Muerte materna, ejemplo de la inequidad en salud

Mortalidad Materna
   Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe
Muerte materna, ejemplo de la inequidad en salud
Por: Redaccion
CIMAC | México DF.- 03/09/2007

Porque las mujeres constituyen uno de los colectivos humanos históricamente discriminados y sujetos de inequidades a partir de la construcción social de su género, sus oportunidades de disfrutar de la salud no son las mismas a las que acceden los hombres a lo largo del ciclo vital.


La mortalidad materna, es decir, la muerte de las mujeres por causas relacionadas con el embarazo, parto y puerperio, y por aborto inseguro (siendo la mayoría causas evitables), es uno de los ejemplos más claros de esta inequidad en salud, ya que refleja la discriminación y el bajo status social de las mujeres, dice el número de agosto de Boletina, publicación de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC).


Hablar de salud es hablar de bienestar físico, psíquico y social de las personas como resultado de una serie de condicionantes que caracterizan la vida cotidiana de mujeres y hombres.


Entendemos, entonces, que una buena salud implica sentirse bien y carecer de patologías, contar con alimentación suficiente y de calidad, con acceso al agua potable, con vivienda acogedora y abrigo.


También tiene que ver con la relación que la persona establece con su medio ambiente, los vínculos familiares y afectivos, la satisfacción de sus necesidades proyectadas más allá de lo básico.


Se vincula con el trabajo y sus condiciones, con el nivel de ingresos, con las oportunidades educativas, culturales, de ocio y esparcimiento que han estado a su alcance, con la seguridad social para garantizar una vejez protegida.


Con la posibilidad de actuar en libertad, dignidad y autonomía, todo lo cual ayuda a configurar un medio propicio para la salud y bienestar humano.


Y, por supuesto, un estado de salud integral se relaciona con el acceso de la persona a la atención médica de calidad y con recursos humanos, técnicos y financieros suficientes, con las acciones de prevención y promoción y la atención curativa oportuna y asequible.


Sin embargo, es evidente que una vasta cantidad de personas, en especial aquellas afectadas por la pobreza, la marginalidad y el desempleo, por situaciones de crisis social y política, por conflictos bélicos, por desplazamientos forzados, etc., carece de las condiciones necesarias para el goce del derecho a la salud.


Y esto tampoco ocurre cuando algunas personas o grupos humanos, ya sea por su sexo, raza/etnia, edad, creencia religiosa, opción sexual, u otra situación, no acceden equitativamente al goce de este derecho.


EQUIDAD EN SALUD


Se hace evidente, entonces, la importancia del concepto de equidad en salud que, según Elsa Gómez, alude a la minimización de disparidades evitables en la salud --y sus determinantes-- entre grupos humanos con diferentes niveles de privilegio social, como explicó durante el VIII Congreso Latinoamericano de Medicina Social, celebrado en La Habana, en 2000.


La equidad en el estado de salud sería el logro por parte de todas las personas del bienestar más alto alcanzable en contextos específicos. Y la equidad en la atención de la salud implicaría que los recursos se asignen según la necesidad, los servicios se reciban de acuerdo con la necesidad, y el pago por tales servicios se haga según la capacidad económica.


MUJER Y SALUD


En ese sentido, la RSMLAC, que a partir de su misión política se ha propuesto defender y promover la salud y los derechos humanos de las mujeres, está hoy comprometida con los esfuerzos impulsados por la sociedad civil regional que aprobó la Carta de Brasilia sobre Determinantes Sociales de la Salud.


Enfatiza, por lo tanto, que la condición de género debe abordarse transversalmente para identificar las graves inequidades en la situación de salud de las mujeres, las que, además, se articulan y potencian con otras variables tales como raza/etnia, condición socioeconómica, lugar de residencia, edad, opción sexual, entre otras.


Las mujeres enfrentan situaciones particulares: demandan más servicios que los hombres, tanto por su rol reproductivo biológico como por su mayor expectativa de vida y morbilidades, pero este acceso no está asegurado.


Tienen un acceso desigual a los seguros privados a causa de su capacidad reproductiva, la que continúa siendo considerada como un siniestro. Están mayormente representadas en los sectores con pobreza y pobreza extrema, y los hogares con jefatura femenina tienen más probabilidad de ser pobres.


Asimismo, como a menudo no trabajan remuneradamente, tienen salarios menores, realizan trabajos con salarios inferiores, o se ven más afectadas por el desempleo, tienen más dificultades de acceso a una atención de calidad, porque en su mayoría son usuarias del sistema público, donde la crisis de recursos humanos y financieros implica un deterioro de la calidad de atención y precariedad de los servicios.


Además, las mujeres están encargadas, como extensión de su papel tradicional de género, como cuidadoras de la salud familiar y comunitaria, y como cuidadora de adultos con patologías diversas, asumiendo roles que el sistema de salud público no efectúa. Finalmente, representan el mayor porcentaje de quienes trabajan en el sector, pero son escasas en los cargos de toma de decisiones.


PROBLEMAS POR RESOLVER


Los problemas urgentes por resolver, dice la RSMLAC, son: la Morbilidad y mortalidad de las mujeres y las adolescentes en la etapa reproductiva, pues sus causas son mayormente prevenibles y evitables con la asignación oportuna de recursos y de prestaciones de salud (muertes relacionadas con el embarazo, parto, puerperio, aborto inseguro; embarazos precoces; alta paridad; escaso intervalo entre un embarazo y otro; cáncer de útero, contagio de ITS/VIH/SIDA, dificultad de acceso a anticoncepción moderna y segura, etcétera).


Mayor morbilidad de las mujeres durante todo el ciclo vital, con alta prevalencia de enfermedades crónicas, discapacidades y enfermedades que se vinculan con la violencia basada en el género, la sobrecarga de trabajo, etcétera.


Mayor frecuencia de ciertos cuadros de salud mental en las mujeres, en especial depresiones, estrés, ansiedad, alto consumo de psicofármacos, relacionadas tanto con la violencia basada en el género, sobrecarga laboral, discriminación social, cumplimiento de varios roles, entre otros.


Mayor impacto de la pobreza en la salud de las mujeres y niñas, lo que se explica, por ejemplo, por una alimentación de menor calidad y cantidad, por la recarga laboral y los tipos de trabajo que realizan (trabajo informal, sin protección de leyes laborales, mal pagados, desprotegidos y realizado en condiciones riesgosas como es el caso de las trabajadoras agrícolas y otras, y el comercio sexual que además implica el riesgo de violencias y adquisición de ITS/VIH/SIDA).


Mayor expectativa de vida, pero en peores condiciones de salud y frecuentemente en condiciones de mayor pobreza (feminización de la vejez) y sin acceso a previsión social.


Considerable impacto en la salud integral de las mujeres por el aumento del cuidado no remunerado de la salud en el entorno doméstico, que forma parte de las medidas implementadas en el marco de las reformas del sector salud.


SOLUCIONES


Ante esta problemática, dice la RSMLAC, se necesita generar información técnica confiable que permita visibilizar las desigualdades e inequidades de género en la salud, al igual que contar con instrumentos que permitan monitorear esta realidad.


Avanzar para asegurar la vigencia y respeto de los instrumentos jurídicos internacionales de derechos humanos, en especial aquellos que dicen relación con la protección de la salud y los derechos sexuales y reproductivos, e impulsar la aprobación de legislaciones nacionales acordes.


Trabajar en la capacitación de recursos humanos, en todos los niveles, en relación a la protección de la salud como un derecho humano y un bien social y colectivo, y también en lo que se refiere a las condicionantes de género en la salud.


Fomentar y asegurar que existan mecanismos para la participación vinculante y permanente de las mujeres en todos los niveles del sector salud, incluyendo en aquellos de toma de decisión.


Generar una mayor igualdad en el reparto de tareas entre mujeres y hombres en la producción de salud y en el cuidado no remunerado de la salud, para ir avanzando en el fomento de responsabilidades compartidas.


La protección de la salud como un bien social y colectivo, y como un derecho humano, es un desafío para nuestras sociedades, concluye la RSMLAC. Las mujeres debemos responder con nuestras capacidades de incidencia y de propuesta política.


07/GG