Inicio 1968: puerta a la libertad y al feminismo

1968: puerta a la libertad y al feminismo

A 40 años del movimiento estudiantil de 1968, sus protagonistas afirman que aquella revuelta social modificó no sólo la concepción personal y social sobre la participación política de las mujeres, también planteó sus derechos sexuales y reproductivos.

La ex diputada federal Marcela Lagarde señala que a las mujeres del 68, las que lo vivieron de la casa a la calle, la generación de la píldora, la de las marchas y los Beatles, ya nada pudo regresarlas a las “camisas de fuerza”, rompieron con el autoritarismo familiar.

El movimiento, dice, abrió también cauces al erotismo, a las relaciones en la pareja, aun cuando no se modificaran de fondo, pues no había nacido el nuevo feminismo, no teníamos aún palabras propias.

Había contradicción entre lo que vivían en el Movimiento y lo que vivían en sus casas, con sus familias, autoritarias y con muchas restricciones. “Vivimos de manera muy clara la represión sexual, el veto a lo erótico”, señala Lagarde, quien actualmente preside la Red Nacional de Investigadoras por la Vida de las Mujeres.

Fue una gran revolución en el inconsciente, la generación de la píldora. Nació un erotismo que arrasaba todo, afirma. “Aprendimos a conocer el placer, por eso se modificaron, en parte, las relaciones con los compañeros, aunque no se modificó de fondo la relación de poder entre los sexos”, pues pocas llegaron a ocupar un liderazgo.

MÁS ALLÁ DE LA COCINA

Adela González Gallardo, del Consejo Nacional de Huelga, profesora de la Vocacional 9, alumna del Politécnico Nacional y una de las dos maestras de ceremonias del mitin del 2 de octubre, recuerda: los compañeros me invitaron a participar… pero para hacerles de comer, pues era la única mujer.

No le gustó, quería participar más arriba. La nombraron representante ante el CNH, donde conoció a Fernando Zárate, Sócrates Campus Lemus, Cabeza de Vaca, entre otros.

Elaboraba propaganda, “porque no nada más asumí mis tareas como dirigente”, repartía volantes y boteaba en el Casco de Santo Tomás y en varias “vocas”, brigadeaba en las colonias “porque todos sus habitantes estaban con nuestra lucha”.

Antes del 2 de octubre, en el CNH se inició todo un proceso para que dos mujeres fueran las maestras de ceremonias, porque decían que la mujer estaba participando fuertemente. Fueron electas Marcia Gutiérrez, de Odontología de la UNAM, y ella por el Politécnico.

“No fue mucha lucha hacerles ver a los compañeros que las mujeres no sólo servíamos para hacer comida, sino hacerles ver que una también podía hacer otras cosas porque, la verdad, a mí nunca me gustó estar en la cocina, sino luchar…”

También participaron las mujeres de su familia, dice Adela: su mamá repartía propaganda; sus hermanas Silvia y Khyseiah, activistas de la UNAM y del Poli, participaban en mítines-relámpagos. Si las intentaban detener los agentes policíacos, las señoras impedían que se las llevaran a la fuerza, relata.

Asimismo lo recuerda Ignacia Rodríguez, del CNH: “En 1968, las mujeres adquieren el carácter de participación política al igual que los hombres, fueron a plazas, mercados, fábricas, autobuses y camiones informando, porque la prensa estaba vendida. Nos tocaron golpes, corretizas y sustos, lo mismo que a ellos.

Sin embargo, algunas mujeres han quedado en el anonimato, no han sido resaltadas en la magnitud que merecieran tener”, dice Ignacia.

Para el escritor José Revueltas no pasaron desapercibidas, porque junto a él, Alcira, Amada, Úrsula, Lote, Elena, Gabriela, Virginia, Paz, siempre estuvieron ahí, en medio de la revuelta, relata en México 68: juventud y revolución.

Cuando se recrudeció el acoso, el 20 de septiembre, se reestructuró el CNH y en ese proceso estaban Úrsula, actriz; Lote; María Elena, que tenía días de dormir vestida; Gabriela, actriz, que no dejaba de ensayar sus obras; Virginia, actriz que atendía la cafetería Vallejo de la Facultad, Paz, Gabriela…

Alcira Sanst Scaffo recibió a la tropa que invadía CU con una grabación del poeta León Felipe en un altavoz y luego se escondió 12 días en el piso 8 de Humanidades, lo que duró la ocupación militar. Fue sacada casi sin vida el 30 de septiembre.

Fue el mismo día en que las madres de los estudiantes presos hicieron una manifestación para exigir la liberación y acudieron hasta la Cámara de Diputados con esa demanda.

A Alcira, dice Revueltas, todo se le había aglomerado en el alma: la guerra de Vietnam, la persecución de los negros, el vacío y el dolor de la vida, pero con el movimiento era otra mujer, “su espíritu se había hecho nuevo y combatiente”.

Menciona también a Amada Velasco, una de las seis activistas presas en la Cárcel de Mujeres. Luego de la masacre Amada, abogada y maestra, participó en esa prisión en la huelga de hambre que realizaron sus compañeros del movimiento en Lecumberri.

¿THIS IS THE END?

Tuvimos miedo del poder autoritario, recuerda Lagarde. “Aprendí lo que era triunfar y también a tener derrotas; no tengo palabras para describir el dolor del final porque el movimiento fue derrotado con las armas. Sé, sin embargo, que no nos derrotaron en esencia, porque todos los que participaron en aquella época, están hoy haciendo mil cosas en los espacios democráticos.”

Para Nacha, junto a las pérdidas materiales y de salud, hay ganancias, porque al 68 se le debe que hoy, bien o mal, se tenga un gobierno de “izquierda” en el DF y en otros estados. No ha sido gratuito. Se crearon diversas instituciones democráticas, los Colegios de Ciencias y Humanidades.

La represión continúa, dice Nacha, sigue siendo sistemática, sobre todo hay un abuso marcado hacia las mujeres, “tú te metes y te vamos a violar, a matar”.

Creo, concluye Lagarde, que nunca hay que pensar que los que están enquistados en el poder han cambiado. Vuelve la culpabilización, vuelve el lenguaje autoritario…

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