OPINIÓN
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
   CRISTAL DE ROCA
En picada
VI Encuentro de la Red Nacional de Periodistas | CIMACFoto: César Martínez López
Por: Cecilia Lavalle*
Cimacnoticias | México, DF.- 23/02/2016 Nuestro país va mal. No quiero decir, regular. No quiero decir, ahí la lleva. Va mal, muy mal. Y una de las maneras de tomarle la temperatura a la realidad nacional –la nuestra y de cualquier otra nación– es revisar sus niveles de libertades elementales. La libertad de expresión, por ejemplo.
 
El fin de semana participé en el Sexto Encuentro de la Red Nacional de Periodistas (RNP), una red que aglutina a periodistas que hemos decidido ejercer un periodismo con perspectiva de género; es decir, que tomamos en cuenta las desigualdades que a lo largo de la historia se han construido para las mujeres cuando se trata de ejercer nuestros derechos.
 
Esta mirada permite que, desde el periodismo, se visibilicen las condiciones de desigualdad que vivimos las mujeres, y se reconozcan los derechos que se vulneran o se nos escamotean. Y todo para contribuir a la construcción de igualdad, que no es otra cosa que las mujeres tengamos la efectiva garantía, goce y ejercicio de nuestros derechos como humanas. Nada más. Pero nada menos.
 
A esta RNP pertenecemos periodistas de todo el país. Más mujeres que hombres porque, como en otras agrupaciones, cuando se trata de derechos de las mujeres, aún pocos hombres asumen que es un tema que también les compete.
 
Esta vez nos reunimos colegas de 21 estados del país para reflexionar el camino que ha seguido la RNP y el que proponemos que siga durante los siguientes dos años; pero también para tomar el pulso a nuestro quehacer, sus obstáculos, sus retos.
 
Y ahí es donde me quedó claro que mi país va en picada. Y me quedó claro porque, como parte de la comisión que redactaría el pronunciamiento, escuché atenta lo que se dijo en voz alta y también lo que se dijo en voz baja durante esos dos días.
 
A nadie le cupo duda que vivimos en un contexto de violencia y censura generalizada. Pero no nos va igual a las mujeres que a los hombres periodistas.
 
De 2002 al 20 de febrero de este año, Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) y la RNP hemos documentado 336 casos de agresiones a mujeres periodistas, entre los que se encuentran 14 casos de feminicidio. Y en los últimos seis años los ataques contra periodistas se han incrementado en 400 por ciento.
 
En algunas entidades estos ataques tienen nivel de emergencia; pero lo cierto es que en la mayoría ni siquiera hay condiciones para denunciar, porque los agresores son funcionarios públicos.
 
En resumen, no es posible informar ni opinar, casi de lo que sea, sin tener que valorar el riesgo que se corre. Lo mismo da si es un tema de política, economía, medio ambiente, similares y conexos.
 
Esto es particularmente cierto en el caso de agresiones a mujeres periodistas. La mayoría de las colegas no cubre la fuente policiaca, cubre la fuente política o cualquier otra.
 
Pero, además, en casos de secuestro, violación, desaparición y asesinato, casi invariablemente se coloca la sospecha, el rumor, la “línea de investigación” de “los vínculos” con el crimen organizado. Una caja en la que se mete toda la violencia que se vive en nuestro país, y que es como un hoyo negro en el que todo cabe y se evapora. 
 
A la violencia evidente, le sumamos las violencias menos evidentes. Condiciones laborales deplorables, sin contrato o contratos precarios, salarios indignos, y ya de seguridad social ni hablar.
 
Eso y más escribimos en el Pronunciamiento (que puede consultarse en www.cimacnoticias.com.mx).
 
Y por ello le exigimos al Estado mexicano fundamentalmente que cumpla con las leyes nacionales y los convenios internacionales que ha firmado. Cuando se tiene que reivindicar el derecho a la información, a la libertad de expresión, a la comunicación, a trabajar en condiciones seguras, a una vida libre de violencia, en un país que se asume como democrático, algo anda mal.
 
Cuando lo que le exiges al Estado es que cumpla con las leyes, algo anda muy mal.
 
Y cuando, se debió pensar y repensar en las palabras que debía incluir o no el pronunciamiento, se preguntó a las y los asistentes si alguien prefería que no se le nombrara o se le fotografiara; y cuando, en este mismo instante me pregunto si no dije o escribí algo “inapropiado”, sabes que, en efecto, nuestro país va en picada.
 
¿Cómo detenemos la caída?
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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