OPINIÓN
Tradiciones y traiciones de mayo
Por: Teresa Mollá*
CIMAC | México.- 20/05/2008 Durante el mes de mayo es tradicional celebrar las primeras comuniones de las niñas y niños, al menos en la ciudad en donde vivo.

La verdad es que cada vez que veo a esas niñas vestidas de blanco principesco y a los niños vestidos con todo tipo de uniformes militares no puedo evitar que se me encienda la sangre. Y se me enciende por muchos motivos, pero quizás el más fuerte de ellos es ver el flanco favor que como sociedad les hacemos a esas criaturas, tanto ellas como ellos al perpetuar unas tradiciones que esconden miles de mensajes subliminales y otros tan obvios como los disfraces con que les visten a unas y a otros.

En aras a las tradiciones hacemos pervivir las traiciones que a lo largo de la historia hemos ido recibiendo, sobre todo, las mujeres y permitiendo sobrevivir aquella vieja historia de princesas de blancos vestidos que esperan a sus príncipes azules vestidos con pulcros uniformes que las rescatarán de las garras de cualquier mal que aparezca en su vida.

A cambio sólo han de ser sumisas, sencillas, entregadas y muchas cosas más al supuesto príncipe azul que, con un poco de suerte, sólo pretende ser el cabeza de familia y hacer con su vida y la de su familia, ex princesa incluida, lo mismo que hicieron sus padres y reproducir las tradiciones.

A mismo tiempo se alimenta un sistema consumista que pretende mantener todos esos boatos de primeras comuniones y celebraciones varias y lo venden como parte de nuestras tradiciones más ancestrales.

Ya no se plantea el tema de la fe o la ausencia de la misma. Sólo el sentido de la representación del papel social que queremos mantener a toda costa y hacerlo mejor que las personas conocidas y/o amigas es lo que importa.

Y mientras para seguir intentando captar adeptos, los de faldas largas y negras siguen adoctrinando a esas criaturas durante dos cursos lectivos seguidos para que, en el caso que decidan salirse del redil, no les quede más remedio que sentirse atrapados en esa fina y a veces invisible red social que se teja alrededor de sus infantiles conciencias con el beneplácito de padres y madres.

Me enfada ver cómo año tras año la historia se repite sin que apenas se mueva nada en la estructura social que mantiene estas tradiciones y que implican nuevas traiciones a esas personas pequeñas que todavía son prácticamente inocentes.

Esta semana hablaba del tema con un amigo que me explicaba que le gustaría transmitir los valores de hacer el bien, ser buenas personas, ser nobles y otros a sus dos hijas pequeñas y que él lo había encontrado en la doctrina cristina. Le intenté explicar que esos valores son universales y que si permitía que las adoctrinaran durante dos años los de las faldas largas y negras, al tiempo que les predicaban esos valores universales también las instruirían en la obediencia ciega al orden establecido y otras cuestiones que posiblemente les haría mucho más difícil el camino hacia su propia felicidad, a la que tienen todo el derecho, como seres humanos esencialmente libres y dueñas de su destino.

Y que esos mismos valores que quería transmitirles lo podían hacer ellos, sus padres sin la necesidad de someter a las niñas a una escuela de dogmatismos que es lo que son actualmente esos catecismos que imparten estos de faldas largas y negras.

No sé lo que hará mi amigo, pero me quedé muy a gusto cuando le di mi opinión sobre el tema.

Hoy domingo, de nuevo ha habido sesiones de primeras comuniones y por las calles de la ciudad desfilaban orgullosos padres y madres con su criatura disfrazada de cándida princesa de blanco o con cualquier uniforme militar los niños. Esas criaturas ya han perdido, gracias a las cuestiones sociales y a los de faldas largas y negras parte de su libertad como seres humanos, puesto que el adoctrinamiento que han sufrido, sólo si luchan ferozmente contra él podrán aligerarlo cuando sean un poco más mayores, de lo contrario pervivirá en sus consciencias a lo largo de todas sus vidas.

El cumplimiento de ciertas tradiciones lleva implícitas traiciones no reconocidas por el conjunto de la sociedad, pero existir, desde mi punto de vista, existen.


* Periodista y feminista en Ontinyent, Valencia, España.
tmolla@teremolla.net

08/TM/GG







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