierno empezó al entrar a territorio mexicano. Entraron por Tapachula y de ahí se dirigieron rumbo a Arriaga, a donde no lograron llegar.

Entre Tapachula y Huixtla se encuentra una garita migratoria, lo que obliga a los migrantes a internarse en el monte para poder rodear el establecimiento. Y es ahí, en esta región llamada la Arrocera, en donde suceden la mayoría y los más fuertes abusos y violaciones hacia los migrantes.

A ella, desde antes de venir, la habían alertado del peligro de sufrir violación sexual, por lo que antes de salir, decidió ponerse una inyección anticonceptiva, pero internamente, nos cuenta, que nunca pensó que le fuera pasar a ella, como seguramente lo piensan la mayoría de las que deciden salir de sus hogares.

Cruzó esta zona sola con su primo. María recuerda que era un lugar con pasto muy crecido, y después de caminar un rato, fueron interceptados por cinco hombres armados.

Éstos les apuntaron con sus armas y los internaron unos cuantos metros: "era todo muy raro... el monte estaba muy crecido, pero sólo caminamos un poco por donde ellos nos dijeron y parecía que ya tenían ahí todo preparado, que estaban instalados, el pasto cortado, algunos utensilios, papel de baño y otras cosas que no recuerdo.

Ahí fue cuando me violaron los cinco hombres, fue algo que no quiero recordar...., ellos pensaban que mi primo era mi marido, y lo obligaron a ver lo que a me hacían; él intentó defenderme pero lo tenían apuntando con la pistola, lo obligaban con gritos a que viera todo, ahora siempre estoy asustada...

Después de eso y de robarnos todo lo que traíamos nos dejaron ir, y nosotros salimos a la carretera y pedimos ayuda y regresamos a Tapachula. El grupo Beta nos llevó a con el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova para que nos asesoraran y pudiéramos meter una demanda.

Pudimos hacerlo y gracias a que denuncié y a la ayuda del Centro pude conseguir mi FM3 y con eso ya me siento un poco más libre, por lo menos aquí en México, aunque siempre con mucho temor después de lo que me pasó.

Rocío estuvo tres semanas en un albergue en la ciudad de Tapachula. Después continuó su viaje hacia los EU. Llegando a la frontera norte, acompañada por su primo, que hasta ahí la acompañaría, contrató a un pollero que la pasó al otro lado, le entregó un carnet de identidad, y cuando la detuvo la policía migratoria fronteriza, se la llevaron detenida porque el carnet había sido reportado como robado.

Fue detenida el 31 de diciembre "...así es que ya te podrás imaginar cómo pasé el año nuevo, en el centro de detención estuve mes y medio, el trato que nos dan ahí en el centro pues más o menos, le cuento a mi familia que las personas latinas que ahí trabajan son quien más mal lo tratan a uno, los gabachos son más buena onda con uno que es ilegal".

"Me deportaron poco menos de un mes y medio después a El Salvador, y me quitaron mi FM3", nos dice.

El 24 de febrero ya está de vuelta en México, ahora en casa de una conocida en el centro del país, esperando juntar un poco de dinero para volver intentar pasar a EU. Al preguntarle por qué no regresaba a casa con sus hijas la respuesta fue: "a qué casa si ni un colchón tengo, lo que más me preocupa es que en tres meses no les he mandado a mis hijas ni un solo centavo, tengo que volverlo a intentarlo, no tengo otra opción..."

LOS AVENTARON EN LAS VÍAS DEL TREN

Estrella es de Nicaragua, tiene 19 años y viajaba sola hacia los EU. Abordó el tren en Arriaga y ahí empezó el cambió de su vida. En el tren conoció a Ernesto de 20 años, se hicieron amigos y se hacían compañía. Al tren se subieron dos personas para asaltar a los migrantes.

A Estrella y a Ernesto les quitaron todo lo que tenían, pero eso no fue lo peor. No conformes con robarles, empujaron a Estrella y a Ernesto del tren y ambos cayeron a las vías, el resultado: Ernesto perdió una de sus piernas y Estrella las dos.

Tuvieron que arrastrarse varios metros hasta que pudieron conseguir ayuda. Cuenta Ernesto: Estrella me salvó, porque yo ya no podía más, si no hubiera sido porque ella me hablaba y me decía que siguiéramos arrastrándonos hasta encontrar ayuda, yo me hubiera quedado al lado de las vías, ya no hubiera luchado por salvarme...

Estrella decidió regresar a Nicaragua con su familia, a enfrentar lo que le había sucedido y aprender a vivir ahora sin sus dos piernas.

Podríamos seguir narrando muchas experiencias vividas por mujeres migrantes que son expulsadas, transitan o llegan a nuestra frontera sur, pero estos tres testimonios revelan las duras experiencias que viven las mujeres migrantes y que nos permiten visualizar el problema y ponerle rostro y voz propia a las víctimas de la violencia.

En el Día Internacional de la Mujer tenemos la obligación moral de darle un significado que trascienda a la mera conmemoración. Es urgente darle continuidad y enfatizar en la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres migrantes, sistemáticamente violentados como resultado de su situación y condición de género.

Ante este panorama nos queda la exigencia y el trabajo desde la sociedad civil por una verdadera atención a la alarmante situación que viven día a día las mujeres migrantes en este punto geográfico.

Al ignorar o negar estos delitos, las autoridades gubernamentales mexicanas se convierten en cómplices y responsables de una de las más grandes injusticias humanas.
En el Día Internacional de la Mujer, Enlace reafirma su compromiso de generar propuestas encaminadas a garantizar el ejercicio y respecto irrestricto de los derechos humanos de las mujeres migrantes. "Por el derecho a permanecer en el lugar donde queremos vivir". "Por el derecho a migrar con derechos". "Por un mundo sin muros".

* Integrante de Enlace, Comunicación y Capacitación AC, organización civil fundada en 1982 que promueve, desde un enfoque no lucrativo, autónomo y laico, el protagonismo de grupos populares, comunidades y organizaciones campesinas e indígenas en el impulso de alternativas de desarrollo local, con perspectiva regional y de género, desde los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) en Ocosingo y Comitán, Chiapas; Tlahuapan, Puebla, Mixteca Alta, Oaxaca, y Xochimilco, Distrito Federal.


09/DICM/LAG/GG