sexualidad

QUINTO PODER
FEMINISMO
   OPINIÓN
   Quinto Poder
La erotización del cuerpo Segunda y última parte
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 22/02/2018

Erotizar la dominación es sublimar el control sobre el cuerpo de las mujeres, erotizar el subyugamiento es romantizar el sometimiento, erotizar la violencia es alentar la violación y el feminicidio desde una estética de la violencia que mitifica al agresor al convertirlo en héroe, el que se atreve y hace del crimen un “arte” que se reproduce en el cine, la publicidad y los videos.

Basta encender la televisión, sintonizar canales de música, abrir una revista para encontrar una imagen en la que se vende un perfume con una representación de la violación en grupo, o hacer de la imagen perfectamente cuidada por estética de una mujer “encajuelada”, a convertirla en publicidad de un bolso.

Los músicos con sus videos de mujeres que son dominadas violentamente, porque en el imaginario colectivo las mujeres desean ser violadas, y no sabemos si es o no una realidad, que exista o no como idea, ya que es en medio de una erotización de la sexualidad violenta que ésta se convierte en una posibilidad  del placer incluso para el imaginario femenino.

El castigo, los golpes, la dureza, son los lugares comunes sobre los que se construye la noción del placer femenino, porque “en el fondo todas desean ser castigadas”, niñas buenas que son violentadas, niñas malas que merecen castigo, arquetipos de seducción tejidos desde un ordenamiento de logos patriarcales que son al mismo tiempo los únicos códigos dentro del orden simbólico de las propias mujeres.

Erotizar el subyugamiento implica la construcción, en el imaginario colectivo de una metáfora del alcance del placer de quien ejerce la penetración como un sinónimo del subyugamiento, de ahí que socialmente los hombres penetrados sean “subyugados”, el mito de la pasividad en relación con ser penetrable y en consecuencia pasar a ser el subyugado por un subyugante, con toda la carga social que eso implica.

Subyugar no tendría sentido en una sociedad en la que ser el subyugante no estuviese imbricado de poder y control, subyuga quien penetra, quien posee el miembro, pero también quien lo utiliza como instrumento sobre otro cuerpo y es por sí y para sí mismo impenetrable. Basta recordar la idea de ser rajadas para las mujeres y la construcción patriarcal en torno a que los hombres no son “abiertos” ni rajados.

Pero también, por otro lado, el más complejo es que en la sique femenina se tenga placer a partir de la posición subyugada. ¿Y cómo no íbamos a entenderlo así? en una sociedad en la que desde pequeñas el mensaje alrededor y en los modelos de placer y erotismo se basan en la idea de que ser subyugada-cosificada es placentero y produce placer.

Las consecuencias, tienen su origen en que como ha dicho Guillermo Weiz, “el hombre concibe una sexualidad imaginaria para la mujer, el cuerpo imaginario de la mujer se reduce a un objeto que solo sirve para motivar las fantasías sexuales de un observador masculino. (…) No obstante, está escrita una intención que no disimula la hostilidad y el odio masculino contra la mujer. En la pornografía se deshumaniza y falsifica a la mujer. Se deshumaniza al presentarla como un objeto y se falsifica al sugerir que la mujer experimenta placer al ser maltratada y humillada.”

Al ser el hombre la medida de los códigos y quien dicta el “orden simbólico”, quien dicta una forma de entendimiento del conocimiento, hace parte de este dictado el entender que el subyugamiento representa una forma de objetización, se “inventa” a una mujer que disfruta no solo la dominación, el subyugamiento y la violencia sino que es así como es ser mujer.

De ahí, que un primer paso sea tomar conciencia de que ese discurso, ordenado a partir de una comprensión patriarcal de lo simbólico, del conocimiento. Pero no queda ahí, ni puede detenerse ahí la reflexión avanzada y pensada por y desde un pensamiento crítico feminista, sino que debe atreverse a desarmar y desarticular todas las creencias que se nos presentan incluso como discursos alternativos o transgresores que solo validan estas formas de pensamiento.

Desconfiemos, sí, desconfíemos de todo y hasta de nuestras propias ideas, de nuestras creencias y argumentos, desmontemos nuestros propios argumentos para defender la dominación, el subyugamiento y la violencia que se travisten de discursos progresistas a favor de la prostitución, la pornografía, la violencia sexual y la violencia erotizada, la estetización de la violencia, el seudo erotismo que violenta, y es que solo así podremos dejar de ser las “hijas de nuestro tiempo”.

De lo que se trata es aprender a reflexionar, no desde nuestras posturas ideológicas, contextos o realidades, porque eso es lo que se espera de nosotras, que seamos sanas hijas de nuestro tiempo patriarcal y nos limitemos a hacer críticas superficiales y al final terminemos comprándonos los discursos que el patriarcado nos ha vendido como alternativos y contestatarios, para estar a la moda y en contra no solo de la mojigatería sino a favor de esos discursos de violencia contra esa “cosa llamada mujer”.

Ya otras identidades tendrán por delante el reto de representante a sí mismas y no a lo que el patriarcado ha moldeado para llamar mujer, no la muñeca plástica sexualizada, dispuesta, abierta, cosa-cuerpo de características y sensaciones dictadas por y desde el patriarcado.

No. Las mujeres reales no somos así, no somos la caricatura que ha sido dibujada por el patriarcado. Apenas estamos haciendo nuestro propio trazo para descubrirnos a nosotras mismas.

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

18/AC








QUINTO PODER
FEMINISMO
   Quinto poder
La erotización del cuerpo femenino Parte I
Imagen retomada de Yotube
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche, Camp.- 14/02/2018

Ya sea bajo la violencia, la dominación o el subyugamiento, el cuerpo femenino es atravesado en la escena pública por la erotización en lo público de estas tres condiciones que derivan en tres formas de “entender” el placer y la identidad sexual femenina, lo que ha llevado a la construcción social de una imagen sobre lo que es ser mujer y las formas de experimentar el placer desde una óptica patriarcal.

¿Por qué es importante entender estas formas de erotización del cuerpo femenino y en qué consisten?

Por un lado, la erotización de la dominación que se representa en el cine, el arte, la moda e incluso en el amor romántico en el que la mujer dominada es el ideal de la construcción social, como un sujeto pasivo que de esa forma y bajo esta circunstancia encuentra placer, pero también su propia condición.

El subyugamiento sexual, el subyugamiento social, la mujer “eterna menor de edad” que requiere la conducción y que incluso en el plano sexual ha de ser conducida y guiada, bajo su propia voluntad que cede ante el deslumbramiento del poder económico, social, físico o intelectual de un hombre.

La subyugación alcanza sus máximos niveles en la publicidad como un mecanismo para la consecución de fines que los varones tengan respecto a las mujeres, así un anuncio de un anillo matrimonial es capaz de “abrir las piernas de una mujer”, de la que solo es visible el tamaño de la piedra, representación del poder que alcanza el hombre y que ejerce sobre una pasiva sin voluntad, maleable y deslumbrada.

La violencia es otra de las experiencias que atraviesan la sexualidad y que al erotizarse se convierten en un elemento más de estímulo y forma de aproximarse al cuerpo femenino, escenas de películas, publicidad, la construcción de una pornografía que sublima la violencia como una forma de experimentar el placer para las mujeres que son así subyugadas y dominadas en su “rebeldía”.

Durante los años 80 y 90, incluso a principios del nuevo milenio, tanto la música como la moda encontró en estas tres líneas la aproximación a la sexualidad femenina que de esta forma construye su propia identidad, es decir, en el imaginario femenino se depositó la idea de que ver una escena de subyugamiento, dominación y violencia era la forma de experimentar el placer y el disfrute de una erotización permeada por estos elementos.

No debe sorprendernos que, con este contexto, lo que haya ocurrido es que tenemos una sociedad en la que los hombres atravesados por su noción patriarcal de la sexualidad femenina creen que es mediante estos tres elementos como se construye el placer femenino, alentando así a una idea pública de que la violación es parte de esa forma.

La moda contribuye en gran medida a esta condición cuando en la publicidad o por sí misma explota y explora cualquiera de estas tres formas de erotización, ya sea mediante el uso de elementos del sadomasoquismo (cuero o estoperol, por ejemplo).           

Así como el lenguaje, no hay vestimenta “inocente” y la ropa es lo mismo representación de la condición de subyugamiento cuando infantiliza a las mujeres que condición de dominación con corsés que sujetan el cuerpo, lo constriñen y prácticamente tienen “maniatada”, modas que las mujeres asumimos y difícilmente podemos separar de los gustos porque así hemos crecido, siendo educadas en la vestimenta sexy con una vía para la aprobación.

La ropa, la postura e incluso la forma de interacción social de las mujeres genitales o socialmente construidas está determinada desde estas formas de atravesar la sexualidad, cuestionarlo, deconstruirlo e interpelarlo desde un extrañamiento crítico es y ha sido una de las preocupaciones e intereses principales de las mujeres que deciden abandonar la posición pasivo-receptiva de estas formas de erotización.

Transitar hacia una conciencia de la erotización basada en la dominación, el subyugamiento y la violencia implica uno de los mayores retos que afronta el ser mujer, no se trata de pretender que abandonemos de un día a otro toda la ropa, las películas, los vídeos musicales y la publicidad que hace apología a esta construcción de la violencia, sino de tomar conciencia y entender lo que hay detrás de una imagen hecha desde el afuera-patriarcal y que es impuesta a las mujeres como un estándar imitable como única forma de ser.

Ser “mujer” es distinto a ser el producto inventado-impuesto desde el patriarcado, las mujeres apenas estamos descubriendo nuestro yo, debajo de todas las máscaras y corsés impuestos desde el patriarcado. Reproducir ese ser mujer sin ningún cuestionamiento, es reproducir la invención del patriarcado.

No es imitar el ser mujer-patriarcal lo que necesitamos, es inventarnos una nueva forma de serlo.

18/AC

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche








MUJERES Y SALUD MENTAL
   Mujeres y Salud Mental
   
“Apropiándome de mi sexualidad…un pendiente de género”
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Alejandra Buggs Lomelí*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 30/08/2017

La sexualidad humana, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se define como, un aspecto central de toda persona, a lo largo de su vida. Abarca el sexo, las identidades y los roles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual.
 
“Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales, la sexualidad está influida por la interacción de factores: biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”.**
 
Hoy me enfocaré en el tema de la sexualidad femenina, independientemente de la orientación sexual, afectiva y/o erótica que tengamos como mujeres.
 
Aún en nuestros días son pocas las mujeres que experimentan su sexualidad como propia y placentera, es decir, sintiendo que se apropian de su cuerpo, de su placer y de su sexualidad.
 
Gracias a mi labor de 31 años como psicoterapeuta, he tenido el privilegio de escuchar todo tipo de experiencias en las voces de diferentes mujeres, experiencias muchas de ellas que rompen con algunos de los mitos sobre la sexualidad femenina.
 
Cuando las mujeres hablamos sobre sexualidad, hablamos así, sobre sexualidad, y poco acerca de nuestra sexualidad.
 
Muy pocas mujeres la relacionan con momentos y sensaciones agradables y placenteras, la mayoría, la relacionan con sentimientos de frustración e insatisfacción, y más allá, en ocasiones está vinculada a momentos violentos y de abuso, que vivieron.
 
Son voces de mujeres que “apropiadas” o “desapropiadas” de su sexualidad, las he escuchado,  a aquellas que se ubican a sí mismas como mujeres de distintas generaciones, desde las más jóvenes hasta las de mayor edad.
 
Algunas viven su sexualidad en el matrimonio o con su pareja, otras la viven sin tener una pareja fija, unas más apegadas a sus creencias religiosas, otras obligadas a vender sus cuerpos, aquellas que son heterosexuales, lésbicas o bisexuales, transexuales y transgénero.
 
En un encuentro sincero, de confianza, respeto y confidencialidad, he analizado y reflexionado con muchas mujeres, sobre las diferentes formas en que socializamos la sexualidad femenina, profundizamos juntas en los modelos de educación que hemos tenido, desde los más conservadores y tradicionales, hasta los más modernos y progresistas.
 
Cuando las mujeres revisamos la manera en que conocimos nuestra sexualidad, en cómo nos fue presentada por la vida, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre las repercusiones derivadas de la forma en que vivimos ese primer encuentro con nuestra sexualidad, como: los embarazos tanto deseados como no deseados, las interrupciones de esos embarazos si las hubo, los partos, los dolorosos y los que fueron gozosos, nuestras infecciones de transmisión sexual, nuestras menstruaciones con dolor o sin dolor, con conocimiento de la etapa o no.
 
Al compartir sentimientos y reflexiones de nuestras vivencias sexuales, es decir, si hubieron o no: caricias, abrazos, sueños eróticos, fantasías sexuales, orgasmos vaginales y clitorianos; al igual que las profundas heridas que han dejado en muchas mujeres: las relaciones sexuales impuestas, los abusos sexuales, la prostitución, la pornografía,  la trata; los acosos, las culpas, los dolores, las represiones, las insatisfacciones, y las negaciones internalizadas del placer.
 
Tantos mundos, tanta diversidad, tantas experiencias, que nos llevan a reconocer finalmente un común denominador de las diferentes vivencias de nuestra sexualidad como mujeres, que es el hecho de que hemos sido no solo educadas sino convocadas, para ser para los otros o las otras, y la sexualidad no es la excepción.
 
Es por ello importante como mujeres reflexionar en un espacio psicoterapéutico sobre uno de los grandes temas tabú de la humanidad, para liberar todo tipo de emociones, y darnos cuenta de nuestra existencia a través de la importancia que demos a nuestra sexualidad.
 
Porque nuestra sexualidad somos nosotras mismas, la llevamos con nosotras, la portamos a diario y al vivirla solo así, podremos convertimos en dueñas únicas de nuestra sexualidad.
 
**OMS (Organización Mundial de la Salud)
*Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial,  especialista en Estudios de Género.  Twitter: @terapiaygenero
 
*Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial, y especialista en Estudios de Género.
 
www.saludmentalygenero.com.mx
 
Whatsapp al 5580979102
 
17/ABL








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
FEMINISMO
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
¿Por qué se teme al feminismo?
Archivo CIMAC
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 06/12/2016

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el término feminismo se define como la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Nada escandaloso como vemos. O, ¿acaso sí es escandalosa esta definición por lo que comporta? Al parecer sí lo es para muchos machirulos e incluso algunas machirulas.
 
Si nos vamos al artículo 14 de la Constitución española nos encontraremos, literalmente, con esta redacción: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y, a menos que, por la utilización del genérico masculino se nos excluya a las mujeres españolas de toda la Constitución, dice que somos iguales y sin discriminaciones.
 
Por tanto, si pasamos por alto el sexismo lingüístico de la expresión “españoles” y entendemos que se ha utilizado para englobar a toda la población española, podríamos afirmar que la Constitución, según el diccionario de la RAE es feminista, puesto que defiende que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres sin que prevalezca ninguna discriminación por razón de sexo.
 
En algunos aspectos se ha avanzado bastante, como los casos de las ciudades que se han declarado feministas como Terrassa, sobre la que ya escribí en su momento, y a la que después han seguido Sabadell y Sant Quirze del Vallés, ciudades que buscan la igualdad de toda su ciudadanía sin distinciones. Sencillamente acatando la Constitución.
 
Pero cuando se utiliza el término feminista, saltan las alarmas; es que el motivo está bien claro. Con una igualdad real se acaban los privilegios; y el patriarcado, fuertemente arraigado en nuestras sociedades, se alimenta de los privilegios históricamente autoasignados.
 
El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres, por tanto no debe ser únicamente, un tema de mujeres. La reivindicación de la igualdad nos atañe a ambos sexos, pero al ser las mujeres las mayores perjudicadas por el patriarcado, somos las que más damos la cara. Sin embargo, existen hombres que están a nuestro lado en esta reivindicación de igualdad real que la informal.
 
El temor de hombres y mujeres al feminismo viene dado por el miedo a la pérdida de esos privilegios que se tienen por ocupar espacios tradicionalmente masculinos, por ceder lo que se ha usurpado de forma ilegítima a lo largo de la historia: la igualdad en el derecho al acceso a recursos de todo tipo, sean estos tangibles o intangibles.
 
Por recursos me refiero a espacios públicos, privados, riqueza, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, a derechos civiles y un larguísimo “etc”. Pero también y por supuesto a nuestro propio cuerpo de mujeres para decidir libremente si queremos o no ser madres, sin que por ello nos convirtamos en “salas de ejecución”, tal como afirmó un machirulo que anda por la política y que, al parecer, tiene las neuronas más sueltas incluso que la lengua, que ya la tiene muy suelta.
 
El perder privilegios no le gusta nadie y por eso aparece el rebote de toda la caverna, cuando surge la exigencia por parte de las feministas de la igualdad. No pueden evitar llevar en el ADN aquello de las jerarquías masculinas naturalizadas por siglos de discursos patriarcales. Pero no, señores y señoras de la caverna, la igualdad es un derecho que tenemos reconocido y cada vez que lo niegan, están negando no sólo el derecho constitucional sino el derecho incluso a la vida.
 
Sí, digo a la vida y digo bien, puesto que continuando con la desigualdad para mantener sus privilegios, permiten los asesinatos de mujeres, porque desigualdad y violencias machistas siempre van de la mano.
 
En ese sentido admiro profundamente a las compañeras y amigas, que en estos precisos momentos están luchando dentro de sus organizaciones para que estas pasen a ser también feministas, incluso en sus estatutos como forma de declarar que su lucha es, también, un compromiso radical (de raíz) con la igualdad. Pero las resistencias son muchas y fuertes; y no siempre vienen sólo de la mano de los hombres.
 
Es triste asistir a esa resistencia de algunas mujeres a la igualdad, pero tampoco la podemos obviar. Del mismo modo que el machismo no es sólo una cuestión de la caverna y existen hombres machistas en todo el espectro político, hay mujeres machistas que no ven con buenos ojos la reivindicación de la igualdad. Triste, pero real.
 
Es esperanzador ver cómo en los actos a los que acudimos a sensibilizar en la igualdad para evitar violencias machistas, o cuando hablamos del patriarcado y su apropiación indecente de nuestros cuerpos o de los recursos de todo tipo, cada día asiste más gente joven.
 
Mujeres y hombres jóvenes a quienes cuando les explicas el término “feminismo” quedan ojipláticos, y se preguntan el motivo de la criminalización social de dicho término. Es justo en ese momento, cuando hay que explicar el profundo e intenso interés patriarcal en demonizarlo para mantener sus privilegios históricos.
 
Se nos criminaliza a las feministas por denunciar públicamente esos privilegios que toman muchas formas; se nos criminaliza porque no acatamos el orden patriarcal; se nos acusa por exigir libertad absoluta sobre nuestros propios cuerpos; se nos intenta ridiculizar por pedir imperiosamente y de todas las maneras posibles, que se nos deje de asesinar por ser mujeres; se nos exhibe por poner el dedo en la llaga de las desigualdades; se burlan de nosotras por buscar otro orden social más equitativo y justo, por buscar relaciones simétricas y con sexualidades no heteronormativas, entre muchas reivindicaciones más.
 
La maquinaria patriarcal es muy potente y se camufla constantemente para sobrevivir a los logros y exigencias del feminismo, de los feminismos, pero estamos ahí, somos muchas y cada vez son más los compañeros que saben e incluso sufren el patriarcado cruel en sus propias carnes; los que se van sumando a esa exigencia de igualdad real entre las personas.
 
Porque como afirmó Simone de Beauvoir: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”. Y eso asusta. Al parecer mucho y a mucha gente, pero que cada cual se analice sus propios miedos porque las feministas, las personas feministas no vamos a dejar de luchar individual y colectivamente por ese objetivo final, que es el de la igualdad real y en todos los sentidos entre las personas.
 
Que se lo apunte el patriarcado, puesto que es el objetivo final y radical al que no vamos a renunciar.
 
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
16/TMC/AMS








QUINTO PODER
VIOLENCIA
   QUINTO PODER
Las invisibles entre invisibles
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche.- 20/09/2016

En medio de la invisibilidad socialmente construida hacia las mujeres, hay quienes son más invisibles dentro del imaginario colectivo, así como su sexualidad y sus derechos sexuales. Ellas son las mujeres con discapacidad, las que se encuentran privadas de su libertad, las enfermas mentales y las que viven en situación de calle, entre otras.
 
No hay políticas públicas y por supuesto son pocas o escasas las acciones que desde las instituciones se diseñan pensando en sus contextos y condiciones. En vez de eso tenemos posturas basadas en el exterminio poblacional, una suerte de discurso eugenésico que pretende hacerse sutil al proponer la esterilización de “ellas”, que sólo así son vistas.
 
La sexualidad de las mujeres ha sido explotada como un sistema de control y opresión, como una cuota a cubrir para hacerse visibles; pero es selectiva, está dirigida a las mujeres cuyos cuerpos son consumibles por el mercado patriarcal que determina quiénes son consumibles, cosa de exhibición. En una centralidad de las hegemonías del deber ser en la feminidad y el cuerpo de las mujeres.
 
Las demás salen a la periferia, ese ámbito disperso en el que el Estado patriarcal ya no compromete protección a cambio de ser “consumible”, y ahí están las mujeres consumidoras de drogas, las mujeres privadas de su libertad, las enfermas mentales, las mujeres con discapacidad y las que viven en situación de calle.
 
Y quizá habría que sumar a las más pobres entre las pobres: las mujeres indígenas que al no ser vistas como personas, son abandonadas a su suerte y sólo se concibe una política de exterminio institucionalizada a través de las esterilizaciones forzadas y/o el parto en la acera pública, en la exposición y la violencia.
 
No hay estrategias de acceso a métodos anticonceptivos o distribución de éstos entre poblaciones de mujeres que viven estos contextos de vulnerabilidad e intersecciones de discriminación; aunque en general hay un difícil acercamiento entre las adolescentes y mujeres jóvenes a los métodos anticonceptivos que esté pensada con un enfoque de Derechos Humanos y de género.
 
Esto ofrece un reto para las activistas y defensoras de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, quienes afrontan la falta de recursos etiquetados no solamente para la promoción sino para la defensa en caso de violaciones a éstos.
 
Los medios de comunicación han empezado a difundir cuando una mujer indígena es abandonada y obligada a parir en la puerta del hospital, se ha puesto atención en la esterilización forzada que se realizaba en algunas clínicas rurales contra grupos étnicos, y quizá se ha pensado en la difusión de los derechos sexuales de las mujeres con discapacidad auditiva, pero poco hay para mujeres con otras discapacidades.
 
Pensar en la sexualidad no consumible por el patriarcado está casi fuera del ámbito de reflexión y pensamiento, y en consecuencia, de las políticas públicas; es algo de lo que se elige no hablar.
 
Se prefiere no pensar en la sexualidad que no es “bonita”, en los cuerpos que no son consumibles por el sistema patriarcal y que no ofrecen ningún interés en su erotización y reproducción; pero ocurre en el discurso periférico de la violencia, ahí donde se cometen violaciones contra mujeres discapacitadas, enfermas mentales o en condición vegetativa, en contra de mujeres que consumen alguna droga o de las que viven en situación de calle.
 
Esta violencia sexual poco denunciada pero ligada a la percepción del cuerpo de las mujeres como una extensión de los territorios, está latente y demanda ser visibilizada.
 
De la misma forma, la sexualidad y los derechos reproductivos de las mujeres que viven en situación de cárcel y que están dando a luz a niñas y niños que permanecen con ellas hasta los 3 años de edad porque son separados como parte de las políticas institucionales, sin que se revise o considere las condiciones de la violencia de género que contribuyeron a la criminalización y encarcelamiento.
 
Construir una acción de intervención desde la sociedad civil organizada, asociaciones defensoras de mujeres, iniciativas y colectivos feministas, puede contribuir a atender, pero el Estado debe asumir también la parte que le toca y empezar a hacer visibles a las invisibles, y junto a ellas, a sus hijos.
 
* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
 
16/AC/LGL








NACIONAL
SALUD
   Violencia sexual en menores de edad no se denuncia
Niñas de 10 a 14 años: 6 por ciento de embarazadas atendidas en Inper
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Gema Villela Valenzuela
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 15/09/2016

De las 8 mil 200 embarazadas que son atendidas en el Instituto Nacional de Perinatología (Inper), las niñas de 10 a 14 años representan 6 por ciento (492) y en la mayoría de los casos, se trata de víctimas de violación, informó la coordinadora de la Unidad de Investigación en Medicina del Adolescente, Josefina Lira Plascencia.
 
En entrevista con Cimacnoticias, la médica agregó que la Muerte Materna es más elevada en este grupo poblacional ya que debido a su corta edad, su cuerpo no está desarrollado para llevar a término un embarazo, por lo que la principal causa de los fallecimientos en ellas es la preclamsia (presión arterial alta).
 
Cabe recordar que de acuerdo con el informe elaborado por la organización internacional Save the Children titulado “Embarazo y maternidad en la adolescencia; estado de las madres en México”, en 2010 la muerte materna en adolescentes cobró la vida de menores de 20 años, y en 2014 la cifra se incrementó a 142.
 
Lira Plascencia indicó también que la mayoría de ellas llega en etapas avanzadas de la gestación, por lo que ya es prácticamente imposible realizar las Interrupciones Legales del Embarazo (ILE).
 
Explicó que a través de la prueba de tamizaje que realizan para detectar malestares o afectaciones psicológicas en las adolescentes embarazadas, es que detectaron que las niñas de 10 a 14 años de edad presentaron embarazos como consecuencia de violación sexual, la cual además, fue cometida por un conocido o familiar cercano, lo que dificulta mucho la denuncia y aunque se les da asesoría legal y psicológica, las niñas y adolescentes prefieren no denunciar.
 
Las adolescentes de 14 a 19 años, que también fueron víctimas de violación y están embarazadas, representan un 4 por ciento del total de quienes acuden a control prenatal, es decir que en total el promedio de niñas y adolescentes embarazadas es de 10 por ciento.
 
Actualmente en el Inper se ubica la Clínica de Medicina Adolescente, la cual da servicio médico, control prenatal y realiza diferentes investigaciones sobre Actividad Sexual y Uso de Métodos Anticonceptivos para conocer los motivos por los cuales las y los adolescentes no previnieron su embarazo.
 
Lira Plascencia señaló que 80 por ciento de las adolescentes embarazadas atendidas en el Inper, tenía conocimientos sobre los métodos para prevenir el embarazo, pero no sabía cuál utilizar.
 
Precisó que de acuerdo con otras investigaciones que ha realizado con colegas de otras entidades, encontraron que la principal barrera que encuentran para poder asesorar y ofrecer anticonceptivos a las y los adolescentes, es la oposición de los padres de familiar. Otra causa es el temor del personal de salud a ser demandados por tratar el tema de sexualidad sin el consentimiento de las madres y padres de familia.
 
Mencionó que esa investigación, fue realizada antes de que se aprobara la Norma Oficial Mexicana NOM- 047 Para la Atención a la Salud del Grupo Etario de 10 a 19 años de edad, misma que entró en vigor en agosto del año 2015.
 
En la NOM- 047 se establece que la orientación se puede brindar a madres y padres para que sean ellos quienes la transmitan a sus hijos, pero también contempla el derecho que tiene la población adolescente de solicitar la información sin la presencia de sus progenitores. Por lo que ahora el personal de salud no debe temer a repercusiones legales y deben brindar de manera obligatoria la orientación sobre cómo prevenir el embarazo.
 
En México, durante el 2013, la Razón de Muerte Materna (RMM) se ubicó en 38.2 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos (en total 861 muertes de mujeres); 13.8 por ciento de los decesos correspondieron a menores de 20 años de edad, de acuerdo con datos del informe “Embarazo y maternidad en la adolescencia; estado de las madres en México”.
 
16/GVV/LGL








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