Migración
   Libre de drogas, quiere "vivir bien"
Perdió hogar y siete hijos
Por: Marcela Toledo, corresponsal
CIMAC | Santa María, Cal..- 05/01/2007 Los ejércitos no sólo salvan patrias. El de Salvación rescata almas. Una de ellas es Sara Tinoco, de 41 años, a quien los diez tatuajes que tiene en sus manos, brazos, espalda y piernas son las únicas huellas que recuerdan su pasada "vida loca."


Las flores, cruces, letras, corazones, mariposas y caritas de payasos riendo y llorando, son los mudos testigos del pasado borrascoso que esta madre de siete hijos vivió desde que huyera de su hogar en Santa Ynéz, cuando tenía 13 años.


Nunca conoció a su padre. Aprendió español porque su padrastro era mexicano y viajaban frecuentemente a México. Pero escapó de su casa la noche que el hombre llegó borracho y quiso abusar de ella. Y como a su madre no le importaba su hija, nunca regresó.


A los 14 años tuvo a su primer hijo. Vivía entonces en Santa Ynéz donde limpiaba tres casas de familias ricas. Luego aseaba un hotel, pero la despidieron porque era menor de edad.

Se fue con su marido a vivir a Los Guerreros, un pequeño rancho en el estado de Jalisco, México, donde se hizo famosa porque le aventó la escoba a su suegra, quien la maltrataba, pues Sara no sabía hacer ningún quehacer doméstico.


Entonces se regresó a Estados Unidos. Vivía en Santa María y tenía 16 años cuando dio a luz a una niña, de su segundo marido. También era mexicano. Pero aunque éste la trató bien, ella cometió muchos errores, pues creció sin una guía.


Fue entonces cuando se hizo todos los tatuajes. Recuerda que en 1981 se hizo uno, que hasta la fecha mantiene inconcluso porque mataron en una fiesta al amigo que se lo estaba haciendo.

Sara recuerda que entonces no sabía cuidar a sus hijos ni su hogar. Al siguiente año, cuando tenía 17, tuvo una hija más. En ese entonces había caído en las drogas. Vendía y consumía cocaína y metanfetaminas. Y tomaba alcohol. Le pagaban hasta $600 dólares por manejar a alguien para repartir y cobrar drogas.


Por eso perdió a sus hijos y su casa, pero no le importaba nada. A los 20 años tuvo a su tercer marido y a su hija Jenny, quien ahora tiene 21 años. "Si hubiera tenido quien me guiara cuando era chiquita, todo hubiera sido diferente. Current Population Survey CPS me quitó mis hijos. No me importaba nada... seguía con mis amigas," relató.


BUSCANDO OTRA VIDA

Su vida cambió radicalmente cuando conoció a Theresa Barlett, quien trabaja para el Ejército de Salvación en esta ciudad.

"Conocí a Theresa y me enseñó que sí valía. Ella me cambió. Todos mis maridos, novios, me daban puro maltrato desde chiquita. No siento lástima por mí, porque antes era diferente persona. Antes usaba la droga, coca, metanfetaminas. Theresa me llamó y me decía que necesitaba que le ayudara. Me necesitaba. Si no fuera por ella y por el Ejército de Salvación, seguiría en las drogas," dijo Sara.


El carro que maneja se lo dio Theresa. "No me hace falta nada en la vida. Es muy importante no estar más en las drogas, porque es más fácil regresar a ellas. Algunas veces es muy duro, pero quiero seguir por el camino del bien", aseguró.


Algunas veces, las que fueron sus amigas le dicen: "te crees que eres muy buena, pero no," pero ella no les hace caso y agradece ser parte del Ejército de Salvación.


Desde hace cinco años, está "limpia." Tiene a sus hijos con ella. "Mi vida es mejor ahora. Me mantengo ocupada", mencionó. Sara vive con dos de sus hijas y un nieto. Y hasta ha pensado en ir a la escuela.


Por sus andanzas en las drogas se le desarrolló diabetes y llegó a pesar 400 libras, pues al dejar de usar los narcóticos comía mucho, y estuvo en coma durante cuatro días. La operaron del estómago y se lo hicieron chiquito. Le pusieron grapas, porque estar tan gorda le afectaba a la diabetes y a su alta presión. Además tiene problemas en la sangre.


"Fumaba ?meth?, pero ya se me está quitando lo malo de mi mente. Estuve bien mala, ya vivía con mis hijas. Mi hijo ya estaba pensado cómo me iba a enterrar. Pero desperté del coma, y esta es mi segunda oportunidad en la vida", menciona.


Quiero ayudar a la gente. Ahora me da pena ver a quienes usan drogas, pero si ellos no quieren cambiar, no van a cambiar. Yo no vivo mi vida pensando en mi pasado, sino en mi futuro.


Recuerda que cuando andaba en las drogas, una prima suya le robaba las cosas de su departamento y le decía que llamara a la policía. Sara no la podía denunciar porque estaba drogada.

Cuando cambió su vida, un tío suyo le ayudó a rentar un departamento y le dijo que no echara a perder todo. Su prima le regresó un cuadro muy valioso de 1815 que Sara heredó de su tía. Y la familia de Theresa le abrió los brazos.


SU SUEÑO: VIVIR BIEN

Sara rememora que conoció a Theresa cuando iba a recoger comida y pañales al Ejército de Salvación. Ahora trabaja para ellos como voluntaria todo el año. Pero del 20 de noviembre al 24 de diciembre le pagan casi $9 dólares por hora.


En esta temporada recoge las cajas de juguetes que el Ejército de Salvación recolecta para regalarlos a los niños esta Navidad. También recolecta comida y reparte y recoge a los compañeros que suenan una campanita en las afueras de los supermercados, bancos y otros lugares donde tienen una cajita para que la gente done dinero para recaudar los fondos que serán usados todo el año.


"Si uno quiere cambiar en la vida, cambia. Dios puso en mi camino gente buena. Si Dios me perdona, no me importa lo que la gente diga. A través de Dios ayudo a la gente", dijo y añadió que su sueño es vivir bien.


"A algunos les gusta viajar, tener dinero. Pero yo lo único que quiero es vivir bien y tener salud. Quisiera no tener estrés, pero eso nunca va a pasar", reconoció.


Por su parte, Theresa Barlett comentó, "cuando la conocí no me gustaba, porque sabía que usaba drogas y no le hacía caso a sus hijos. Cuando me dijo que perdió a sus hijos, le ayudé". 07/MT/GG/CV







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