Viven afrobrasileñas bajo la violencia de un Estado racista

INTERNACIONAL
VIOLENCIA
   Tasa de asesinatos es el doble de las mujeres caucásicas
Viven afrobrasileñas bajo la violencia de un Estado racista
Por: Luciana Araújo*
Cimacnoticias | Fortaleza, Bra.- 28/10/2015

La reciente divulgación del Ministerio de Justicia de Brasil sobre datos de homicidios y muertes de mujeres por agresión fortalece el peso social de una de las principales demandas presentadas en el manifiesto nacional de la “Marcha de las Mujeres Negras 2015”.
 
Es la primera movilización nacional efectuada por brasileñas afrodescendientes; la marcha se realizará el próximo 18 de noviembre en Brasilia, capital del país sudamericano, destacando la necesidad de que el Estado desarrolle políticas efectivas para enfrentar el feminicidio contra esta población.
 
El índice de muertes violentas de mujeres representa cerca de 10 por ciento de todos los asesinatos, según el “Diagnóstico de los homicidios en Brasil”, elaborado por la investigadora de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), Estela Meneghel.
 
Sin embargo, cuando el análisis se enfoca en los asesinatos de afrobrasileñas se reproduce un perfil calificado en el informe como “la continuidad de las características presentadas en los (asesinatos de) hombres”.
 
Ellas son 68.8 por ciento de las víctimas. La tasa de asesinatos de mujeres afrodescendientes sigue representando el doble de la tasa de homicidios de las caucásicas por cada 100 mil habitantes.
 
En la población femenina de entre 15 y 29 años de edad, la diferencia es aún mayor. Mientras que entre las jóvenes caucásicas la tasa es de 4.6 por cada 100 mil habitantes, entre las jóvenes afro la tasa asciende a 11.5 por cada 100 mil, según el sistema de datos del Ministerio de Salud.
 
La mayoría de las muertes están relacionadas con la violencia intrafamiliar y los autores son, en general, sus parejas o ex parejas.
 
“A menudo camuflamos esta realidad, porque hablamos más de las muertes de los niños, jóvenes y hombres afrodescendientes, que siempre enlutan a mujeres, hermanas, madres, hijas. Pero esto es sólo una dimensión de cómo la violencia afecta las vidas de las mujeres afro, que a veces oculta las otras formas de violencia que ellas sufren directamente”, dice la abogada Sylvia Oliveira, presidenta de Geledés-Instituto de la Mujer Negra.
 
Al igual que en otros estudios, en el “Diagnóstico de los homicidios en Brasil”, la población afro aparece como la más victimizada y vulnerable a la violencia. Representando 50.7 por ciento de la población brasileña, sumaron 72 por ciento de las personas asesinadas en 2013, sobre un total de 50 mil 715 muertes registradas en las que fue marcado el dato de “raza/color”.
 
Hay 7 por ciento de víctimas de asesinato en los que no fue marcado el espacio referido a la condición racial.
 
RACISMO PATRIARCAL
 
En un seminario organizado por el Centro de Formación de Servicio Social de Comercio (SESC) de Sao Paulo, el pasado 15 de octubre, antes de la publicación del diagnóstico, Lucía Xavier, coordinadora de la organización civil Criola, de Río de Janeiro, recordó que “hay datos encubiertos, que no nos permiten conocer cuál es efectivamente la realidad de la violencia sufrida por estas mujeres. En qué condiciones de violencia doméstica y sexual están sumergidas las mujeres afro.
 
“¿Por qué hay en este proceso características tan especiales? ¿Por qué entre nosotros la violencia es parte del proceso de la opresión y la invisibilidad?”, cuestionó.
 
Asistente social y miembro del Comité Técnico de Salud para la Población Negra del Ministerio de Salud, Lucía Xavier señaló que “la esclavitud marca una experiencia en nuestra sociedad, estableciendo los lugares donde vivimos hasta hoy en día, lo que constituye un elemento de la ideología, que refuerza los roles sociales que tenemos, e inscribe en la sociedad brasileña un ‘modus operandi’ de justicia, de derecho, una forma de vida, ayudando a perpetuar una jerarquía”.
 
Como ejemplo de esta realidad, Lucía observó que las trabajadoras del hogar sólo conquistaron plenamente sus derechos laborales en 2015. En 2012, según la PNAD/IBGE, 63.4 por ciento de las trabajadoras del hogar se declararon afrodescendientes.
 
“Esta dimensión histórica no sólo trajo como consecuencia la opresión que vivimos hoy en día, sino que también permite a la violencia establecer las relaciones de la pobreza, que no es sólo un fenómeno económico, también está asociada a las condiciones de género, la raza y generación en las que vivimos.
 
“Nos niega el acceso a bienes y servicios de todos los órdenes, facilita y ayuda a violar derechos, precariza y paga muy mal por su trabajo realizado, o nos deja sin trabajo. Además de establecer para nosotras los niveles inicuos de morbilidad y mortalidad”, señaló.
 
“Actualmente llamamos a este racismo, racismo patriarcal porque entendemos que en el caso de las mujeres afro estas dimensiones se combinan en esta opresión”, señaló Lucía en el seminario, subrayando que el genocidio de la juventud no sólo afecta a los hombres.
 
“Las afrobrasileñas mueren en el parto como palomitas. Es evidente que hay un Estado racista. Y un Estado racista propicia acciones racistas y la ideología no está formada sólo por consensos. No basta hacer creer a una persona que tiene un defecto, es necesario aplicar una dimensión de fuerza para mostrar cuál es su lugar y su posición en la sociedad. Esta dimensión de fuerza se expresa en la mortalidad”, enfatizó.
 
DETONANTES DE VIOLENCIA
 
El “Diagnóstico de los homicidios en Brasil” apunta categóricamente a la cultura patriarcal y a la falta de redes de protección, como factores de riesgo para la victimización de las mujeres a través de la violencia en el hogar, que puede llevar al feminicidio.
 
El abuso sexual y las agresiones en el entorno familiar también se mencionan como elementos que pueden influir en la “búsqueda por parte de los jóvenes de pertenecer a grupos como las pandillas y a las facciones del narcotráfico, además de tener un comportamiento agresivo”, según el informe.
 
Elementos como el alcohol y las drogas son referidos como potenciadores de la violencia, especialmente en el hogar, pero no como una causa primaria. El reporte señala que varios estudios anteriores sobre este tema no permiten la inferencia de una relación causal entre las sustancias psicoactivas y la agresión.
 
El fácil acceso a las armas de fuego en una sociedad violenta como la brasileña, la acumulación de vulnerabilidades sociales y las condiciones de educación, salud e ingresos, también son señalados como factores transversales que contribuyen al aumento de las tasas de homicidio.
 
OMISIÓN Y COMPLICIDAD
 
“Atribuyo a este proceso de la violencia contra las mujeres, en cierto modo, una ‘autorización’ de la sociedad, cuando ella no rechaza vehementemente esas prácticas. Las mismas objeciones a la Ley Maria da Penha, de que habría excesos en la ley, el haber sido necesario que estos cuestionamientos llegaran hasta el Supremo Tribunal Federal, para que fuera definida de hecho como una ley justa, habla un poco acerca de esta cultura de que la violencia contra las mujeres sería un mal menor”, dijo Lucía.
 
La especialista advirtió también que las muertes de las mujeres de alguna manera nos victimizan a todas, porque “todas estamos en el blanco de esa sociabilidad violenta (naturalizada), que va desde el acoso sexual en el transporte público, pasando por la violencia intrafamiliar, llegando hasta la muerte”, dijo.
 
Y en el caso de las mujeres afro, se agrega una representación (social) negativa, de que ellas “no sirven”, “son lascivas”, “afectas a una sexualidad exacerbada”, son “objetos”.
 
Esta visión sigue siendo muy fuerte en la sociedad brasileña, a tal punto que se puede ver este tipo de situaciones reflejadas en diferentes contextos. Lucía también apuntó el hecho de que la violencia contra las mujeres aún es clasificada como un dato de “la esfera de las discordias, celos, locura, alcoholismo”, muchas veces hace que incluso los agentes del Estado, especialmente las policías, aborden simplistamente una situación tan grave.
 
“Falta una respuesta a la altura. Y no basta decir que el tipo al final va a la cárcel. Es necesario reconocer este comportamiento como un crimen que la sociedad no tolera, como algo que no puede seguir ocurriendo”, demandó.
 
*Este artículo fue retomado de la agencia internacional de noticias Adital.
 
15/LA/RMB