OPINIÓN
DERECHOS HUMANOS
   CRISTAL DE ROCA
Sin peros
Especial | Retomada del sitio library.ucsf.edu
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 23/04/2013 “Pero” es una conjunción adversativa que sirve para cuestionar, para disentir y también para anunciar la discriminación.
 
Hace unos días escuché a una persona decir: “Yo no tengo nada contra los homosexuales, pero…”. Y a continuación comenzó con un discurso lleno de prejuicios.
 
Dice no tener nada contra los homosexuales, no obstante ¡sin despeinarse negó que tengan derecho a tener varios derechos!
 
En otra ocasión, un amigo dijo, a propósito de la queja de una mujer policía por hostigamiento sexual: “No es que sea machista ni nada, y a mí me parece muy bien que las mujeres trabajen; pero, si se meten a la cueva del lobo que luego no se quejen”.
 
Lo primero que pensé fue: ¿Qué supondrá mi amigo que significa la palabra machista? ¡Su afirmación es machista! Parte del supuesto que la violencia contra las mujeres nos la ganamos al meternos en “terrenos de hombres”.
 
Eso es un discurso de superioridad masculina, justifica la violencia contra las mujeres; es decir, es machismo puro y simple.
 
El problema es que muchas personas, al asumir el discurso políticamente correcto, se creen la máscara de igualdad que a duras penas se han puesto, pero a la primera provocación sale el discriminador o discriminadora que llevan dentro.
 
Y en este punto conviene la honestidad. Todas y todos llevamos a una persona discriminadora dentro. El punto de quiebre estriba en que hay quienes la vamos desactivando a las luces de la razón y de la congruencia.
 
Pero, si no nos atrevemos a mirar de frente nuestras discriminaciones, ¿cómo las desactivamos?
 
Los Derechos Humanos son el gran invento social del siglo XVIII. Y surgieron precisamente para convivir de otro modo en sociedad. Para dejar claro que basta ser humana o humano para tener derecho a tener derechos. ¿Cuáles? Todos los que se enlisten. ¿Cuándo? Todo el tiempo. ¿Dónde? En todas partes.
 
Por eso los derechos no admiten “peros”. Es un contrasentido.
Claro que a las personas acostumbradas a los privilegios no les importa el contrasentido y, de hecho, históricamente lo han justificado.
 
Lo hicieron primero con las mujeres, a quienes no tuvieron empacho en excluir de los derechos, aunque para ello tuvieran que inventar que humanas, lo que se dice humanas, no éramos.
 
Pero dígase lo que se diga, arguméntese lo que se argumente, ponerle “peros” al ejercicio de un derecho es un contrasentido.
Lo dijeron mujeres y hombres en el siglo XVIII y lo seguimos diciendo en el siglo XXI. Y ese contrasentido se llama discriminación. Punto.
 
Cuando las mujeres del siglo XVIII defendieron su derecho a la educación, fueron duramente criticadas y ridiculizadas. Me imagino a más de uno diciendo: “Yo no tengo nada en contra de las mujeres, pero que estupidez es ésa de que quieran estudiar”.
 
Es lo mismo ahora, se sostiene no tener nada en contra de que las mujeres trabajen, pero…
 
Ni qué decir de personas que se relacionan sexualmente con otras del mismo sexo. Los “peros” a sus derechos son tantos que a menudo sólo falta que abiertamente se les niegue humanidad.
 
Cuando se hable de derechos que gozamos o cuya garantía exigimos, cada vez que oigamos o pronunciemos un “pero”, encienda la alerta, viene una discriminación.
 
¿Qué hacemos con ella? Eso, parafraseando a Shakespeare, es precisamente la cuestión.
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com   
 
*Periodista y feminista de Quintana Roo, México, integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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