DESDE LA LUNA DE VALENCIA
VIOLENCIA
   Desde la luna de Valencia
25 de noviembre, un día de duelo
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | España.- 27/11/2012 Desde 1999, el 25 de noviembre se conmemora como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Se adoptó por la ONU a través de la resolución 54/134.
 
En lo que llevamos del año, 51 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.
 
En los últimos 13 años, 877 mujeres han sido asesinadas por aquellos que decían amarlas. Son más mujeres muertas en estos años que las víctimas de ETA en los últimos 51 años. Pero nos negamos a llamarlo terrorismo.
 
Y ocurre seguramente porque la expresión TERRORISMO nos parece demasiado fuerte y la reservamos para los asuntos que afectan al Estado. Y al parecer la muerte de más de 50 mujeres en un años, en cada uno de los últimos años, no es asunto de Estado.
 
Este 25 de noviembre llenamos las calles y plazas de concentraciones de rechazo, de todo tipo y color, condenando este tipo de violencia que nos mata a las mujeres por el simple hecho de serlo.
 
Socialmente y, al parecer también políticamente, la vida de las mujeres vale menos que la de los hombres, sino ¿cómo se explica que todavía no seamos capaces de llamar a este fenómeno terrorismo machista?
 
Lo poderes públicos hoy se llenan la boca de rechazos, de compromisos, de propuestas, pero ayer y también mañana siguen con los recortes en estos temas. Y a este, a estos recortes, se le llama VIOLENCIA ESTRUCTURAL INSTITUCIONAL. Y también se ejerce sobre las mujeres.
 
Y es estructural porque impide el acceso a determinados recursos a las mujeres víctimas para su completa recuperación. Y es institucional porque quien recorta derechos y acceso a los recursos son las administraciones.
 
Pero además también son las administraciones quienes se niegan a reconocer los mismos derechos a las víctimas de este terrorismo que al terrorismo político de ETA, y por eso precisamente se niegan a llamarlo de este modo: TERRORISMO MACHISTA.
 
A las víctimas del terrorismo político de ETA las honran y recuerdan, e incluso las utilizan políticamente porque las tienen definidas. Saben quiénes son, conocen sus nombres, sus situaciones familiares, e incluso las reconocen con efectos retroactivos, lo cual me parece muy loable y encomiable.
 
Del mismo modo que conocemos el nombre de todas las víctimas del 11M y, aunque se les trate de peor manera por parte de las actuales instituciones del Partido Popular (PP), se las reconoce como víctimas así como a sus familiares.
 
¿Por qué no ocurre lo mismo con las víctimas indirectas del terrorismo machista? ¿Por qué tanto miedo a reconocerles como víctimas de terrorismo? Sinceramente no lo entiendo.
 
Soy consciente que este tema levanta polémica porque se considera que no es lo mismo la muerte de una mujer a manos de su pareja o ex pareja que la de una persona a manos de terroristas islámicos o de ETA.
 
¿Acaso la muerte tiene matices? ¿O seguimos pensando, aunque no reconociendo, que la vida de las mujeres, y por tanto sus muertes, valen menos que la de los hombres?
 
Estoy muy enfadada. Mucho. Y no sólo con la gente del PP en las instituciones que deberían tener un acto de decencia política y por lo menos dejar de leer manifiestos elaborados para este día mientras siguen ejerciendo violencia institucional hacia las mujeres víctimas y sus familias.
 
Estoy enfadada también por la falta de madurez ciudadana al considerar a estas víctimas de diferente manera que a las otras. Estoy enfadada porque no seamos capaces, como sociedad, de exigir que este día sea, cada año, un día de duelo por la pérdida de tantas vidas.
 
Unas pérdidas estúpidas y sin ningún sentido que nos dejan como sociedad más vacía, si cabe, al tener que prescindir del talento y de las aportaciones con las que estas mujeres nos podrían haber enriquecido social y familiarmente.
 
Sigo enfadada por los silencios cómplices. Porque un silencio, una no condena explícita de cada uno de los asesinatos de estas mujeres es un aldabonazo en las conciencias de quienes denunciamos y exigimos una justicia social que no llega.
 
Porque el cambio de paradigmas es más necesario que nunca para sumar esfuerzos y demostrar que las víctimas merecen todo nuestro respeto y las supervivientes, además, merecen nuestra admiración.
 
Sólo un aspecto consigue reconfortarme y reconciliarme con la sociedad y es el hecho de que cada día somos más quienes sumamos nuestros esfuerzos para denunciar estas situaciones desde todos los ámbitos.
 
Y también somos más quienes alzamos nuestras voces para decir alto y claro: ¡¡¡BASTA YA DE TERRORISMO MACHISTA!!! ¡¡¡BASTA YA DE MUERTES DE MUJERES!!!
 
Y somos más mujeres las que alzamos nuestra voz y luchamos, pero también se suman cada vez más hombres que rechazan este terrorismo. Son más los hombres que rechazan este tipo de relaciones.
 
Las acciones de sensibilización y de protesta que llevemos a cabo ahora, tanto de forma pública como privada, serán, para quienes nos creemos sinceramente que cambiar esto es posible, nuestro bálsamo contra el profundo dolor que sentimos en el alma ante la ausencia de más de 50 mujeres en lo que llevamos del año.
 
Este 25 de noviembre creo que debió ser un día de duelo porque, tal y como indica la ONU, la violencia de género es el crimen encubierto más frecuente en el mundo.
 
Voy a seguir denunciando y sensibilizando para poder seguir dando la voz a quienes ya no la tienen, y exigir respeto y admiración a su recuerdo pese a los silencios cómplices.
 
tmolla@teremolla.net
 
*Corresponsal en España. Periodista de Ontinyent.
 
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