Desde la luna de Valencia
Reformas versus recortes
Por: Teresa Mollá Castells*
CIMAC | España.- 05/06/2012 Los eufemismos pretenden ocultar verdades disfrazándolas con palabras un poco rimbombantes. Quizás por eso el gobierno de Mariano Rajoy se llama a sí mismo "reformista", cuando en realidad debería llamarse "aniquilador del Estado de bienestar".

Dicho esto, hoy he leído en el medio digital de Leonor Sedó (www.39ymas.com) una noticia que me da la razón. Es la siguiente: "Naciones Unidas pide a España que revise sus medidas de austeridad porque perjudican los Derechos Humanos".

En ella se nos explica cómo desde Naciones Unidas se le pide al Estado español que flexibilice sus recortes (que no reformas, insisto) porque perjudican de forma desproporcionada a las personas pobres, mujeres, infancia, personas con discapacidad, juventud sin trabajo, y un largo etcétera.

Pero al parecer los organismos internacionales y sus recomendaciones a Rajoy y su gobierno, dependiendo de si avalan o no sus recortes, les resultan interesantes o irrelevantes.

Así, si la canciller alemana, Ángela Merkel, apoya sus medidas de recortes presupuestario, se exhibe la noticia como un logro internacional, como un trofeo, pero si la ONU les da un tirón de orejas no dicen nada. Y esto se nota y mucho.

Ayer tuve el honor y el placer de visitar una feria por la solidaridad que se organiza bianualmente en mi ciudad, Ontinyent. Bueno, mejor dicho se organiza bianualmente cuando hay un gobierno progresista, puesto que cuando gobierna el Partido Popular (PP) no se realizó, y por tanto llevaba cinco años sin celebrarse.

Allí tuve ocasión de saludar y escuchar a personas de distintos colectivos relacionados con la solidaridad, entendida ésta en su sentido más amplio.

Escuché a personas que se dedican a la cooperación internacional, a personas familiares y/o amigos de quienes sufren fibromialgia, a quienes trabajan con personas con discapacidad física y/o psíquica, a quienes trabajan con personas enfermas de alzheimer, y así unas cuantas más.

Bien, la queja más escuchada era la falta de medios y los recortes en todos los sentidos y a todos los niveles. La paralización de las ayudas a personas con dependencias de cualquier tipo, los recortes en ayudas para la contratación de personal técnico para atender a personas con alzheimer, así como la falta de medios que reciben de nuestro flamante gobierno valenciano los servicios sociales municipales.

Y que conste que hablo de mi ciudad porque es la que conozco, y además ayer reviví esas situaciones al encontrarme con mucha gente relacionada con el sector, y eso no quiere decir, ni mucho menos que estemos peor que en otras ciudades.

Conozco el caso de un enfermo mental que vive solo. Esta misma semana se asomó a la ventana y arrojó un cubo de agua sin importarle que justo debajo hay una terraza que a esas horas estaba llena de gente. Su familia no se hace cargo de él.

Servicios sociales tiene solicitada un ingreso en residencia desde hace cuatro años y todo está congelado. Mientras, esta persona vive como puede y con la ayuda de servicios sociales municipales. Pero nos dicen que eso no son recortes, son "reformas".

Esta semana parece que se han aliado algunos elementos para que Ontinyent fuera epicentro de noticias. Bueno sigo.

El martes por la tarde y dentro de la campaña "Respondemos", que nuestro ínclito gobierno valenciano está llevando a cabo para explicar sus recortes (perdón, sus reformas), Mariano Vivancos, ex director general de la Agencia Valenciana de Evaluación y Prospectiva, realizó un acto aquí en Ontinyent.

Tuvo un fuerte rifirafe con un docente y después con un alumno de ESO y acabó descalificando gravemente al personal docente que está protestando por las desproporcionadas medidas que se están tomando, y que afectan gravemente la calidad de la educación pública, llamándoles entre otras lindezas "talibanes", y les acusó de hacer política desde las aulas.

En este caso he de reconocer que alguien estuvo rápido y Mariano Vivancos fue destituido fulminantemente, pero el mal ya estaba hecho.

Pero en el colmo de sus desvergüenzas, se siguen negando los recortes en todo lo relacionado con la educación, la sanidad y todo lo que tiene que ver con el cuidado de las personas, al tiempo que se van a insuflar muchos millones de euros públicos (ha habido tanto baile de cifras que ya no me atrevo a dar una) a Bankia para reflotarla.

Y mientras en los comedores de los colegios públicos nuestras niñas y niños comen peor. Y mientras aumenta el número de alumnos por aula. Y mientras crecen desorbitadamente las colas de esperas para atención sanitaria, incluso en la atención primaria.

Y mientras las personas con dependencias han de adelantar hasta no se sabe cuánto tiempo por delante y siempre que se pueda, las prestaciones derivadas de una situación de dependencia. Y mientras las mujeres hemos de renunciar a nuestros trabajos mal pagados y con jornadas a tiempo parcial, para volver a casa a cuidar a nuestras personas mayores, menores y dependientes, puesto que no existen servicios públicos que garanticen una atención de calidad.

Y mientras nos encontramos con que los desahucios de la propia entidad financiera Bankia ha dejado en la calle y en situación de vulnerabilidad a cientos de personas. Y mientras la pobreza acampa entre enormes capas sociales que con estas medidas ven gravemente perjudicadas sus condiciones de vida. Y mientras se reducen presupuestariamente las partidas destinadas a combatir la violencia de género.

Pero nada de esto parece importar al gobierno de Rajoy mientras vaya recibiendo el beneplácito de quienes gobiernan Europa e incluso EU. Ni les importa, por supuesto, cuando la propia ONU les da un tirón de orejas.

Además cuando alguien le echa en cara estos asuntos como el aumento de la pobreza entre personas mayores que han de repartir su pensión (recordemos que congelada) con sus familia, entre personas con discapacidad que no reciben una prestación que les corresponde por ley, y cuyas prestaciones han de asumir sus familias (si pueden) hasta ni se sabe cuando, entre personas jóvenes que no encuentran trabajo, y por tanto no pueden proyectar su sus vidas, etcétera, con echar la culpa al gobierno anterior se quedan tan anchos y aquí paz y después gloria.

Hasta aquí (de momento) nos han traído. Y mientras ellos y ellas gobernantes del PP utilizan el miedo y los eufemismos para acallar voces discordantes, otras y otros, como ayer en Ontinyent, y seguramente en otros pueblos y ciudades siguen, seguimos trabajando por otra forma de hacer las cosas.

Otra forma más solidaria, más sostenible y, sobre todo, pensando en las personas y no en el capital, ni en los especuladores, ni en la prima de riesgo, y haciendo un uso más solidario de los recursos que tenemos en nuestras manos.

Quizás algunos sesudos economistas que aconsejan a los gobernantes estatales y autonómicos deberían aprender a gestionar con la creatividad y dinamismo con que lo hacen algunos gobiernos locales que procuran hacerlo para su ciudadanía.

En esos espacios nos encontrarán a quienes creemos en las personas y en sus derechos.

tmolla@teremolla.net

*Corresponsal en España. Periodista de Ontinyent.



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