QUINTO PODER
   QUINTO PODER
Feminismo y protesta
CIMACFoto:César Martínez López
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche, Camp.- 10/01/2017 Es el feminismo por sí mismo una forma de protesta, es la lucha de las mujeres contra la falsa percepción de condición de inferioridad de las mujeres, que es de las ideas más antiguas que más cabida tienen en el imaginario colectivo.
 
En cambio lo que permanece ayer como  hoy es esa misma conciencia de deseos de libertad y de justicia que mueve a las feministas a empatizar con las causas sociales, con la de obreros y obreras, con las de las clases más afectadas por las crisis económicas, y por supuesto en entender desde una óptica de “marginada social” a todas las poblaciones que habitan las periferias y los sótanos de la sociedad.
 
Históricamente las feministas han participado en los movimientos sociales más importantes para la búsqueda del voto, contra las guerras, en demanda de respeto, contra gobiernos capitalistas y neoliberales, por la protección al medio ambiente y muchas otras causas, y es mediante la protesta como se expresa la inconformidad.
 
No hay otra forma de hacer y de ser feminista si no es con la protesta, saliendo a las calles, manifestándonos y sumándonos a las realidades del país. No hay forma de decirnos o enunciarnos feministas si no va de por medio el cuerpo en la protesta y el activismo para expresar nuestras ideas, siempre lo fue así y así lo recuerdan las ancestras que lucharon por el voto, pero también las obreras que demandaban horarios y salarios más justos.
 
Fue el feminismo blanco de Inglaterra y Estados Unidos, el que protestó tomando los espacios públicos para exigir el voto femenino, conquista que no se lograría si no fuera por medio de la lucha organizada, las alianzas, las resistencias y memorables aliados. Ha sido el feminismo de Europa del Este el que luchó contra las guerras, el feminismo latinoamericano el que se opone al colonialismo y el neoliberalismo.
 
Es la invisibilización de los asesinatos de las mujeres en todo el mundo los que hemos tenido que salir a denunciar marchando, tomando calles a lo ancho y largo, exigiendo justicia y exigiendo que legisladores y gobernantes de todo el mundo y el país cumplan con su trabajo. No hay otra forma de decirlo, hemos denunciado al Estado feminicida y sabemos que es el Estado omiso el responsable y causante de los asesinatos de las mujeres.
 
No es solo la muerte a manos del agresor, del esposo, del atacante desconocido, es la forma pasiva con la que el Estado permite y alienta la violencia contra las mujeres y las niñas contra la que hemos protestado y es también ese empobrecimiento que se agudiza contra las mujeres la que tenemos obligación de denunciar.
 
La lucha feminista nos lleva a tomar conciencia de que el Estado empobrece a la población por la corrupción y la impunidad, que es el Estado con sus brazos opresores de Policía que salen a combatir ciudadanía armada con piedras pero que es incapaz de perseguir y poner un freno a los casos de feminicidio y a la narcopolítica que violenta a las mujeres.
 
Nos lleva a expresar conscientes que el Estado debería preocuparse por agudizar la pobreza de su población, en la que son las mujeres y las niñas las pobres entre las pobres, las que más padecerán de empleos mal remunerados, de no contar con seguros médicos y de que el dinero de un trabajo no alcance para la leche de sus hijas e hijos.
 
Que ese territorio llamado “nación” es la que recorren a diario las mujeres en calles oscuras sin vigilancia policial, donde no hay un peso invertido en cámaras y hay lotes baldíos en donde son asesinadas y sus cuerpos arrojados.
 
No, no se puede ser feminista sin tomar conciencia que salir a la calle a exigir justicia para las mujeres asesinadas es también un reclamo permanente al Estado feminicida que hoy asesta un nuevo golpe contra las mujeres y las niñas al encarecer su vida aún más con el alza a los combustibles y los alimentos.
 
Decir que los incrementos no afectarán a los pobres, tiene la malsana intención de generar ambientes de separación, separar a los pobres y las pobres, de quienes aún les queda algo de poder adquisitivo y pagan impuestos, equiparándolos a estos últimos como poderosos cuando en realidad los que se han enriquecido impunemente a costa del erario público son quienes tendrían que devolver el dinero que han robado a la sociedad.
 
Sí, es el feminismo y no se puede ser feminista de otra forma, sin el reclamo de que el empobrecimiento de las mujeres es también resultado de la corrupción de servidores públicos que se quedan con dinero que debía destinarse a la prevención de la violencia, y que son tan culpables estos como aquellas y aquellos que desconocen sus responsabilidades y las asumen por el pago que recibirán y para mantener posiciones políticas a costa de la vida de las mujeres y las niñas.
 
Las calles se quedan vacías para reclamar las injusticias contra las mujeres, somos pocas y lo sabemos, apenas el 24 de abril y el 25 de noviembre del año pasado en algunas ciudades se lograron reunir centenares, pero en general las protestas feministas son cada vez menos. Porque en teoría hay más feministas pero en las calles luchando y exigiendo justicia somos las mismas de siempre y cada vez menos.
 
Estamos solas no solo de los compañeros de izquierda o de otros grupos que no asumen que la nuestra, la lucha en contra de la violencia, es también una lucha contra el Estado opresor. Estamos solas porque incluso hay compañeras que no ven en las calles la lucha sino en un escritorio, como si ello cortara los pies para salir y hacer nuestras las protestas.
 
Necesitamos sí volver a ser como las feministas de antes, las ancestras que salían a las calles y ponían el cuerpo en la lucha de nuestro derecho a la educación, al trabajo, al voto, a la vida.
 
* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
 
17/AC/KVR
 







MUJERES Y SALUD MENTAL
DERECHOS HUMANOS
   MUJERES Y SALUD MENTAL
¿Que pasó en 2016?…reflexiones de fin de Año
CIMACFoto:César Martínez López
Por: Alejandra Buggs Lomelí*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 20/12/2016 Con esta columna, con la que cierro este 2016, pretendo compartir algunas reflexiones, que no quisiera se quedaran en el tintero, sobre todo por los diferentes acontecimientos sociales que hemos vivido a nivel mundial, mismos que han convertido a este año, en una montaña rusa de emociones y por tanto, en un periodo  particularmente difícil, especial y de grandes desafíos por enfrentar.
 
Un año es una unidad de tiempo, es un periodo que comprende 365 días, me parece importante saber, que este lapso fue impuesto en la antigüedad  por la Iglesia católica, apostólica y romana, relacionando los eventos en la biblia con Jesucristo.
 
Estos sucesos marcaron un antes y un después para la sociedad seguidora de este dogma, tanto así que se distinguieron dos etapas, a las que se les conoce como: A. C. (Antes de Cristo) y D. C. (Después de Cristo).
 
Partiré de lo general a lo particular, es decir, de lo que ha sucedido en el mundo, para después enfocarme en aquello  que ha pasado en casa, en México, seguramente no mencionaré todos los eventos, sin embargo, trataré de hacer visible lo que a mi parecer, es más relevante.
 
Comencemos por los polémicos Juegos Olímpicos, rodeados de una crisis económica, social y política que terminó con la terrible destitución de la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. El cambio de Asamblea en Venezuela que ha generado efectos radicales en el país.
 
Según  investigadores este 2016 fue el año más caluroso de la historia. También se celebró la firma del Tratado de Paz en Colombia; la visita de Barack Obama a Cuba; el sorpresivo Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan.
 
El fallecimiento de Fidel Castro, que puso de manifiesto actitudes polarizadas en todo el mundo. Los tristes y dolorosos atentados en Francia; la Guerra en Medio Oriente, y recientemente el controvertido triunfo de Donald Trump.
 
En nuestro país, la “políticamente correcta” visita del Papa Francisco a la Ciudad de México, la irrespetuosa y políticamente incorrecta  invitación del Presidente Enrique Peña Nieto a Trump.
 
Es preocupante e indignante, seguir sin respuestas reales ante: las desapariciones de los 43 normalistas, los casos de feminicido en incremento en todo el país, la trata de personas, la discriminación por orientación sexual y afectiva ante los matrimonios igualitarios.
 
El insultante aumento al salario mínimo que como consecuencia inmediata augura también un incremento en gasolinas y otros productos que lastiman la economía familiar, generando incertidumbre, y por tanto, temor, inseguridad y sensación de desprotección.
 
Este año en inminente agonía, ha sido un periodo, especialmente de grandes movimientos sociales y por ende emocionales, que nos han impactado a todas y todos.
 
En este año se llevó a cabo en México, la marcha del 24 de abril en contra de la violencia hacia las mujeres, en donde cada persona está convencida que un mundo de paz es posible, y seguimos trabajando para ese fin.
 
Un año donde los altibajos emocionales en nuestro país y fuera de él, cobraron mayor fuerza ante tantos eventos tan polarizados.
 
Cerremos una etapa más, un año que se va, probablemente con nuevas personas en nuestras vidas, y otras que se han ido ya, construyendo y reconstruyendo nuestros proyectos de vida, y teniendo la firme convicción de que estamos rodeadas y rodeados de otros seres humanos que al igual que nosotras sufren, gozan, temen, desean, quieren, logran, aman, mueren, y sobre todo, desean vivir en un mundo mejor.
 
Por mi parte, continúo mi compromiso diario por ser una mejor persona, congruente y consecuente, y una profesional de la salud mental, ética y sensible a las necesidades de cada persona que confía y se acerca en busca de una escucha diferente, sin juicios y sobre todo respetuosa.
 
Deseo para todas las personas un cierre de año lleno de salud, alegrías, y de un real interés por convertirnos en mejores seres humanos.
 
Que la vida que construyan día a día, se base en el respeto a sí mismas y hacia los demás, para crear  espacios de paz, y como  planteaba Rupert Scheldrake** “crear suficientes ondas concéntricas de amor, de paz y respeto” hasta aumentar esa masa crítica que terminará con la violencia, la discriminación y los malos tratos, en la vida de mujeres y hombres.
 
Agradezco a todo el equipo de Cimacnoticias por su total confianza y permitirme crear esta columna de reflexión sobre asuntos emocionales que competen especialmente a las mujeres, y a los hombres también.
 
A cada lectora y lector, que resuena con mis palabras o pudiera no estar de acuerdo con ellas, pues la realidad, lo que agradezco, es el aprendizaje que cotidianamente me llevo de cada postura.
 
Que la disposición y la  actitud, que en estas fechas genera un ambiente especial,  nos permita mantenerlas no sólo durante el siguiente año, sino toda la vida.
Felices fiestas y feliz cierre de año.
 
** Sheldrake publicó su primer libro A New Science of Life: The Hypothesis of Morphic Resonance en 1981. En él propuso el concepto de "campo mórfico" para explicar varios fenómenos, especialmente biológicos. Según él, ciertos fenómenos se hacen más probables a medida que ocurren más veces, por lo que el crecimiento biológico estaría guiado por hechos previos. Como
 
*Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial, y especialista en Estudios de Género.







Syndicate content

Todos los materiales realizados por Cimacnoticias (Texto, audio, video y fotografía) son realizados sin fines de lucro, se permite su uso y reproducción siempre y cuando se cite la fuente. No se permiten modificaciones o cambios en los materiales.

Para mayor información escríbenos a: agencia.cimacnoticias@gmail.com