DESDE LA LUNA DE VALENCIA
VIOLENCIA
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
¿Quién es el terrorista?
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | España.- 12/05/2015 El terrorista no es sólo quien aprieta el gatillo, acuchilla o estampa un martillo sobre el cráneo de una mujer con el fin de asesinarla. El terrorismo es también el silencio de quien no condena abiertamente estos actos terroristas que nos asesinan a las mujeres sólo por ser mujeres.
 
El terrorismo también lo ejerce quien mira hacia otro lado y, pese a las peticiones no concede órdenes de alejamiento y/o de protección.                                                                             
Lo ejerce quien culpabiliza a las mujeres de su situación por no denunciar o por seguir con su maltratador y no poder romper sus cárceles invisibles que son las dependencias emocionales.
 
El terrorismo lo ejercen quienes cuestionan una y otra vez la vigente Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. O quienes evitan aplicarla. O quienes permanentemente defienden a los agresores y/o asesinos.                                                                                                          
 
Los terroristas son quienes antes que defender a las víctimas prefieren cuestionar sus voces y defender a los agresores aliándose con los teóricamente más fuertes, y olvidando a quienes son más débiles o están en situación de vulnerabilidad por su propia situación.
 
O quienes igualan la situación de mujeres y hombres en la condición de víctimas. O aquellas personas reincidentes en la defensa de la existencia de denuncias falsas por parte de las mujeres para obtener ventajas de un teórico divorcio.
 
También son terroristas quienes aconsejan paciencia ante estas situaciones. Y por supuesto, lo son quienes recortan partidas para formación en la prevención de este tipo de terrorismo, quienes vacían de contenido la educación evitando la sensibilización y la prevención de estos asesinatos de mujeres.
 
Quienes en sus columnas de opinión cuestionan abiertamente las reivindicaciones feministas por considerarlas fuera de lugar y, también quienes no se esfuerzan por elaborar un código deontológico para hacer un tratamiento informativo correcto de estos asesinatos.
 
O aquellas personas a quienes no les afectan en absoluto estos asesinatos y miran hacia otro lugar al tiempo que son capaces de exclamar: “La que le espera al pobre hombre”.
 
Quienes desde sus sillones institucionales son incapaces de alzar su voz y de escucharnos a las mujeres feministas las propuestas elaboradas para prevenir estas muertes sin sentido, y el dolor de familiares y amigos de las mujeres asesinadas.
 
Y mucha gente más. Y yo acuso directamente a toda esa gente de ser cómplices de asesinatos de mujeres e incluso en algunos casos directamente de haberlos favorecido.
 
Como se habrá podido comprobar, no he dicho en ningún momento que los terroristas sean hombres. Desgraciadamente hay mujeres entre estos grupos. Y las hay porque el patriarcado favorece las alianzas con el poder. Y el poder lo siguen ostentando mayoritariamente ellos.
 
Y a muchas les interesa aliarse con el poder. Un poder que nos utiliza para sus intereses y que después nos cambia. Porque somos recambiables e intercambiables y, en demasiados casos, no reutilizables. Si, ya sé que a veces las palabras duelen, pero los asesinatos que estas gentes permiten duelen todavía más.
 
El patriarcado elabora continuamente discursos y crea mitos para justificar a los asesinos de mujeres y todo el terrorismo que envuelve estos asesinatos.
 
Alimenta el espacio simbólico para que sea fácilmente cuestionable el discurso de las víctimas, sean niñas o niños que han sufrido abusos y/o violaciones o mujeres asesinadas. Incluso crea leyes para impedirnos a las mujeres actuar con decisión y voluntad sobre nuestros propios cuerpos.
 
El patriarcado se envuelve en marañas y ritos religiosos de toda índole para crear normas y justificar tradiciones que permitan el uso de los cuerpos de las mujeres únicamente para el placer de los hombres y convirtiendo a estas mujeres en meros objetos para el uso y disfrute.
 
Y no estoy pensando sólo en las barbaridades que se están cometiendo en las zonas donde el Estado Islámico ha impuesto su terrorífica ley. No. Lo tenemos mucho más cerca de lo que imaginamos. El patriarcado impone su ley cada vez que se paga o se usa un cuerpo de mujer sin el consentimiento expreso de ella. Y esto también es terrorismo.
 
Es mucho más fácil no ver estas situaciones pero están ahí. Y, aunque sea de vez en cuando, se ha de recordar que están ahí y denunciarlas. No podemos escudarnos en la ceguera, la sordera ni en el atronador silencio de quienes gobiernan las actuales instituciones para no denunciar este terrorismo que nos asesina por ser mujeres.
 
El pacto es absolutamente necesario para frenar este terrorismo y señalar abierta y claramente a quienes ejercen terrorismo contra las mujeres.
 
Estoy harta de tanta justificación y de tanta mentira patriarcal para justificar que nos asesinan. Pero estar muy harta no significa que haya perdido las ganas de denunciar y combatir este terrorismo y a quienes lo ejercen y/o lo permiten. Sean hombres o mujeres aliadas patriarcal e interesadamente con ellos.
 
Hace años, un determinado día, me comprometí vitalmente con esta causa y no pienso cejar en este compromiso mientras me queden capacidades para hacerlo.
 
Que nadie se equivoque, porque estar cansada no significa dejar de luchar para desmantelar el patriarcado ni dejar de defender y rendir homenaje a la memoria de las mujeres asesinadas. Han sido asesinadas y no muertas.
 
tmolla@telefonica.net
 
*Corresponsal en España. Periodista de Ontiyent.
 
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