OPINIÓN
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   CRISTAL DE ROCA
Clichés
Imagen retomada del sitio europarl.europa.eu
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 06/10/2015 Ahí estaba yo, sentada, escuchando con cara de terapeuta, una serie de mentiras que suenan más poderosas cuando las emite un señor de saco y corbata que se presenta como defensor de los derechos de las mujeres.
 
“Las mujeres son honestas por naturaleza”. “Las mujeres deben gobernar porque son mejores administradoras que los hombres”. “Las mujeres son madres, por eso pueden guiar mejor este país”.
 
Pocas veces he escuchado tantos clichés, hilados uno tras otro, sin que quien los pronuncie haga una pausa para acomodar las neuronas.
 
Un cliché, dice mi diccionario, es una voz tomada del francés, que significa “plancha que se utiliza para reproducir múltiples copias de un texto o imágenes grabados en ella”. Sinónimos: estereotipo y lugar común.
 
Y veamos: afirmar que las mujeres son más honestas y mejores administradoras que los hombres “por naturaleza”, es un cliché y es una mentira.
 
Por naturaleza, las mujeres tenemos un aparato reproductor diseñado para ciertas cosas y los hombres tienen un aparato reproductor diseñado para otras. Ahí reside la diferencia básica natural entre mujeres y hombres.
 
Todo lo demás es aprendido. Por tanto, hay mujeres y hombres que han aprendido honestidad, buena administración, respeto, etcétera, y, del mismo modo, hay mujeres y hombres que han aprendido lo contrario.
 
Cierto es que social y culturalmente a las mujeres se nos ha formado para administrar los recursos que hay para el hogar. Pero afirmar que tooodas lo hacemos bien, que toooodas somos honestas, y que gobernar únicamente implica administrar bien, es un cliché y una mentira monumental.
 
“Las mujeres son madres, por eso pueden guiar mejor este país”. Este cliché no necesita mucha argumentación. Ni todas las mujeres son madres, ni todas las madres son buenas madres.
 
Y, por si hiciera falta aclarar, me parece que hay un abismo entre ser madre y guiar un país. Una mujer puede ser una gran estadista sin ser madre. Y una madre puede ser una extraordinaria madre sin tener idea de cómo gobernar. 
 
Clichés aparte y mentiras de lado, me parece que es un error pensar en términos de blanco y negro: “Todas las mujeres son…”, “todos los hombres son…”. Somos tan diferentes todas las personas, que es un sinsentido pensarnos como idénticas o idénticos.
 
Creo, también, que se comete un grave error y una gran injusticia al pensar en las mujeres como las salvadoras de la patria. Porque las mujeres también tenemos derecho al mal. Somos humanas, con todo lo que eso significa.
 
Las mujeres debemos formar la mitad del gobierno, para empezar porque es nuestro derecho; y, para terminar, porque en una democracia la pluralidad es un principio que permite potencialmente un mejor gobierno. 
 
Ahí donde hay más voces hay menos posibilidades de equivocarse, que cuando se oye una sola voz o un solo tipo de voz. Y habrá mujeres que al gobernar sean buenas, buenísimas, regulares, malas y malísimas. Igual que los hombres.
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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