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Qué es el patriarcado y por qué luchar por un feminismo anticapitalista

Por Diana Hernández Gómez

Ciudad de México.- Una de las categorías que más resuena en las teorías feministas es la de “patriarcado“. Probablemente todas la hemos escuchado y la usamos una y otra vez para hablar de aquello que nos oprime, pero ¿qué significa? ¿Qué implica para la lucha de las mujeres? Y ¿cómo se relaciona esto con una postura anticapitalista?

En su investigación doctoral Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, Marcela Lagarde y de los Ríos explica que el concepto de patriarcado tal como lo empleamos actualmente surgió en el siglo XIX. En ese entonces, feministas y socialistas –estas últimas y últimos armados con las aportaciones marxistas– comenzaron a imaginar mejores futuros posibles.

Pero para pensar en otras formas de vida, también es necesario aprender sobre nuestro presente para saber cómo transformarlo. Y así –menciona Lagarde–, varias teóricas y activistas feministas empezaron a caracterizar al patriarcado.

Entonces, ¿qué es?

De acuerdo con el filólogo Martín Alonso Pedraz, concebimos el término “patriarcado” como una organización social en la que un jefe varón ejerce la autoridad en cada familia; además, una vez que ese jefe no está, su linaje se extiende al resto de los varones en el grupo.

Sin embargo, el marxismo del siglo XIX va más allá y plantea la idea de que la organización de la sociedad en conjunto era patriarcal en ese momento. Y, tal vez, las cosas no han cambiado mucho desde ese entonces. 

Basta con pensar en diversas políticas públicas que no contemplan las necesidades específicas de las mujeres o la manera en la que los hombres nos agreden y minimizan cotidianamente con acoso sexual, gaslighting y un sinfín de violencias más.

El marxismo puso esta discusión sobre la mesa, y las mujeres dentro y fuera de los movimientos socialistas se encargaron de nutrirla desde diferentes ángulos. Así se llegó a la conclusión (una entre muchas otras) de que la mujer es oprimida desde distintas trincheras, todas ellas relacionadas con el principal enemigo del marxismo: el capitalismo.

Entre las opresiones capitalistas hacia las mujeres, la teórica Zillah R. Eisenstein destaca tres; la primera es la estructura de clases. Históricamente, esta estructura ha mantenido en mayor pobreza y desigualdad a las mujeres por razones de género. 

Instituciones como la policía están estructuradas con base en los principios patriarcales y reproducen diversas violencias contra las mujeres.
Foto: CIMACFoto / Samantha Bushman y César Martínez López

La segunda forma de opresión es el orden jerárquico masculino-femenino, el cual está presente en los hogares, pero también en distintos ámbitos sociales como la laboral y la política. ¿Cuántas, por ejemplo, hemos sido menospreciadas por nuestros jefes en los trabajos que hemos tenido? ¿A cuántas mujeres vemos en los lugares de toma de decisión en los gobiernos?

Por último, Zillah R. Eisenstein habla sobre la división racial del trabajo. En este sentido, no es raro que encontremos imágenes mediatizadas de mujeres negras que realizan exclusivamente trabajos domésticos o se dedican al campo o la agricultura. Sin embargo, estos son estereotipos que mujeres como Francia Márquez están rompiendo.

Las características del patriarcado

La antropóloga Marcela Lagarde describe tres características esenciales del patriarcado: una de ellas es el antagonismo genérico que mantiene a los hombres en posiciones de dominación y a las mujeres en sumisión.

Esto se expresa de diferentes maneras: en partidos políticos, esferas religiosas y hasta en los hogares, por ejemplo, los varones suelen ocupar más lugares de poder. Y en lo simbólico, estamos plagadas de expresiones machistas en la lengua como “pareces mujer”, las cuales nos denigran e invisibilizan como sujetas de derechos dignas de respeto.

La segunda característica es la división entre las mismas mujeres. De acuerdo con Lagarde, esto ocurre por la competencia aprehendida para ocupar los pocos espacios que nos dejan los hombres. Con ello, además, se abre la posibilidad de que las mujeres también repitamos conductas patriarcales para ejercer cierta dominación sobre las otras.

Por último, Lagarde señala al machismo como una característica fundamental del patriarcado. El machismo se basa en la discriminación de la mujer, a quien se le considera –y se desea conservar– como alguien “inferior”.

La opresión del patriarcado más allá de las mujeres

Finalmente, Marcela Lagarde nos recuerda que el patriarcado provoca dependencias desiguales hacia sus instituciones. De ahí que, para la teórica, este sistema social y político no solo afecte a las mujeres, pues también atraviesa los cuerpos de personas con discapacidad, infancias, homosexuales, obreras y obreros, y otros grupos que han sido relegados históricamente a los márgenes y la precariedad.

Así como hay diferentes manifestaciones del feminismo, hay distintas formas en las que nos encontramos con el patriarcado; esto quiere decir que la opresión no tiene siempre el mismo rostro, por lo que las alternativas para enfrentarla tampoco son iguales. Sin embargo, el objetivo de la lucha es el mismo: llevar a las mujeres a la libertad e imaginar que podemos habitar un mejor futuro.

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