Mujeres migrantes exigen reforma que respete sus DH

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   Margarita fue deportada de EU; la separaron de su familia
Mujeres migrantes exigen reforma que respete sus DH
Margarita Torres Rangel junto con el colectivo Acción Migrante demanda una reforma migratoria que no sea “esclavista y de seguridad nacional” | CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anayeli García Martínez
Cimacnoticias | México, DF.- 16/04/2013

Mientras en Estados Unidos permanece varada una iniciativa de reforma migratoria, en México migrantes repatriados, como Margarita Torres Rangel, exigen una ley que los trate como personas con derechos y no como delincuentes.
 
Margarita, una mujer de 45 años, fue repatriada tras vivir 20 años en Washington. Desde allí, junto con su esposo, trabajó en la pizca de frutas y verduras, dio escuela a sus hijos y vio morir a su madre cuando trataba de cruzar la frontera para verla.
 
Margarita junto con más de 50 organizaciones del colectivo Acción Migrante demanda una reforma migratoria que no sea “esclavista y de seguridad nacional”, por lo que llamó a apoyar las actividades y movilizaciones de los próximos días.
 
La mujer participó en la conferencia de prensa en la que activistas por los derechos de la población migrante convocaron a la campaña para exigir una reforma migratoria “que no castigue la movilidad humana”.
 
“Probablemente la cosecha que yo trabajaba fue a sus mesas. Ellos la disfrutaron. ¿Por qué ahora no me dan la oportunidad de trabajar?”, se pregunta Margarita, quien lleva poco más de dos años viviendo en México tras firmar su “repatriación voluntaria”.  
 
Cuando su esposo emigró y la situación se volvió difícil para ella porque la venta de zapatos tejidos no le dejaba suficiente dinero, decidió tomar a sus dos hijos, una niña de tres años de edad y un niño de un año y medio, e ir en busca del reencuentro familiar.
 
Para juntar el dinero, su suegra hipotecó su casa. Así, Margarita logró llegar a Tijuana, cruzó la frontera y se instaló en Washington. Una vez allá empezó a trabajar en la pizca de manzana, uva y cereza para pagar la educación de sus hijos.
 
Pero un día, luego de 20 años de haber alcanzado el “sueño americano”, unos oficiales que portaban uniformes con la leyenda “Police” se acercaron a ella cuando llegaba a su casa; le dijeron que tenían reportes de que en esa vivienda había un criminal.
 
Convencida de que no había nadie que hubiera cometido un delito, los dejó pasar. Una vez dentro se dio cuenta que en la espalda los uniformados tenían la palabra ICE, las siglas en inglés de la Oficina de Control de Aduanas e Inmigración.
 
En ese momento fue detenida junto con su hijo de 18 años. Después su vida cambió. Ambos estuvieron detenidos por cinco semanas en un centro para inmigrantes en Tacoma, Washington. Se sorprendió al ver adultas mayores, adolescentes y mujeres embarazadas detenidas.
 
“Era triste, porque nuestros familiares no nos pueden hablar para allá; nos pueden depositar dinero para nosotros comprar comida y hablar con una tarjeta que allá compramos. Somos negocio para ellos, somos una mercancía simplemente”, dice.
 
En ese momento, ya con cinco hijos, tomaba el teléfono para hablar con su hija de cinco años que le preguntaba cuándo regresaría; a la vez que cada semana esperaba ver a su hijo de 18 años que fue recluido en un lugar separado de donde se encontraban las mujeres.
 
Finalmente los agentes de inmigración le dijeron que tenía que firmar unas formas para que pudiera salir; ella sabía que era su “deportación voluntaria”. Aceptó porque esa era la única forma de dejar de estar recluida.
 
Los dejaron salir a ella y a su hijo. Les dieron un año para abandonar aquel país. Como si no fuera suficiente, por esas fechas le llamaron de Arizona para que fuera a identificar a su madre, una mujer de 65 años, quien murió al tratar de cruzar la frontera para verla.
 
Concepción, la madre de Margarita, decidió arriesgar todo sólo para ver a sus cuatro hijos antes de morir, pero no logró su cometido.
 
Margarita y su hijo regresaron a México pero no había de qué vivir, así que su hijo se lanzó de nuevo hacia EU. Después su esposo decidió enviar a su hija más pequeña con su madre.
 
Aunque desearían estar juntos, saben que las oportunidades están en el país vecino y prefieren permanecer así, separados. Ellos allá con una familia y una vida en construcción. Ella y su hija acá con las escasas oportunidades para sobrevivir.
 
Sus hijos ahora son parte del 10 por ciento de mexicanos que viven en el extranjero, 97 por ciento de los cuales radican en EU. Esta población exige derechos mínimos como el acceso a amnistía, visas y a la reunificación familiar.
 
A propósito de la visita en mayo próximo del presidente de EU, Barack Obama, a México, Acción Migrante convocó a una movilización en la Ciudad de México para el 3 de mayo a fin de que ambos mandatarios acuerden una reforma migratoria integral. 
 
Ante estas situaciones y mientras el Congreso estadounidense  trabaja una propuesta de reforma migratoria y Obama promete residencias legales en un plazo de ocho años, las organizaciones civiles también preparan una caravana en el país vecino.
 
Esta movilización, encabezada por el activista y sacerdote Alejandro Solalinde, tiene el objetivo de documentar los abusos y graves violaciones a Derechos Humanos de personas migrantes, sin embargo será en próximos días que se den a conocer más detalles.
 
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