MUJERES Y SALUD MENTAL
SALUD
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¿Qué significa estar en terapia?
Especial | Retomada del sitio gestaltyreiki.es
Por: Alejandra Buggs Lomelí*
Cimacnoticias | México, DF.- 09/07/2013 Me parece importante abordar en este artículo qué significa iniciar un proceso psicoterapéutico, porque para la mayoría de las personas aún en nuestros días, sigue siendo algo desconocido o algo asociado única y exclusivamente a la locura.
 
Si bien es cierto que los procesos psicoterapéuticos van tomando diferentes formas de acuerdo al abordaje, en esta ocasión me enfocaré exclusivamente al proceso humanista existencial en la terapia, por considerarlo uno de los que más permiten incluir el enfoque de género y de diversidad sexual durante el proceso, y por ser el abordaje que utilizo en mi quehacer psicoterapéutico.
 
Generalmente, las personas decidimos ir a terapia cuando estamos ante una crisis personal, de pareja, o por problemas con las y los hijos, y nos sentimos tristes, desesperadas, desorientadas, con la sensación de no saber qué hacer o a dónde dirigirnos.
 
Puede ser un momento en que nuestra existencia nos confunde o nos sobrepasa…
 
La psicoterapia es un proceso de crecimiento personal orientado a que las personas reconozcan sus recursos emocionales y los enfoquen hacia un cambio para mejorar y fortalecer las diferentes áreas que las conforman: personal, familiar, espiritual, profesional, sexual, social y cultural, a través de la revisión de su historia de vida y de la manera en que ha afectado la expresión de sus emociones.
 
Todas y todos podemos acudir a psicoterapia en algún momento de nuestra vida, por motivos muy específicos, generales o por cuestionamientos existenciales como “no sé hacia dónde voy, no sé qué me pasa, no sé qué quiero o qué hago”.
 
Un proceso psicoterapéutico es realizar un viaje interno acompañado por una o un especialista de la salud mental y emocional que nos oriente para que logremos sentirnos, conocernos y transformarnos, desde los lugares más superficiales hasta los más recónditos de nuestra existencia.
 
La o el terapeuta acompaña a la o el consultante para que poco a poco tome conciencia y la amplíe sobre lo que le sucede: lo qué siente, cómo lo siente, cómo lo manifiesta, por qué le pasa eso, para qué lo hace, por qué lo siente así...
 
Terapeuta y consultante se convierten entonces en “compañeras o compañeros de viaje”** estableciendo un sistema donde la relación de respeto, honestidad y confianza es la piedra angular para que el proceso psicoterapéutico surta efecto.
 
El sistema que se establece entre consultante y terapeuta es el centro de la terapia; la o el terapeuta sigue el discurso y el sentir de lo que la persona trae a consulta en el momento en que la o el terapeuta entra en la historia de vida de la o el consultante; cuenta con recursos para guiar el proceso de reflexión, introspección y toma de conciencia de la persona en terapia.
 
La o el terapeuta se convierte en “facilitador o catalizador” dentro del contexto psicoterapéutico, para que la persona sea protagonista de su proceso y por tanto de sus resultados.
 
Podríamos decir que algunos de los objetivos de la terapia son: fomentar en la persona su autonomía, apoyarle en su proceso de cambio, y facilitarle la manera de encontrar sus propias respuestas y alternativas de acuerdo con sus necesidades.
 
Cada persona es responsable de su vida, de sus elecciones y decisiones, el énfasis está que en el proceso terapéutico se construyan “elementos de cambio” para que, una vez que la persona los adquiera, ya no necesite el apoyo de la psicoterapia, porque después de un tiempo ha logrado encontrar su autoapoyo, lo que Fritz Perls llamó “el momento de maduración en la terapia”.
 
Aun cuando la mayoría de las personas asiste a terapia ante una situación de crisis, también algunas más lo hacen como una forma de autoconocimiento, lo que permite que logren ver y atender ciertas situaciones y evitar una crisis, actuando la psicoterapia como un elemento de prevención.
 
No importa qué nos lleve o cómo lleguemos a terapia, lo importante es que nos demos la oportunidad de abrirnos a la experiencia y desmitifiquemos la idea de que la terapia es sólo para gente loca o para gente que no puede controlar su vida.
 
En mi experiencia como consultante puedo asegurar que los procesos psicoterapéuticos que he emprendido se han convertido en los recorridos internos más apasionantes, reales, difíciles, creativos y verdaderos que he hecho.
 
Recorridos hacia lo más profundo de mi esencia, hacia lo que realmente soy y siento, y esas experiencias se han quedado para siempre y por siempre en mí.
 
www.saludmentalygenero.com.mx
 
*Psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial, especialista en Estudios de Género, y directora del Centro de Salud Mental y Género.
 
**Yalom, Irvin D. “El don de la terapia”, pag. 26, Editorial EMECÉ, Buenos Aires, 2007.
 
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