Zona de Reflexión
De qué madres hablamos
Por: Lucía Lagunes Huerta*
CIMAC | México, D.F..- 11/05/2010 Porqué no se habla del instinto paterno, de la naturaleza de la paternidad; de la realización del hombre al ser padre y de su realización personal al desarrollarse en su profesión. ¿Porqué esto se cree exclusivo de las mujeres?.

Si padre solo hay uno, ¿a quién hay que darle rosas, chocolates y electrodomésticos para cumplir con su doble jornada de padre y trabajador exitoso, amante pleno y amigo divertido?

Los padres también necesitan de las bendiciones divinas y de que los sacerdotes en la misa dominical alaben el sacrificio paterno, los desvelos de los padres, quienes rezan para que sus hijas e hijos lleguen con bien a sus casas, que no les toque estar en medio de ningún fuego cruzado, asalto, "levantón", ni nada por el estilo.

Desde la Catedral se subrayaría el papel fundamental de los hombres y como padres, defensores de la vida y educación del hogar. También propugnamos porque nuestros padres se hagan más presentes en las realidades temporales".

Los líderes de las bancadas en el Senado y en la Cámara de Diputados, los dirigentes empresariales, los políticos en general aparecerían en pantalla, programas de radio, entrevistas especiales en los diarios y revistas para hablar de cómo hacen para ser padres y funcionarios, políticos, diputados, senadores, comerciantes etc.

Cómo son los padres de este siglo XXI "Celebremos a papá y a la sabiduría que nos transmitió desde que éramos niños"; "su regalo, ser padre"; rezarían titulares de secciones informativas con motivo de este día.

Qué sería de nosotras si la maternidad realmente fuera una decisión, un acto profundo de reflexión sobre si queremos o no ser madres, con todas las condiciones necesarias para ejercer ese derecho, la educación, la anticoncepción, el reconocimiento al placer.

Si la sociedad en su conjunto diera el valor necesario de lo que implica todas las tareas y responsabilidades que se contraen cuando se es madre o padre.

Si dejara de ser menos divino y más terrenal la maternidad. Donde los padres realmente asumieran su paternidad, donde los servicios necesarios como guarderías, escuelas y servicios médicos estuvieran acordes a las necesidades de las madres y padres sus profesiones y trabajos.

Seríamos menos culpables, por decidir continuar con nuestra vida profesional pese a la maternidad.

Si dejara de existir como único reconocimiento de las mujeres su maternidad, seríamos seguramente más libres con mayor capacidad de unificar nuestra vida como humanas, seres integrales y no divididos entre la maternidad como la realización de la mujer y la profesional como la realización personal.
Seríamos simplemente humanas.

*Periodista mexicana, directora general de CIMAC


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