Migración
   No le hace que no tenga papeles, aquí no me pegará más
Año nuevo y vida libre de violencia para una mexicana en EU
Por: Leticia Puente Beresford/corresponsal
CIMAC | Nueva York, EU..- 07/10/2008 "Me decidí y lo dejé", dice con voz firme una de las tantas mujeres mexicanas que por dos ocasiones cruzó el desierto para trabajar en este país y así mantener a sus dos hijos.

Lo particular de su caso es que fue aquí donde abrió los ojos, después de 14 años de abusos, golpes, engaños. De violencia.

- Aquí, ya me dijeron todos y usted, que uno va a la policía y le ponen un "hasta aquí". Sin importar si tiene uno papeles o no. Allá, allá no. En México no. Y menos en mi pueblo, donde la familia de él y la mía siempre decían: si te pega es porque tú te lo buscaste.

La señora, de 32 años, narra a Cimacnoticias su historia: dice que el día último de 2007 salió de trabajar, luego de una faena de 7:30 a 19:30 horas, por la noche.

- Y no, ya no más.

Ya no regresó a su casa. Llevaba sólo la ropa puesta y el pago de su semana.

- Le dije al muchacho que lava los platos en el restaurante que si me daba permiso unos días de estar en su apartamento. ‘Me quedo en la cocina’. No tuve que explicarle nada. De inmediato me dijo que sí, que lo esperara tantito. Sólo tenía que hacer una llamada para avisarle a su tío.

Y continúa su relato: "Usted sabe, el miedo, lo que uno trae adentro por años. Ya no, ya no más". Y se limpia de inmediato las lágrimas que le cruzan el rostro, para poder hablar:

"Para tantear a todo mundo y no dejar pista, le dije al muchacho que deja los pedidos: déjeme en esa esquina. Después caminé y me encontré a otro mexicano que me llevó hasta el apartamento. Pásele, me dijo, bienvenida. Ahí en la cocina estaban preparando la cena de fin de año. Son ocho muchachos, todos bien respetuosos. Pásele siéntese. El tío, el que trabaja también en el restaurante, sólo me dijo: ya era hora, mire nada más como está usted..."

Apenas hace unos días, el dos de enero pasado, la señora sostuvo la entrevista con Cimacnoticias. "Pero mire, no le avisé a nadie, no le dije a nadie nada, ni siquiera a mi mamá", dice.

Entonces, comenzaron las llamadas a México y a su hermano con el que llegó aquí, con el que tuvo que dormir en el desierto durante su segundo cruce, que fue el más difícil.

- Sí, sí, mamá. Estoy bien, no se preocupen. No no, no, eso no pasará. No le hace que no tenga papeles. Aquí no me pegará más. Y mucho menos pasará ninguna tragedia.

Habló con su familia para tranquilizarla. Después le marcó al padre de sus hijos, con el que nunca se casó, pero con el cual vivió 14 años en unión libre.

- Dice que me quiere ver ya, que me perdona. Está como loco. Ahora dice que ando con no sé quién. Ni loca regreso con él. Le aguanté mucho, pero no más, no más golpes, miserias, pobrezas, ninguneos, menosprecios de su familia. Andaba con otras mujeres. Me trataba peor que a un perro…

"Allá –continúa la mujer-- era un infierno y aquí no se diga. En la calle, caminando, golpes, pellizcos. Y ya en casa, ni se diga. Me hacía que me durmiera en el piso cada que le daba la gana. Luego, empezó con celos, que hasta me rasuró mi parte. Muévete y te corto, me decía. A ver si así le gustas a los hombres.

"El año pasado me dijo: vámonos para México. Le dije, mira, terminemos de construir la casita. Pues no, se me fue encima y a puro golpe limpio me dio en la cara. Andaba toda con los ojos morados. Así regresé a México".

- ¿Y por qué no lo dejaba?, le pregunto.

- Porque… como le dijera…, por mis hijos. Y yo sola cómo saldría adelante. Mire, seis meses pasaron y allá en México nunca trabajó más. Me decían las vecinas: ya te dejaste, allá anda con tal o cual. Mira nada más. Si ya hasta caminas de lado, mujer, pues qué es lo que pasa.

"El dinero no alcanza en México, recuerda la mujer. Allá me puse a trabajar limpiando y arando las parcelas ajenas. Y hace dos meses me dijo: me voy para el norte. Llévame contigo. le dije... Me contestó que no. Y le insistí. Pues como usted sabrá, allá dejan a una y se traen a otra para acá. Si son re abusados…".

Y así, en medio de su pobreza, sin dinero y sus dos hijos, se decidió a hablar con el señor que los cruza. Él les fió la pasada, a ella y a su hermano. Llego aquí, y entonces su compañero arremetió contra ella. Todos los días golpes y más golpes. Pero hoy, ella fue socorrida por sus paisanos. Una nueva vida, ropa nueva. Todo nuevo. Año nuevo para ella. Y sabe, me dice, viéndolo bien no soy fea. A la mejor me encuentro a alguien que en verdad me quiera como soy y con mis dos hijos.


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