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Efecto COVID-19 en lo más débil de la economía: las trabajadoras

Por Carmen R Ponce Meléndez
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CIMACFoto: César Martínez López

La pandemia del COVID-19 es uno de los desafíos más serios que ha enfrentado la humanidad en tiempos recientes. Todavía se desconoce lo que podrá ser su costo total en vidas humanas

Las mujeres se han visto desproporcionadamente afectadas por la pandemia; trabajan mayormente en el sector informal y en los sectores más perjudicados, su capacidad para absorber choques económicos es menor y se hacen cargo de mayores demandas de cuidado en el hogar, al tiempo que se ven más expuestas al aumento de la violencia. Previamente ya mostraba tasas elevadas de violencia de género.

La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres deben estar en el núcleo de la respuesta. Una limitante muy importante para poder absorber los efectos de la pandemia es el ingreso y la enorme desigualdad en que se encuentran las mujeres respecto a los hombres. Tanto en la formalidad como en la informalidad el ingreso masculino es superior.

Y lo más grave, la diferencia del salario femenino de la formalidad -versus- informalidad, alcanza un 55.2 por ciento. Obedece a la carencia de un salario social, de la seguridad y en general de los derechos laborales. (ver gráfica).

Significa más pobreza, debilidad para enfrentar las pandemias. Son las mujeres que no pueden tener confinamiento porque diariamente deben salir a perseguir o conseguir el pan de cada día. Están fuera de toda seguridad social.

No sólo son las del comercio ambulante, incluye a trabajadoras sin contrato, las de la subcontratación o del llamado outsourcing; trabajadoras del hogar y jornaleras agrícolas. Son familias enteras en la total desprotección. Las condiciones de sus viviendas también es un impedimento para el confinamiento, sin mencionar la violencia doméstica que las expulsa a la calle, con todo y los hijos.

Ahí es indispensable aplicar un ingreso mínimo vital, es de carácter temporal y no condicionado. ONU, la Comisión Económica para Para América Latina y el Caribe (Cepal) y otras autoridades internacionales señalan la pertinencia de aprobar medidas extraordinarias para los que menos tienen.

El #IngresoVital complementa a los programas sociales y no pone en riesgo la estabilidad económica del país.

Al carecer de ingresos, de nuevo las calles de la CDMX y de otras ciudades están llenas de comercio ambulante -peligrosamente incluye venta de comida-, a muchas de ellas las acompañan sus hijos, no hay escuelas y no hay acceso a guarderías del IMSS, por su carácter de trabajadoras informales. La desigualdad que esto provoca es brutal.

En la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) de mayo finalmente el Inegi sí incluyo a las mujeres, las había borrado de la estadística laboral. Estos son los principales resultados comparando mayo de 2019, con el mismo mes de 2020:

  • La participación de las mujeres en el mercado laboral disminuyó de 44.9 a 35.3 por ciento. Es impresionante el efecto de la pandemia en lo más débil de la economía: las mujeres trabajadoras
  • Tasa abierta de desocupación aumentó  de 3.2 a 4.6 por ciento
  • La población económicamente activa disponible sufre un dramático crecimiento, pasa de 13.2 a 33.1por ciento. Eso es desempleo de mujeres, un aumento de una diferencia de casi 20 puntos porcentuales. Ese es el crecimiento real del desempleo.
  • Lo mismo sucede en el caso de las trabajadoras por cuenta propia que crecieron de 14.5 a 24.3 por ciento. Es decir, muchas mujeres perdieron sus empleos formales y por lo tanto se convierten en trabajadoras por cuenta propia, en la desprotección total.
  • La disminución por el impacto en la población económicamente activa se ubica fundamentalmente en el sector servicios como es lógico, porque una de los de las áreas más afectadas es precisamente el sector Turismo y no hay que perder de vista que 55.1 por ciento de las mujeres están en la informalidad, sin derechos laborales.

Estas cifras confirman lo dicho por la OIT en su informe sobre la pandemiadel mes de junio: “Habida cuenta de que la crisis de la COVID-19 afecta de forma desproporcionada a las mujeres trabajadoras de muchas maneras, existe el riesgo de que se produzca un retroceso con respecto a algunos avances logrados en los últimos decenios, y de que se exacerbe la desigualdad de género en el mercado laboral”. En el caso de México es evidente que ya hay un retroceso, será difícil de recuperar, mucho ayudaría un ingreso mínimo vital.

¿Por qué hay tanta informalidad? Un factor a considerar es el tamaño de las empresas y su capacidad para operar con derechos laborales, capacitación, tecnología, entre otros. Según el censo económico de 2019 del Inegi: En nuestro país 94.9 por ciento de los establecimientos son tamaño micro; 4.9 por ciento son pequeños y medianos (PYMES) y 0.2 por ciento son grandes; ahí están las trabajadoras formales, minoría.

Entre los negocios micro y pequeños, la participación de las mujeres como dueñas de negocios se incrementó de 35.8 por ciento en el censo de 2009, a 36.6 por ciento.

Seis de cada diez establecimientos son informales. Las entidades federativas que tienen los mayores porcentajes de personas ocupadas en negocios informales son: Oaxaca, Guerrero y Chiapas, con 50.1, 45.6 y 40.0 por ciento, respectivamente. Ahí predomina la pobreza.

Y todavía se preguntan por qué se ha generado una ola de contagios y sigue extendiéndose la pandemia de salud. Ese núcleo de poblacion ha mostrado una fuerte desobediencia y rebeldía para atender los protocolos de salud. Pero no son los únicos, en las colonias Polanco, Roma o Condesa, sucede lo mismo. ¿Por qué negarse a usar cubrebocas si eso les puede salvar la vida?. Evidentemente la vida de “otras personas” importa mucho menos, así que argumentar la posibilidad de extender el contagio es inocuo.

En los estados sucede algo muy similar, priva el pensamiento mágico, la negación y el COVID no existe, el y los gobiernos (de los estados), mienten. Los resultados que presentan los informes de las autoridades de Salud reflejan esa crítica situación, pero eso sí, son duramente cuestionados, y la campaña sucia (incluye a los medios), es criminal. Y no basta con la explicación económica; en el trasfondo de esa rebeldía y la falta de solidaridad hay una historia de explotación y resentimiento social.

Es indispensable hacer un diagnóstico diferencial muy puntual. Echarle toda la culpa del crecimiento de la pandemia  exclusivamente a las autoridades de Salud, además de ser FALSO, no permite avanzar en lograr una alianza de cooperación con la sociedad. Un nuevo pacto social, se ha dicho hasta el cansancio.

Atención a la pandemia de salud tiene prioridad porque es protección de vidas, empezando por las de las trabajadoras de salud, 7 de cada 10 son mujeres, guerreras luchando por la vida.

Además, tanto el Estado como los gobiernos estatales están obligados a dar una respuesta de protección económica más contundente. A todas esas mujeres en pobreza por su carácter de informalidad laboral, súmele las desempleadas y tendrá un escenario de mucha pobreza feminizada, con expectativas de recuperación de largo plazo. Una década pérdida.

El COVID‐19 provocará en el país y en toda América Latina la peor recesión de los últimos 100 años y se estima que generará una contracción del 9.1 por ciento del producto interno bruto (PIB) regional en 2020.

El informe “El impacto del COVID-19 en América Latina y el Caribe”, de julio de este año, advierte que “los costos de la desigualdad en la región se han vuelto insostenibles. La respuesta exige encontrar un nuevo equilibrio entre el papel del Estado, el mercado y la sociedad civil”.

20/CRPM/LGL

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