El documental Camino hacia una vida plena: mujeres deportadas y retornadas recupera las experiencias de mujeres migrantes.
La migración de las mujeres no puede entenderse únicamente como el desplazamiento de un país a otro. Detrás de cada salida existen historias atravesadas por violencia de género, persecución política, precariedad económica y la búsqueda de mejores condiciones de vida, pero también experiencias de abuso, separación familiar y violaciones a derechos humanos durante el tránsito y el retorno.
Ese es uno de los ejes que plantea el documental Camino hacia una vida plena: mujeres deportadas y retornadas, bajo la dirección de la periodista Marcela Gabioud, presentado en la Casa Refugio de la Memoria, en Ciudad de México donde especialistas y mujeres con experiencias migratorias compartieron reflexiones sobre las distintas etapas que atraviesan quienes son deportadas o retornadas.
La producción está dividida en capítulos que recorren desde las razones que llevan a las mujeres a abandonar sus países de origen hasta las dificultades que enfrentan al intentar reconstruir su vida después de la deportación.
Migrar también significa dejar atrás a la familia
El primer capítulo parte de Venezuela y recoge testimonios de mujeres de distintos países de América Latina, entre ellos Guatemala, El Salvador y Colombia.
Sus historias muestran que no existe una única razón para migrar. Algunas mujeres salen de sus países debido a situaciones de violencia de género; otras lo hacen por razones políticas, económicas o ante la necesidad de encontrar oportunidades para ellas y sus familias.
La experiencia migratoria tampoco es igual para todas.
Durante el conversatorio posterior a la proyección, Norma Mendieta, de CAFAMI, explicó que las mujeres retornadas enfrentan señalamientos por ser migrantes y, al mismo tiempo, dificultades para reincorporarse a los roles familiares que tenían antes de migrar.
La separación puede modificar profundamente los vínculos con hijas e hijos. Algunas mujeres fueron proveedoras económicas durante el tiempo que estuvieron fuera, pero esa condición implicó no estar presentes en la vida cotidiana de sus familias.
El regreso, por ello, no siempre significa recuperar inmediatamente los vínculos que quedaron atrás.
Una de las reflexiones compartidas durante el encuentro fue que las mujeres retornadas suelen reincorporarse rápidamente a sus familias, a diferencia de los hombres, debido en buena medida a las responsabilidades de cuidado que socialmente se les asignan.
La maternidad y los cuidados, sin embargo, también pueden convertirse en una fuente de tensiones cuando el tiempo y la distancia han transformado las relaciones familiares.
Violencia sexual y abusos durante el tránsito
El segundo capítulo del documental aborda las diferencias entre las experiencias de las mujeres durante la migración y las violencias que pueden enfrentar en el camino.
Entre ellas aparecen abusos sexuales, explotación y situaciones en las que las mujeres son captadas o utilizadas por grupos del crimen organizado.
La experiencia migratoria se vuelve así un recorrido marcado por múltiples vulnerabilidades.
A ello se suma la falta de información clara sobre los servicios disponibles para las personas migrantes. Durante el conversatorio, una de las participantes señaló que acercarse a colectivos y organizaciones tampoco siempre resulta sencillo, particularmente cuando una mujer se encuentra sola en un país que no es el suyo.
“Si hay un problema serio es estar sola en un país que no es tuyo”, dice una de las mujeres entrevistadas para el documental.
La frase resume una de las principales dificultades señaladas durante el encuentro: la soledad y la falta de redes pueden profundizar las condiciones de vulnerabilidad de las mujeres migrantes.
Detención y deportación: el otro rostro de la violencia
El tercer capítulo, referido como “Tirados en la frontera”, aborda las experiencias de personas migrantes detenidas en Estados Unidos y las condiciones que enfrentan durante esos procesos.
Los testimonios recuperados en el documental hablan de condiciones inhumanas, violaciones a derechos humanos y separación familiar.
Durante el conversatorio, Gretchen Kuhner, del Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI), explicó que desde 2025 la organización ha trabajado con personas deportadas que llegan a México procedentes de distintos países.
Entre las nacionalidades identificadas se encuentran personas de Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Honduras.
Kuhner señaló que México ha recibido a más de 20 mil personas deportadas en ese periodo y destacó que entre ellas también hay mujeres, niñas y niños.
Uno de los problemas que identificó es que muchas personas de terceros países llegan a México sin información suficiente, sin documentación y sin saber con claridad a dónde acudir.
“Mujeres de otras nacionalidades […] estoy ante un lugar que desconozco y me mandan a lugares sin información y sin documentación”.
La situación adquiere una dimensión adicional cuando existen familias separadas.
De acuerdo con Kuhner, México cuenta con mecanismos para reunificar a familias mexicanas, pero existen mayores dificultades cuando se trata de familias de terceros países que quedan separadas como consecuencia de los procesos migratorios.
Por ello, insistió en la importancia del acompañamiento para quienes llegan al país después de una deportación.
“Las mujeres no solo migran, lo hacen con sus hijas e hijos”
Durante el conversatorio, Marcela Gabiou habló sobre la importancia de mirar las historias de las mujeres migrantes sin partir de prejuicios sobre las razones que las llevaron a salir de sus países.
También llamó a evitar la revictimización al escuchar relatos marcados por experiencias traumáticas y destacó que, a pesar de las situaciones adversas, las historias también pueden mostrar procesos de reconstrucción y esperanza.
“Las mujeres no solo migran, lo hacen con sus hijas e hijos. Y aun así guardan la esperanza”.
La frase coloca en el centro una dimensión que suele quedar fuera de las narrativas sobre migración: las mujeres no solamente son personas que se desplazan, también son cuidadoras, madres, proveedoras y sujetas que toman decisiones sobre sus propias vidas en contextos de profunda desigualdad.
Reconstruir la vida después del retorno
Las historias de Ivana y Moraina, dos mujeres migrantes que participaron en el encuentro, permitieron trasladar las reflexiones del documental a experiencias concretas.
Una de ellas, de origen cubano, relató que ha conseguido una mayor inserción en México a partir del acceso a oportunidades, pero también compartió experiencias de violencia por parte de una entonces pareja y las dificultades para encontrar información confiable sobre los recursos disponibles para las personas migrantes.
La otra participante habló sobre lo complicado que puede resultar regresar al país de origen después de haber construido una vida en otro lugar.
Ambas coincidieron, desde sus propias experiencias, en que el retorno puede estar acompañado por una pérdida de identidad y por la sensación de no pertenecer completamente al lugar al que se regresa.
A esto se suma la ausencia de espacios para hablar de lo vivido.
Durante el encuentro también se señaló que existen pocos espacios específicamente destinados a escuchar las experiencias de las mujeres deportadas, pese a las violencias diferenciadas que enfrentan durante la migración, la detención y el retorno.
