OPINIÓN
Los cuerpos de las mujeres como campo de batalla
Por: Tere MolláCastells*
CIMAC | Por Tere Mollá Castells*

México DF.- 03/02/2009
Después del reciente viaje a Palestina me quedé muy impresionada por el altísimo índice de natalidad existente entre las mujeres palestinas. Ellas, en las reuniones que mantuvimos con sus asociaciones, lo explicaban como una nueva forma de lucha por sus derechos, como un nuevo feminismo, además de plantearlo como un deber patriótico.

Pero aún así, me costaba mucho entender, hasta que hace unos días leí en un documento que cayó en mis manos que el enfoque real es otro. Se trata de una estrategia política para mantener la distancia demográfica con Israel. De esta manera también integran la lucha contra el Estado ocupante, en su propio cuerpo de mujeres.

Así las cosas y, teniendo en cuenta que Israel también realiza políticas activas para el crecimiento demográfico, nos encontramos con que tanto los dirigentes palestinos como los judíos están utilizando los cuerpos de las mujeres como campos de batalla, sin tener en cuenta las propias decisiones personales de éstas, ni su derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

De este modo puedo entender el gran número de niñas y niños palestinos muertos en la ofensiva de Gaza. No se trata sólo de destruir, se trata de matar criaturas, para así evitar que en un futuro se sigan reproduciendo.

Me parece todo tan complicado, tan agresivo, tan doloroso que aún entendiéndolo, me sigue pareciendo una barbarie.

Las mujeres tenemos derecho a decidir libremente sobre nuestro propio cuerpo y ningún Estado, ni estrategia ha de impedirnos ser las únicas dueñas absolutas de nuestro cuerpo. Pero veo que no es así y que nos siguen usurpando nuestra intimidad, nuestra capacidad reproductora en aras de los intereses de otros. Y lo que es peor, todo ello, además negándonos la capacidad del placer.

Y de nuevo surgen de las tinieblas, como negros fantasmas, los dogmas de las religiones, de cualquiera de ellas.

Son esos, los dogmas, los ritos y las creencias religiosas las que separan a las personas de ser personas con una cierta objetividad sobre lo que ocurre en nuestro entorno, de ser personas sectarias y dogmáticas dispuestas a todo con tal de defender a ese dios que representa su esencia vital.

Por ese sectarismo religioso de cualquier color, ha habido guerras a lo largo de la historia y siempre se repite el mismo patrón: la defensa a ultranza de los mandatos religiosos frente a otras creencias o frente al cuestionamiento de esos planteamientos.

Y tanto derramamiento de sangre, siempre ha llevado de manera implícita, utilizar los cuerpos de las mujeres, bien como armas de guerra con violaciones y humillaciones de todo tipo, o bien haciéndolas parir para dar más hijos a la causa de turno. O ¿Acaso no recordamos la limpieza étnica de la última guerra de los Balcanes, en donde las mujeres eran violadas, secuestradas y obligadas a parir en condiciones terribles para así deshonrarlas ante sus familias y aceptar un hijo, nieto o sobrino engendrado por el agresor?

Es terriblemente doloroso para mí tener que aceptar que estos hechos ocurren, que están sucediendo ahora mismo en cualquier conflicto armado vivo del planeta. Pensar en los cuerpos de mujeres como campos de batalla en donde se dirimen conceptos como estados, comunidades, o congregaciones me parece una crueldad difícil de aceptar, pero es lo que está sucediendo.

El dolor de la aceptación de esta realidad lleva implícito un compromiso contra este tipo de situaciones. Y una forma de luchar contra ello es dándolo a conocer.

Así las cosas, a las mujeres palestinas y a tantas otras del mundo, les seguirán arrebatando la decisión sobre algo tan íntimo como lo es su relación con su propio cuerpo y su decisión de ser madres o no y seguirán siendo utilizadas como un campo de batalla más en donde construir la ansiada nación palestina libre, pero ¿A qué precio?

* Periodista y feminista en Ontinyent, Valencia, España. tmolla@teremolla.net


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