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2 de febrero de 1848: cuando la frontera se movió hacia el sur

Por Eleazar Salinas

El 2 de febrero de 1848, con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México cedió a los Estados Unidos de América más de la mitad de su territorio.

Ciertamente el acuerdo fue un armisticio con el que se dio por terminada la invasión y toma militar del país azteca. La guerra del 47-48, como se le conoce, se desarrolló a lo largo y ancho del territorio nacional; la defensa del territorio fue más fuerte y heroica en unos lugares que en otros. Veracruz y la ciudad de México fueron lugares en que los patriotas mexicanos escribieron con su sangre páginas de honor en el libro de la historia.

En Veracruz, el mando militar y político del puerto se rindió después de los primeros cañonazos de los barcos estadounidenses, pero dos soldados de base organizaron la defensa con la población civil y resistieron todo un día hasta ser asesinados por los agresores. Hoy se les recuerda como los Héroes del 47, y en el malecón, frente al Heroico Colegio Naval Militar, está erigido un monumento en su honor.

En la ciudad de México se luchó calle a calle y casa por casa, hasta que los patriotas fueron derrotados en la famosa batalla de Churubusco. Los oficiales americanos pidieron al mexicano a cargo las armas y el parque, a lo que el valiente general Anaya contestó: “Si tuviéramos parque, no estarían ustedes aquí”.

Por distintas partes de la ciudad permanecían focos de resistencia, los cuales fueron abatidos uno a uno. Los alumnos del Heroico Colegio Militar resistieron cual verdaderos guerreros las embestidas del ejército americano y la mayoría de ellos eran tan sólo unos niños, pero prefirieron morir peleando antes que rendirse ante el agresor que mancillaba su patria.

Cuando ya era inminente la toma del palacio, uno de ellos se envolvió en la bandera mexicana y se arrojó al vacío para estrellarse con las rocas antes de ver su sagrada bandera en manos de los invasores. En la actualidad todo el pueblo de México los recuerda como los Niños Héroes y les rinde honores año con año.

Otra historia de esta gesta fue la protagonizada por el “Batallón de San Patricio”, un escuadrón del ejército de Estados Unidos compuesto por irlandeses, gente pobre, trabajadora y católica, quienes se avergonzaban de las atrocidades cometidas por los americanos en contra de los mexicanos y, por otro lado, vieron que tenían más coincidencia con éstos que con aquellos, por lo que decidieron pasarse al lado de los invadidos. Las tropas americanas fueron especialmente duras con estos irlandeses: mataron a los casi 800 que componían ese batallón. A los pocos sobrevivientes los herraron en la mejilla, dándoles trato de traidores. El pueblo mexicano los recuerda como héroes.

Los territorios arrebatados no sólo fueron los estados sureños que hoy limitan con México: California, Arizona, Nuevo México y Texas. Además de éstos, eran Nevada, Utah, Wyoming, Colorado, Kansas y Oklahoma.

Los habitantes originales de todo este territorio arrebatado a México con la guerra de conquista de 1847, fueron los mexicanos, junto a los aborígenes de estas tierras, y ellos lucharon activamente resistiendo la invasión americana. Con la firma del Tratado, estos 75 mil a 100 mil mexicanos pasaron a ser oficialmente ciudadanos de Estados Unidos, pero a partir de esa fecha empezaron a llegar inmigrantes del norte, así que los primeros mexicanos en Estados Unidos no fueron inmigrantes, sino que nacieron de una conquista militar. De ahí la frase tan popular de “Soy mexicano, de acá de este lado”.

El estudioso y maestro universitario Arturo Santamaría, en su libro “Mexicanos en Estados Unidos: la nación, la política y el voto sin frontera”, en un relato muy rico y ameno nos ilustra con muchos pasajes históricos cómo esta comunidad mexicana, del “México de fuera”, ha conservado su sentimiento nacional mexicano como lo ha demostrado en los grandes acontecimientos históricos.

A 14 años de haber pasado formal y legalmente a ser estadounidenses, cuando la invasión francesa, muchos mexicanos “de acá de este lado” lucharon contra los invasores. Para ejemplo, nada más y nada menos que el general Ignacio Zaragoza, el héroe de la batalla del 5 de mayo, era un texano y orgullosamente mexicano. En los movimientos sociales posteriores, la lucha por la Reforma, dirigida por don Benito Júarez; en la Revolución Mexicana contra el dictador Porfirio Díaz, todas las corrientes opositoras a la dictadura siempre encontraron de este lado de la frontera apoyo logístico en armas y hombres, con lo que la comunidad mexicana residente de “este lado” reafirmaba su mexicanidad.

¿Por qué los intelectuales, escritores y políticos de ambos lados de la frontera evitan recordar la firma del tratado?

Ni los estadounidenses hacen un sonoro y emotivo festejo en que celebren su triunfo militar sobre México. Saben que esa es una herida que todavía duele a los mexicanos, los de aquí y los de allá, y prefieren no moverle, aunque es cuestionable su victoria militar sobre México porque combatir contra alguien muchas veces más débil, y derrotarlo, no tiene el mayor de los méritos. Aparte, hay organizaciones chicanas que afirman que este es un territorio temporalmente ocupado.

Por otro lado, los mexicanos tampoco hacen un recordatorio especial en la fecha del aniversario de la firma del tratado, aunque cabe aclarar que sí recuerdan a los Niños Héroes año con año, el día 13 de septiembre. Creo que las clases políticas que dirigen el país no quieren recordar esa página negra de la historia en que los americanos humillaron la soberanía y mancillaron a la patria mexicana, y nunca se les ha pedido aunque sólo sea un acto de desagravio o de perdón. Y usted, amable lector, ¿qué opina?

ES/RGR

       
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