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Laura, una lucha olvidada de mujeres que viven en las calles
Foto: Ethel Z. Rueda Hernández
Por: Ethel Z. Rueda Hernández*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 02/12/2016 Laura era una joven que visitaba con regularidad las instalaciones de El Caracol A. C., una organización que trabaja con personas en situación de calle para reivindicar sus derechos y mejorar sus condiciones de vida. Como en muchos de los casos de las mujeres en situación de calle, tenía un historial familiar tan violento que las calles parecían una mejor opción que quedarse en casa.
 
Sin embargo, las mujeres son un grupo que vive en condiciones de alto riesgo dentro del segmento ya de por sí muy vulnerable de personas sin hogar. El caso de Laura es un ejemplo de cómo a la violencia institucional y social que enfrentan también los hombres, las mujeres, adolescentes y niñas en situación de calle, se añaden violencias específicas de género, que abarcan un amplio espectro de dificultades adicionales, desde una aguda falta de acceso a recursos económicos, hasta la violencia obstétrica que se ejerce sobre ellas.
 
Laura tenía una pareja, presentó un embarazo y tuvo un hijo. El embarazo es uno de los eventos que marca una diferencia radical entre las condiciones en las que viven las mujeres en esta situación. Se estima que entre el 25 y el 30 por ciento de la población en situación de calle son mujeres. Ellas, igual que ellos, enfrentan de manera regular condiciones de discriminación dentro de los hospitales y clínicas, pues es común que se niegue la atención a estas personas, que se les trate por padecimientos diferentes a los que tienen, o que se les apliquen remedios equivocados o temporales en lugar de tratamientos efectivos.
 
A estas circunstancias se suma no sólo la violencia obstétrica, sino también la amenaza de criminalización y despojo de los hijos, que a menudo las personas en situación de calle que llegan a los hospitales son vistas como delincuentes en potencia, y en el caso de las mujeres embarazadas o que han tenido hijos, como madres incapaces, que de acuerdo a lo estipulado en el Código Civil, Artículo 492 del antes Distrito Federal, quienes nada más pueden otorgar a sus hijos una vida en situación de desamparo, por lo que es necesario que los menores de edad sean puestos en resguardo bajo tutela del Estado.
 
Como muchas otras mujeres, Laura perdió su hijo de esta manera.
 
Luis Enrique Hernández, miembro de la organización El Caracol,  afirma que cerca del 70 por ciento de las mujeres que pasan por esta experiencia sufre como consecuencia un cuadro fuerte de depresión. Esta tristeza posterior al despojo de sus hijos es una condición que afecta casi exclusivamente a las mujeres que viven en las calles, pues se considera que los hijos son suyos, su responsabilidad exclusiva, por lo que sus parejas, si las tienen, muchas veces las culpan de que les hayan "quitado al niño".
 
Esta depresión desencadenó en la vida de Laura un aumento en el consumo de inhalantes, como modo de evadir o superar el evento depresivo de que le arrebataran a su hijo. El daño orgánico que generan estas sustancias también tiene mayor impacto en los cuerpos femeninos, pues las sustancias tóxicas se acumulan en el tejido graso, del que las mujeres tienen un mayor índice corporal. Por eso las muertes de mujeres en situación de calle están correlacionadas fuertemente con el consumo de solventes.
 
Laura desapareció un día, sin dejar rastro. El equipo del Caracol A. C. que se había mantenido en contacto con ella, en un afán de lograr su rehabilitación y la posterior recuperación de su hijo, la buscó por todos lados. Quisieron hallarla en los sitios que frecuentaba, preguntaron por ella a sus conocidos, fueron a hospitales, al INCIFO, a las escuelas de medicina, donde seguido terminan los cuerpos que se catalogan como desconocidos o no identificados, como sucede muchas veces con las personas que mueren en las calles. Laura no aparecía por ningún lado.
 
Pasaron 2 años sin tener noticia de ella. Un día alguien avisó al equipo del Caracol A. C. que creía haber reconocido a Laura en las fotos de los registros de un hospital. Ellos acudieron a revisar la información. Era un hospital que ya habían visitado con anterioridad, donde les habían dicho que ninguna persona con el perfil de Laura había ingresado en las fechas que ellos indicaban.
 
La organización comprobó que Laura sí había estado en ese lugar, que la información negativa que habían recibido antes era errónea. Rastrearon el paradero de su cuerpo hasta una escuela de medicina, donde tampoco les habían proporcionado la información necesaria para identificar y recuperar el cuerpo de Laura a tiempo. Después, la fosa común.
 
Queda mucho por hacer
 
Fue la falta de un protocolo de actuación ante las muertes de personas en situación de calle lo que impidió que el cuerpo de Laura fuera reconocido y entregado a sus deudos a tiempo. Ahora, 2 años después, la recuperación de sus restos de la fosa común es un proceso costoso y complicado. Esto ilustra cómo las personas en situación de calle sufren discriminación incluso después de la muerte.
 
Su derecho a la identidad, considerado un derecho llave por las organizaciones que trabajan con población callejera, ya que permite acceder a otros derechos, como los trámites y servicios que requieren de una identificación oficial, sean de salud, educación, vivienda, bienestar social, entre otros, se ve coartada por la falta de registros de nacimiento e incluso, en ocasiones, de nombre (sea porque lo han olvidado, porque tienen más de uno o porque viven bajo un alias).
 
Las personas en situación de calle constituyen uno de los sectores de la población en mayor condición de vulnerabilidad. Esta población por lo general no es visible, ni ante las instituciones de gobierno, ni con el resto de la ciudadanía. Han quedado fuera de los planes y de las políticas públicas, están a merced de un alto grado de violencia institucional que, para quienes no vivimos y nunca hemos vivido en las calles, resulta inimaginable. Procesos que para nosotros son comunes, o inocuos, tienen implicaciones y significados diferentes para la población callejera. Tal es el caso, como se ha visto, del derecho a la identidad, a tener un nombre y una nacionalidad.
 
La lucha por los derechos de las mujeres suele circunscribirse a los ámbitos de la sociedad más visibles: el laboral, el escolar, el institucional. Todos los ámbitos que excluyen a las poblaciones callejeras, invisibles incluso para muchos de los proyectos feministas por la igualdad y los derechos. Actualmente diversas organizaciones civiles colaboran para lograr mejorar las condiciones de vida de estas poblaciones. Proyectos como la campaña Existo si me nombras tú, orientada específicamente a lograr garantizar los derechos de mujeres, adolescentes y niñas en situación de calle buscan resarcir esa brecha que se extiende entre los feminismos esta población que vive siendo invisible a plena luz del día.
 
*Estudió Filosofía en la UNAM, con interés en el pensamiento crítico y las problemáticas de género. @alzilei
 
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