Participación Política de las Mujeres
    Michelle Bachelet
Semblanza de Michelle Bachelet
Por: Laura Romero
Cimac | México, DF.- 11/03/2006

Por primera vez en la historia política de Chile una mujer asumió hoy la presidencia de esa nación, Michelle Bachelet, la candidata socialista que se impuso en una larga contienda electoral de dos vueltas y vencer finalmente a Sebastián Piñera, de Renovación Nacional.

Michelle Bachelet nació en Santiago de Chile un 29 de septiembre de 1951 y desde pequeña se vio rodeada de militares, su padre fue el general constitucionalista de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, quien tras apoyar y participar en el gobierno de Salvador Allende, murió en un centro de detención bajo la dictadura de Augusto Pinochet .

En su juventud, Bachelet asumió cargos como dirigente estudiantil, durante el Gobierno de la Unión Popular, para después incorporarse a la Juventud Socialista, liderada entonces por el activista Carlos Lorca.

En 1970 inició la carrera de medicina en la Universidad de Chile, hasta que dos agentes del gobierno dictador se presentaron en el departamento donde vivía con su madre, Angela Jeria, y las trasladaron a la cárcel clandestina de Villa Grimaldi.

En ese centro de detención, uno de los más crueles de la dictadura, y donde desaparecieron centenares de detenidos, Bachelet vivió días terribles, separada de su madre y sometida a fuertes interrogatorios y torturas físicas.

A finales de enero de 1970, una vez liberada, se exilió junto con su madre en Australia, donde vivía su único hermano, luego se trasladó a la entonces República Democrática Alemana donde estudió el idioma alemán y continuó la carrera de medicina en la Humboldt Universität, de Berlín.

En 1979 regresó a Chile, se graduó como Médico Cirujano en 1982 y se postuló al sistema público para ir de médico general de zona a algún lugar del país donde hubiera mayor necesidad de atención, pero la solicitud le fue negada "por razones políticas"

En los 80, en plena dictadura de Pinochet , se integró a diversas actividades políticas por la democracia y se hizo cargo del área médica de la ONG (Protección a la infancia dañada por los estados de emergencia), donde apoyó a hijos de detenidos y víctimas del régimen militar.

Recuperada la democracia en 1990, se incorporó al Servicio de Salud Metropolitano Occidente como epidemióloga y luego a la Comisión Nacional del Sida, de forma paralela fue consultora de la Organización Panamericana de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud.

Preocupada por las relaciones cívico militares, Bachelet ganó la beca de honor Presidente de la República para realizar el curso de Defensa Continental en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington DC, lo que le permitió incorporarse como asesora del Ministro de Defensa en Chile.

En 1999 y durante la candidatura del actual presidente chileno, Ricardo Lagos, Michelle fue la encargada electoral de la campaña de Lagos en la región metropolitana y trabajó como responsable territorial de la zona norponiente de Santiago.

Al asumir el Presidente Lagos en el 2000, fue designada como ministra de Salud, donde dirigió a más de 70 mil funcionarios y una red de servicios a lo largo de todo el país.

En ese cargo, Bachelet enfrentó el desafío de mejorar la atención primaria con la meta explícita de poner fin a las filas de espera y preparar la gran Reforma de la Salud.

Logró que por primera vez en Chile, los consultorios abrieran sábados y domingos durante los días de invierno, extendiendo el horario de atención hasta las 20 horas, además de desarrollar el programa "Vida Chile", que dio un fuerte impulso a la promoción de la salud.

En enero de 2002, Lagos la nombró Ministra de Defensa, siendo la primera mujer en ese cargo en la historia de Chile y de América Latina.

Desde ese cargo, al cumplirse tres décadas del golpe militar de Pinochet, impulsó gestos de reencuentro entre militares y civiles, incluyendo la reivindicación histórica de su padre.

Fue Ministra de Defensa hasta el 2004, cuando Lagos estimó liberarla de responsabilidades ministeriales para que se dedicara de lleno a una candidatura presidencial, reclamada masivamente por la ciudadanía y respaldada por las alentadoras encuestas de opinión.

En medio de una fuerte campaña, que incluyó descalificaciones personales que aludieron a su condición de agnóstica, separada y madre soltera, ó incluso de falta de carácter, Michelle Bachelet logró imponer sus valores, su personalidad y con su habitual sonrisa atraer la confianza de sus compatriotas, que esperan como ella, reconciliarse con su historia.

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