patriarcado

DESDE LA LUNA DE VALENCIA
FEMINISMO
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   
Los límites de la sororidad
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 03/07/2017

Esta semana me sucedieron unos hechos que me llevaron a reflexionar sobre la sororidad y alguno de sus límites. En este caso el límite lo puso yo.
 
Hace una semana me invitaron a participar en una mesa redonda para visibilizar la genealogía feminista comarcal y a falta de acabar de cerrar que otras mujeres iban a conformar la mesa, acepté. Además me comprometí en facilitar los datos de otra compañera a la que admiro y respeto mucho.
 
Al cabo de unos días llamé a la compañera que me invitó para facilitarle el teléfono prometido y aprovecho para preguntarle si ya habían completado la mesa para saber con quién iba a compartir ese espacio. Me contestó que no pero que estaba pensando en llamar a una mujer de cuyo nombre prefiero no acordarme. Me puse pálida al escuchar dicho nombre puesto que se trata de una señora que durante bastante tiempo me provocó mucho dolor y con quien prefiero no encontrarme. Mi reacción inmediata fue la de decir que con esta señora yo no me iba a sentar en ninguna mesa y, por tanto que eligieran. Al cabo de unas horas y un poco más tranquila, llamé a la organizadora le expliqué por encima mi reacción y, desde la humildad, le pedí disculpas reconociendo que yo no era quien para censurar a nadie ni indicarles a quien podían o no invitar. Y con la misma actitud le indiqué que rechazaba la invitación para participar en aquella mesa. 
 
Este hecho me llevó a reflexionar sobre la sororidad. Está claro que las mujeres nos hemos de apoyar y de reconocer para poder avanzar. Hasta ahí lo tengo muy claro. Pero ¿Qué pasa cuando la sororidad con otra mujer provoca dolor propio? Esa fue la pregunta durante muchas horas.
 
Como en otras ocasiones he dicho, tengo la fortuna de tener buena maestras de vida. Y a alguna de ellas acudí con este dilema para que me ayudara a dilucidarlo. Afortunadamente llegamos a la misma conclusión: Las mujeres debemos compartir luchas, pero no necesariamente afectos y, cuando llega el dolor y el sufrimiento por la causa que sea debemos de apartarnos de él, sea quien sea quien sea quien lo provoque.
Tengo otra maestra de vida que es de la opinión de que la sororidad, en su sentido intrínseco, no existe. Y que no existe debido al trabajo realizado por el patriarcado con su objetivo de dividirnos entre nosotras. Y estamos divididas formando parte de organizaciones cuya esencia incluso organizativa es patriarcal. Estamos divididas por nuestra construcción como personas que fue patriarcal en su momento ya que se nos educó para ser mujeres sumisas y dependientes y que, a pesar de los procesos de deconstrucción vividos por cada una de nosotras, siempre sigue quedando un poso que no conseguimos arrancar del todo por diversos motivos o incluso por desconocimiento en muchos casos.
 
Las competencias entre nosotras nunca son saludables. Ni individual ni colectivamente. Eso lo sabemos. Y, pese a saberlo, lo seguimos practicando de forma consciente e inconsciente. Yo lo practiqué inconscientemente cuando a la organizadora la "obligué" a elegir entre la otra señora y yo. Por eso cuando me apercibí de ese hecho, la llamé y asumí el dolor que me provocaba esta señora y rechacé la invitación. Puse límites a mi sororidad, puesto que en este caso el consecuente dolor por participar iba a ser mucho mayor que el placer de ser sórica. Así de sencillo. Y, también así de duro de asumir.
 
Como hecho vivido estos últimos días, todavía permanece en mi piel. Sigo dándole vueltas al tema. No al hecho de haber rechazado la invitación como medida de autoprotección, sino a las barreras invisibles pero férreas que al patriarcado y de múltiple maneras nos pone en el camino para que esa utopía llamada sororidad no sea posible.
           
La competencia por espacios que ya no nos pertenecen, o que nunca nos pertenecieron; la falta de generosidad entre nosotras; el simple hecho de que otra mujer nos caiga bien o no; las diferencias a la hora de entender la vida en general y el feminismo en particular, por ejemplo. Los intereses de cada una y en cada momento de su vida. Y también y por qué no decirlo, los intereses de las organizaciones a las que pertenecemos, que suelen ser patriarcales y que en demasiadas ocasiones nos utilizan como moneda de cambio; o los egos desmesurados que también los hay; y un larguísimo etcétera, son algunos de los serios obstáculos que, colocados adecuadamente, nos alejan siempre de ser realmente sóricas entre nosotras.
           
Salvar estos y tantos otros obstáculos, es, sin ninguna duda complicado. Llevamos demasiados aprendizajes patriarcales en nuestras mochilas personales. Son piedras pesadas que nos impiden avanzar adecuadamente. No sé cuál es la solución, sobre todo después del episodio que he comentado.
           
El patriarcado ha fomentado una fraternidad feroz entre los hombres que ha conseguido que se reconozcan y, pese a todas las discrepancias que también existen entre ellos, sean capaces que actuar conjuntamente ante el objetivo común de mantener sus privilegios patriarcales. Afortunadamente ya se escuchan voces que explican que el patriarcado también les perjudica a ellos, pero esas voces masculinas todavía son minoritarias. Pero en su mayoría se siguen reconociendo incluso como iguales en los conflictos armados.
           
Pero, ¿Y nosotras?, ¿Qué pasa con nosotras? El feminismo, en su sentido más amplio y más generoso debería ser la solución, pero tampoco lo consigue por las diferentes interpretación y lecturas del mismo. O por los diferentes intereses en su lecturas. No lo sé.
           
No me siento menos feminista por haberle puesto límites a mi sororidad. Me ha permitido una reflexión íntima de cuáles son mis límites y, al tiempo, mis limitaciones.
           
Lo acontecido, incluso con todas las dosis de dolor que contiene, me ha permitido reflexionar sobre la real falta de sororidad todavía existente entre todas nosotras. Y que conste que me vienen muchos nombres a la cabeza que, en nombre de esa utopía, están ocupando de forma ilícita espacios que no les pertenecen y perjudicando a compañeras. Nombres que, en mayor o menor medida, hacen de la sororidad su bandera para beneficio propio. Y me vienen muchos...
           
No tengo soluciones ante estos hechos. Tengo, eso sí y después de esta reflexión, la necesidad de seguir deconstruyéndome para buscar algunas piedras y sacarlas de mi propia mochila. Y también la necesidad de seguir trabajando cada día por una sociedad menos patriarcal, más igualitaria y por ende, más feminista. En esas me vais a encontrar los próximos tiempos.
 
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
17/TMC


feminismo   patriarcado   sórica   Sororidad   






LENGUANTES
FEMINISMO
   LENGUANTES
   
Ética de comunicación y escucha: propuesta desde las Jornadas Lesbo -Trans* Feministas, Chiapas 2017
Marcha Lesbo-Trans*Feminista 2 de julio del 2017, San Cristóbal de la Casas, Chiapas | Fotografía de Gio Leal
Por: Dirce Navarrete Pérez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 11/07/2017

Aprendimos desde la infancia a dividirnos por colores, por tamaños, por géneros, por sexos, luego por ideas. Nos enseñaron que hay cosas que están bien, otras que están mal y punto. Que siempre hay un lado bueno y otro malo, que la noche no tiene nada que ver con el día y que el color blanco nunca llegará a ser negro ni viceversa. Que quien no está de acuerdo con nuestra postura, está en contra nuestra. Y que hay que mantenernos lejos de quien no está de nuestro lado y no es nuestro “igual”. También nos hicieron creer que no sabemos y no podemos construir en conjunto, que todo se trata de competir, que con las garras tienes que defender lo tuyo, a costa de lo que sea y de quien sea.
 
Con el feminismo fuimos desdibujando las líneas que separan tajantemente los binomios del mundo. A cuestionar el género y el sexo, a ponerlo todo en duda, todo. Y nos dimos a la tarea de empezar a desordenarnos y de-construirnos, como un ejercicio permanente, aunque doloroso. A reconocer la diversidad y la disidencia y reconocernos en ella.
 
Algo que nunca nos enseñaron fue a gestionar nuestras diferencias, nuestros desencuentros. Al parecer  no supimos mucho de comunicación asertiva y cuidado emocional. Y desde nuestras heridas, el feminismo nos ha enseñado que es necesario trabajar y hablar de esto. Que es necesaria la autocrítica en nuestros movimientos. Que por más que estamos juntas, tampoco tenemos que estar todas siempre de acuerdo, o en desacuerdo y que se vale definir los límites de nuestras alianzas. Que es importante tomar en cuenta nuestras discrepancias. Sin embargo, es bien fácil que se nos asome el patriarcado, pues eso aprendimos e interiorizamos. Y eso frecuentemente resulta en guerras campales que se heredan generación tras generación entre feministas.
 
¿Cuántas veces hemos cerrado el FB al ver cómo nos estamos dando con todo al confrontar nuestras distintas posturas? Es necesario este ejercicio crítico, pero ¿tenemos que hacerlo tan doloroso? Creemos que es urgente replantear nuestras formas, porqué en cada ataque que nos damos, la embestida se la lleva el feminismo.
 
Del 28 de junio al 2 de julio de 2017, se llevaron a cabo las Jornadas LesboTrans*feministas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Espacio convocado y construido por diversas colectividades (Colectiva Lésbica Autónoma Chamanas, Kinal Antsetik, Afrokute, Proyecto Inmiscuir, entre otras), con el propósito de promover la escucha, el aprender/desaprender, para el fortalecimiento de las luchas feministas a partir de la construcción de alianzas. ¿Cómo transformar las políticas reaccionarias y divisorias que vienen generando conflictos entre los diferentes feminismos que atraviesan las luchas activistas en San Cristóbal de las Casas y en todos nuestros contextos?
 
Los aprendizajes de estos días para mí son incuantificables e inexplicables. Pero quisiera destacar por ahora uno de los más relevantes, desde mi perspectiva: estas jornadas fueron construidas desde la apuesta política y feminista de la ternura radical (http://hysteria.mx/ternura-radical-es-manifiesto-vivo-por-dani-demilia-y...). Y en este sentido,  al inicio se compartieron una serie de propuestas como parte de una “Ética de comunicación y escucha”.
 
Comparto estas sugerencias que pretenden ser feministas, críticas y tiernas a la vez, como una herramienta que podamos utilizar en aquellos espacios donde también intentamos hacer nuestra revolución feminista. Online - Offline. En la plaza, en la calle, en la asamblea y también en la cama ¿por qué no?
 
•          Los diálogos comienzan desde nuestro lugar de enunciación. Partimos del lugar en que hablamos, tomando en cuenta tanto lo que ofrecemos a la conversación como lo límites y/o puntos ciegos de cada lugar.
•          Desafiamos las ideas, no atacamos a las personas. Retamos actitudes y comportamientos, no esencialismos las características de una persona.
•          Tenemos en cuenta que cada persona es un mundo. Nuestras intersecciones identitarias, bagajes culturales, memorias corporales y experiencias de vida son complejas y distintas.
•          Mantenemos un lugar de reflexibilidad propia y estamos dispuestas a aprender y escuchar experiencias vividas que no compartimos, antes de llegar a conclusiones.
•          No pretendemos representar a las lesbianas ni a la personas trans. Sino hablar de nuestras experiencias en nuestros contextos.
•          No participamos en fobias y discriminaciones. Cuando ocurren comportamientos de esta índole, lidiamos inmediatamente con ellos para no engendrar reacciones reactivas ni pasivo agresivas. Comenzamos una conversación no con “tú me hiciste sentir esto”, sino, por ejemplo, “tus acciones y palabras me provocaron esta emociones porque…”.
•          No queremos falsas diplomacias, sino relaciones sinceras y reales. Para tal, estamos dispuestas a momentos y energías incomodas durante esta construcción.
•          Tomamos la responsabilidad de nuestras propias emociones y lo que necesitamos para estar bien. Democratizamos la labor emocional, para que ninguna  persona individual quede con esta carga. Aprendemos juntas como cuidar el espacio emocional de la colectividad.
•          Consideramos de manera rigurosa, perspectivas distintas suspendiendo el yo-centrismo de las ideas, siempre dispuestas a cuestionar y o afirmar nuestros puntos de vista.
•          Ante todas las dificultades que enfrentamos, tanto en la vida como cuando nos juntamos, queremos también gozar en el aprendizaje y la construcción de nuestras comunidades de alianzas.
 
¿Esto será bueno para empezar? Apuesto por que sí. Ante un contexto cada vez más violento que nos exige la mayor fuerza  al accionar, se vuelve urgente darnos chace de probar estas propuestas de escucha y comunicación. No queremos alianzas irreflexivas, tampoco queremos guerras históricas y campales que nos debiliten.
 
Queremos escucharnos, recocernos y, allí donde podamos coincidir, tomar se pequeño gran pretexto para articularnos. Porque el enemigo está afuera, es uno, nos lleva siglos de ventaja y él sí tiene cómplices bien articulados. 
 
*Dirce Navarrete Pérez es politóloga feminista @agateofobia_
 
17/DNP
 








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
DERECHOS HUMANOS
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   
Las niñas pueden cambiar el futuro
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 16/10/2017

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 66/170 decidió designar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña, que se conmemorará cada año a partir del 2012. Como vemos es de reciente consideración la necesidad de recordarnos el papel que realizan las niñas en el mundo.

El analfabetismo de las niñas es, en demasiados países del mundo, el caldo de cultivo que marcará sus vidas definitivamente. Serán vidas dedicadas solo al cuidado y a trabajar de sol a sol sin ningún reconocimiento a ese trabajo.

Las mutilaciones genitales siguen estando al orden del día en la vida de demasiadas niñas del mundo. La trata con fines de explotación sexual y laboral es otra de las lacras que han de padecer las niñas del mundo.

Las violencias machistas se ceban en ellas en todas sus formas reconocibles y en todas las partes del mundo. Son, quizás, el eslabón más vulnerable de nuestras sociedades. Y pese a ello, siguen estando desprotegidas.

La ONU las intenta proteger al incluirlas en el objetivo número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible o Agenda 2030. Los datos que contienen los diferentes informes son sencillamente aterradores. Los objetivos esperanzadores.

Pero poco o nada cambiará el panorama de vida de ellas si no se invierte en su educación y en su empoderamiento desde edades muy tempranas. Y según un informe presentado por la revista Science:

“Los estereotipos de género sobre la capacidad intelectual surgen temprano e influyen en los intereses de los niños.

Los estereotipos comunes asocian la capacidad intelectual de alto nivel (brillantez, genio, etc.) con hombres más que mujeres. Estos estereotipos desalientan la búsqueda de mujeres de muchas carreras de prestigio; es decir, las mujeres están subrepresentadas en campos cuyos miembros valoran la brillantez (como la física y la filosofía). Estos estereotipos están respaldados e influenciados por los intereses de niños de tan solo 6 años. Específicamente, las niñas de 6 años tienen menos probabilidades que los niños de creer que los miembros de su género son "realmente, realmente inteligentes”. También a los 6 años, las niñas comienzan a evitar las actividades que se dice son para niños que son “realmente, realmente inteligentes”. Estos hallazgos sugieren que las nociones de brillantez basadas en el género se adquieren temprano y tienen un efecto inmediato en los intereses de los niños.”

Así vemos, que según lo que afirma esta prestigiosa revista, los estereotipos y, por tanto los patrones, se aprenden en edades muy tempranas. Por ello habrá que prestar especial atención a la socialización de las niñas y niños.

Los espacios de socialización más tempranos son, desde luego las familias y las escuelas. Después están los potentísimos medios de comunicación y la tan temida publicidad que marca cómo has de ser e incluso sentirse las niñas. Y también están las religiones que marcan o pueden marcar su futuro.

Por ello tendremos que reeducar a quienes actúan como agentes socializadores para poder ir evitando la repetición continuada de los estereotipos y de ese modo poder ir acabando con las desigualdades entre hombres y mujeres.

Pero es difícil reeducar a quien sabiéndose poseedor de forma natural de los privilegios patriarcales, renuncia a ellos puesto que los tiene de forma natural y no concibe otra forma de vida más que desde esa posición predominante.

La neutralidad o naturalidad con que el patriarcado ejerce sus poderes lleva parejo que sean de difícil detección y de muy fácil reproducción. Así, solo con los lenguajes que recibimos desde la cuna e incluso antes, se nos está socializando como niñas o niños. Ropa, juguetes, trato familiar, etc. influyen directamente en la forma en que se espera que nos comportemos si somos niñas o somos niños. Y ocurre en todas las sociedades, sean estas más o menos avanzadas, más o menos poderosas.

Se ha de actuar desde todos los frentes para proteger más si cabe a todas las niñas y respetar su derecho a ser niñas durante toda su infancia. Debemos denunciar los anuncios publicitarios que hipersexualizan el cuerpo de las niñas. No debemos permitir que el mensaje de gustar a cualquier precio haga mella en ellas. Y es nuestra responsabilidad no hacerlo. Puede parecer un juego, pero en realidad es una situación muy perversa. Y lo es porque detrás de esa hipersexualización está el terrible deseo patriarcal de tomarlas para su dominación. Sin que importen las secuelas que puedan dejar. Lo que importa es tenerlas bajo control.

Y cuando digo tomarlas, no me estoy refiriendo solo al concepto físico del término. Me refiero también al psicológico y al estructural. O lo que es lo mismo: “Si haces lo que me gusta y lo que quiero, estarás más cerca de mí que soy quien tiene el poder de hacer o deshacer”. ¿A que esto nos suena de algo?

No importan los intereses o deseos de ella, porque sencillamente se ha convertido en “algo” o “alguna cosa” al servicio patriarcal. Y por tanto carece de voluntad propia, de deseos e incluso de “alma”.

De ahí que una correcta formación de todos los agentes socializadores es importante para desmontar estos dogmas que, pese a no hablarse, se repiten cotidianamente. Y, a ser posible, una buena educación crítica que cuestione el orden de las cosas y que fomente la creatividad para cambiarlas.

Las niñas merecen ser niñas a lo largo de toda su infancia. Es más, tienen derecho a ser niñas y a no ser maltratadas, explotadas, mutiladas, casadas, prostituidas, tratadas, etc.

Porque como afirman desde la ONU: “La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible.”

Y ese mundo solo podrá construirse si tenemos en cuenta el bienestar de las niñas. La fuerza de esas niñas es la que pueden cambiar el mundo. De quienes somos un poco más mayores depende un mejor y más esperanzador futuro para todas ellas.

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

tmolla@telefonica.net

17/TMC/LGL








INTERNACIONAL
POBLACIÓN Y DESARROLLO
   VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina
   
Agricultoras que desbrozan el machismo
Imagen retomada de Pikara Magazine. Más de 150 mujeres han participado en la V Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina. /Foto: M.A.F.
Por: María Ángeles Fernández*
Cimacnoticias | Bilbao, Esp .- 26/07/2017

Una campesina con el puño izquierdo en alto, pañuelo en la cabeza y otro sobre los hombros, una mueca de grito. Esta imagen en tonos morados recuerda que La Vía Campesina es cada vez más feminista. “Construimos movimiento para cambiar el mundo, con feminismo y soberanía alimentaria”, reza la pancarta que arropa a la V Asamblea de Mujeres que este movimiento social acaba de celebrar en la localidad vizcaína de Derio.
 
La violencia, en todas sus formas, usos y estrategias de opresión, es el hilo conductor de las reivindicaciones territoriales que han surgido en este encuentro de unas 150 mujeres de todo el mundo y que ha sido uno de los actos previos de la VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina, que este año se celebra en tierras vascas. La violencia, recuerdan, es no tener acceso de igual manera que los hombres a las herramientas y recursos para realizar sus labores como agricultoras, ganaderas o pescadoras; violencia es no poder acceder a las subvenciones o al crédito, no tener derechos laborales, que las tierras no estén a nombre de quien las trabaja; violencia es no tener acceso a las semillas o al agua.
 
Violencia son, insisten, los abusos sexuales, las guerras, las fronteras, los matrimonios forzosos, los problemas de visado, el cambio climático… “Violencia es que no haya mujeres en cargos políticos o que en las organizaciones campesinas no participen en los órganos de toma de decisión”. Estas reivindicaciones, unas más globales y otras de carácter más territorial, salieron en la puesta en común del encuentro. Las palestinas, por ejemplo, se quejaban de sus problemas de movimiento, de los controles israelís o de cómo muchas se quedaban viudas muy jóvenes. Mientras, desde algunos países africanos se hablaba de la poligamia o del acaparamiento de tierras.
 
“Hay un incremento de la violencia estructural, del feminicidio, de los asesinatos de lideresas, de la impunidad, de los abusos sexuales incluso a niñas”, apuntaba, con fuerza, una representante de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC). “Tenemos que producir la enseñanza de nuevos valores. En las organizaciones mixtas hay violencias contra las campesinas que toman un rol protagonista. Hay que construir nuevos valores, nuevas masculinidades, igual que nos estamos formando y avanzando con el feminismo. Tenemos leyes, pero no caminan”, añadió tras recordar la poca gracia de determinados chistes sexistas que se escuchan en el interior de las organizaciones campesinas.
 
EL FEMINISMO, HERRAMIENTA DE TRABAJO
 
En toda esta dura enumeración de problemas y opresiones, el feminismo apareció como elemento articulador para entender los contextos, aplaudir las resistencias y buscar alternativas. “Nuestra articulación de mujeres surgió por la desigualdad, pero en el proceso hemos encontrado que el feminismo es una herramienta de análisis liberadora. El feminismo campesino y popular es un desafío”, apuntó una de las participantes. Este feminismo popular y campesino es uno de los retos de la Vía Campesina.
 
“La lucha por la emancipación de las mujeres tiene que estar articulada con la de los movimientos sociales campesinos, y la lucha por la igualdad de género tiene que caminar junto con la lucha por el fin de la propiedad privada, por el derecho a la tierra y al territorio, por la reforma agraria. Será el momento de afirmar que el socialismo y el feminismo campesino y popular son insumisos y cuestionar las concepciones patriarcales y burguesas, funcionales a las políticas de explotación capitalista”, explica la brasileña Marina dos Santos, una de las dirigentes del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST).
 
A la espera de concretar el plan de acción para los próximos cuatro años (la anterior asamblea se celebró en Yakarta, Indonesia, en 2013) varias ideas marcarán las acciones de la Vía Campesina, movimiento social que aglutina a más de 450 organizaciones de unos 70 países. Fortalecer las articulaciones regionales y fomentar la participación, promover la auto-organización de las mujeres en sus colectivos, fomentar la paridad en los órganos de decisión y participar en espacios de gobernanza son algunos de los asuntos que pretenden pulir desde el punto de vista organizativo. También expresan la necesidad de fortalecer y ampliar la campaña de ‘no más violencia’ contra las mujeres, de apostar por las acciones de visibilización en fechas clave, de seguir luchando por la paz y contra la militarización, así como de fomentar las escuelas de formación feminista.
 
Y, por supuesto, poner luz en la situación de las mujeres en todas las luchas estructurales de la Vía Campesina, como son la reforma agraria popular, la oposición a los agronegocios y al modelo energético actual, la defensa del agua, la batalla contra la privatización de los bienes naturales; y, por supuesto, la crítica al sistema capitalista, patriarcal, racista y xenófobo. “Hay que abordar el trabajo político y productivo desde el feminismo y la soberanía alimentaria”, “ratificamos nuestro compromiso con las resistencias”, “el capitalismo y el patriarcado violenta nuestros cuerpos y nuestros territorios” o “hay que compartir los trabajos productivos y de cuidados” fueron otras de las ideas lanzadas en la declaración final que se leyó.
 
“Somos las personas que trabajan la tierra y que alimentan al mundo, pero nuestros territorios están bajo un ataque constante. Nos enfrentamos a una criminalización creciente. Esta conferencia es un paso adelante en la internacionalización de nuestras luchas, creando una estrategia para frenar los poderes del capitalismo global y construir un movimiento para el cambio”, afirmó Elizabeth Mpofu, campesina de Zimbabue y coordinadora general de La Vía Campesina.
 
*Este artículo fue retomado del portal Pikara Magazine
 
17/MAF








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
VIOLENCIA
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Miedos
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 07/06/2017

El viernes pasado cenamos un grupo de amigos y amigas. En el grupo tenemos a un infatigable viajero que está jubilado y puede permitirse el placer de hacerlo constantemente. La otra componente femenina del grupo, una mujer valiente y decidida se va este verano a Guatemala con una ONG a trabajar con el personal docente de comunidades guatemaltecas sobre algunas propuestas pedagógicas. Cuando acabe su trabajo con la ONG, y ya sola, ha decidido viajar hasta Perú para visitar a sus seres allegados que allí viven.
 
En un momento dado, nuestra amiga manifestó su rabia por haberse descubierto a sí misma, pese a lo valiente y decidida que es, que tenía miedo a viajar sola tal y como lo hacía el otro viajero del grupo y lo comentó: "Nunca podré viajar sola y por todo el mundo como tú lo haces porqué soy mujer y eso limita nuestras libertades".
 
A mi mente acudió la noticia de las dos mujeres argentinas que viajaban "solas" y fueron asesinadas en febrero del año pasado en Ecuador al negarse a mantener relaciones con dos malnacidos.
 
Estos asesinatos sacaron a la luz pública el debate sobre lo que implica para el patriarcado el hecho de que las mujeres viajemos sin hombres a nuestro lado.
 
Pero lo primero sobre lo que hemos de reflexionar es sobre el término "solas". Y digo reflexionar puesto que para el patriarcado esa expresión no es la que figura en la tercera acepción del diccionario de la Real Academia Española y que dice textualmente:
 "3. adj. Dicho de una persona: Sin compañía."
 
Y afirmo que para el patriarcado no significa lo mismo porque estas dos mujeres no viajaban solas en el sentido que expone la RAE, puesto que se tenían la una a la otra, pero para los medios de comunicación que dieron la noticia por todo el mundo viajaban "solas" o lo que es lo mismo para el patriarcado "sin la compañía de ningún hombre a su lado".
 
Estos miedos que sentimos las mujeres a ir "solas" por la vida son miedos inoculados por el patriarcado desde antes de nacer y tienen que ver con la posesión de los espacios y la cosificación de nuestros cuerpos de mujeres. Me explico.
 
El espacio público ha sido tradicionalmente ocupado por los hombres mientras las mujeres éramos relegadas a los espacios domésticos, que no privados. Por tanto el patriarcado sigue considerando esos espacios como propios y, aunque nosotras los vamos transitando las agresiones se siguen dando. Hablo de agresiones verbales, de falta de equidad en espacios reducidos, de miradas soeces, de tocamientos o directamente de agresiones sexuales propiamente dichas, entre otras.
 
Y esto, a su vez, tiene que ver con el concepto de "cosa" que el cuerpo de las mujeres tiene para el propio patriarcado. Una "cosa" para usar cuando y como quieran para lo que quieran, sobre todo para "demostrar" su masculinidad a través del sometimiento y de la posesión. Y por supuesto esto tiene que ver, de nuevo, con el deseo. Deseo sexual, deseo de posesión, deseo de mostrar lo "macho" que se es, etc.
 
Por eso es "necesario" que no andemos "solas" por las calles sobre todo cuando es de noche, porque podemos ser presas de los "deseos" patriarcales de otro y que dejemos de ser personas para convertirnos en "algo" para saciar esos deseos. Pero si a nuestro lado camina otro hombre, no habrá competencia por ese "algo" en lo que nos convierten porque ya somos de ese "otro" que nos acompaña.
 
Obviamente no todos los hombres actúan de la misma manera que lo hacen los desgraciados malnacidos que se autodenominan "La manada" y que actuaron de esta forma en Pamplona durante los últimos Sanfermines. O los asesinos de las dos viajeras argentinas.
 
No, no todos los hombres actúan de la misma manera, afortunadamente. Pero aunque no todos ellos actúen así, en todas las mujeres existe el mismo denominador común: los miedos atávicos a que nos hagan daño por el simple hecho de ser mujeres, el miedo a la violación de nuestro cuerpo y, por tanto de toda nuestra vida de seres humanos libres.
 
Y todavía hay una cosa que hace todo esto más doloroso: su justificación. El patriarcado justifica las agresiones de una y mil maneras. Y por supuesto culpabilizando a la víctima por ir sola, por su forma de vestir, por "permitir" la agresión, etc. El objetivo último es justificar al agresor a cualquier precio, puesto que forma parte del engranaje del propio miedo que deben sentir las mujeres ante el poder patriarcal para que este continúe manteniéndose a cualquier precio.
 
Y ese miedo, por mucho que lo intentemos explicar a nuestros amigos y compañeros de vida, es muy difícil que nos entiendan, porque ellos no lo han sentido nunca, no se les ha inoculado en su espacio simbólico desde incluso antes de nacer. Es uno de los privilegios de nacer hombre. La no cosificación de sus cuerpos para ser usados en cualquier momento y por cualquier individuo que lo desee para saciar su deseo.
 
Soy consciente que para los hombres que puedan leer esto quizás puede resultar complicado de entender. Pero las mujeres lo vivimos y sentimos cada día.
 
Y, afortunadamente, cada día se es más consciente de ello y las administraciones, sobre todo locales, van tomando cartas en el asunto con campañas de sensibilización contra las agresiones sexistas en las calles y durante las aglomeraciones que se producen durante las fiestas y festejos. Si esas agresiones no existieran, sobrarían las campañas.
 
Todo esto tiene que ver con la más invisible y dañina de las violencias machista: la violencia estructural, la que emana de las estructuras de todo tipo, incluidas las estructuras sociales y de los roles hetero-asignados a mujeres y hombres a lo largo de la historia y que, aunque modernizados, se siguen reproduciendo hoy en día entre niñas y niños. Y se reproducen gracias a los potentes agentes socializadores que siguen marcando cómo han de ser las niñas y los niños de hoy que serán mujeres y hombres de mañana.
 
Por eso, cuando plantamos cara al patriarcado y nos apropiamos de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, le resultamos incómodas al sistema, porque lo denunciamos, criticamos y cuestionamos.
 
Y por ello el feminismo es necesario e importante, porque reclama los mismos derechos para mujeres y hombres. Porque reclamamos el derecho a vivir sin miedos, a viajar solas sin miedos, a salir de noche solas sin miedos, a poder recorrer el mundo sola y con una mochila sin temor a ser agredida por algún hombre porque se le despertó el deseo. Y sobre todo porque nuestro cuerpo es nuestro y no se ha de tocar sin nuestro consentimiento. Como el de ellos.
 
Y mi amiga irá a Perú sola y acompañada de sus miedos. Y algunas seguiremos saliendo solas de casa por la noche, acompañadas de nuestros miedos. Y permitiremos a nuestros amigos que nos "acompañen" al coche porque nos divierte o porque disfrutaremos unos minutos más de su agradable compañía. Y seguiremos luchando cada día con esos miedos para ganarles las batallas cotidianas siendo conscientes que el patriarcado no lo va aponer nada fácil.
 
De ahí que la sensibilización sea necesaria, porque es urgente sumar complicidades para desmontar este sistema que impone un miedo opresivo a las mujeres a lo largo de la vida y que resulta invisible a la mayoría de los hombres.
 
Solo cuando nuestros amigos y compañeros de vida sean consciente de ello podrán entendernos mejor y se sumarán a esta lucha diaria y vital contra el patriarcado que también a ellos les impone sus reglas.
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
tmolla@telefonica.net
 
17/TMC/GG








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
DERECHOS HUMANOS
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
La negación de quien tiene los privilegios
Imagen retomada de Efrensl
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 22/05/2017

Día tras día asistimos a espectáculos negacionistas del fenómeno de las violencias machistas por parte de gente que está en las instituciones o de gente anónima. Gente que, a la más mínima, saca a pasear argumentos del tipo “la maldad humana”, “había bebido”, “ella ejercía violencia psicológica sobre él”, “son muchas las mujeres que también utilizan violencias sobre los hombres” y así un largo etcétera.
 
Y un claro ejemplo de lo que digo lo podemos encontrar en algunos (deleznables) artículos que cuestionan desde la raíz la terrible realidad que viven tantas mujeres. Podría compartir alguno de esos mezquinos textos, pero no quiero darles ninguna publicidad a quienes niegan, con argumentos falaces, estos horribles hechos.
 
Con estas actitudes y otros argumentos solo se busca una cosa: tratar de justificar a los agresores minimizando los daños y por tanto mantener el actual orden de las cosas, justificando a los maltratadores e incluso a los asesinos y volviendo a culpabilizar a las mujeres de su propia situación.
 
Y entre la gente que justifica cualquier abuso y maltrato están los de las faldas largas y negras y todos sus correligionarios, sean hombres como ellos e incluso mujeres. También entre las gentes de los “fru frús” hay buenos especímenes de esta calaña.
 
Pero esa estrategia seguida por este tipo de gente negacionista y que no se atreve a condenar abiertamente los actos de violencias machistas, es la estrategia de quien tiene los privilegios y no los quiere reconocer.
 
La vieja pretensión de negar nuestras verdades y nuestras voces de mujeres es algo que nació con la leyenda de Eva y la manzana y que se arrastra hasta hoy gracias, como siempre, a los de faldas largas y negras que ven la perversidad y la mentira que siempre van de la mano de las mujeres. Ese eterno cuestionamiento de nuestras verdades es algo que se arrastra socialmente y que sigue interesando, de forma clara, al más rancio patriarcado, Aún hoy, en los albores del siglo XXI, sigue ocurriendo, mal que nos pese. Y sus voceros lo intentan encubrir, pero se sigue notando mucho cuando tienes la "mirada violeta" un poco entrenada. Y lo siguen intentando cada día. Y lo que es peor, lo van consiguiendo en algunos ámbitos, con la ayuda inestimable de los "fru frús"  y de alguna gente de la esfera política del Partido Popular (PP).
 
Negar la evidencia, ponerse la venda en los ojos para no reconocer que las violencias que se ejercen contra las mujeres y las niñas lo son por el simple hecho de ser mujeres, es alimentar al patriarcado asesino.
 
Cada vez que se niega la desigualdad aún existente entre mujeres y hombres, se le está dando carta de naturaleza a una situación similar a la del esclavismo. Y, a pesar de que la comparación pueda parecer escandalosa es, esencialmente la misma: la dominación de un grupo con privilegios sobre otro grupo que no los tiene.
 
Y, aún hay otra coincidencia; los que defendían la esclavitud consideraban que esa situación era "natural", desafiaban a quien lo cuestionara y, incluso negaban la posibilidad de liberar a la gente esclava a la que consideraron "naturalmente" inferior.
 
Ahora, los privilegios están en las mismas manos: las manos de los hombres. Hombres que se creen con el poder de disponer de los cuerpos y de las vidas de las mujeres a las que, seguramente, en algún momento dijeron que amaban y a las que maltratan, agreden y que incluso pueden llegar a asesinar.
 
Pero también hombres que callan y no condenan explícitamente las desigualdades y las violencias machistas mirando hacia otro lado ante cada asesinato o ante cada agresión a una mujer o a una niña. Hombres que niegan que las violencias machistas sean un tipo explícito de violencias y siempre tratan de justificar que no existe o que no es para tanto. O, en el caso de las desigualdades, buscan el argumento de la valía personal justificada en los méritos para justificar demasiados asuntos sin tener en cuenta que la situación de partida nunca es la misma.
 
Hombres, pero también demasiadas mujeres que renuncian a ponerse al lado de otras mujeres que sufren con tal de mantener los pírricos privilegios que el patriarcado les concede a cambio de su silencio cómplice ante los asesinatos de otras congéneres. Mujeres que renuncian expresamente a la solidaridad con otras mujeres e incluso se erigen en puntas de lanza del patriarcado contra otras mujeres para contentar al sistema asesino.
 
Y esos hombres y esas mujeres están en todas partes. También en las instituciones gubernamentales. Es precisamente esa gentuza la que impide el avance en las negociaciones por un Pacto de Estado contra las Violencias Machistas. Y están mayoritariamente en la derecha política, pero ni el centro ni la izquierda están exentos de tener gente de esta catadura moral entre sus filas.
 
Renunciar a los privilegios siempre es complicado. Pero esas renuncias nos reafirman para hacerle frente a un sistema opresor que no nos gusta. Y debería permitirnos practicar la solidaridad con personas que, en muchos casos, ni sabíamos que sufrían situaciones dolorosas como consecuencia de un patriarcado feroz que se camufla continuamente para sobrevivir.
 
Necesitamos muchas complicidades para desmontar ese sistema que oculta y justifica las desigualdades y las violencias machistas como el mayor exponente de esas desigualdades.
 
Y lo que tengo muy claro es que, mientras a esas complicidades no se suman las voces masculinas para parar al patriarcado, no avanzaremos por el camino correcto para destruirlo. Y es que, aunque no se quiera admitir, el patriarcado también ejerce su poder opresor con los hombres.
 
Pese a los privilegios que me otorga mi condición de mujer europea, blanca, relativamente libre, con empleo y, por tanto, con una cierta independencia económica, he renunciado a algunos de ellos a lo largo de mi vida en aras a la coherencia. Y cuando se trata de los derechos humanos de las mujeres y las niñas, mi compromiso es claro.
 
Porque, como expongo en el blog, las militancias no se predican, se practican. Al menos eso es lo que creo, pienso y por lo que me guio en caso de duda.
 
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
17/TMC/GG








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
DERECHOS HUMANOS
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Maternidades no tan idílicas
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Madrid, Esp .- 08/05/2017

Este domingo se conmemoró en España el Día de la Madre. Y lo conmemoramos en un momento en el que el patriarcado más feroz intenta desvirtuar su esencia primigenia en el sentido de" la madre es la que pare" y en todo caso, y también, la que cría y cuida.
 
Asistimos con espanto a la manipulación más grosera de la utilización del cuerpo de las mujeres con fines claramente mercantilistas. Junto con el de la prostitución, el alquiler de vientres de mujeres son dos negocios muy lucrativos que la alianza que suponen el capitalismo y el patriarcado no van a dejar escapar. Y hemos de recordar que en ambos casos la materia prima con la que hacer negocios son los cuerpos de las mujeres y de las niñas.
 
Cuando analizamos desde la perspectiva feminista estos hechos o, mejor dicho, estos negocios, al menos a mí se me revuelven las tripas y me entra un profundo asco. Y también una profunda tristeza.
 
Asco por comprobar la falta total de escrúpulos y del más mínimo respeto hacia los cuerpos de más de la mitad de la población mundial. Y sobre todo los de las mujeres y niñas más vulnerables económicamente hablando, que se convierten en un enorme granero de materia prima para poder explotar por parte del capitalismo patriarcal más feroz. Lo mismo que ocurrió con la esclavitud. Comercio con materia prima de carne humana a la que utilizar y explotar. Y como no podía ser de otro modo, también en aquel momento esclavista las mujeres esclavas se llevaron la peor parte.
 
Y una profunda tristeza por comprobar cómo algunos valores humanos se degradan en aras al cumplimiento de unos deseos patriarcales que no dudan en recurrir a todos los medios, incluso ilegítimos, para ser satisfechos.
 
No soy jurista. Pero sí soy feminista y como tal abogo por una sociedad libre de desigualdades entre hombres y mujeres. A las amigas juristas feministas les dejo el arduo papel de desentrañar la ilegalidad sobre la necesidad actual del patriarcado por negar la maternidad a las madres gestantes de esas criaturas que luego van a ser entregadas a otras personas. Eso sí previo pago de su importe a las agencias intermediarias.
 
Pero como feminista me parece que el patriarcado utiliza el papel de la maternidad siempre a su favor. Y me intento explicar.
 
De momento solo las mujeres podemos gestar y parir. Y, aunque el diccionario de la Real Academia de la Lengua no lo explicite, también podemos engendrar. Aprovechándose de esa característica biológica, el patriarcado ha utilizado la maternidad de muchas maneras.
 
Como forma de perpetuar su linaje, impidiéndonos a las mujeres decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestras maternidades. Llegando a convertir en pecado nuestro placer sexual y convirtiendo en "sagrado" el cuerpo, solo destinado a la procreación. Y por supuesto para el placer masculino también.
 
De esa manera también se produce una sublimación de la maternidad como única forma de realización de las mujeres que asumen el cuidado de su prole y del padre de la misma como función primordial de su vida, olvidándose de sí misma y de sus aspiraciones o necesidades. De ese modo quedan sometidas al sustentador de la familia.
 
Tampoco ha dudado el patriarcado en utilizar la maternidad como arma de guerra utilizando a las mujeres, además de para satisfacer sus deseos sexuales, para parir a sus hijos e hijas, sin importarles lo más mínimo el futuro de las madres y de las criaturas. Únicamente como forma de humillación hacia el adversario en el conflicto. Violando y embarazando a mujeres imponía su ley patriarcal a través de una descendencia, aunque esta no fuera reconocida. El papel de estas mujeres es especialmente doloroso puesto que quedan estigmatizadas por sus propias familias, al igual que las criaturas que nacen de estos actos salvajes.
 
También como arma política con un control de la natalidad para aumentar o disminuir la población en determinadas zonas.
 
La reproducción como forma de aumentar la población, sin tener en cuenta la situación en que se producen esas gestaciones y la calidad de vida que van a tener en el futuro esas criaturas es algo que está ocurriendo ahora mismo y que pretende colonizar espacios físicos y políticos. Y un ejemplo de lo que digo es la política del Estado de Israel con respecto a la natalidad. Se potencia notoriamente con el fin de colonizar espacios usurpados ilegítimamente al pueblo palestino. De nuevo la alianza entre capitalismo y patriarcado impone sus reglas políticas y económicas sobre los cuerpos de las mujeres.
 
Otra forma de control de natalidad son las políticas de hijo único y preferiblemente varón que ha estado vigente en China hasta hace unos meses. El objetivo de controlar la súper población ha tenido, entre algunas de sus consecuencias, el alto índice de abandono de niñas al nacer o de abortos de fetos cuando se conocía que era una niña, dejando de ese modo la población descompensada en favor de los hombres y aumentando de ese modo su poder sobre las mujeres sobre todo en las zonas rurales.
 
Las esterilizaciones forzadas es otra de las formas utilizadas por el patriarcado como control de natalidad y sin importar las consecuencias que estas puedan tener sobre los cuerpos de las mujeres. En Perú y solo durante la etapa del dictador Fujimori fueron más de 300 mil mujeres esterilizadas sin su consentimiento y con métodos bastante deplorables en el mejor de los casos.
 
Y estos son solo algunos ejemplos sobre el uso interesado que hace el patriarcado de la maternidad.
 
Afortunadamente hemos avanzado en derechos y en capacidad de decidir si queremos o no ser madres y cuando lo queremos ser. Pero cada cierto tiempo la ofensiva patriarcal se hace patente y nos recuerda que sus fauces siguen abiertas para devorarnos a nosotras y a nuestros avances al menor descuido.
 
La ofensiva patriarcal actual y en occidente viene de la mano de las agencias que ofrecen criaturas "a la carta" a través de los vientres de alquiler de mujeres en precarias situaciones económicas. A pesar de que ese tipo de actividades en el Estado Español son ilícitas, se están realizando ferias para exponer esos "productos" y por tanto poder seguir haciendo negocio. Y la fiscalía mirando hacia otro lado. Al parecer es más importante el negocio que la vida de las mujeres.
 
Revertir estas situaciones, todas ellas, se hace urgente y para ello se necesita la complicidad de mujeres y hombres de buena fe que seamos capaces de sensibilizar de forma feminista a la sociedad. Hemos de hacer ver que las mujeres no somos ni debemos ser bajo ningún concepto materia prima para negocios lucrativos para el capitalismo patriarcal.
 
Yo voy a seguir por ese camino de sensibilización feminista porque, entre otros motivos, ya no sé vivir de otro modo. ¿Y tú, crees que las mujeres somos materia con la que se puede negociar y lucrarse?
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
tmolla@telefonica.net
 
17/TMC/GG








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Hipocresía
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 10/04/2017

A lo largo de la última semana hemos asistido a un ir venir de opiniones variadas sobre el desarme de ETA. Ríos de tinta sobre este desarme y sus consecuencias políticas. ETA asesinó a 829 personas según la Fundación Víctimas del Terrorismo.
 
El viernes hubo otro atentado terrorista en Estocolmo en el que cuatro personas fueron asesinadas por el malnacido que estampó su camión en una calle peatonal de esta ciudad. La noticia está en todos los periódicos e informativos.
 
También el viernes de madrugada Donald Trump ordenó el bombardeo de una base aérea siria con resultado de al menos 9 personas muertas, teóricamente en represalia por el ataque químico que el régimen de Bashar Al Assad realizó en una zona rebelde y en el que fueron asesinadas más de ochenta personas. Y ahí siguen los informativos de todo tipo dando versiones de uno u otro bando según las líneas editoriales de cada uno de ellos.
 
Y todo ello ha ocurrido en una sola semana. Y estas terribles noticias son sólo algunas de las que nos enteramos porque desgraciadamente habrán ocurrido muchas más en donde seres inocentes habrán perdido la vida de una forma aleatoria y siempre injustificada.
 
Y, como vemos, de todas ellas se ha dado cumplida y sobrada información en todos los medios de comunicación.
 
DEL TERRORISMO MACHISTA NO HABLAN
 
Entre los pasados días 9 de febrero y 7 de marzo, un grupo de ocho mujeres (Gloria, Martina, Patricia, Marian, Susana, Sara, Sonia y Celia) de la asociación VE-la Luz, todas ellas víctimas de violencias machistas, realizaron una huelga de hambre en la Puerta del Sol de Madrid y la cobertura mediática fue más bien escasa e incluso en algunos casos muy cuestionable la forma en que se trató por parte de algunos medios.
 
El listado de mujeres asesinadas por terrorismo machista no deja de crecer pero no ocupan ninguna primera página, no son noticia e incluso demasiada gente se alarma cuando utilizamos el término "terrorismo" para referirnos a estos asesinatos.
 
Sigo sin entender la resistencia a hablar de terrorismo machista cuando la sangría de mujeres asesinadas no deja de crecer. Es, a mi modo de ver, un total sin sentido. Y así nos sigue yendo a las mujeres de todo el mundo.
 
El pasado viernes, en un charla en la que explicaba algunos términos coeducativos a un público mayoritariamente femenino, cuando apareció el término SORORIDAD, lo expliqué desde la normalidad, al igual que hice con el término FRATERNIDAD.
 
Como es normal, muy poca gente conocía el primero y todo el mundo conocía el segundo. Lo curioso del caso es que cuando ya acabamos con los conceptos y dimos paso al coloquio, un señor muy educado me indicó que jamás había escuchado este término y que le gustaba, pero que quizás deberíamos plantearnos su uso, puesto que ya había uno que todo el mundo conocía y que englobaba a toda la población.
 
Por supuesto que el término al que aludía el señor era el de fraternidad. No había ninguna mala intención en sus palabras, estoy segura, pero puso sobre la mesa el eterno debate de la invisibilidad de todo lo referente a los temas de mujeres.
 
He contado esta anécdota porque es, a pequeña escala, un clarísimo ejemplo de lo que ocurre con los asesinatos de mujeres y a la sistemática negativa de tanta gente a llamarlo TERRORISMO MACHISTA.
 
Son muchas las mujeres asesinadas por el machismo. Muchísimas y ya las cifras son mareantes, pero no se quiere hablar de terrorismo, puesto que "siempre" son casos aislados. Y, además se escudan en el argumento que formuló alguien (un hombre por supuesto) teóricamente progresista y de reconocido prestigio en el campo jurídico, que dijo "que detrás de estas muertes no existe componente político definido". ¡Venga ya!
 
Detrás de esos ASESINATOS, que no muertes, existe un sistema político claramente definido. Se llama patriarcado. Y nos asesina por ser mujeres. Lo ha reconocido hasta la Organización de Naciones Unidas (ONU).
 
Los eufemismos son unas inmejorables herramientas al servicio del patriarcado para mantener ocultas realidades sangrantes como los asesinatos de mujeres. Porque mientras se habla de "muertes" y no de asesinatos a priori y simbólicamente se exculpa al asesino. El componente de culpabilidad que lleva implícito la palabra "asesinato", no lo lleva la palabra "muerte" y de esa manera el patriarcado vuelve a proteger a sus hijos predilectos que son los asesinos de mujeres utilizando una de sus mejores armas: el lenguaje.
 
La hipocresía con la se argumentan algunos discursos que pueden llegar a justificar los asesinatos de mujeres y la negativa a utilizar expresiones como TERRORISMO MACHISTA para definir esos asesinatos es, desde mi punto de vista, una de las claves para impedir la erradicación de ese terrorismo. El patriarcado necesita mantenerse y para ello necesita utilizar cualquier elemento que le mantenga en su posición. Incluso los asesinatos de mujeres.
 
Cuando desde el feminismo se habla de violencias machistas, de micro-machismos, de lenguajes inclusivos, de coeducación, de equidad, etc. se busca construir sociedades socialmente más justas y menos violentas. Se busca construir relaciones humanas más simétricas e igualitarias a todos los niveles, desde las personales hasta las laborales. Se buscan sociedades menos violentas y más dialogantes para construir puentes de paz desde la empatía y no trincheras desde los desafíos y competencias.
 
El patriarcado teme al feminismo porque desafía sus cimientos basados en los privilegios y las desigualdades. Porque ¿acaso los actuales conflictos bélicos vivos en todo el mundo no son esencialmente competencia por el mantenimiento de privilegios patriarcales? Se pueden llamar como se quieran, pero para mí es eso. Y el terrorismo es eso, debilitar al adversario con acciones asesinas como muy bien conocemos.
 
Sin embargo lo de Estocolmo es un atentado terrorista, pero el asesinato de todas y cada una de las mujeres a manos de sus parejas o exparejas no son actos terroristas, son "muertes por violencia de género".
 
De nuevo los eufemismos para encubrir y ocultar el terrorismo patriarcal hacia las mujeres.
 
De nuevo la hipocresía social para no llamar a las cosas por su nombre. Porque mientras no se nombra no existe. Y si no existe no pasa nada y se mantiene el orden injusto y asesino de las actuales sociedades patriarcales y capitalistas que permiten tanta desigualdad y tanta inequidad entre las personas.
 
Por eso es tan necesario e importante que desde el feminismo demos nombre a las situaciones y las definamos correctamente. Por eso es tan importante que hablemos, también, de SORORIDAD y no solo de FRATERNIDAD.
 
Perdamos el miedo a llamar a las cosas por su nombre real porque solo nombrándolas existirá la posibilidad real de actuar contra la injusticia y la inequidad.
 
Porque solo actuando desde la raíz del problema, lo podremos solucionar y hablaremos de soluciones radicales.
 
Por eso el feminismo ha de ser RADICAL, porque ha de ir a la raíz del patriarcado para combatirlo.
 
Al menos así lo veo yo. ¿Te apuntas a ser un poco más radical y menos hipócrita?
                       
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
17/TMC/GG
 








DESDE LA LUNA DE VALENCIA
   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
La maldita equidistancia
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | Ontinyent, Esp.- 28/03/2017

Últimamente y seguramente por cuestiones del azar, estoy escuchando y leyendo con demasiada frecuencia frases como "ni machista ni feminista, soy de personas", o "ni de hombres ni de mujeres, defiendo los derechos de los seres humanos en su conjunto", y ya comienzo a estar un poco harta.
 
Y lo estoy porque al igual en que entre un terrorista y sus víctimas no hay equidistancias tampoco la puede haber a la hora de posicionarse en la defensa de los derechos de las mujeres y de las niñas.
 
Valga iniciar esta reflexión diciendo que, por supuesto, estoy por la defensa de los derechos de todos los seres humanos y animales, faltaría más. Pero también por supuesto añado que de unos más que de otros.
 
Desde mi punto de vista, en la defensa de los derechos de las personas, nunca puede haber la misma distancia entre quien lo tiene todo y quienes apenas tienen para comer; entre quienes dictan las leyes con claros intereses partidistas en demasiados casos y entre quienes han de cumplirlas les gusten o no; entre la clase trabajadora y la patronal; entre el pueblo palestino y el gobierno sionista; entre el pueblo yemení y el gobierno de Arabia Saudí; entre los derechos de mujeres y niñas y los de los hombres.
 
Y no puede haber equidistancia porque siempre y en todos los casos que he nombrado y en otros muchísimos más hay quienes se llevan la peor parte y, por tanto entre quienes sufren las consecuencias de quienes ostentan el poder y los privilegios.
 
Los derechos de las mujeres y las niñas han sido pisoteados a lo largo de la historia por los hombres de toda clase y condición, llegando incluso a negarles durante muchos siglos su condición de persona. Aún hoy en día no es difícil escuchar noticias del tipo "Ha llegado una patera con once personas y cinco mujeres". Y este ejemplo es real.
 
Que el patriarcado tiene la habilidad de camuflarse de cualquier manera para subsistir, es algo que ya sabemos. Pero la ofensiva que está llevando a cabo en estos momentos con temas tan sensibles como la paternidad mediante vientres de alquiler es alarmante. Y como siempre cuenta con el capitalismo y grandes medios de comunicación a su favor.
 
No crea que sea justo ni equitativo hablar de altruismo y de generosidad de las mujeres gestantes porque tienen que hacerlo como consecuencia de necesidades económicas. Mientras que los padres lo hacen por satisfacer su DESEO de perpetuar su linaje. Porque si realmente necesitan satisfacer su paternidad, la adopción de bebés seria la opción más solidaria.
 
Dicho esto, me resulta imposible empatizar cómo esta gentuza famosilla que impone de forma hegemónica sus deseos hechos realidad gracias a las necesidades de mujeres de otras partes del mundo. Y me resulta imposible porque evidentemente no soy equidistante entre las dos partes.
 
Gente que pretende imponer un debate para que se legisle sobre cómo satisfacer un deseo personal a costa de la salud de las mujeres. Gente que con dinero cree que puede comprarlo todo, incluso "alquilando" vientres de mujeres. Gente caprichosa y despreciable a quien lo único que le importa es la satisfacción de sus deseos a toda costa. No, conmigo que no cuenten.
 
El debate que han impuesto nace viciado para convertir en derechos lo que son solo deseos. Y ahí no puede existir equidistancia. La salud de demasiadas mujeres e incluso niñas está en juego.
 
El neoliberalismo patriarcal pretende pasar por encima de los derechos de las mujeres jugando torticeramente, injustamente, con el lenguaje y utilizando de forma interesada expresiones acuñadas por las feministas. Expresiones como "lo personal es político" o "mi cuerpo es mío" están siendo utilizadas para justificar su discurso patriarcal dando la vuelta a su sentido original.
 
Es muy curioso ver cómo para impedir que las mujeres podamos interrumpir embarazos voluntariamente se nos intente despojar de nuestra capacidad de decisión sobre nuestro propio cuerpo, mientras que se nos devuelve toda esa capacidad de decisión cuando de satisfacer los derechos de paternidad de otros se trata.
 
El debate de los vientres de alquiler está servido. Hay muchos intereses patriarcales de por medio. Y por supuesto mucho negocio. Pero al igual que ocurre con la prostitución, el patriarcado pretende convertir deseos en derechos y no duda ni un segundo en intentar apropiarse del cuerpo de las mujeres y las niñas. Aunque sea "alquilando" partes de este, con tal de satisfacer esos deseos y seguir alimentando su "alter ego". Lo encuentran natural incluso. Y solo cuando esa "naturalidad" es cuestionada al poner los derechos de las mujeres al mismo nivel que los suyos, entonces sale en tropel la manada patriarcal clamando el mantenimiento de sus privilegios patriarcales de convertir en derechos lo que solo son deseos.
 
No, no es posible mantener una equidistancia cuando los derechos de más de la mitad de la población están en juego. Pretender mantenerla es una perversa estrategia patriarcal que disfraza de generosidad y altruismo lo que en realidad son necesidades económicas de mujeres, que no son libres para elegir gestar para otras personas con los riesgos para su salud integral que eso conlleva.
 
Y esa perversa estrategia patriarcal está alimentada por un neoliberalismo feroz que no tiene límites a la hora de diseñar líneas de negocios rentables. Aunque la materia prima para esos negocios sean los cuerpos de las mujeres y de las niñas.
 
Y lo mismo ocurre con el negocio de la trata de mujeres y niñas para su explotación sexual en donde tampoco podemos ser equidistantes.
 
Los derechos de las personas, por encima de todo y siempre, por supuesto. Pero de TODAS las personas. Y las mujeres y las niñas somos personas con derechos.
 
Y en estos temas mantener equidistancia es alimentar al neoliberalismo patriarcal más perverso que utiliza nuestros cuerpos para sus negocios. Porque allá donde existe necesidades por cubrir no existen libertades plenas para decidir.
 
tmolla@telefonica.net
 
* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.
 
17/TMC/GG








ENTREVISTA
FEMINISMO
   No sólo se compra sexo, sino dominio y humillación
“Fuera de ética y de sentido común” legalizar prostitución: Amélia Valcárcel
Amélia Valcárcel, una de las referentes teóricas más importantes en el feminismo de la igualdad, quien en marzo pasado, fue reconocida Doctora Honoris Causa por la Universidad de Valencia | CIMACFoto: Lucía Lagunes Huerta
Por: Lucía Lagunes Huerta y Cecilia Lavalle Torres
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 23/11/2016

La reglamentación o no de la prostitución tiene sus horas contadas dentro de la Constituyente de la Ciudad de México. El próximo 10 de diciembre, será  votado dentro de la Comisión de Derechos Humanos, uno de los temas que más violencia ha desatado contra organizaciones y feministas abolicionistas, durante la realización de los foros públicos.
 
Antes de que el debate sobre la reglamentación de la prostitución en la Constituyente de la Ciudad de México estuviera en su punto más álgido- pero ya con los esbozos de lo que podría venir- en octubre del 2015, tras su seminario “Construyendo el Humanismo del Siglo XXI” impartido en el Tecnológico de Monterrey, organizado por la Cátedra Alfonso Reyes, tuvimos la oportunidad de conversar con una de las referentes teóricas más importantes en el feminismo de la igualdad, Amélia Valcárcel, quien en marzo pasado, fue reconocida Doctora Honoris Causa por la Universidad de Valencia.
 
Uno de los temas que abordamos en esta entrevista conjunta, fue la tendencia a la reglamentación de la prostitución, que ya venía creciendo desde hace un quinquenio atrás. La también Consejera Electiva del Consejo de Estado (Supremo órgano consultivo del gobierno español) considera que la legalización de la prostitución, coloca en crisis la idea de sujeto como tal.
 
Para la filósofa y feminista española Amélia Valcárcel, “buscar la reglamentación de la prostitución es una posición que pertenece a la defensa del orden más antiguo, fuera de ética y de sentido común”.
 
- Cecilia Lavalle Torres (CLT): En la Ciudad de México hay una postura muy fuerte en la que algunas feministas están de acuerdo, para legalizar la prostitución.
 
-Amélia Valcárcel (AV): No me extraña. Yo creo que eso al patriarcado le encanta, encontrará muchos aliados.
 
- Lucía Lagunes Huerta (LLH): Uno de los argumentos es que consideran que esto es un problema de la moral de “algunas feministas” porque no entienden que haya mujeres que decidieron de manera autónoma usar el cuerpo como un terreno del trabajo.
 
- AV: Ya, ya. Todas trabajamos con el cuerpo, ahora mismo estamos hablando y estamos trabajando con el cuerpo, Pero una cosa es trabajar con el cuerpo y otra vender, siquiera sea por ratos, nada menos que el propio pudor  y la propia capacidad de unirse a otra persona sexualmente.
 
Pedir esto (vender la capacidad de unirse a otras sexualmente), pedírselo a alguien; es pedir algo que definitivamente la pone al borde de la crisis como sujeto. Además todo esto es estrategia neoliberal en directo. Todo lo que se pague está bien, todo lo que se cobre está bien ¿verdad? Pues no, no todo lo que se paga está bien, no todo lo que se cobre está bien.
 
Que tiene que haber regulación al acceso al cuerpo de las mujeres, ¡es una atrocidad! El movimiento feminista se empeñó desde hace 200 años que la prostitución, que siempre ha estado reglamentada, dejara de estar, y le costó mucho.
 
Hasta 1950, realmente no se tomó el acuerdo internacional de que se desreglamentara la prostitución. Volver a decir que se reglamente pertenece a la defensa del orden más antiguo.
 
Hay que recordar que en el año 1949 la Asamblea de Naciones Unidas adoptó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, que en su primer párrafo señala que: “la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad”.
 
- AV: Yo no creo que una persona que se prostituya esté haciendo nada especialmente terrible, ni que sea especialmente inmoral, por lo tanto, a mí la moralina antigua no me afecta. Probablemente esa persona lo está haciendo por muchas razones que ella conoce. Pero creo que el que va a comprar sexo está haciendo mal y no hay que facilitárselo.
 
El problema es el “cliente”, por llamarle “cliente”, que es una manera demasiado suave de llamarle al que va a lo que va, porque no sólo va a comprar sexo, va a comprar dominio, la humillación del otro, aunque esté sólo en su cabeza.
 
Y luego además decir esto en el momento en que uno de los más graves problemas internacionales que tienen las mujeres es la trata, eso ya no sólo es una falta de ética, es una falta de sentido común.
 
Cabe recordar que existen dos propuestas en la Asamblea Legislativa. Una presentada en octubre por la diputada priista Jany Robles Ortiz quien sugiere crear la “Ley que Regula el Trabajo Sexual en el Distrito Federal”; y la segunda presentada por el legislador del Partido Verde, Fernando Zárate Salgado, quien plantea reformar la Ley de Cultura Cívica para que la “prostitución” ya no sea una falta.
 
En paralelo la Asamblea Constituyente analiza el proyecto de Constitución Política de la Ciudad de México, un borrador que en su artículo 15, apartado F, numeral 3, inciso b, dice que las autoridades de la ciudad “reconocen y protegen el trabajo sexual voluntario y autónomo como una actividad lícita”.
 
16/LLH/CLT/LGL








Pages

Subscribe to RSS - patriarcado