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Sin deleite para las mujeres: 3 mil 500 boletos vendidos no son ningún triunfo

Por Patricio Bidault *

Bajo circunstancias normales, un partido entre las selecciones nacionales de Irán y Camboya llamaría la atención exclusivamente de iraníes y camboyanos. Pero el partido clasificatorio para el mundial de Catar en 2022 se juega el 10 de octubre, la fecha que la FIFA puso como límite para que Irán levantara definitivamente el veto que, desde 1981, prohíbe a las mujeres entrar a cualquier estadio del país—hace mucho que en Irán las circunstancias no son normales.

En un principio, la venta de boletos que se llevó a cabo el pasado 3 de octubre pasado se llamó histórica—3,500 fueron los boletos destinados exclusivamente para mujeres, mismos que se agotaron en solo unas horas.

Para celebrarlo, muchas aficionadas subieron fotos de si mismas a Twitter presumiendo su boleto, acompañadas de la etiqueta “ven conmigo al estadio”, en farsi. Pero una vez que se dispersó la emoción inicial, comenzaron el análisis y, con él, las sospechas: en el pasado, las autoridades iraníes han fingido progreso donde no lo hay para quitarse algo de presión de encima y mantener vivo al veto.

Éste existe desde la Revolución de 1979 y no es una ley promulgada, sino una práctica civil sin ningún obstáculo—legal o de cualquier otro tipo—para ser abandonada. La muerte este mismo año de Shahar Khodayari, una aficionada de 29 años que se inmoló frente a los tribunales donde la condenaron a seis meses en prisión por tratar de entrar disfrazada al estadio, puso la atención del mundo en el veto y la FIFA debió aumentar la presión sobre el gobierno iraní para removerlo.

En realidad, la FIFA ha insistido tibiamente que se debe permitir que las mujeres entren a los estadios del país desde que el vecino, Catar, ganó la sede del mundial de 2022. Como respuesta, ocasionalmente las autoridades han dejado entrar a algunas mujeres a unos cuantos juegos, como a la final de Liga de Campeones de Asia, pero siempre habían sido menos de un millar. En comparación, el número de lugares asignados para el partido eliminatorio del 10 de octubre parece un enorme progreso, pero es una cifra engañosa. El estadio Azadi tiene capacidad para 80 mil asientos; 3 mil 500 de ellos son sólo el cinco por ciento del total de lugares—simplemente no es suficiente para pregonar un cambio significativo.

Voces en contra de la simulación

La organización Human Rights Watch incluso advierte que son las mismas tácticas de antes. “Cualquier concesión permitida por la FIFA de limitar al número de mujeres que puede asistir a los estadios”, advierte el director de las iniciativas globales de Human Rights Watch, Minky Worden, “sólo empodera a aquellos tradicionalistas […] para mantener las restricciones discriminatorias”.

La activista Maryam Shojaei, quien ha mantenido una campaña de rechazo al veto por un lustro, y además es hermana del capitán de la selección iraní, tampoco está convencida del progreso que celebran: si las autoridades están proponiendo “precios diferentes para los boletos, puertas de acceso diferentes y secciones de asientos diferentes, están tratando a las mujeres diferente que a los hombres” sin abandonar la opresión de la discriminación de género.

Una falta que el artículo 4 de los estatutos de la propia FIFA supuestamente castiga con mano dura: “la discriminación de cualquier tipo contra un país, persona o grupo de personas […] está estrictamente prohibida y es punible con la suspensión o expulsión” de cualquier miembro de la FIFA [mi énfasis].

Igual que Shojaei, las activistas anónimas detrás de la cuenta de Twitter OpenStadiums, que vigila e informa casi exclusivamente sobre este problema, tampoco están convencidas de la impresión positiva de la compra de los 3 mil 500 boletos, e incluso sugieren que las autoridades podrían aprovechar el evento para intentar generar alguna controversia que confirme la histórica restricción de entradas.

Reportan en un tuit que, a pesar de que la sección asignada para las mujeres en partido ante Camboya está en el lado oeste del estadio, el acceso es por la puerta este; es decir, las asistentes deberán rodear la totalidad del inmueble a pie.

Una vez en su sección estarán separadas del resto de la concurrencia como ganado. Unas fotografías publicadas en la cuenta de OpenStadiums muestran las modificaciones que se le están haciendo al estadio, cuyo nombre en farsi significa “libertad”, para la ocasión—una jaula, como aquellas que separan a las barras rivales en partidos particularmente violentos: “la Asociación de Futbol Iraní está haciendo todo para matar el deleite de las mujeres”, acusan.

¿Un (segundo) día festivo para el futbol?

La FIFA mantiene que, a pesar de la pequeña sección del estadio y del lejano acceso y de la falta de transporte y de la jaula, la venta de 3 mil 500 boletos evidencia que sí se está progresando; que es solo el primer paso para lograr el tan deseado acceso total—no solo al estadio Azadi, sino a los del resto del país; y no solo para partidos y torneos internacionales, sino para aquellos a nivel de clubes.

Sin embargo, Maryam Shojaei pone esta meta en duda, haciendo notar que ningún estadio—fuera del Azadi—cuenta siquiera con baños para las mujeres, y sugiere que la estrategia de la FIFA está al revés: más que enfocarse en los partidos del mundial, debería presionar para conseguir el acceso femenino a los partidos del campeonato doméstico: “las ligas son más frecuentes y más importantes que los partidos del mundial, y la FIFA debe darles un ultimátum para los partidos de la liga para que las familias puedan ir juntas a ver los juegos”.

Pero la FIFA es famosa por exagerar la importancia de sus logros. En marzo del 2018, 35 mujeres fueron arrestadas por intentar entrar al estadio Azadi disfrazadas durante un juego en el que se encontraba el presidente Gianni Infantino en las gradas. Para calmar ánimos, ese mismo noviembre se permitió el acceso a solo un puñado de aficionadas, que arrumbaron en su propia sección de la tribuna, durante las finales del torneo de confederaciones asiáticas. Funcionó: Infantino felicitó al gobierno iraní por el supuesto progreso y nombró a la ocasión “un día festivo para el futbol”.

El día festivo real, el verdadero logro, será cuando las mujeres puedan asistir a un estadio en Irán y sentarse libremente en el lugar de su elección. Hasta lograrlo, la FIFA deberá poner especial cuidado en no seguir cayendo en las farsas disfrazadas de progreso y, sobre todo, en evitar abandonar la lucha una vez que el árbitro silbe el final del último encuentro del próximo mundial y todo regrese a la normalidad, cuando un encuentro entre Irán y Camboya interese, de nueva cuenta, exclusivamente a iraníes, camboyanos, y a aquellas mujeres que quieran ir a verlo al estadio.

* Artículo retomado de http://apuntesderabona.com/

 

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