Sor Juana Inés de la Cruz, el derecho al conocimiento y la verdad

Participación Política de las Mujeres
   La Décima Musa
Sor Juana Inés de la Cruz, el derecho al conocimiento y la verdad
Por: Erika Cervantes
CIMAC | México, DF.- 17/04/2008

Un 17 de abril de 1695 murió en la Ciudad de México Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de Asbaje o la Décima Musa, mujer que ante todo defendió el derecho a acceder al conocimiento sin importar si se es hombre o mujer.

Una de las búsquedas reiterativas de Sor Juana fue el saber y encontrar la verdad y ambas la llevaron a estudiar, en un tiempo en el que a las mujeres se les negaba el conocimiento.

Nació Sor Juana el 12 de noviembre de 1648 en el pueblito de Nepantla, Estado de México.

Su verdadero nombre fue Juana de Asbaje y Ramírez, hija de Pedro Manuel de Asbaje e Isabel Ramírez, tuvo dos hermanas mayores y tres medios hermanos por parte de su madre.

A los tres años de edad, al acompañar a su hermana mayor a la escuela, es que se inicia su deseo de saber.

Su madre ordena a la profesora que la instruya a ella también y empieza entonces su búsqueda de la verdad, la cual no abandonaría hasta su muerte.

A los seis años, Juana Inés ya sabía leer, escribir, contar y bordar, a escondidas leía los libros de la biblioteca de su abuelo materno y a los ocho años empezaba a escribir poesía. Como el campo de conocimiento era un ámbito vedado a las mujeres Juana Inés fue autodidacta.

En 1660, cuando tenía 12 años, se traslada a vivir con su tía a la Ciudad de México donde tuvo acceso a clases de latín. Su buena memoria y dedicación la hizo aprender el idioma en sólo 20 clases.

Por su belleza y saber, Juana Inés ingresa a la corte Virreinal cuando tenía 17 años, la Virreina Leonor Carreto, marquesa de Mancera la hizo su dama de compañía y así Juana Inés accedió a la gran biblioteca virreinal además de tener contacto con los intelectuales más destacados la Nueva España.

Una de las anécdotas más conocidas de esa etapa de la vida de Juana Inés fue cuando el virrey, Don Sebastián de Toledo, la hizo examinar en público por 40 sabios, prueba de la que la joven de 17 años salió airosa y que a su vez la hizo tomar la decisión de ingresar al convento.

Al ser huérfana y no tener dote, la belleza de la joven Juana se convirtió en el blanco de atenciones por parte de los caballeros de la corte, situación que la orilló a enfrentar la disyuntiva de casarse o ingresar al convento, Juana Inés optó por el convento.

Ingresó al convento de San José de las Carmelitas Descalzas, ya que era la única opción que tenía para dedicarse por entero al estudio y la búsqueda de la verdad, tres meses más tarde debido a la rigurosa disciplina se enfermó y tuvo tiene que dejar el convento para regresar al lado de los virreyes.

Una vez recuperada su salud ingresó en el convento de San Jerónimo, en donde tomó los votos perpetuos el 24 de febrero de 1669 y adoptó el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz, en su vida conventual encontró el espacio para dedicarse a leer y escribir.

Su biblioteca personal fue considerada la más grande de la Nueva España con cuatro mil ejemplares, además instrumentos musicales y herramientas de ciencia.

Sor Juana dominó, los géneros de poesía, teatro y la prosa entre sus obras más destacadas se encuentran Los Empeños de Una Casa, La carta Atenagórica y la Respuesta de Sor Filotea de la Cruz.

En la respuesta a de Sor Filotea de la Cruz Sor Juana defiende su derecho al conocimiento sin importar su condición de mujer ya que fue reprendida por el obispo de Puebla, don Manuel Fernández de Santa Cruz por la Carta Antenagórica, en la que Sor Juana diserta en materia teológica el sermón de Antonio Vieira, jesuita portugués.

En ese entonces, 1690, sólo los varones del alto clero eclesiástico tenían derecho a disertar sobre la Biblia. En 1694 la Nueva España se ve azotada por la peste y la hambruna lo que obliga a Sor Juana a vender sus posesiones, incluida su biblioteca, para ayudar a los pobres.

Un año más tarde Sor Juana contrajo la peste al cuidar a sus hermanas del convento y murió el 17 de abril de 1695. A pesar de las envidias, sus contemporáneos reconocieron su incomparable talento al nombrarla "La Décima Musa" ,"Fénix de América".

2003/EC/MEL/CV