Y el silencio cómplice de la justicia
Un año más, aumenta en vacaciones número de mujeres muertas
Por: Tere Mollá*
08/08/2006

De nuevo desde el dolor y la rabia. De nuevo ante la desesperanza de contemplar cómo las tan deseadas vacaciones nos traen de nuevo un aumento de mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas.

Cada año es lo mismo, con la llegada de los calores y la mayor convivencia entre las parejas como consecuencia de las vacaciones, ellos, los maltratadores, lo arreglan a tiros, bofetadas, cuchilladas y otras "artes" similares con sus compañeras y las matan.

Algunos luego tienen la desfachatez de suicidarse. Cómo dice una amiga, "ya podrían suicidarse antes de matar a la mujer, y así dejarla en paz", pero no, primero se la llevan a ella por delante y luego por cobardía, por temor al desprecio social y por otras miles de motivaciones en las cuales la gente que entiende en la materia no se pone de acuerdo, van y se suicidan. Ya les vale…

Y ante esas situaciones los señores de faldas largas y negras de nuevo con su silencio cómplice y sin condenar nada, pero al mismo tiempo sin dar ninguna solución positiva hacia nosotras, las mujeres, que no pase por el manido discurso de la "resignación cristiana".

Las expertas y expertos en estos temas no se ponen de acuerdo en los motivos que pueden llevar a un hombre a suicidarse después de perpetrar su agresión con resultado de muerte. Es importante conocer las causas de los suicidios, pero creo que es mucho más importante poner todos los medios al alcance para evitar las muertes de estas mujeres.

Muertes estúpidas, sin sentido, por el único y simple hecho de ser mujeres.

Y sólo hablamos de las que mueren y casi siempre se nos olvidan las que, aún siendo agredidas continúan su calvario por miles de temores. Unos reales y otros infundados, pero que siguen con su dolor físico, psíquico y espiritual a cuestas. Por muchas ayudas que desde la sociedad les prestemos, nunca, repito NUNCA, se les puede devolver la paz interior que han perdido. Se convierte, con el tiempo, en una vieja herida con la que has de convivir, pero que, al igual que las heridas en la piel, nunca acaba de desaparecer del todo.

Y mientras que en la sociedad avanzamos hacia la erradicación y la condena pública de este tipo de agresiones, no encontramos con actitudes que aunque sea en privado, son capaces de justificar esta violencia brutal, visible, social y afortunadamente cada día menos impune.

La rabia que siento cada vez que me entero de una de estas muertes o agresiones sólo es superada por la que siento inmediatamente después cuando me entero que el agresor se ha suicidado.

La prevención es una buena medida. Pero habría que implicar a toda la sociedad en su conjunto y hacer partícipe también a los líderes de las diferentes confesiones religiosas para que, desde sus púlpitos, también condenaran este tipo de violencia gratuita, machista y letal que se ejerce contra las mujeres.

No podemos perder de vista que mientras existan personajes como el Imán que incluso escribía cómo golpear a las mujeres sin dejar huellas ó el sacerdote y catedrático Gonzalo Gironés que no sólo justifica a los hombres sino que además culpabiliza a las mujeres, estaremos muy lejos de poder hacer una prevención integral que evite estas muertes estúpidas e innecesarias.

Yo sigo con mi rabia acumulada a lo largo de los años y de las situaciones, pero me queda la palabra para poder expresarla. También con ella, con la palabra, voy a seguir favoreciendo el recuerdo de estas mujeres y la condena de todas aquellas personas y/colectivos que no sean capaces de condenarla públicamente, contribuyendo así a prevenir nuevas muertes o agresiones.
* Periodista española, corresponsal de CIMAC
tmolla@teremolla.net
06/TM/LR/CV







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