OPINIÓN
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   CRISTAL DE ROCA
Diagnóstico del fracaso
CIMACFoto: Yunuhen Rangel Medina
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 06/08/2013 La danza de las cifras está frente a mí. Y, como baile de carnaval, las cifras y las máscaras muestran algo, pero no el rostro verdadero.
 
La semana pasada el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer las más recientes cifras de la pobreza en México. Las de 2012.
 
Y el centro de la discusión ha sido cuántos pobres son más ahora y cuánto más pobres son. Pero yo leo entre líneas: De qué tamaño es el fracaso de los programas sociales y de la estrategia económica que ¿impulsa? el desarrollo de nuestro país.
 
El concepto de desarrollo que a mí me gusta es el que pone en el centro a las personas y no el de las naciones medido en términos monetarios. Se llama desarrollo humano y fue propuesto por Amartya Sen, economista indio, Nobel de Economía en 1998.
 
El desarrollo humano se concibe como el proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplía sus opciones y oportunidades.
 
Y es evidente que la pobreza limita dramáticamente las capacidades, opciones y oportunidades de las personas. Yo me preguntó si alguna vez esa meta ha estado en la mira de las políticas públicas destinadas a combatir la pobreza, o más bien lo que se ha buscado es administrarla, controlarla. En cualquier caso ha sido un fracaso.
 
Cómo debe calificarse a un país en el que casi la mitad de su población vive en condición de pobreza. ¿Le ponemos número? Poco más de 53 millones de personas.
 
O, cómo llamaría a un país en el que más de la mitad, 60 millones de personas, no tienen los ingresos suficientes para adquirir una canasta básica alimentaria, más la no alimentaria.
 
¡Ah! Y antes de que me responda, déjeme decirle que 11 millones de personas viven en pobreza extrema. ¿Qué tanto es tantito?
 
Para medir la pobreza se han elegido ocho indicadores a los que llaman, carencias sociales; bonitas palabras que en realidad reflejan los Derechos Humanos vulnerados que el Estado no ha sido capaz de garantizar: ingreso por persona, rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda, acceso a la alimentación y cohesión social.
 
La carencia de uno, dos o más indicadores da lugar a las sutilezas, que no son menores. Porque hay pobres a secas y pobres en extremo.
 
Y de entre mis compatriotas a las mujeres les va peor. Y mire que decir peor cuando se habla de pobreza, ya es decir. Con carencia por acceso a la alimentación hay 27.4 millones de personas. Y en este rubro hay un millón más mujeres que hombres: 14.1 millones.
 
¿Qué puede significar que más mujeres que hombres no tengan qué comer? Más allá de las consideraciones morales, significa que la pobreza se trasmitirá de una generación a otra.
 
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló recientemente que dado que en general son las mujeres las que llevan la carga de la nutrición de sus hijas e hijos, si ellas no tienen una adecuada alimentación eso repercutirá en su descendencia, lo que a su vez tendrá efectos en el desempeño escolar y laboral de esa generación.
 
¿Es o no un estrepitoso fracaso? Porque, además, sabemos que la pobreza incide directamente en el nivel de cohesión social, en el aumento de la delincuencia organizada y desorganizada, y en la calidad de la democracia de un país.
 
La gran pregunta es: ¿vamos a segur por el mismo camino? 
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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