Colombia: 190 mil niñas y niños son vendedores ambulantes

INFANCIA
   Padecen explotación, discriminación y abuso sexual
Colombia: 190 mil niñas y niños son vendedores ambulantes
Por: Redaccion
CIMAC | México DF.- 07/11/2007

"Yo empecé a trabajar en esto por una vecina. Ella me dijo que por qué no vendía flores. Ella sabía que estábamos muy mal de dinero", platicó Martha, una niña vendedora de rosas en los cruceros, relata un boletín de Visión Mundial de México.

Bora es un barrio periférico al sur de Bogotá, un municipio en el que se levantan asentamientos clandestinos, con pocas vías de acceso o en estado deplorable. Uno de esos asentamientos, situado en lo alto de una colina, es el hogar de Martha y de su hermana, Aidé Paola, y también de Brandón, un joven vecino de las chicas. Martha tiene 13 años, Aidé Paola 10 y Brandón 14.

"La que me enseñó el recorrido fue mi hermana, la mayor; ella era la que vendía rosas", agregó Brandón. "Empezamos como a las 10 de la mañana y terminamos como a las siete o a las ocho de la noche", agregó John. "Todos somos vecinos, y bajamos y subimos a pie, a la hora que sea", dijo Brandón. "Nosotros empezamos como a las cinco de la tarde y a veces nos da la medía noche", señaló Martha.

Todos los días, las y los niños descienden del cerro en que viven y recorren, a pie, los cuarenta minutos que los separan del centro de la ciudad. A diferencia de lo que ocurre en un salón de clase, la jornada empieza a las cinco de la tarde y no se sabe a qué hora terminará. A la medianoche quizás. A diferencia de lo que ocurre en un salón de clase, alcohólicos, sexoservidores y maleantes son sus compañeros habituales.

Martha y Aidé viven con su madre y ocho hermanos más. La muerte prematura del padre y la precaria situación económica en que quedaron las obligó a lanzarse a la calle. La familia de Brandón, igualmente grande y pobre, depende de él para poner algo de comida sobre la mesa.

"Una ves estábamos en un bar ofreciéndolas rosas y un señor nos ofreció 40 mil pesos (colombianos) por acostarnos con él", manifestó Martha.

Una vez con el producto empieza el verdadero trabajo. Los bares y los negocios donde se concentran los borrachos y las parejas son los sitios donde los chicos apuestan a vender una rosa. El bullicio es insoportable, los transeúntes, groseros, la violencia y las drogas, una constante.

"El primer día fue muy difícil, porque uno se tiene que aprender los recorridos... y da pena acercarse a la gente, y que a veces lo traten mal a uno", señaló Brandón, niño vendedor de fruta.

No lejos de allí, en una transitada autopista, John, de 16 años, y Michael, de 12, venden frutas a ritmo de semáforo. Con un poco de suerte, la luz roja les permitirá hacer una o dos ventas; la luz verde, en cambio, es señal de apartarse, de hacerse a un lado, que los conductores tienen prisa y no se andan con miramientos.

"A mí un chino (muchacho) más grande me quería quitar todo... Me dijo que la ruta de buses era de él, y yo le dije que no, que eso no era de nadie, y me dijo que, si me seguía viendo por ahí, me chuzaba (me apuñalaba), relató Brandón.

"La policía también molesta mucho. Si uno se descuida, lo corretean para subirlo al camión y decomisarle la mercancía", puntualizó John. "Cuando pasamos por los puentes, los ñeros (vagabundos) nos dicen que les pasemos algo, que si no nos van a chuzar, a clavar (apuñalear). Lo que hacemos es pasar bien rápido y tratar de no acercarnos mucho a ellos", platicó Brandón.

No es fácil ganarse un espacio en la calle, las rutas, las esquinas y las intersecciones tienen dueño, y se defienden incluso a puñal. Las horas de trabajo se hacen largas y pesadas. Si no se vende la fruta, habrá que tirarla y será dinero perdido. Lo mismo las flores. De regreso a casa, los niños van con cuidado, vigilantes. La noche los acompaña, pero el peligro les sigue los pasos.

NIÑEZ TRABAJADORA EN CIFRAS

De acuerdo con la Encuesta Continua de Hogares, Módulo de Trabajo Infantil, 2003, del Departamento Nacional de Estadística (DANE), uno de cada 20 niños y niñas colombianos, entre los cinco y nueve años de edad, y uno de casa 10, entre los 10 y 12 años, es una niña o un niño que trabaja. En total, en Colombia hay 2.2 millones de niñas, niños y adolescentes trabajadores.

El trabajo doméstico, la minería, la agricultura y la industria son las principales actividades a las que estas niñas, niños y adolescentes entregan su fuerza. Más de 750 mil realizan labores domésticas que, pagadas o no, les ocupan mas de 15 horas a la semana; 200 mil laboran en la minería, uno de los sectores en donde más duramente se les explota; 200 mil están implicados en el cultivo de plantas ilícitas y más de 195 mil participan en el sector industrial.

Además, de acuerdo con el DANE, unos 190 mil niñas y niños son vendedores ambulantes. Muchos tratan de combinar la escuela con el trabajo en la calle, pero acaban abandonando los estudios, por cansancio físico o mental.

EXPLOTACIÓN SEXUAL

Igualmente preocupantes son las cifras sobre explotación sexual. El 70 por ciento de las denuncias por abuso sexual tienen como víctima a una niña o un niño, y se calcula que unos 30 mil menores de edad están ligados, de una forma u otra, al mercado sexual.

Además, y de acuerdo con la Defensoría del Pueblo, 25 mil niñas y niños en edades inferiores a los 18 años que trabajan en labores domésticas han sufrido abusos sexuales de parte de sus empleadores.

Cabe señalar que aproximadamente el 50 por ciento de las y los niños trabajadores en edades comprendidas entre los 12 y los 13 años no recibe ningún salario, aunque se les suele compensar de alguna u otra forma.

Los que tienen salario, reciben entre 25 por ciento y 80 por ciento del salario mínimo establecido, finaliza el boletín de Visión Mundial de México, organismo que parte de la Confraternidad Internacional de World Vision, organización fundada en 1950 y que actualmente tiene presencia en más de 96 países.


07/GG