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Las redes (ciberfeministas) de mujeres salvan vidas
Imagen retomada de www.marcosge.agency/tagged/Todasalacalle
Por: Dirce Navarrete Pérez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 12/06/2017 Si somos mujeres defensoras de Derechos Humanos viviendo en México y recibimos alguna amenaza de violación o de muerte, es probable que estemos en riesgo y sintamos miedo. Bastante lógico si sabemos que en este país asesinan a 7 mujeres al día, y que de 2010 a la fecha, 44 mujeres activistas han sido asesinadas en toda la República.
 
Puede ser un hecho irrelevante el medio por el que se recibió la amenaza: si fue por vía telefónica, en un sobre que llegó a nuestra casa, o en la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico, Facebook o Twitter, pues en cualquiera de los casos es posible que los agresores tengan acceso a información importante sobre nuestra familia, entorno y hábitos, incluyendo nuestra ubicación exacta.
 
Aún con todo esto, es bastante frecuente subestimar las agresiones y amenazas que recibimos por medio de nuestras redes sociales; dudamos en hacerlas públicas, en pedir apoyo y todavía más en denunciar dando seguimiento a un proceso legal. Y vaya que tenemos razones para decidir borrar el mensaje y hacer como si no hubiera pasado nada, pues es bastante frecuente que la respuesta social a nuestra denuncia sea minimizar lo ocurrido y culparnos.
 
Por otra parte, como sabemos, el sistema de justicia en México es obsoleto, pero en temas cibernéticos me atrevo a decir que es completamente analfabeta. Basta con saber que el Código Penal Federal que tipifica los delitos informáticos no se ha actualizado desde 1999. Los funcionarios públicos en dichos espacios tienen un escaso o nulo conocimiento acerca de qué es y cómo funciona Internet, sumado a las serias deficiencias en cuanto a perspectiva de género.
 
Es así que, si decidimos iniciar un proceso legal, luego de recibir amenazas o agresiones por nuestras redes sociales, lo primero es saber que hay que invertirle bastante tiempo y paciencia, entre otros recursos. Tendremos que enfrentar miles de argumentos absurdos de diferentes personas, incluyendo los agentes del Ministerio Público que tratan de hacernos desistir de la denuncia: “ni existen los delitos cibernéticos en el Código Civil”, “es complicado este tipo de casos porque no sabemos quién es el responsable y es casi imposible saberlo”, “no podemos acceder a su información, porque él -el agresor- también tiene derecho a su privacidad”, “aquí en el MP, apenas si tenemos Internet”.
 
Es posible que tengamos que pasar también por la revictimización: “¿tenías enemigos?, ¿alguna expareja, alguien que te pretendiera y no le hicieras caso?”, “¿has dado algún motivo para recibir este tipo de comentarios?, ¿públicas pornografía o fotos de desnudos?”. Sin librarnos de los peritajes psicológicos, pues deben estar seguros de que, de entrada, no estás imaginando cosas y también de que la amenaza o agresión “realmente te pudo haber afectado”.
 
Analizamos mejor las miles de trabas que las defensoras de derechos humanos enfrentamos al denunciar este tipo de agresiones ante el aparato de justicia del Estado si atendemos a estas preguntas: ¿Quién o quiénes estarían interesados en lanzar ataques contras las activistas? ¿Cuál es el objetivo de hacer este tipo agresiones contra las mujeres que por medio de las redes denunciamos la violación a nuestros derechos? ¿Cómo se proveen de recursos (tecnológicos, monetarios y de tiempo) aquellos que se dedican a enviar diariamente miles de tuits por medio de cientos de cuentas falsas para intimidar a decenas de feministas?
 
Ahora bien, sabemos que las acciones que hasta ahora han implementado plataformas como Twitter o Facebook para atender la ciberviolencia no han sido suficientes ni eficaces, mucho menos cuando se trata de violencia a defensoras. Tampoco se han logrado construir estrategias conjuntas entre los gobiernos y dichas plataformas para enfrentar estos delitos.
 
Al final, como suele suceder, lo que nos queda es apostarle a lo que sabemos que sí podemos hacer, que es construir entre nosotras las formas para defendernos. La violencia cibernética nos afecta a todas de manera constante y voraz, es claro que este problema no se puede resolver individualmente, tenemos que dar una respuesta colectiva. Y hay que hacerlo ya.
 
Este artículo lo escribo a partir de mi experiencia personal tras la amenaza que recibí en Twitter luego de la acción en redes #SiMeMatan y de la manifestación del 5 de mayo en Ciudad Universitaria por el asesinato de Lesvy: “Te voy a violar en CU, serás mi sirvienta perra feminazi”.
 
Decidí poner una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia de la capital, la cual sigue en investigación. Después del incidente y de compartir experiencias con muchas otras, decidí hacerme una lista de 3 compromisos personales, que comparto aquí para alimentar la construcción de complicidades ciberactivistas:
 
1. No normalizar este tipo de agresiones. Es un problema real que tiene afectaciones reales; minimizar las emociones que experimentamos nosotras y las demás es sumamente dañino, luego de recibir aunque sea solo uno de este tipo de mensajes.
2. Aumentar nuestra seguridad en Internet. Sé que es difícil poner en práctica los protocolos, pero démonos chance de ir paso a paso, como una estrategia de autocuidado feminista, y hacerlo de forma colectiva. 
3. Las redes cibernéticas de mujeres salvan vidas. No estamos solas en esto, acompañarnos puede hacer la diferencia en cómo nos sentimos y enfrentamos esta violencia. Si alguna compañera pide apoyo, tratemos de responder en medida de nuestras posibilidades.
 
A veces pienso que no es que haya miles de hombres que se levanten queriendo soltar millones de tuits de odio contra nosotras, quiero pensar que son unos cuantos machos que son pagados para desacreditar nuestra lucha (tal como las empresas contratan a personas que manejan bots para colocar sus campañas en las redes).
 
Pero nosotras sí somos miles y miles de mujeres en todo el mundo, que nos levantamos cada día llenas de rabia para enfrentar este sistema que nos odia y solo así sobrevivimos. Por eso reafirmo que, al igual que en la vida que llamábamos “real”, en el ciberespacio, las redes de mujeres también pueden salvarnos.
 
Organizaciones y recursos:
Social TIC A.C. https://socialtic.org/
 
Derechos Digitales: https://www.derechosdigitales.org/
 
Internet es nuestra: https://www.derechosdigitales.org/internetesnuestra/
 
Guía de Seguridad Digital para Feministas Autogestivas https://es.hackblossom.org/cybersecurity/?utm_content=buffer9f42b&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer
 
*Dirce Navarrete Pérez es politóloga feminista @agateofobia_
 
17/DNP/GG
 







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Lesvy: mientras llega la justicia, celebramos tus victorias
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Mariel García Montes*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 16/05/2017
Entre todas mis compañeras veo mensajes de tedio y desesperanza ante tuits, actualizaciones de Facebook y otras formas de discurso de machos, machiprogres y gente que en general no entiende que no entiende. No tengo autoridad, hablando desde la comodidad de la distancia geográfica, pero nunca sobra registrar los logros de la lucha de estos días:
 
El hecho de que #HechoEnCU haya sido tendencia en Twitter en México por la pinta de las letras en Ciudad Universitaria indica que tácticamente la acción fue visible, uno de los principales objetivos de cualquier protesta social. Las peleas de los usurpadores del hashtag #SiMeMatan, desde los machitrolls amateurs hasta los líderes de opinión, son evidencia de lo mismo.
 
Que haya habido una movilización tan grande en la UNAM, donde marchar ha sido táctica desgastada esta última década, muestra dos cosas: que los movimientos feministas en la comunidad universitaria están consiguiendo masa crítica, y también la reapropiación del marchar como táctica de exigencia de cambio en la Universidad.
 
Que en medios tradicionales haya notas sobre la vida de Lesvy basadas en el testimonio de su madre, que la PGJDF haya emitido una disculpa por sus injustas y contraproducentes palabras iniciales, y que algunos medios hayan retirado sus notas iniciales de cobertura del caso, muestra una microvictoria a nivel de narrativa con perspectiva de género.
 
Y, entre nosotras, debemos celebrar que haya más mensajes feministas de mujeres que durante mucho tiempo se burlaron del movimiento, o que tardaron en reconocer su importancia; que haya habido compañeras por primera vez marchando; que haya habido profesoras que por primera vez hayan dedicado en su aula espacio a la discusión de la violencia de género. Queda de nosotras darles la bienvenida y asegurarnos de que se mantengan en el camino.
 
Juntas nombremos a Lesvy Berlín Rivera Osorio, y también a Adriana Morlett Espinosa, quien fue vista con vida por última vez en Ciudad Universitaria en 2011. Nos hacen falta, y es nuestra responsabilidad exigir justicia para ellas. Que la respuesta negativa a esta exigencia no nos desaliente, y menos aleje nuestra atención de las victorias que ellas inspiraron y que ya estamos consiguiendo.
 
*Mariel García Montes es comunicadora y “hippy” (“chaira”, “activistoide”) en temas de TIC para el cambio social con jóvenes y activistas. Ya no es tan joven, pero cada vez es más feminista, y quiere aprender de y con mujeres que así se identifiquen.
 
17/MGM/GG
 







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