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   8 de marzo Día Internacional de la Mujer
Celebrando a la mujer trabajadora
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
CIMAC | México, DF.- 09/03/2010 El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con nombre y apellido, ese es el verdadero espíritu y origen de esta celebración, después se ha institucionalizado, convirtiéndola en algo más anodino, quitándole lo de "trabajadora" y quedando como día internacional de la mujer, en abstracto.

Hace 100 años en Copenhague, Dinamarca por primera vez se instituye el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, su objetivo: discutir sus derechos laborales y políticos, organizarse mundialmente para defenderse de la exclusión y discriminación.

En realidad, la mujer ha trabajado siempre, tanto en el trabajo doméstico como en el social, ya sea en el ámbito urbano o rural. La categorización de "trabajadora", percibiendo un salario es a partir del capitalismo, particularmente con la primera revolución industrial.

Lo que se conoce en la actualidad como clasificación de las tareas en masculinas y femeninas es una fórmula patriarcal para excluir a las mujeres de la propia acción de distribución del trabajo y no tiene relación con causas biológicas como el sexo.

Sin embargo, sigue existiendo una segregación vertical del mercado de trabajo, donde los puestos de toma de decisiones, mando y supervisión están ocupados por hombres.

La discriminación y violencia laboral (mobing) continúan siendo muy altas, en la industria alcanza al 45.5 por ciento de las mujeres y en las dependencias públicas es del 33.1 por ciento, básicamente en el grupo etario de 35 a 39 años, edad en que la trabajadora ha creado derechos laborales.

También hay un hecho económico, cultural y político. Los trabajos previamente desvalorizados se asignan a las mujeres, pero cuando éstas ocupan un trabajo reservado a los varones, el trabajo se desvaloriza y la mujer percibe un salario menor o condiciones de trabajo de menor valía.

Además cuando priva el concepto de que el hombre es el único proveedor de la familia y el lugar de la mujer es el hogar: el pilar de la familia, la ideología presta un gran servicio a través de la iglesia.

El Papa León XIII en su encíclica de 1891 indicaba que la naturaleza destina a las mujeres a los trabajos del hogar, que salvaguardan además el honor de su sexo.

Después, en pleno siglo XX durante 1930 y 1931, Pío XI indica que la mujer ha sido elevada por el evangelio al "interior de los muros domésticos", y que es una desgracia que debido al bajo salario de los maridos las esposas tengan que buscar un empleo remunerado.

Eso último ya fue un avance de siglos pero sigue siendo una falacia, de ahí la importancia que guarda para las mujeres preservar y defender el estado laico.

La continuidad del trabajo doméstico, cuya diversidad permite que alguna de sus partes sean periódicas pero que en conjunto no se pueda abandonar ni un día, ni en jornada festiva, ni en vacaciones ni en horas que en término de trabajo social deberían ser "tiempo libre", ata a las mujeres a dichos quehaceres con más fuerza que una auténtica cadena. De esta manera la mujer es una simple subrogada del marido en la seguridad social: enfermedad, jubilación o viudez.

Los trabajos que realiza la mujer como "cuidadora" son considerados naturales y por ende atribuibles al sexo femenino, ellas se convierten en el sostén emocional de todos los miembros de su familia; a su vez es una forma de subsidiar o compensar los bajos salarios, porque de otra manera se tendría que pagar por su realización, la sociedad los ha hecho económicamente invisibles.

Si no le damos gracias a la hierba por crecer ni les pagamos un salario a las tunas salvajes por estar ahí, porque razón tendría que dársele un reconocimiento a ese trabajo que realizan las mujeres, es lo natural.

El resultado es que se tiene una triple jornada: trabajo remunerado y socialmente reconocido, trabajo doméstico y el de cuidadoras: de los niños, adultos mayores, sanos y enfermos, discapacitados y los adultos mayores.

Pero la esencia trasgresora está en su condición de asalariadas, porque ocupan un espacio público que tradicionalmente ha sido reservado para los hombres. Por eso es tan importante defender su categoría de "trabajadoras asalariadas".

En este sentido la lucha de las mujeres por sus derechos económicos es el único camino posible y cobra una gran relevancia en la situación que hoy se vive en el país o en la crisis internacional.

Donde el modelo a seguir es ajustar salarios a la baja, aumentar el desempleo, reducir o eliminar los derechos a la jubilación, precarizar sus condiciones de trabajo, en síntesis deteriorar la calidad de vida de las mujeres trabajadoras de todos los países que están sumidos en esta crisis internacional.

Es sabido que el desempleo femenino en tiempos de crisis económica es siempre superior al masculino y que no basta con cuantificar el número de horas que dedican las mujeres a sus labores de cuidadoras.

Conforme a las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), actualmente en el estado de Chiapas el 87 por ciento de las mujeres trabaja y realiza quehaceres domésticos; 12.5 por ciento trabaja, realiza quehaceres domésticos y estudia, únicamente el 0.8 por ciento tiene como actividad exclusiva trabajar.

A nivel nacional la carga de trabajo no remunerado para las mujeres es en promedio, superior a la de los hombres en 18 horas semanales, lo que daría una jornada mensual de trabajo no remunerado de 72 horas, o bien 9 días laborables con una jornada de 8 horas, sin pago alguno.

Semanalmente las mujeres trabajan 27 horas en los quehaceres domésticos y participan con 25 horas en el cuidado de niños, enfermos y personas de la tercera edad.

Lo que equivale a 13.5 días de trabajo mensual en quehaceres domésticos y 12.5 de cuidados, tasados a un promedio aritmético simple del salario mínimo de las tres zonas geográficas significan aproximadamente 18 mil pesos anuales.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), considera que en México el trabajo doméstico de las mujeres representa 20 por ciento del Producto Interno Bruto.

Estimando conservadoramente el número de mujeres que realizan estos trabajos en todo el país se puede afirmar que la economía nacional está percibiendo 729 mil millones de pesos anuales, como una aportación gratuita de este sector de la población a la sociedad. A cambio de que la festejen el día de la Madre y posiblemente el de la Mujer.

Durante los últimos 15 años (1990-2005), el número de hogares jefaturados por mujeres aumentó 50 por ciento y en el caso particular del Distrito Federal, el incremento fue de 66 por ciento; en estos hogares monoparentales, la triple jornada para ellas es más intensa.

Frente a esta realidad es indispensable trascender a demandas muy concretas como son: mayor participación de los hombres en los trabajos domésticos; el apoyo social a las personas de la tercera edad; contar con guarderías para las mujeres jóvenes trabajadoras; impulsar el reconocimiento económico de este trabajo en la jurisprudencia laboral y tasarle un precio.

Dicho de otra forma pasar del concepto de un trabajo "natural" al de socialmente necesario y por tanto económicamente visible.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, en el 2009 trabajaron 75.4 millones de personas, de las cuales 40.5 millones eran mujeres, lo que representa un poco más de la mitad de esta población ocupada (54.7 por ciento), a esto hay que agregar que la edad promedio de la mujer en México es de 24 años.

Luego entonces porqué no desarrollar políticas públicas en apoyo a toda esa población que tanto contribuye a la creación de la riqueza del país.

Esa sería una forma constructiva de celebrar el Día Internacional de la Mujer y muy concretamente de la mujer trabajadora.

Ramona_melendez@yahoo.com.mx

* Economista, especializada en Género

10/CRP/LR







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