El diplomado de la CIGU reunió a 66 egresadas que desarrollaron herramientas y proyectos para acompañar a nuevas generaciones y visibilizar las aportaciones de las científicas.
Crear redes de acompañamiento entre mujeres, recuperar las aportaciones científicas que han sido históricamente invisibilizadas y transformar las condiciones de participación femenina en el ámbito académico son algunos de los objetivos que impulsó la primera edición del Diplomado de Especialización “Mentorías feministas para la iniciación científica”.
El programa, coordinado por la Coordinación para la Igualdad de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México (CIGU), concluyó este 1 de octubre con una ceremonia realizada en el Pabellón de la Biodiversidad de Ciudad Universitaria, donde se presentaron los proyectos desarrollados por las participantes.
La iniciativa buscó fortalecer el desarrollo de las mujeres en la ciencia mediante redes de colaboración feminista intergeneracionales, a partir de un proceso de aprendizaje colectivo que comenzó en enero de 2026 y se extendió durante nueve meses.
Más de 223 mujeres se postularon al diplomado
De acuerdo con Rubén Hernández Duarte, director de Políticas de Igualdad y No Discriminación de la CIGU y parte de la coordinación ejecutiva del proyecto, el diplomado recibió más de 223 postulaciones, de las cuales 66 estudiantes concluyeron el programa.
De las egresadas, 32 cuentan con doctorado, 22 con maestría y 12 con licenciatura, quienes recibieron sus constancias durante la ceremonia de clausura.
El programa planteó la mentoría desde una perspectiva feminista, considerando las distintas circunstancias de quienes participan en los procesos de acompañamiento.
“A lo que apostamos es a que la mentoría que aquí trabajamos desde el enfoque feminista se sitúe y se ajuste a las posibilidades, contextos, tiempos e intereses de las mentoras y los mentores”, señaló Hernández Duarte.
De esta manera, el acompañamiento no se plantea como un modelo único, sino como una herramienta que puede adaptarse a las experiencias y necesidades de las mujeres que buscan desarrollarse en el ámbito científico y académico.
Reconocer a las científicas también es combatir el borrado histórico
Durante la clausura, Jennifer Escobar Medina, coordinadora ejecutiva del Diplomado, recordó que las mujeres científicas han enfrentado obstáculos estructurales que no sólo han limitado su participación, sino que también han contribuido a invisibilizar sus aportaciones.
Uno de los fenómenos relacionados con este proceso es el denominado “efecto Matilda”, término documentado por la historiadora Margaret Rossiter en 1993 para describir la apropiación o falta de reconocimiento de las contribuciones científicas realizadas por mujeres.
Entre los casos paradigmáticos se encuentra el de Rosalind Franklin, cuyo trabajo con la llamada Fotografía 51 fue fundamental para comprender la estructura del ADN, así como el de Jocelyn Bell Burnell, quien descubrió los púlsares, mientras que el Premio Nobel de Física de 1974 fue otorgado a su director de tesis Antony Hewish y a Martin Ryle.
Durante la ceremonia, Escobar Medina destacó la importancia de recuperar estos nombres y reconocer las contribuciones de las mujeres que han formado parte de la historia de la ciencia.
“Cada nombre que se lea esta tarde se lee contra esa inercia”, afirmó.
Mentorías feministas para abrir camino a nuevas generaciones
Para Patricia Castañeda Salgado, directora de Planeación, Vinculación y Proyectos Especiales de la CIGU y coordinadora académica del Diplomado, el cierre de esta primera generación representa también el comienzo de una nueva etapa: llevar los aprendizajes obtenidos a los espacios académicos y profesionales de las participantes.
Castañeda Salgado destacó la importancia de impulsar proyectos que contribuyan a mejorar las condiciones de vida personal y académica de las mujeres, especialmente frente a un contexto internacional en el que, señaló, se han observado retrocesos en materia científica.
La académica consideró que las herramientas desarrolladas durante el diplomado pueden contribuir a ampliar las redes de acompañamiento y permitir que más mujeres encuentren referentes y apoyo durante sus trayectorias.
“Es una oportunidad para que las más jóvenes vean que el mundo es fascinante, que está lleno de oportunidades y que hay personas que las podemos acompañar hasta que tomen su propio camino”, expresó.
Así, la primera generación del Diplomado de Especialización “Mentorías feministas para la iniciación científica” concluye con 66 mujeres que ahora cuentan con herramientas para acompañar a otras generaciones, con la apuesta de que las redes construidas durante estos nueve meses continúen creciendo dentro y fuera de la Universidad.
