OPINIÓN
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   CRISTAL DE ROCA
No hacer nada
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 22/07/2014 “Duermo fatal”, me dijo mi amiga al tiempo que miraba la pantalla de su celular. “Y ayer tuve un ataque de ansiedad, continuó, o eso dijo el médico, que opina que estoy muy estresada”. Pues no hagas nada, respondí. Y los ojos de mi amiga se abrieron como platos.
 
Muchas mujeres se pueden mirar en sus ojos. Tienen un trabajo demandante, una pareja, hijas, hijos, y parientes cercanos o lejanos que requieren atención o cuidados.
 
Como millones de mujeres en el mundo, mi amiga tiene una doble jornada. Es decir, trabaja para ingresar dinero y es la principal responsable de las tareas domésticas y del cuidado y formación de su hija. Lo dicho, dos trabajos.
 
El problema es que el otro trabajo –el doméstico y de cuidado– no se asume como trabajo. No lo consideran así ni el gobierno ni la sociedad.
 
Mi amiga, que trabaja por su cuenta, un día me dijo: “Hoy comencé a trabajar tardísimo, la hija tiene gripa, así que no la aceptaron en la guardería. Total, empecé a trabajar a las 11 de la mañana”. “¿A esa hora te levantaste?”, le pregunté.
 
“Jajaja ¿cómo crees? –contestó– Si casi ni dormí; no te digo que mi hija tiene gripa, pasó mala noche la pobre y, como todos los días, se levantó a las 6 de la mañana por su leche”.
 
Ella, como millones de mujeres, comienza en uno de sus trabajos casi al alba, pero no lo cuenta, no lo considera. Sólo toma en cuenta aquel que le genera ingresos económicos. Pero pierde de vista que el otro, el doméstico y el de cuidados, implica esfuerzo físico y afectivo, y tiempo, mucho tiempo.
 
La doble jornada tiene al borde del colapso a muchas mujeres. Y las nuevas tecnologías, que sirven para muchas cosas, no permiten que las mujeres –ni los hombres– se desconecten, literalmente, de sus ocupaciones.
 
Los teléfonos “inteligentes”, las tabletas y las computadoras personales permiten llevar a cuestas todo el trabajo. Eso, para la mayoría de las mujeres quiere decir: el doméstico y el extradoméstico.
 
Ya no hay un solo minuto libre. Los tiempos de traslado en un camión, por ejemplo, siguen siendo tiempo de trabajo. Los tiempos de espera en una oficina pública siguen siendo tiempo de trabajo. Cualquier tiempo libre, ya no lo es más.
 
¿Cómo no sentir estrés? Necesitamos hacer varias cosas. Necesitamos saber que las tareas domésticas son trabajo. Y, por tanto, necesitamos distribuirlas, necesitamos poner la corresponsabilidad en el centro de nuestra vida cotidiana.
 
Y también necesitamos reivindicar y dotar de valor a lo que en Italia se conoce como “dolce far niente” (el dulce placer de no hacer nada).
 
Le reto: Siéntese en la banca de un parque y sólo mire a su alrededor. No saque su celular, no oiga música, no hable con nadie. No haga nada. Al menos 10 minutos.
 
Le reto: Detenga su marcha y mire la luna. No haga nada, sólo mírela. Diez minutos. Le reto, siéntese en su sala y respire tranquilamente. No haga na-da. Diez minutos.
 
Cuando se lo propuse a mi amiga, me miró como si me hubiera vuelto loca. Pero no lo estoy. En verdad creo que en Italia dieron en el clavo.
 
Las mujeres particularmente necesitamos recobrar nuestro derecho al ocio y al descanso. Necesitamos recuperar la capacidad de desconectarnos del mundo para simplemente apreciarlo.
 
Necesitamos aprender o reaprender a no hacer nada. Y necesitamos saber que practicar cotidianamente el no hacer nada está bien. Hoy más que nunca no hacer nada puede hacer la diferencia entre la salud y un colapso, entre el estrés y la paz, entre vivir y apenas sobrevivir.
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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