patriarcado

DESDE LA LUNA DE VALENCIA
DERECHOS HUMANOS
   Desde la Luna de Valencia
Propuesta navideña
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 18/12/2017

Inevitablemente se acercan las fechas navideñas. Inexorablemente son tiempos de regalos y de buenos deseos. Incluso las personas a las que no nos gustan estas fechas, acabamos pronunciando la manida frase del "felices fiestas" como consecuencia de la catarsis colectiva que sufrimos socialmente. En fin, hay que pasarlas.

Este año propongo, a quien pueda leer esto, una reflexión como idea de regalo navideño. Y es la siguiente: ¿Qué pasaría si acabáramos (de una puñetera vez) con el patriarcado? ¿Nos lo pedimos?

Si definimos el patriarcado como: "Una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la línea de descendencia paterna sobre la materna.

El patriarcado ha surgido de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos e hijas, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetuarían como única estructura posible. El patriarcado es el constructo primario sobre el que se asienta toda sociedad actual” tendremos pistas para poder preparar nuestra petición de regalo navideño que, al tiempo, podría ser nuestra estrategia colectiva para iniciar una campaña colectiva para sensibilizar contra este sistema opresor.

La terrible alianza entre los sistemas capitalista y patriarcal está renovando su ofensiva contra los cuerpos de las mujeres y las niñas y, de ese modo, reforzar su poder sobre ellos.

Tenemos ejemplos recientes y muy dolorosos sobre lo que digo. La violación en grupo de los malnacidos de la manada a una joven en Pamplona en julio del 2016 y el posterior juicio, incluidos algunos comentarios de los abogados de los malnacidos, la agresión sexual a una adolescente de 15 años por parte de tres jugadores de fútbol de la Arandina, la proposición de ley de Ciudadanos para regular los vientres de alquiler, los recortes de derechos a las jóvenes menores de edad para interrumpir voluntariamente sus embarazos, la cosificación masiva de los cuerpos de mujeres y niñas con el fin último de incitar a consumir y también a consumirlos por parte de los puteros, la hipersexualización de los cuerpos de las niñas siendo incluso bebés con el objetivo de vender, nos hace ver que esa perversa alianza funciona. Y funciona bien.

Desde el feminismo la cuestionamos cada día y clamamos contra ella demostrando cotidianamente que es una alianza perversa y dolorosa que condiciona nuestra cotidianeidad e incluso nos destroza la vida con sus formas violentas de manifestarse o por los corsés que nos impone con su heteronormatividad sexual.

Sé que es una ilusión, pero quiero pensar que poco a poco y denuncia tras denuncia podremos ir recortando esos efectos perversos en nuestras vidas. Quiero pensar que el trabajo que mucha gente realizamos cada día en sensibilizar sobre la desigualdad que generan en todos los ámbitos de la vida estos sistemas opresores tiene resultados.

Que a la infancia que escucha en sus clases que mujeres y hombres han de ser iguales se les quede un poso para plantar cara a ese sistema y aprendan a relacionarse en igualdad de condiciones en todos los rincones de su vida. Que en sus planes de estudio se integre la educación afectivo-sexual que les ayude a entablar unas relaciones más simétricas y menos basadas en estereotipos que solo buscan someter a las mujeres.

Que de cada asamblea de trabajadores y trabajadoras en donde se expliquen las clausulas de los convenios en donde se esconde la desigualdad, sean esos mismos compañeros y compañeras los que las denuncien y exijan unas condiciones de trabajo y retribuciones igualitarias. Y que a su vez haya más mujeres en las negociaciones de esas condiciones de trabajo y de salarios.

Que cada persona con responsabilidad política, sea en un Ayuntamiento pequeño o en las Cortes Generales, se acuerde de ponerse las gafas moradas a la hora de tomar decisiones para que estas no impliquen desigualdades en demasiadas ocasiones ocultas pero reales. Y que se impulsen planes de igualdad para caminar hacia una ciudadanía más equitativa en sus condiciones de vida cotidianas.

Que los medios de comunicación sean mucho más escrupulosos con los lenguajes que utilizan tanto escritos como audiovisuales y con la forma de redactar determinadas noticias para que todas las personas nos podamos ver reflejadas correctamente en esos marcos informativos.

Que se nos dejen de cosificar nuestros cuerpos y se consideren cuerpos humanos de pleno derecho a todos los niveles, incluso en la salud. Y, por tanto que se invierta en investigación para saber qué tipo de enfermedades padecemos como mujeres y con cuerpos de mujeres y qué tratamientos son los más adecuados, dejando de ser ciudadanas de segunda a quienes nos recetan medicamentos que han sido diseñados y probados en cuerpos de hombres, puesto que era el universal sobre el que se estudia medicina, farmacia. Y por tanto que la salud de las mujeres deje de ser "esa gran desconocida" incluso para nosotras mismas.

Que se apliquen las leyes ya vigentes en esta materia para que desde las diferentes instituciones y comenzando por el Gobierno Central se impulsen las medidas ya aprobadas para construir una sociedad menos violenta con las mujeres y la infancia y, por tanto más igualitaria en todos los aspectos.

Si, ya sé que puede parecer una carta a las Reinas Magas, pero creo que es necesaria la implicación no solo de todos los agentes socializadores (familias, escuela, iguales, medios de comunicación) sino también de cada una de las personas de buena voluntad y que tenga claro que otras realidades son posibles. Con mucho trabajo, por supuesto, pero posible al fin y al cabo.

Esa es mi propuesta navideña de este año. De ella parto cada día cuando suena el despertador. Y soy consciente que hay muchas personas que hacen lo mismo cada día. Por eso mismo creo que, aún siendo complicado e incluso a veces pareciendo imposible, realmente no lo es.

Seguiremos trabajando cada día en todas las propuestas y proyectos en los que podamos colaborar para caminar hacia esa sociedad menos violenta con las mujeres y la infancia y más equitativa entre todas las personas. Esa es mi apuesta personal. ¿Y la tuya?

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

tmolla@telefonica.net

17/TMC/LGL








OPINIÓN
VIOLENCIA
   Desde la Luna de Valencia
¡Yo sí te creo!
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 04/12/2017

Esta semana ha quedado visto para sentencia el juicio contra los cinco malnacidos que violaron a una joven en Pamplona en las fiestas de los sanfermines del 2016.

Como hemos visto, los abogados de la defensa han utilizado todo tipo de estratagemas para desviar la atención mediática de sus clientes y hacerla recaer sobre la víctima, cuestionando como siempre, su verdad. En este caso la cuestión iba sobre el consentimiento o no a esas relaciones sexuales y sobre si hubo o no intimidación.

He de reconocer que leyendo algunas informaciones sobre esta estrategia me he planteado hasta qué punto está instalada en nuestro espacio simbólico colectivo la idea de que en el espacio público quien tiene la última palabra son siempre ellos.

Me parece muy cuestionable la deontología profesional de estos letrados al utilizar los argumentos que han utilizado, pero ellos sabrán los motivos. Lo que tengo muy claro es que la víctima, que ellos revictimizaron en el juicio, no creo que les pueda perdonar. Yo no podría hacerlo.

Pero sobre lo que hoy quería reflexionar es sobre la responsabilidad que tiene ahora el tribunal que ha de dictar la sentencia. Y lo digo en varios sentidos.

Si absuelve a los violadores de la manada, a esos malnacidos cretinos, estará dando carta de naturaleza a quienes entienden que violar a mujeres y niñas es algo implícito a la condición de hombre y que va mucho más allá del deseo sexual. Se trata de la máxima expresión del sometimiento de las mujeres a manos de cualquier hombre. Es una peligrosa manera de entender la masculinidad y, por ello habrá que analizar con lupa esa sentencia y no sólo en los términos jurídicos, sino también en términos sociológicos y, por supuesto, con las gafas moradas puestas.

Además si se cuestiona la verdad de la víctima, el tribunal seguirá aplicando la máxima de la falta de equidad a la hora de creer a mujeres y hombres por igual. O sea que dará por buenos los mitos existentes sobre las verdades de voces de las mujeres. Y esas verdades siempre son cuestionadas porque el patriarcado así lo ha impuesto.

Si estos dos argumentos no son ya de por sí delicados, queda también el del impacto social, puesto que al ser un juicio tan mediático se han puesto en evidencia temas como lo que puede o no ser el consentimiento de las relaciones o lo que puede o no ser intimidación.  

¿Se imaginan ustedes una situación inversa? Que sean cinco mujeres jóvenes y vigorosas las que hubieran acorralado a un joven solo en un portal y le hubiesen obligado a realizar algunos actos a los que él no dice no porque se siente intimidado, pero queda hecho una piltrafa cuando ellas, ya satisfechas de su felonía, desaparecen.

¿A que cuesta de imaginar? Y cuesta de imaginar porque, pese a todos los avances conseguidos en materia de igualdad, el patriarcado sigue manifestando todo su poder en todos los ámbitos. Y el de los excesos en la calle es uno de ellos.

El sentido de la posesión, el de invencibilidad, el de "me apetece, lo tomo" sin mesura, son algunas características de este tipo de malnacidos que abusan de todo. Ni imaginarme quiero al miembro de la manada que es guardia civil y que tenga que acudir a defender a una mujer que haya sido agredida por su pareja. En qué situación puede quedar esa señora...

Al patriarcado le interesa que haya este tipo de malnacidos para recordar quienes tienen el poder. Y también que haya letrados que no solo cuestionan la verdad de la víctima, sino que hacen recaer sobre ella y su vida posterior toda la culpa de lo sucedido. Y es que hubo momentos en los que no se sabía si estaban juzgando a la manada o a la víctima de la violación en grupo de estos malnacidos.

Afortunadamente la fiscal, Elena Sarasate, puso nombre a las cosas. Y en su alegato final describió la acción como "conjunta y organizada" y que los hechos "se produjeron sin consentimiento y bajo violencia e intimidación. Cuando los acusados terminaron y consiguieron lo que querían, la dejaron tirada y semidesnuda".

En su intervención, esta fiscal desmontó el estereotipo del consentimiento. Es decir no hace falta decir NO para que no exista consentimiento. En todo caso, si no existe un SI claro, no se tiene porqué entender que haya habido consentimiento claro.

Y vuelvo a la responsabilidad del tribunal a la hora de dictar sentencia por todo lo que este caso ha puesto patas arriba.

Es posible que pese a la terrible lentitud con que se va moviendo todo lo que afecta a las violencias machistas y a las vidas de mujeres y criaturas que este terrorismo se lleva por delante, alguna cosa cambie.

Pero el patriarcado sigue ejerciendo su férrea posición y no va a permitir grandes cambios, y por ello quienes dicten sentencia, impregnados como están de filosofía patriarcal, en el mejor de los casos reconocerán los hechos y aplicarán penas más o menos ajustadas, pero no creo que se atrevan a aludir al daño moral causado a la víctima. Ese daño que la acompañará el resto de su vida y que nadie podrá reparar. Ese daño será la victoria del patriarcado sobre esa joven, y sobre todas las mujeres en forma de miedos constantes a ser agredidas por malnacidos hijos sanos del patriarcado asesino.

También este caso mediático está entrando en las escuelas y haciendo reflexionar a familias y personal docente sobre valores como el respeto, la aceptación del NO, la resolución pacífica de conflictos, etc.

Seguramente dentro de unos años seamos capaces de reflexionar y de avergonzarnos como sociedad por no haber creído a esta mujer joven y de cómo algunos abogados son capaces de cuestionar esa voz sin importarles el daño moral que infligen ni la dignidad de la propia víctima.

Y es que como siempre ha dicho mi señora madre, de los errores también debemos aprender.

A ver si somos capaces, como sociedad, de evitar sufrimientos innecesarios y juicios paralelos a las víctimas de las violencias machistas de todo tipo.

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

tmolla@telefonica.net

17/TMC/LGL








QUINTO PODER
FEMINISMO
   Quinto poder
Los espacios sociales como plataformas de discurso
CIMACFoto: Priscila Hernández
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche, Cam.- 30/11/2017

A pesar del enorme avance de la teoría feminista, y el cada vez más fuerte posicionamiento de la agenda de los derechos de las mujeres como una prioridad y resultado de la enorme desigualdad social agudizada por la violencia sexual y feminicida contra las mujeres, hoy día es más aceptada una verdad dicha en boca de un hombre que en la de muchísimas mujeres que argumenten lo mismo, lo hayan escrito o publicado antes.

Tenemos la validez del discurso a partir de quien lo nombra, y no podemos afirmar que sea “casual”, sino intencionalmente construido desde el centro del poder que teje finamente las características de lo que es y lo que no es válido, la aprobación del canon, la validación del discurso y al mismo tiempo la certificación desde el centro hacia la periferia.

Esto aparece en discursos, en noticias y en cómo hemos aprendido a aceptar nociones como ciertas, y otras de las que nos atrevemos a dudar, es decir si una información proviene de una fuente, su confiabilidad se remite a quién la emite en relación a su sexo (hombre o mujer), su lugar (si es el centro del país), pero también a quién es como persona por las construcciones de raza y ocupación.

El discurso del poder patriarcal se construye de argumentos, pero también de formas y acciones que rodean este discurso. La centralidad del poder, la hegemonía masculina de la verdad, la blancura y el currículum de quien enuncia, y en esa discriminación selectiva de la información que sigue y se rige bajo los mismos esquemas dictados desde el patriarcado, entonces una verdad dicha por una persona que habita la periferia no puede ni será tomada en serio.

En México durante muchos años se tuvieron “noticieros” oficiales que informaban, y si no se decía ahí no era noticia y no ocurría; igual sucedió después con periódicos que con ese poder entre las manos se pervirtieron al punto de ocultar o enfatizar informaciones a voluntad. La mercadería de la información.

Ese imperio se vio trastocado con la llegada de las redes sociales y con la participación muy bien organizada y estructurada de la sociedad civil en estados del interior del país en los que la realidad ganaba, no había de otra más que emprender medidas alternas, buscar medios diferentes, redes comunitarias, radios y enfoques, coberturas, acciones y trabajos solidarios para hablar de una verdad que estaba ocurriendo y no aparecía por ningún lado.

Esto por supuesto implicó el derrumbamiento de esos discursos autorizados en bocas masculinas, y lo llevó a otras voces e imágenes en los estados, a otros liderazgos más allá del centro del país.

Sin embargo, aún se necesita tener voz masculina para ser escuchada incluso en temas como el feminismo, el feminicidio, incluso en la igualdad, y por supuesto resulta que empezamos a darle más credibilidad a los hombres que se interesaban amablemente por estos temas, sin mirar que se repetía el ciclo del empoderamiento de “ellos”, la apropiación de la agenda de mujeres que “sin nombre y sin trayectorias” habían posicionado, es decir, activistas mujeres que con el afán de que se visibilizaran las problemáticas de los estados abrieron sus agendas, mostraron sus monitoreos y registros, investigaciones y trabajos de años.

Algunas terminaron por verse desplazadas por estos nuevos hombres feministas y por quienes consideran válidos los discursos de la teoría feminista, sólo si es dicha desde una centralidad, porque como antes y como siempre, habitar en la periferia del conocimiento “es no existir”.

Las movilizaciones, organizaciones y los discursos feministas en los estados, han tenido que crecer y ensancharse, posicionarse por una razón: la realidad las estaba aplastando, y si no empezaban por organizarse, aliarse y construir vínculos de apoyo solidario, si no empezábamos a mirar hacia las fronteras y las coincidencias, serían arrasadas por la violencia, por los discursos hegemónicos, el discurso del poder construido y aceptado sólo desde el centro y con voz/cara de hombre.

No debe sorprendernos que hoy día haya emisarios como voces autorizadas para ir a hablar por los estados dando conferencias sobre temas que las organizaciones de mujeres han planteado, denunciado y exigido que se corrijan desde hace años sin que nadie les haga caso.

Pero cuando es dicho por un hombre, blanco, de traje, con título de alguna universidad particular y por supuesto del centro… entonces todo empieza a revelarse como una nueva verdad.

Todo esto permea los discursos que constantemente se generan desde las instituciones, se valida y se asume en plataformas públicas como las redes sociales en las que no es necesario justificarse sino que se suma a una postura social discursiva en la que lo que predomina es lo que es cierto, y es así que tenemos cada 25 de noviembre con discursos oficiales por supuesto dados por hombres que terminan hablando de que “ellos también viven violencia”.

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

17/AC/LGL








QUINTO PODER
VIOLENCIA
   Quinto poder
Los espacios sociales como plataformas de discurso Segunda parte
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche, Cam.- 22/11/2017

Como sujetos sociales, en la medida en la que nuestro pensamiento acepte los conceptos de igualdad y no discriminación, podríamos modificar nuestra realidad, es la transformación del pensamiento para así cambiar la sociedad en la que vivimos; para transitar de coberturas noticiosas que criminalizan y violentan, a la conciencia de la gravedad de las violencias.

Un ejemplo que permite comprender la dimensión de la transformación de las realidades a partir del lenguaje y las leyes, es la esclavitud. Cuando unos pocos y pocas señalaban que no estaba bien hubo mucha resistencia, muchas personas sufrían lo indecible a causa de enunciaciones y posturas públicas de personas reconocidas y con poder, que afirmaban que tener esclavos “no tenía nada de malo”, que estaba bien poseer a una persona y que la “superioridad humana” estaba basada en el color de la piel, que eso lo hacía humano.

En aras de esos discursos, apología de la discriminación, se cometieron actos atroces que lastimaron a millones de personas en todo el mundo. Se cometieron hechos que avergüenzan a la humanidad hoy día, conscientes de que no tiene nada de civilizado secuestrar a familias enteras en el África para luego ser vendidas como esclavos y trasladados en barcos hacia América; y si era necesario, ser “desechados” por la borda como lastre.

Los paradigmas de la realidad se transformaron a partir del pensamiento que se transmite a través de la palabra hablada y escrita, especialmente a través de nuevas leyes que nos dejaron claro que no estaba bien ni era muy humanista tener o pretender tener esclavos. Aun así, hoy día persisten formas de esclavitud como la trata.

NUESTRA POSICIÓN EN EL DISCURSO QUE HABLAMOS

Así como en las leyes, en cada uno de nuestros ámbitos de intervención estamos construyendo con nuestras palabras, con nuestros actos, un discurso que se hace desde la posición que ocupamos en la sociedad, de tal forma que los actos y palabras que utilizamos, hablan de la educación que hemos recibido, de los contextos en los que vivimos y de las experiencias de vida.
Dependiendo del lugar que ocupamos en la sociedad podrá ser el nivel de intervención de nuestro discurso. Así lo que un docente, un juez, un médico o un periodista tiene que decir en relación con algún tema, influirá en la opinión pública que percibe esa opinión como influencia.

Lo que un, o una docente dice frente a un grupo, supone una postura política desde la que se enuncia el discurso científico que afecta el sentido de todo lo que se enseña, que permea lo que se dice y se enseña.

De la misma forma, todo lo que decimos en las redes sociales fija una postura política; incluso si hablamos de "cuestiones personales", lo hacemos desde la posición social. El lenguaje adquirido en nuestro lugar social y la opinión, es por supuesto, una postura política de lo privado. Las palabras que usamos, nuestras construcciones lingüísticas, todo, habla del lugar social que ocupamos, de nuestra percepción sobre la realidad social y nuestro proceso de aprehensión de ella.

Visto así, las responsabilidades de la comunicación en los espacios públicos cobran una gran importancia y responsabilidad sobre el alcance de la comprensión de los discursos de igualdad y de Derechos Humanos de las poblaciones.

Sin embargo, sabemos que la mayoría de las veces no constituye un compromiso ni para los jueces, ni docentes y mucho menos para periodistas o comunicadores y, por el contrario, suele afrontar reticencias basadas en purismos del idioma que estamos lejos de poder sostener teóricamente.

Durante su intervención en el Tribunal de Mujeres, la periodista Ana Bernal, señalaba: “nadie nace machista, el machismo se construye en una sociedad patriarcal”. Sí, pero requiere de discursos que lo hagan nacer, lo moldeen, lo alimenten y lo hagan crecer.

¿Quiénes contribuyen a este proceso?

Si hacemos un repaso de los lugares donde se da el proceso de formación, las personas que intervienen y las instituciones que pueden influir en él, podemos ir “de-construyendo” el camino a la graduación de un machista o una persona discriminadora, violenta e intolerante.

El primer paso para deconstruir esos discursos es reflexionar acerca de cómo estamos abonando en sentido contrario, si violentando Derechos Humanos, sosteniendo discursos con sesgos de género, excluyentes y que hace apología de la violencia, que es por sí misma una forma de violencia a los derechos de todas las personas; y atrevernos a construir nuevas formas de hablar y de pensar.

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

17/AC/LGL








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
FEMINISMO
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   
No son simples palabras
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 31/10/2017

Esta semana he estado impartiendo unas clases en determinadas ciudades a personal docente. En dichas sesiones estuvimos viendo algunas cifras que siguen demostrando tozudamente la desigualdad todavía existente entre mujeres y hombres en muchos ámbitos como la política, la educación, los deportes, las artes, etc. Y que, también tozudamente, nos pone frente al espejo a la hora de asimilar que vivimos en una igualdad formal o legal, pero no real.

También hablamos del feminismo y de sus definiciones. Y nos encontramos con la importancia que tienen las palabras y el interesado uso que de ellas hace el patriarcado. Hemos de recordar que un lenguaje no inclusivo y, por tanto sexista, es el mejor brazo que tiene el sistema patriarcal para mantener su estructura opresora sobre más de la mitad de la población que somos las mujeres.

Como no podía ser de otra manera, porque ocurre siempre, aparecieron las reservas por parte de algún docente intentado confundir el término feminismo con el de hembrismo, pero no lo consiguió.

Estuvimos viendo algunas definiciones que del término feminista se han hecho y en las que más hincapié hicimos fueron en las que aparecen en el diccionario de la RAE y que dice textualmente:

"1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo."

Después vimos la definición que del mismo término nos da el Diccionario de María Moliner, que expone lo siguiente textualmente: "Doctrina que considera justa la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Movimiento encaminado a conseguir esta igualdad."

Si realmente existiera neutralidad en las definiciones y/o en los términos no seríamos capaces de detectar el sexismo en estas dos definiciones. Pero esa neutralidad no existe y por eso vemos la carga de sexismo existente en la definición de diccionario de la RAE, y me explico.

Si partimos de la base de que el patriarcado ha colocado todo lo masculino como neutro y, por tanto ha anulado todo lo femenino, veremos como natural la definición que da la RAE del término, puesto que es normal que el objeto de derechos sea el hombre y por tanto los de las mujeres hemos de aspirar a tener esos mismos derechos.

Sin embargo si consideramos de base que mujeres y hombres han de tener igualdad plena y real nos encontraremos con que esa igualdad ha de extenderse a los derechos ENTRE hombres y mujeres.

Solo es una palabra ("entre") la que desmonta la sexista definición que expone la RAE y que permite mantener la asimetría de poder y, sobre todo de derechos entre mujeres y hombres en perjuicio de las mujeres, por supuesto.

Tal y como decía Gerda Lerner  en su libro "La creación del patriarcado" (1986) Al excluirnos de los espacios públicos (y los lenguajes lo son) también el patriarcado nos excluye de la formación de los sistemas de ideas. Con lo cual, si no formamos parte en esa construcción, directamente somos excluidas de las mismas e invisibilizadas.

Por lo tanto nada es casual cuando de definiciones se trata, como ya hemos podido constatar.

En otra de las sesiones, en el tiempo de descanso y después de haber hablado del feminismo como herramienta necesaria para una mayor justicia social y una mayor solidaridad en términos generales para acabar con las desigualdades, se me acercó una persona preguntándome con cierta sorna que cual era el antónimo de feminismo. Me desconcertó un poco, puesto que nunca me había planteado que el término feminismo tuviese un antónimo, dado que en todas las definiciones planteadas exponían las bondades del mismo. Le respondí con humildad que no lo conocía, pero que en cualquier caso y al hilo de lo que estábamos viendo, sería un término terrible y no sólo para las mujeres sino para el conjunto de la sociedad. Cuando se hizo el silencio en el aula invité a quienes estaban allí a que, si conocían el antónimo del término feminismo, lo compartieran con el resto del grupo. Nadie dijo nada.

Pero como soy muy curiosa, cuando llegué a casa, me fui directamente a mi diccionario de sinónimos y antónimos Tesauro y comprobé que no estaba la entrada antónima de dicha expresión. Alguien se había sentido molesto con mi explicación y su manera de demostrarlo fue esa.

Como vemos, las palabras son mucho más que palabras, puesto que construyen ideas, pensamientos, nombran situaciones u objetos y en definitiva, construyen realidades. En ese sentido el patriarcado las utiliza para mantener su opresivo sistema con las mujeres y una forma de mantener el orden es precisamente ocultado o manipulando esas expresiones y/o palabras y así mantener sus privilegios.

No es casual que determinados miembros de la RAE practiquen una activa misoginia contra quienes denunciamos el sexismo en sus definiciones.

Tampoco es casual que los medios de comunicación redacten o muestren noticias que pueden llevar a la confusión, ocultación o cosificación de las mujeres. Todo forma parte de la estrategia patriarcal para que nada cambie.

Y como ya he dicho en alguna ocasión, la alianza entre el patriarcado y el capitalismo, incluso en su manera de comunicarse es terrible para las mujeres puesto que permite utilizar las palabras y las imágenes para convertirnos en meras materia prima para sus terribles negocios de trata de mujeres con fines de explotación sexual, como vasijas para gestar hijos, como meros productos de consumo sexual, etc. Y todo ello justificado con edulcorantes eufemismos que confunden a mucha gente que no acierta a ver esa terrible alianza.

Por eso hemos de llevar cuidado cuando hablamos o escribimos o consumimos imágenes de cualquier tipo, porque no son solo palabras. Son transmisión de mensajes patriarcales que hay que ir desmontando casi palabra a palabra como hemos visto.

Porque desde el feminismo se exige una igualdad real a todos los niveles ENTRE mujeres y hombres y no nos conformamos con la igualdad formal que hoy tenemos y que el patriarcado cree que es la justa. No. Queremos, exigimos, una igualdad real en todos los ámbitos y a todos los niveles y eso debería pasar por revisar los términos patriarcales de los diccionarios y por no cuestionar las voces femeninas y feministas que exigimos ese cambio de paradigma.

Yo voy a seguir con mi mensaje de necesidad de cambio y de exigencia de lenguajes inclusivos en todos los ámbitos. Le pese a quien les pese.

tmolla@telefonica.net

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

17/TMC/LGL








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
FEMINISMO
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   
Los límites de la sororidad
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 03/07/2017

Esta semana me sucedieron unos hechos que me llevaron a reflexionar sobre la sororidad y alguno de sus límites. En este caso el límite lo puso yo.
 
Hace una semana me invitaron a participar en una mesa redonda para visibilizar la genealogía feminista comarcal y a falta de acabar de cerrar que otras mujeres iban a conformar la mesa, acepté. Además me comprometí en facilitar los datos de otra compañera a la que admiro y respeto mucho.
 
Al cabo de unos días llamé a la compañera que me invitó para facilitarle el teléfono prometido y aprovecho para preguntarle si ya habían completado la mesa para saber con quién iba a compartir ese espacio. Me contestó que no pero que estaba pensando en llamar a una mujer de cuyo nombre prefiero no acordarme. Me puse pálida al escuchar dicho nombre puesto que se trata de una señora que durante bastante tiempo me provocó mucho dolor y con quien prefiero no encontrarme. Mi reacción inmediata fue la de decir que con esta señora yo no me iba a sentar en ninguna mesa y, por tanto que eligieran. Al cabo de unas horas y un poco más tranquila, llamé a la organizadora le expliqué por encima mi reacción y, desde la humildad, le pedí disculpas reconociendo que yo no era quien para censurar a nadie ni indicarles a quien podían o no invitar. Y con la misma actitud le indiqué que rechazaba la invitación para participar en aquella mesa. 
 
Este hecho me llevó a reflexionar sobre la sororidad. Está claro que las mujeres nos hemos de apoyar y de reconocer para poder avanzar. Hasta ahí lo tengo muy claro. Pero ¿Qué pasa cuando la sororidad con otra mujer provoca dolor propio? Esa fue la pregunta durante muchas horas.
 
Como en otras ocasiones he dicho, tengo la fortuna de tener buena maestras de vida. Y a alguna de ellas acudí con este dilema para que me ayudara a dilucidarlo. Afortunadamente llegamos a la misma conclusión: Las mujeres debemos compartir luchas, pero no necesariamente afectos y, cuando llega el dolor y el sufrimiento por la causa que sea debemos de apartarnos de él, sea quien sea quien sea quien lo provoque.
Tengo otra maestra de vida que es de la opinión de que la sororidad, en su sentido intrínseco, no existe. Y que no existe debido al trabajo realizado por el patriarcado con su objetivo de dividirnos entre nosotras. Y estamos divididas formando parte de organizaciones cuya esencia incluso organizativa es patriarcal. Estamos divididas por nuestra construcción como personas que fue patriarcal en su momento ya que se nos educó para ser mujeres sumisas y dependientes y que, a pesar de los procesos de deconstrucción vividos por cada una de nosotras, siempre sigue quedando un poso que no conseguimos arrancar del todo por diversos motivos o incluso por desconocimiento en muchos casos.
 
Las competencias entre nosotras nunca son saludables. Ni individual ni colectivamente. Eso lo sabemos. Y, pese a saberlo, lo seguimos practicando de forma consciente e inconsciente. Yo lo practiqué inconscientemente cuando a la organizadora la "obligué" a elegir entre la otra señora y yo. Por eso cuando me apercibí de ese hecho, la llamé y asumí el dolor que me provocaba esta señora y rechacé la invitación. Puse límites a mi sororidad, puesto que en este caso el consecuente dolor por participar iba a ser mucho mayor que el placer de ser sórica. Así de sencillo. Y, también así de duro de asumir.
 
Como hecho vivido estos últimos días, todavía permanece en mi piel. Sigo dándole vueltas al tema. No al hecho de haber rechazado la invitación como medida de autoprotección, sino a las barreras invisibles pero férreas que al patriarcado y de múltiple maneras nos pone en el camino para que esa utopía llamada sororidad no sea posible.
           
La competencia por espacios que ya no nos pertenecen, o que nunca nos pertenecieron; la falta de generosidad entre nosotras; el simple hecho de que otra mujer nos caiga bien o no; las diferencias a la hora de entender la vida en general y el feminismo en particular, por ejemplo. Los intereses de cada una y en cada momento de su vida. Y también y por qué no decirlo, los intereses de las organizaciones a las que pertenecemos, que suelen ser patriarcales y que en demasiadas ocasiones nos utilizan como moneda de cambio; o los egos desmesurados que también los hay; y un larguísimo etcétera, son algunos de los serios obstáculos que, colocados adecuadamente, nos alejan siempre de ser realmente sóricas entre nosotras.
           
Salvar estos y tantos otros obstáculos, es, sin ninguna duda complicado. Llevamos demasiados aprendizajes patriarcales en nuestras mochilas personales. Son piedras pesadas que nos impiden avanzar adecuadamente. No sé cuál es la solución, sobre todo después del episodio que he comentado.
           
El patriarcado ha fomentado una fraternidad feroz entre los hombres que ha conseguido que se reconozcan y, pese a todas las discrepancias que también existen entre ellos, sean capaces que actuar conjuntamente ante el objetivo común de mantener sus privilegios patriarcales. Afortunadamente ya se escuchan voces que explican que el patriarcado también les perjudica a ellos, pero esas voces masculinas todavía son minoritarias. Pero en su mayoría se siguen reconociendo incluso como iguales en los conflictos armados.
           
Pero, ¿Y nosotras?, ¿Qué pasa con nosotras? El feminismo, en su sentido más amplio y más generoso debería ser la solución, pero tampoco lo consigue por las diferentes interpretación y lecturas del mismo. O por los diferentes intereses en su lecturas. No lo sé.
           
No me siento menos feminista por haberle puesto límites a mi sororidad. Me ha permitido una reflexión íntima de cuáles son mis límites y, al tiempo, mis limitaciones.
           
Lo acontecido, incluso con todas las dosis de dolor que contiene, me ha permitido reflexionar sobre la real falta de sororidad todavía existente entre todas nosotras. Y que conste que me vienen muchos nombres a la cabeza que, en nombre de esa utopía, están ocupando de forma ilícita espacios que no les pertenecen y perjudicando a compañeras. Nombres que, en mayor o menor medida, hacen de la sororidad su bandera para beneficio propio. Y me vienen muchos...
           
No tengo soluciones ante estos hechos. Tengo, eso sí y después de esta reflexión, la necesidad de seguir deconstruyéndome para buscar algunas piedras y sacarlas de mi propia mochila. Y también la necesidad de seguir trabajando cada día por una sociedad menos patriarcal, más igualitaria y por ende, más feminista. En esas me vais a encontrar los próximos tiempos.
 
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
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LENGUANTES
FEMINISMO
   LENGUANTES
   
Ética de comunicación y escucha: propuesta desde las Jornadas Lesbo -Trans* Feministas, Chiapas 2017
Marcha Lesbo-Trans*Feminista 2 de julio del 2017, San Cristóbal de la Casas, Chiapas | Fotografía de Gio Leal
Por: Dirce Navarrete Pérez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 11/07/2017

Aprendimos desde la infancia a dividirnos por colores, por tamaños, por géneros, por sexos, luego por ideas. Nos enseñaron que hay cosas que están bien, otras que están mal y punto. Que siempre hay un lado bueno y otro malo, que la noche no tiene nada que ver con el día y que el color blanco nunca llegará a ser negro ni viceversa. Que quien no está de acuerdo con nuestra postura, está en contra nuestra. Y que hay que mantenernos lejos de quien no está de nuestro lado y no es nuestro “igual”. También nos hicieron creer que no sabemos y no podemos construir en conjunto, que todo se trata de competir, que con las garras tienes que defender lo tuyo, a costa de lo que sea y de quien sea.
 
Con el feminismo fuimos desdibujando las líneas que separan tajantemente los binomios del mundo. A cuestionar el género y el sexo, a ponerlo todo en duda, todo. Y nos dimos a la tarea de empezar a desordenarnos y de-construirnos, como un ejercicio permanente, aunque doloroso. A reconocer la diversidad y la disidencia y reconocernos en ella.
 
Algo que nunca nos enseñaron fue a gestionar nuestras diferencias, nuestros desencuentros. Al parecer  no supimos mucho de comunicación asertiva y cuidado emocional. Y desde nuestras heridas, el feminismo nos ha enseñado que es necesario trabajar y hablar de esto. Que es necesaria la autocrítica en nuestros movimientos. Que por más que estamos juntas, tampoco tenemos que estar todas siempre de acuerdo, o en desacuerdo y que se vale definir los límites de nuestras alianzas. Que es importante tomar en cuenta nuestras discrepancias. Sin embargo, es bien fácil que se nos asome el patriarcado, pues eso aprendimos e interiorizamos. Y eso frecuentemente resulta en guerras campales que se heredan generación tras generación entre feministas.
 
¿Cuántas veces hemos cerrado el FB al ver cómo nos estamos dando con todo al confrontar nuestras distintas posturas? Es necesario este ejercicio crítico, pero ¿tenemos que hacerlo tan doloroso? Creemos que es urgente replantear nuestras formas, porqué en cada ataque que nos damos, la embestida se la lleva el feminismo.
 
Del 28 de junio al 2 de julio de 2017, se llevaron a cabo las Jornadas LesboTrans*feministas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Espacio convocado y construido por diversas colectividades (Colectiva Lésbica Autónoma Chamanas, Kinal Antsetik, Afrokute, Proyecto Inmiscuir, entre otras), con el propósito de promover la escucha, el aprender/desaprender, para el fortalecimiento de las luchas feministas a partir de la construcción de alianzas. ¿Cómo transformar las políticas reaccionarias y divisorias que vienen generando conflictos entre los diferentes feminismos que atraviesan las luchas activistas en San Cristóbal de las Casas y en todos nuestros contextos?
 
Los aprendizajes de estos días para mí son incuantificables e inexplicables. Pero quisiera destacar por ahora uno de los más relevantes, desde mi perspectiva: estas jornadas fueron construidas desde la apuesta política y feminista de la ternura radical (http://hysteria.mx/ternura-radical-es-manifiesto-vivo-por-dani-demilia-y...). Y en este sentido,  al inicio se compartieron una serie de propuestas como parte de una “Ética de comunicación y escucha”.
 
Comparto estas sugerencias que pretenden ser feministas, críticas y tiernas a la vez, como una herramienta que podamos utilizar en aquellos espacios donde también intentamos hacer nuestra revolución feminista. Online - Offline. En la plaza, en la calle, en la asamblea y también en la cama ¿por qué no?
 
•          Los diálogos comienzan desde nuestro lugar de enunciación. Partimos del lugar en que hablamos, tomando en cuenta tanto lo que ofrecemos a la conversación como lo límites y/o puntos ciegos de cada lugar.
•          Desafiamos las ideas, no atacamos a las personas. Retamos actitudes y comportamientos, no esencialismos las características de una persona.
•          Tenemos en cuenta que cada persona es un mundo. Nuestras intersecciones identitarias, bagajes culturales, memorias corporales y experiencias de vida son complejas y distintas.
•          Mantenemos un lugar de reflexibilidad propia y estamos dispuestas a aprender y escuchar experiencias vividas que no compartimos, antes de llegar a conclusiones.
•          No pretendemos representar a las lesbianas ni a la personas trans. Sino hablar de nuestras experiencias en nuestros contextos.
•          No participamos en fobias y discriminaciones. Cuando ocurren comportamientos de esta índole, lidiamos inmediatamente con ellos para no engendrar reacciones reactivas ni pasivo agresivas. Comenzamos una conversación no con “tú me hiciste sentir esto”, sino, por ejemplo, “tus acciones y palabras me provocaron esta emociones porque…”.
•          No queremos falsas diplomacias, sino relaciones sinceras y reales. Para tal, estamos dispuestas a momentos y energías incomodas durante esta construcción.
•          Tomamos la responsabilidad de nuestras propias emociones y lo que necesitamos para estar bien. Democratizamos la labor emocional, para que ninguna  persona individual quede con esta carga. Aprendemos juntas como cuidar el espacio emocional de la colectividad.
•          Consideramos de manera rigurosa, perspectivas distintas suspendiendo el yo-centrismo de las ideas, siempre dispuestas a cuestionar y o afirmar nuestros puntos de vista.
•          Ante todas las dificultades que enfrentamos, tanto en la vida como cuando nos juntamos, queremos también gozar en el aprendizaje y la construcción de nuestras comunidades de alianzas.
 
¿Esto será bueno para empezar? Apuesto por que sí. Ante un contexto cada vez más violento que nos exige la mayor fuerza  al accionar, se vuelve urgente darnos chace de probar estas propuestas de escucha y comunicación. No queremos alianzas irreflexivas, tampoco queremos guerras históricas y campales que nos debiliten.
 
Queremos escucharnos, recocernos y, allí donde podamos coincidir, tomar se pequeño gran pretexto para articularnos. Porque el enemigo está afuera, es uno, nos lleva siglos de ventaja y él sí tiene cómplices bien articulados. 
 
*Dirce Navarrete Pérez es politóloga feminista @agateofobia_
 
17/DNP
 








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
DERECHOS HUMANOS
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   
Las niñas pueden cambiar el futuro
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 16/10/2017

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 66/170 decidió designar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña, que se conmemorará cada año a partir del 2012. Como vemos es de reciente consideración la necesidad de recordarnos el papel que realizan las niñas en el mundo.

El analfabetismo de las niñas es, en demasiados países del mundo, el caldo de cultivo que marcará sus vidas definitivamente. Serán vidas dedicadas solo al cuidado y a trabajar de sol a sol sin ningún reconocimiento a ese trabajo.

Las mutilaciones genitales siguen estando al orden del día en la vida de demasiadas niñas del mundo. La trata con fines de explotación sexual y laboral es otra de las lacras que han de padecer las niñas del mundo.

Las violencias machistas se ceban en ellas en todas sus formas reconocibles y en todas las partes del mundo. Son, quizás, el eslabón más vulnerable de nuestras sociedades. Y pese a ello, siguen estando desprotegidas.

La ONU las intenta proteger al incluirlas en el objetivo número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible o Agenda 2030. Los datos que contienen los diferentes informes son sencillamente aterradores. Los objetivos esperanzadores.

Pero poco o nada cambiará el panorama de vida de ellas si no se invierte en su educación y en su empoderamiento desde edades muy tempranas. Y según un informe presentado por la revista Science:

“Los estereotipos de género sobre la capacidad intelectual surgen temprano e influyen en los intereses de los niños.

Los estereotipos comunes asocian la capacidad intelectual de alto nivel (brillantez, genio, etc.) con hombres más que mujeres. Estos estereotipos desalientan la búsqueda de mujeres de muchas carreras de prestigio; es decir, las mujeres están subrepresentadas en campos cuyos miembros valoran la brillantez (como la física y la filosofía). Estos estereotipos están respaldados e influenciados por los intereses de niños de tan solo 6 años. Específicamente, las niñas de 6 años tienen menos probabilidades que los niños de creer que los miembros de su género son "realmente, realmente inteligentes”. También a los 6 años, las niñas comienzan a evitar las actividades que se dice son para niños que son “realmente, realmente inteligentes”. Estos hallazgos sugieren que las nociones de brillantez basadas en el género se adquieren temprano y tienen un efecto inmediato en los intereses de los niños.”

Así vemos, que según lo que afirma esta prestigiosa revista, los estereotipos y, por tanto los patrones, se aprenden en edades muy tempranas. Por ello habrá que prestar especial atención a la socialización de las niñas y niños.

Los espacios de socialización más tempranos son, desde luego las familias y las escuelas. Después están los potentísimos medios de comunicación y la tan temida publicidad que marca cómo has de ser e incluso sentirse las niñas. Y también están las religiones que marcan o pueden marcar su futuro.

Por ello tendremos que reeducar a quienes actúan como agentes socializadores para poder ir evitando la repetición continuada de los estereotipos y de ese modo poder ir acabando con las desigualdades entre hombres y mujeres.

Pero es difícil reeducar a quien sabiéndose poseedor de forma natural de los privilegios patriarcales, renuncia a ellos puesto que los tiene de forma natural y no concibe otra forma de vida más que desde esa posición predominante.

La neutralidad o naturalidad con que el patriarcado ejerce sus poderes lleva parejo que sean de difícil detección y de muy fácil reproducción. Así, solo con los lenguajes que recibimos desde la cuna e incluso antes, se nos está socializando como niñas o niños. Ropa, juguetes, trato familiar, etc. influyen directamente en la forma en que se espera que nos comportemos si somos niñas o somos niños. Y ocurre en todas las sociedades, sean estas más o menos avanzadas, más o menos poderosas.

Se ha de actuar desde todos los frentes para proteger más si cabe a todas las niñas y respetar su derecho a ser niñas durante toda su infancia. Debemos denunciar los anuncios publicitarios que hipersexualizan el cuerpo de las niñas. No debemos permitir que el mensaje de gustar a cualquier precio haga mella en ellas. Y es nuestra responsabilidad no hacerlo. Puede parecer un juego, pero en realidad es una situación muy perversa. Y lo es porque detrás de esa hipersexualización está el terrible deseo patriarcal de tomarlas para su dominación. Sin que importen las secuelas que puedan dejar. Lo que importa es tenerlas bajo control.

Y cuando digo tomarlas, no me estoy refiriendo solo al concepto físico del término. Me refiero también al psicológico y al estructural. O lo que es lo mismo: “Si haces lo que me gusta y lo que quiero, estarás más cerca de mí que soy quien tiene el poder de hacer o deshacer”. ¿A que esto nos suena de algo?

No importan los intereses o deseos de ella, porque sencillamente se ha convertido en “algo” o “alguna cosa” al servicio patriarcal. Y por tanto carece de voluntad propia, de deseos e incluso de “alma”.

De ahí que una correcta formación de todos los agentes socializadores es importante para desmontar estos dogmas que, pese a no hablarse, se repiten cotidianamente. Y, a ser posible, una buena educación crítica que cuestione el orden de las cosas y que fomente la creatividad para cambiarlas.

Las niñas merecen ser niñas a lo largo de toda su infancia. Es más, tienen derecho a ser niñas y a no ser maltratadas, explotadas, mutiladas, casadas, prostituidas, tratadas, etc.

Porque como afirman desde la ONU: “La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible.”

Y ese mundo solo podrá construirse si tenemos en cuenta el bienestar de las niñas. La fuerza de esas niñas es la que pueden cambiar el mundo. De quienes somos un poco más mayores depende un mejor y más esperanzador futuro para todas ellas.

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

tmolla@telefonica.net

17/TMC/LGL








INTERNACIONAL
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina
   
Agricultoras que desbrozan el machismo
Imagen retomada de Pikara Magazine. Más de 150 mujeres han participado en la V Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina. /Foto: M.A.F.
Por: María Ángeles Fernández*
Cimacnoticias | Bilbao, Esp .- 26/07/2017

Una campesina con el puño izquierdo en alto, pañuelo en la cabeza y otro sobre los hombros, una mueca de grito. Esta imagen en tonos morados recuerda que La Vía Campesina es cada vez más feminista. “Construimos movimiento para cambiar el mundo, con feminismo y soberanía alimentaria”, reza la pancarta que arropa a la V Asamblea de Mujeres que este movimiento social acaba de celebrar en la localidad vizcaína de Derio.
 
La violencia, en todas sus formas, usos y estrategias de opresión, es el hilo conductor de las reivindicaciones territoriales que han surgido en este encuentro de unas 150 mujeres de todo el mundo y que ha sido uno de los actos previos de la VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina, que este año se celebra en tierras vascas. La violencia, recuerdan, es no tener acceso de igual manera que los hombres a las herramientas y recursos para realizar sus labores como agricultoras, ganaderas o pescadoras; violencia es no poder acceder a las subvenciones o al crédito, no tener derechos laborales, que las tierras no estén a nombre de quien las trabaja; violencia es no tener acceso a las semillas o al agua.
 
Violencia son, insisten, los abusos sexuales, las guerras, las fronteras, los matrimonios forzosos, los problemas de visado, el cambio climático… “Violencia es que no haya mujeres en cargos políticos o que en las organizaciones campesinas no participen en los órganos de toma de decisión”. Estas reivindicaciones, unas más globales y otras de carácter más territorial, salieron en la puesta en común del encuentro. Las palestinas, por ejemplo, se quejaban de sus problemas de movimiento, de los controles israelís o de cómo muchas se quedaban viudas muy jóvenes. Mientras, desde algunos países africanos se hablaba de la poligamia o del acaparamiento de tierras.
 
“Hay un incremento de la violencia estructural, del feminicidio, de los asesinatos de lideresas, de la impunidad, de los abusos sexuales incluso a niñas”, apuntaba, con fuerza, una representante de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC). “Tenemos que producir la enseñanza de nuevos valores. En las organizaciones mixtas hay violencias contra las campesinas que toman un rol protagonista. Hay que construir nuevos valores, nuevas masculinidades, igual que nos estamos formando y avanzando con el feminismo. Tenemos leyes, pero no caminan”, añadió tras recordar la poca gracia de determinados chistes sexistas que se escuchan en el interior de las organizaciones campesinas.
 
EL FEMINISMO, HERRAMIENTA DE TRABAJO
 
En toda esta dura enumeración de problemas y opresiones, el feminismo apareció como elemento articulador para entender los contextos, aplaudir las resistencias y buscar alternativas. “Nuestra articulación de mujeres surgió por la desigualdad, pero en el proceso hemos encontrado que el feminismo es una herramienta de análisis liberadora. El feminismo campesino y popular es un desafío”, apuntó una de las participantes. Este feminismo popular y campesino es uno de los retos de la Vía Campesina.
 
“La lucha por la emancipación de las mujeres tiene que estar articulada con la de los movimientos sociales campesinos, y la lucha por la igualdad de género tiene que caminar junto con la lucha por el fin de la propiedad privada, por el derecho a la tierra y al territorio, por la reforma agraria. Será el momento de afirmar que el socialismo y el feminismo campesino y popular son insumisos y cuestionar las concepciones patriarcales y burguesas, funcionales a las políticas de explotación capitalista”, explica la brasileña Marina dos Santos, una de las dirigentes del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST).
 
A la espera de concretar el plan de acción para los próximos cuatro años (la anterior asamblea se celebró en Yakarta, Indonesia, en 2013) varias ideas marcarán las acciones de la Vía Campesina, movimiento social que aglutina a más de 450 organizaciones de unos 70 países. Fortalecer las articulaciones regionales y fomentar la participación, promover la auto-organización de las mujeres en sus colectivos, fomentar la paridad en los órganos de decisión y participar en espacios de gobernanza son algunos de los asuntos que pretenden pulir desde el punto de vista organizativo. También expresan la necesidad de fortalecer y ampliar la campaña de ‘no más violencia’ contra las mujeres, de apostar por las acciones de visibilización en fechas clave, de seguir luchando por la paz y contra la militarización, así como de fomentar las escuelas de formación feminista.
 
Y, por supuesto, poner luz en la situación de las mujeres en todas las luchas estructurales de la Vía Campesina, como son la reforma agraria popular, la oposición a los agronegocios y al modelo energético actual, la defensa del agua, la batalla contra la privatización de los bienes naturales; y, por supuesto, la crítica al sistema capitalista, patriarcal, racista y xenófobo. “Hay que abordar el trabajo político y productivo desde el feminismo y la soberanía alimentaria”, “ratificamos nuestro compromiso con las resistencias”, “el capitalismo y el patriarcado violenta nuestros cuerpos y nuestros territorios” o “hay que compartir los trabajos productivos y de cuidados” fueron otras de las ideas lanzadas en la declaración final que se leyó.
 
“Somos las personas que trabajan la tierra y que alimentan al mundo, pero nuestros territorios están bajo un ataque constante. Nos enfrentamos a una criminalización creciente. Esta conferencia es un paso adelante en la internacionalización de nuestras luchas, creando una estrategia para frenar los poderes del capitalismo global y construir un movimiento para el cambio”, afirmó Elizabeth Mpofu, campesina de Zimbabue y coordinadora general de La Vía Campesina.
 
*Este artículo fue retomado del portal Pikara Magazine
 
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DESDE LA LUNA DE VALENCIA
VIOLENCIA
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Miedos
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 07/06/2017

El viernes pasado cenamos un grupo de amigos y amigas. En el grupo tenemos a un infatigable viajero que está jubilado y puede permitirse el placer de hacerlo constantemente. La otra componente femenina del grupo, una mujer valiente y decidida se va este verano a Guatemala con una ONG a trabajar con el personal docente de comunidades guatemaltecas sobre algunas propuestas pedagógicas. Cuando acabe su trabajo con la ONG, y ya sola, ha decidido viajar hasta Perú para visitar a sus seres allegados que allí viven.
 
En un momento dado, nuestra amiga manifestó su rabia por haberse descubierto a sí misma, pese a lo valiente y decidida que es, que tenía miedo a viajar sola tal y como lo hacía el otro viajero del grupo y lo comentó: "Nunca podré viajar sola y por todo el mundo como tú lo haces porqué soy mujer y eso limita nuestras libertades".
 
A mi mente acudió la noticia de las dos mujeres argentinas que viajaban "solas" y fueron asesinadas en febrero del año pasado en Ecuador al negarse a mantener relaciones con dos malnacidos.
 
Estos asesinatos sacaron a la luz pública el debate sobre lo que implica para el patriarcado el hecho de que las mujeres viajemos sin hombres a nuestro lado.
 
Pero lo primero sobre lo que hemos de reflexionar es sobre el término "solas". Y digo reflexionar puesto que para el patriarcado esa expresión no es la que figura en la tercera acepción del diccionario de la Real Academia Española y que dice textualmente:
 "3. adj. Dicho de una persona: Sin compañía."
 
Y afirmo que para el patriarcado no significa lo mismo porque estas dos mujeres no viajaban solas en el sentido que expone la RAE, puesto que se tenían la una a la otra, pero para los medios de comunicación que dieron la noticia por todo el mundo viajaban "solas" o lo que es lo mismo para el patriarcado "sin la compañía de ningún hombre a su lado".
 
Estos miedos que sentimos las mujeres a ir "solas" por la vida son miedos inoculados por el patriarcado desde antes de nacer y tienen que ver con la posesión de los espacios y la cosificación de nuestros cuerpos de mujeres. Me explico.
 
El espacio público ha sido tradicionalmente ocupado por los hombres mientras las mujeres éramos relegadas a los espacios domésticos, que no privados. Por tanto el patriarcado sigue considerando esos espacios como propios y, aunque nosotras los vamos transitando las agresiones se siguen dando. Hablo de agresiones verbales, de falta de equidad en espacios reducidos, de miradas soeces, de tocamientos o directamente de agresiones sexuales propiamente dichas, entre otras.
 
Y esto, a su vez, tiene que ver con el concepto de "cosa" que el cuerpo de las mujeres tiene para el propio patriarcado. Una "cosa" para usar cuando y como quieran para lo que quieran, sobre todo para "demostrar" su masculinidad a través del sometimiento y de la posesión. Y por supuesto esto tiene que ver, de nuevo, con el deseo. Deseo sexual, deseo de posesión, deseo de mostrar lo "macho" que se es, etc.
 
Por eso es "necesario" que no andemos "solas" por las calles sobre todo cuando es de noche, porque podemos ser presas de los "deseos" patriarcales de otro y que dejemos de ser personas para convertirnos en "algo" para saciar esos deseos. Pero si a nuestro lado camina otro hombre, no habrá competencia por ese "algo" en lo que nos convierten porque ya somos de ese "otro" que nos acompaña.
 
Obviamente no todos los hombres actúan de la misma manera que lo hacen los desgraciados malnacidos que se autodenominan "La manada" y que actuaron de esta forma en Pamplona durante los últimos Sanfermines. O los asesinos de las dos viajeras argentinas.
 
No, no todos los hombres actúan de la misma manera, afortunadamente. Pero aunque no todos ellos actúen así, en todas las mujeres existe el mismo denominador común: los miedos atávicos a que nos hagan daño por el simple hecho de ser mujeres, el miedo a la violación de nuestro cuerpo y, por tanto de toda nuestra vida de seres humanos libres.
 
Y todavía hay una cosa que hace todo esto más doloroso: su justificación. El patriarcado justifica las agresiones de una y mil maneras. Y por supuesto culpabilizando a la víctima por ir sola, por su forma de vestir, por "permitir" la agresión, etc. El objetivo último es justificar al agresor a cualquier precio, puesto que forma parte del engranaje del propio miedo que deben sentir las mujeres ante el poder patriarcal para que este continúe manteniéndose a cualquier precio.
 
Y ese miedo, por mucho que lo intentemos explicar a nuestros amigos y compañeros de vida, es muy difícil que nos entiendan, porque ellos no lo han sentido nunca, no se les ha inoculado en su espacio simbólico desde incluso antes de nacer. Es uno de los privilegios de nacer hombre. La no cosificación de sus cuerpos para ser usados en cualquier momento y por cualquier individuo que lo desee para saciar su deseo.
 
Soy consciente que para los hombres que puedan leer esto quizás puede resultar complicado de entender. Pero las mujeres lo vivimos y sentimos cada día.
 
Y, afortunadamente, cada día se es más consciente de ello y las administraciones, sobre todo locales, van tomando cartas en el asunto con campañas de sensibilización contra las agresiones sexistas en las calles y durante las aglomeraciones que se producen durante las fiestas y festejos. Si esas agresiones no existieran, sobrarían las campañas.
 
Todo esto tiene que ver con la más invisible y dañina de las violencias machista: la violencia estructural, la que emana de las estructuras de todo tipo, incluidas las estructuras sociales y de los roles hetero-asignados a mujeres y hombres a lo largo de la historia y que, aunque modernizados, se siguen reproduciendo hoy en día entre niñas y niños. Y se reproducen gracias a los potentes agentes socializadores que siguen marcando cómo han de ser las niñas y los niños de hoy que serán mujeres y hombres de mañana.
 
Por eso, cuando plantamos cara al patriarcado y nos apropiamos de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, le resultamos incómodas al sistema, porque lo denunciamos, criticamos y cuestionamos.
 
Y por ello el feminismo es necesario e importante, porque reclama los mismos derechos para mujeres y hombres. Porque reclamamos el derecho a vivir sin miedos, a viajar solas sin miedos, a salir de noche solas sin miedos, a poder recorrer el mundo sola y con una mochila sin temor a ser agredida por algún hombre porque se le despertó el deseo. Y sobre todo porque nuestro cuerpo es nuestro y no se ha de tocar sin nuestro consentimiento. Como el de ellos.
 
Y mi amiga irá a Perú sola y acompañada de sus miedos. Y algunas seguiremos saliendo solas de casa por la noche, acompañadas de nuestros miedos. Y permitiremos a nuestros amigos que nos "acompañen" al coche porque nos divierte o porque disfrutaremos unos minutos más de su agradable compañía. Y seguiremos luchando cada día con esos miedos para ganarles las batallas cotidianas siendo conscientes que el patriarcado no lo va aponer nada fácil.
 
De ahí que la sensibilización sea necesaria, porque es urgente sumar complicidades para desmontar este sistema que impone un miedo opresivo a las mujeres a lo largo de la vida y que resulta invisible a la mayoría de los hombres.
 
Solo cuando nuestros amigos y compañeros de vida sean consciente de ello podrán entendernos mejor y se sumarán a esta lucha diaria y vital contra el patriarcado que también a ellos les impone sus reglas.
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
tmolla@telefonica.net
 
17/TMC/GG








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