La compleja relación con mi terapeuta

   De la relación intensa y profunda, al cuerpo cerrado
La compleja relación con mi terapeuta
Por: Cuicuizcatl (golondrina viajera)*
18/12/2007




"¿Es que acaso se vive de verdad en la tierra? ¡No por siempre en la tierra, sólo breve tiempo aquí! Aunque sea de jade, también se quiebra; aunque sea de oro, también se hiende, y aun el plumaje de quetzal se desgarra…."
(Nezahualcoyotl)

México DF, 18 dic 07 (CIMAC).- La terapia con el Dr. Ortiz fue parteaguas en mi vida. Cuando llegué con él, tenía siete meses con mi cuello chueco y ningún doctor había podido hacer nada. Tenía ese trastorno psicosomático, una depresión aguda y pensamientos suicidas.

La terapia con él me cambió la vida. Yo no sabía lo que significaba el título de "terapeuta psicocorporal", pero lo viví. A los pocos meses, ya estaba bien del cuello en un 90 por ciento, había salido de la depresión y volví a estudiar en la universidad. Pero la terapia con él se prolongó hasta hacer tres años…

En un primer momento, fue una especie de capataz que me daba órdenes absurdas y no contestaba ninguna pregunta. Mi sensación hacia él era de enojo y desconcierto. (Posteriormente me explicó que esas órdenes sin sentido eran para parar en seco mi torrente de pensamientos negativos y mi afán de cuestionarlo todo).

Luego se transformó en un maestro exigente que me hacía tomar contacto con mi cuerpo y con mis emociones. Exigente, sí, pero también inteligente. Durante la hora de terapia, pasaba de una actividad a otra, a veces contrastante, y sus decisiones eran siempre acertadas. Yo salía del consultorio con una estupenda sensación de plenitud…

El siguiente momento fue percibirlo como un padre amoroso. Era una delicia, frente a la rigidez e inflexibilidad de mi padre carnal, encontrar a este "papá" amoroso, tierno, interesado en mis sentimientos de niña, escuchando con atención mis historias de personajes fantásticos producto de la imaginación… me enseñó a dar abrazos, me enseñó a reír de nuevo desde dentro y a hacer contacto con mi niña interna. Fue una etapa muy bonita…

Luego se transformó en el novio platónico de la adolescente que despierta, y yo empecé a hacer contacto con mi sexualidad reprimida. Me "enamoré" de él, pero él lo manejó muy bien empujándome hacia hombres de mi edad, y tuve mi primera relación sexual con José Alberto.

Cuando yo entré con los danzantes y empecé a ir a velaciones y a danzar en los pueblos los días de fiesta, se cambió toda la jugada. Para mi sorpresa, descubrí que él estaba en un grupo de danza también, pero mucho más que eso. Él estaba en contacto muy cercano con curanderos y médicos tradicionales. Entonces empezamos a hablar de la energía, de la tradición, de mis símbolos y visiones. Varias veces hicimos un trabajo fuerte con mis sueños, o con mi experiencia en temazcales…

El doctor Ortiz no era simplemente mi terapeuta. Era mi guía espiritual, mi yerbero, mi masajista, mi maestro en ciencias ocultas, mi consejero, mi papá tierno y mi enamorado platónico. La terapia con él fue una relación muy intensa y profunda a muchos niveles. Él mismo me dijo un día que no con todos sus pacientes tenía ese tipo de relación tan fuerte…

Un día le estaba platicando de mis fantasías con hombres mayores. Eran dos maestros de la universidad que él conocía porque habían participado en un congreso juntos. De pronto el Dr. Ortiz paró mi discurso, me miró fijo y me preguntó si yo había tenido fantasías con él. Yo le dije que sí, pero no quise hablar más del asunto. ¿Cómo me iba a poner a desmenuzarle mis fantasías con él teniéndolo enfrente? No.

En el año 2000 yo hice una tarea que él me había encomendado: escribir mi biografía. Fue un trabajo intenso que me llevó meses y meses. Cuando terminé y se lo entregué, le hice una dedicatoria, poniéndole todos los personajes que había representado hasta el momento. Circunstancialmente, yo leía un libro de psicología y entendí de repente que todos esos personajes eran míos, no suyos, y que la terapia llegaba a su fin. Lo comenté. Él había estado pensando lo mismo, y cerramos el ciclo.

Su consultorio estaba cerca de mi casa, y yo pasaba seguido por allí. Meses después, fui a visitarlo, y me atendió unos diez minutos entre un paciente y otro. ¡Ah!, me faltó mencionar que mucho tiempo de la terapia fue también un intercambio de regalos simbólicos (imágenes y pequeños objetos). Entonces el día que fui le llevé un regalito. Meses después llegué otra vez, con otro regalito. No recuerdo cuántas visitas de ésas fueron, que yo iba a saludarlo ya sin ser su paciente.

Una de esas veces el paciente que él esperaba no llegó, y nos sentamos frente a frente en su salita de recepción a platicar. Me preguntó cómo iba mi vida sexual. Mal, como siempre. Yo tenía un novio con problemas de impotencia, y ya no sabía si el problema era más de él o más mío.

El doctor Ortiz me dejó helada cuando me dijo de pronto que él siempre tuvo fantasías sexuales conmigo, y sugirió un encuentro íntimo. Yo estaba como petrificada. ¡Por supuesto que lo quería! ¡Si lo había deseado y soñado tantas veces! Pero… ¿allí? ¿En ese momento? ¿En el consultorio? ¡Se me hacía tan raro!

Tuvimos la relación sexual. Me fue bien, pero mi sensación de desconcierto era indescriptible. Yo lo atribuí a que iba simplemente a visitarlo, no iba a eso, no estaba preparada psicológicamente, me "agarró en curva".

Días después nos tomamos un café, hicimos la re-lectura de la experiencia y yo le pedí un segundo encuentro, para ir preparada, para gozarlo, porque con tanto desconcierto no lo gocé mucho. Quizá fue por hacerlo en el consultorio, en el mismo lugar donde se trabajaron tantas cosas; el consultorio para mí era un espacio sagrado, sentía que estaba profanándolo…

Tuvimos el segundo encuentro sexual, también en el consultorio. Si el primero no fue bueno, el segundo fue nefasto. Yo sentí que estaba "cogiendo" con mi papá. Estaba allí y a la vez lo estaba rechazando. Mi cuerpo estaba cerrado. Me puse rígida. No me pudo penetrar…

Me quedé atorada emocionalmente allí. No me pudo penetrar, ni él ni nadie después en mucho tiempo…

* Autobiografía de una mujer en su búsqueda por una vida libre de violencia.

07/C/GG