Acoso sexual afecta casi a la mitad de mujeres de CA y Caribe

VIOLENCIA
   Pruebas contra su dignidad antes y después de contratadas
Acoso sexual afecta casi a la mitad de mujeres de CA y Caribe
Por: Redaccion
CIMAC | México DF.- 16/06/2009

El acoso sexual, problemática que ocurre típicamente en centros de trabajo y ambientes donde poner objeciones o rechazar puede tener consecuencias negativas, afecta a casi el 50 por ciento de las mujeres centroamericanas y caribeñas, informa Isabel Soto, en el Especial de Prensa Latina, Mujeres del Tercer Milenio.


Irma Judith Montes, coordinadora de la Comisión Ampliada de Mujeres de América Latina y el Caribe, asegura que cientos de mujeres en la región son sometidas incluso a pruebas lacerantes para su dignidad antes y después de ser contratadas.


Como en el filme País del Norte --inspirada en la vida de Lois Jonson y los abusos contra las mujeres en las minas de hierro de la Eveleth Taconite Co., en Minnesota, Estados Unidos--, las multinacionales practican pruebas para detectar posibles embarazos antes de emplearlas y luego las obligan a tomar
píldoras anticonceptivas.


Las mujeres están desprotegidas por parte de las autoridades de la zona, donde son escasas las leyes a su favor, y cientos de sindicalizadas están amenazadas hasta de muerte, afirmó Montes en una entrevista en Córdoba, España.


Defensoras de los derechos del sector coinciden en que los casos de acoso sexual se agravan porque muchas víctimas no están concientes de ello, mas un artículo aparecido en la Web del Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor), insiste en tal conducta ligada a las relaciones de poder y como una forma de discriminación por razón del género.

Si bien los hombres pueden ser también objeto de acoso sexual, la realidad es que la mayoría de víctimas son mujeres. El problema guarda relación con los roles atribuidos a uno y otro sexo en la vida social y económica lo cual, a su vez, directa o indirectamente, afecta a la situación de las mujeres en el mercado del trabajo, plantea la institución.

Impotencia, humillación, ansiedad, depresión, ira, fatiga y enfermedades físicas son apenas algunas de las posibles incidencias sobre las sometidas a esa forma de discriminación ilegal.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que las mujeres se encuentran más expuestas a semejante conducta porque carecen de poder, están en posiciones más vulnerables e inseguras, les falta confianza en sí mismas, o han sido educadas por la sociedad para sufrir en silencio.

Pero las más amenazadas por esta práctica, refieren especialistas vinculados al organismo internacional, son aquellas a las cuales se les percibe como potenciales competidoras con respecto a las posiciones de mando.

De acoso sexual se habla más desde 1974, cuando académicos de la estadounidense Universidad Cornell lo definieron como una práctica que transita desde el tacto indeseado entre compañeros de trabajo hasta los comentarios lascivos, discusiones sobre superioridad de sexo, bromas sexuales y favores de ese tipo para conseguir otros status laborales.


Resulta cuando el rechazo de una persona a esa conducta, o su sumisión a ella, se emplea explícita o implícitamente para una decisión que afecta al trabajo de esa persona (acceso a la formación profesional o al empleo, continuidad en él, promoción, salario o cualesquiera otras decisiones relacionados al mismo), puntualiza OIT/Cinterfor.


El acoso sexual se presenta de muchas formas. Una de las más notorias es el llamado acoso quid pro quo, expresión descrita como la situación de la empleada obligada a elegir entre acceder a unas demandas sexuales o perder algún beneficio que le corresponde por su trabajo.


Dado que esto sólo puede ser un hecho cometido por alguien con el poder de dar o quitar una gratificación derivada del empleo, esta forma entraña un abuso de autoridad por parte del empleador o por el agente en quien éste ha delegado su autoridad para fijar cláusulas y condiciones.


Las empresas no escapan de las abarcadoras consecuencias de esta práctica, pues la tensión, la insuficiente colaboración y trabajo en equipo, el bajo rendimiento, el absentismo y la disminución de la productividad, redundan en detrimento de sus ganancias.


El acoso sexual puede ser la razón oculta de que empleados valiosos abandonen o pierdan su puesto de trabajo, cuando habían dado muestras de un buen rendimiento, y si la empresa consiente un clima de tolerancia hacia el asunto, su imagen puede verse dañada en el supuesto de las víctimas quejarse de forma pública sobre su situación.


Estas actitudes crean un ambiente de trabajo intimidatorio, hostil o humillante para quienes las reciben y, aunque es un fenómeno reconocido en todo el mundo, pocas veces suele ser castigado como se debiera.

Limitar la cuestión sólo al chantaje sexual practicado por los empleadores o sus agentes deja en pie algunos problemas fundamentales. Eso supone excluir la conducta inaceptable entre compañeros de trabajo, con consecuencias físicas, emocionales y psíquicas tan nocivas como las del acoso por parte de un superior.

En el nivel internacional no existe ningún convenio vinculante acerca del tema, sin embargo, los órganos supervisores relevantes de la OIT y de la Organización de Naciones Unidas han concluido que hay que entenderlo como una forma de discriminación por razón del sexo.

Para la sociedad, en su conjunto, tales conductas impiden el logro de la igualdad, condonan la violencia sexual y tienen efectos negativos sobre la eficiencia de las empresas, porque entorpecen la productividad y el desarrollo, finaliza el texto de Prensa Latina.


09/IS/GG